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mesias
AHMAD
El Mesías Prometido y Mahdi

Signos Mesiánicos, Profecías y Señales

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

INTRODUCCIÓN

 

Las líneas siguientes son unas breves notas sobre la vida y misión de Hazrat Mirza Ghulam Ahmad de Qadián. Su advenimiento a finales del pasado siglo halló a las naciones musulmanas en una situación de estancamiento y declinación material y espiritual, de la que parecían no tener solución. Tras la muerte del Santo Profeta Mohammad (Ia paz y bendiciones de Dios sean con él) en el año 632 de la era cristiana, el Islam se había extendido en la mayor parte del mundo civilizado y conservó su influencia a lo largo de muchos siglos. Sin embargo, sus seguidores comenzaron a alejarse de las enseñanzas del Santo Corán, de forma que Dios les privó de su predominio y les hizo probar la copa de la amargura y humillación.

 

Tal como estaba señalado o en antiguas profecías, un Resurgidor y Amonestador fue enviado a los musulmanes, pero, al igual que todos los verdaderos mensajeros de Dios, fue rechazado y perseguido por su generación. Su obra, sin embargo, está floreciendo y dando lugar a ricos frutos destinados a triunfar sobre la incredulidad y el error. Las misiones Ahmadía del Islam predican en la actualidad el mensaje del Islam en América, Europa, Asia y África. Están esclareciendo para los auténticos buscadores de la verdad los errores del cristianismo, y advirtiendo a la humanidad de los peligros a los que está abocada en sus propósitos materialistas, ateos y pecadores. Es realmente extraordinario observar cómo los mismos musulmanes que le rechazaron están adoptando poco a poco su interpretación de la fe islámica, de forma que a su debido tiempo estarán dispuestos a unírsele en su objetivo.

 

Existe una gran escasez de biografías de Ahmad en lengua caste­llana, a pesar del gran número de libros escritos en árabe, urdu e inglés. Esta pequeña obra pretende ayudar, de forma escueta, a los que desean familiarizarse con su vida, esperando que sirva de base para un estudio más detallado.

 

UN ESBOZO SOBRE SU VIDA

 

Mirza Ghulam Ahmad nació en Qadián, India, el 13 de febrero de 1835. Era Mogol, de origen persa, cuyos antecesores llegaron con Babar al Punjab alrededor del año 1506 y se establecieron a unas setenta millas de Lahore, en un lugar llamado Islampur, que más tarde se denominaría Qadián. Varios miembros de su familia ostentaron cargos públicos importantes bajo el dominio de los emperadores mogoles.

 

En 1802, cuando el Imperio Mogol se hallaba en su ocaso, Qadián fue ocupado por los sikhs y le fue despojada a la familia la mayor parte de sus bienes y riquezas. El padre de Ahmad permaneció fiel al Gobierno británico durante el Gran Motín de 1857, dedicando muchos años de su vida a estériles esfuerzos legales con el fin de recobrar sus posesiones perdidas. Falleció en el 1876 arrepentido de su dedicación mundanal.

 

Ahmad, que pasó una infancia tranquila en su hogar, recibió una educación mediana y contrajo matrimonio a la edad de 16 años. De naturaleza gentil y amante de la meditación se sintió atraído desde época muy temprana hacia la religión. Consagraba una gran parte de su tiempo a la lectura del Sagrado Corán y mostró poco interés en el cuidado de las propiedades de su padre. Siendo de corta edad evidenció diversos ejemplos de visiones proféticas relacionadas con asuntos domésticos, que dejaron asombrada a su familia.

 

A instancias de su padre comenzó a trabajar en 1863 en las oficinas del juzgado de Sialkot. Estudió derecho durante algunos meses pero suspendió sus exámenes dado que su atención estaba centrada en otros asuntos. En aquel tiempo, el Islam estaba siendo violentamente atacado por los misioneros cristianos y por una nueva secta hindú denominada Arya Samaj. La declinación de las naciones musulmanas no era tan sentida en otras partes como lo era en la India y los cristianos ya estaban anunciando, con presunción, que el fin del Islam estaba a la vista...

 

Ahmad comenzó a defender su religión mediante la publicación de artículos en la prensa local. Más tarde, tras ver una visión en el año 1865, en la que el Santo Profeta Mohammad (Ia paz y bendiciones de Dios sean con él) se le apareció, inició la compilación de un gran libro, "Baraheen-i-Ahmadiyya" al que contribuyeron económicamente en su publicación un gran número de musulmanes piadosos. Desde el año 1879 hasta el año 1884 apare­cieron cuatro partes de esta obra en defensa del Islam, que creó un gran impacto. Sus enemigos fueron incapaces de replicar a ninguno de sus retos y permanecieron en silencio por algún tiempo.

 

En 1882, Ahmad supo por primera vez, a través de una revelación, que Dios le había designado ser Reformador y que le esperaba una dura y ardua tarea por delante. El viernes 27 de Ramadán del año 1884, tuvo lugar el milagro conocido como "Las gotas rojas"", en el que a continuación de una visión de la firma de un documento Divino, parte de la tinta celestial se materializó en forma de gotas sobre su vestimenta. Los siguientes cuatro años transcurrieron en Qadián y otros lugares, en controversias con los Arya Samaj y los misioneros cristianos. Hizo surgir la ira de estos últimos y de los musulmanes conservadores al descubrir que Jesús había muerto de forma auténtica y que no descendería un día de los cielos. Sus oponentes incrementaron su resentimiento, pero como Ahmad mantenía la supremacía en los debates orales y escritos, prefirieron la calumnia desde lejos.

 

En febrero de 1886, tras completar cuarenta días de ayuno y oración en Hoshearpur, le fue revelado que iba a nacerle un hijo ilustre cuyo nombre sería conocido en todos los rincones de la tierra. (Nota: Se trata de Mirza Bashir ud-Din-Mahmud Ahmad, segundo sucesor del Mesías Prometido, nacido el 12 de junio de 1889. Tras un comienzo difícil, fue testigo del nacimiento de la Comunidad en numerosos puntos de la tierra; envió sus misioneros a tierras lejanas y practicó una vida de íntima comunión con Dios. Fue sin duda alguien que poseyó una profunda capacidad de análisis de los problemas morales, sociales, económicos y políticos que enfrentan a la humanidad).

 

El 23 de marzo de 1889, los discípulos y seguidores de Ahmad, se congregaron en Ludhiana para tomar el "Bait- (juramento de alianza espiritual, otorgado a los Profetas y a sus Jalifas). La etapa decisiva de su vida llegó en 1890, cuando anunció que él era el Mesías Prometido y Mahdi, cuyo advenimiento había sido esperado durante generaciones por los musulmanes. Esta declaración suscitó la ira de los Mullahs musulmanes a lo largo y ancho de la India. Al igual que los fariseos y escribas que se opusieron a Jesús, se sentían inmensamente celosos de las enseñanzas de Ahmad y de su ascendencia espiritual. Su fe estéril, su ignorancia y fanatismo medieval se enfrentaban a su decidida predicación y a su profundo conocimiento del Santo Corán y de la religión. Además, esperaban un "Mahdi guerrero", un espadachín que les conduciría a la "guerra santa", contra los infieles, prototipo de los diversos impostores que han surgido en la historia para extraviar a los musulmanes...

 

Exigieron milagros de Ahmad: ¿por qué no resucitaba a los muertos o alteraba el curso natural del sol y de la luna? Pero Dios no cambia su ley perfecta de la naturaleza para complacer a los incrédulos. En lugar de aportar fe, tales milagros sólo darían lugar a acusaciones de superchería, alucinaciones colectivas, magia o conocimiento oculto. Ahmad mostró una inmensa cantidad de signos pero no los quisieron ver.

 

En 1891, mantuvo un debate que duró doce días en Ludehana contra Maulvi Mohamad Husain de Batala, uno de los líderes de la campaña suscitada en su contra. El Maulvi, sin embargo, no entró en una discusión seria, sino que sólo trató de aspectos irrelevantes, fanatizando a la masa allí presente e incitándola al odio de tal forma, que se temió que ocurriera un baño de sangre. El mismo año, Ahmad visitó Dehli con el fin de celebrar un debate con otro Maulvi eminente, Nasir Husain. Sin embargo, este último incitó a la multitud allí presente con tal violencia que Ahmad fue incapaz de exponer sus puntos de vista; en esta ocasión él y sus discípulos escaparon del linchamiento con suma dificultad. Todo esto, no impidió un continuo progreso por parte del Movimiento, y la primera Conferencia Ahmadía se celebró en Qadián en el mes de diciembre. La mayor parte del año 1892 estuvo ocupada por una extensa gira de predicación a lo largo del Punjab. En este período tuvo lugar, de acuerdo con una profecía, la muerte de Ahmad Beg, cuñado de su primo Imam Din quien, de forma insultante, rechazó conceder a Ahmad la mano de su hija. Los adversarios del Mesías se quedaron estupefactos durante algún tiempo, pero pronto reiniciaron sus ataques con mayor vigor. También, en esta época, fue publicado uno de los más famosos libros de Ahmad, en el que exponía su doctrina e invitaba a la reina Victoria a aceptar el Islam.

 

En 1893, en Amritsar, tuvo lugar un histórico debate entre Ahmad y el reverendo Abdulla Athim, converso al cristianismo. Para irritación de los cristianos, el misionero fue derrotado en todos los puntos del debate y, tras blasfemar contra el Santo Profeta Mohammad (la paz y bendiciones de Dios sean con él), se retiró del encuentro hundido y maldecido. Aunque el reverendo Athim nunca volvió a aceptar de nuevo al Islam, su carrera concluyó rápidamente y murió tres años más tarde presa de la duda, el temor y las aluci­naciones.

 

El mes de ramadán del año 1894, testificó el cumplimiento del doble eclipse profético del sol y de la luna mencionados en el Hadiz como signos de la llegada del Mahdi. Ahmad decidió en este período ampliar su misión al Próximo y Medio Oriente, así como al norte de África, escribiendo diversos libros en árabe. En el año 1896, tuvo lugar una Conferencia de Religiones en Lahore a la que Ahmad envió un escrito (más tarde editado en forma del libro "Las Enseñanzas del Islam"') que fue juzgado por todos los allí presentes como la tesis dominante. En 1897 murió en aquel lugar, de acuerdo con una profecía, Pandit Lekh Ram, su más enconado y blasfemo oponente hindú.

 

El mismo año tuvo lugar en Gurdaspur un juicio sensacional contra Ahmad acusado de un falso cargo de intento de asesinato. Un cierto misionero protestante, Dr. Clark, llevaba largo tiempo buscando la manera de llegar la ruina a la vida de Ahmad y aleccionó a un joven nativo para que alegara que había sido enviado por el Mesías para asesinarle. Dios, sin embargo, reveló a Ahmad que el caso fracasaría y que el falso testigo sería descubierto. Ahmad fue absuelto de forma triunfal y el magistrado, Coronel Douglas, fue llamado "el Pilatos justo". Es sorprendente leer los detalles de los procedimientos a los que los clérigos cristianos se rebajaron para urdir esta sórdida trampa, pero las sectas enfrentadas de la India se habían unido en esta ocasión y el Dr. Clark admitió ante el Tribunal que los musulmanes e hindúes habían cooperado económicamente en los costes de la persecución.

 

El Movimiento Ahmadía continuó expandiéndose, y en 1897 celebró la publicación de su primer periódico Al-Hakam; asimismo, Ahmad aprovechó un receso de la plaga que asolaba el Punjab para intensificar su predicación en este lugar. Los enemigos, por su parte, no cejaron en su empeño de llevarle ante los tribunales o de enfrentarle con las autoridades. En 1889 fue llevado a pleito en Batala respecto a un asunto de impuestos relacionados con los fondos de la comunidad, y ganó dicho pleito. Al año siguiente, él y su oponente Maulvi Mohammad Husain hubieron de comparecer ante el tribunal de Gurdaspur obligándoseles a establecer la paz; sin embargo, los procedimientos sólo concluyeron con la firma de un acuerdo para evitar las amenazas e insultos en las controversias. Ello benefició totalmente a Ahmad ya que la principal arma del Maulvi -el improperio- le fue denegada en lo sucesivo.

 

Una obra de capital importancia fue publicada poco tiempo después por el Mesías y editada en el año 1908 bajo el título de "Jesús en la India'". En dicha obra se relatan los años que transcurrieron para Jesús desde el momento en que fue bajado vivo de la Cruz y viajó desde Palestina a través de Mesopotamia, Persia y Afghanistán hasta Cache­mira, predicando a las Ovejas Perdidas de Israel. La tumba de Jesús puede hoy día ser vista en la calle Khanyar de Siringar. Desde que se escribió este libro, cada suceso y cada eslabón de la cadena ha sido examinado y testificado, y el peso de la evidencia es totalmente concluyente para hacer desaparecer cualquier duda al respecto. El mito de la Crucifixión ha sido demolido y en unas décadas, el credo falso en' "la Salvación a través de la sangre"' creado por los fundadores de la Iglesia está condenado a pasar a la historia. Así Ahmad, mediante la revelación Divina, disipó el error que había prevalecido a lo largo de dieciocho siglos.

 

En 1900, aconteció el así llamado "incidente de pared" en el cual, uno de sus primos trató de impedir que los peregrinos pudieran llegar a la Mezquita de Qadián; sin embargo, un documento desconocido salió a la luz siguiendo una revelación y, tras decisión del tribunal local, el muro fue declarado ilegal y demolido. Debe señalarse que aparte de una amplia oposición, Ahmad hubo de padecer el odio de su propia familia. Sus tres primos, que se declaraban ateos, durante varios años se burlaron de él y le envilecieron. Su primera esposa y su hijo mayor se unieron a sus enemigos. Todo ello no alteró su calma y resignación a la Voluntad de Dios.

 

Alrededor del mismo período, el Rt. Rev. Lefroy, obispo anglicano de Lahore, inició una violenta campaña contra el Islam. Sin embargo, cuando fue desafiado por Ahmad, se retiró y rechazó el debate, no olvidando, sin duda, el destino del Rev. Athim, y otros. Ahmad continuó invitando a los Mullahs y clérigos a debates públicos doctrinales y espirituales; y conociendo la avaricia de algunos de ellos llegó incluso a ofrecer recompensas en moneda por puntos en los que le pudieran superar, pero nadie se atrevió a dar un paso adelante para defender su fe.

 

A lo largo de los años 1900 y 1901 Ahmad expuso, correctamente, la doctrina islámica respecto de la Yihad y definió la naturaleza de su profetazgo. Mencionaremos este tema más adelante. Así mismo, enco­mendó a sus seguidores que evitaran identificarse con aquellos que pretendían profesar el Islam pero que, al rechazar al Mesías e inventar el dogma del final de la revelación Divina, se dirigían a su muerte espiritual.

 

Una nueva epidemia de peste se extendió a lo largo del noreste de la India en 1902 de acuerdo con la predicción de Ahmad. Anunció inmediatamente que sus seguidores serían distinguidos por su inmunidad a la plaga, y para hacer la señal más manifiesta les aconsejó que no se vacunaran salvo en aquellos casos en que así fuera requerido por las disposiciones oficiales. Poco después viajó de Qadián a Jehlum y multitudes de gente se congregaron a lo largo del camino para verle.

 

En aquellos momentos, surgió en los Estados Unidos un falso Mesías, el Dr. J.A. Dowie, que pretendió cumplir en su persona la segunda venida de Elías y que atrajo una gran publicidad y gran número de adeptos. Ahmad le escribió en 1903, invocando el Juicio Divino y afirmando que el que fuera falso moriría durante la vida del verdadero pretendiente (Ahmad era en aquel momento 15 años mayor que el Dr. Dowie y su salud era frágil). El impostor americano publicó un artículo insultante como respuesta y, desde aquel momento, su fortuna sufrió un cambio radical. Murió en el año 107, olvidado de sus amigos y discípulos, presa de parálisis y enfermedad, y viendo como desaparecía Zion City, ciudad que había fundado.

 

En el año 1903, fue testigo del martirio del primer musulmán por la causa Ahmadía. Se trata de Sayyed Abdul Latif, noble afgano, que fue ejecutado en Kabul al negarse a rechazar públicamente al Mesías Prometido. Por orden del Mufti, fue encadenado, enterrado hasta la cintura y apedreado hasta morir a manos de la multitud congregada. Poco después, una epidemia de cólera se extendió sobre Kabul, cobrándose 85.000 víctimas.

 

Se produjo una gran conmoción en 1904, cuando Ahmad expuso que Krishna, deidad hindú, había sido un Profeta verdadero. Ello estaba en concordancia con el Santo Corán, que declara que Dios envió Mensa­jeros a todos los rincones de la Tierra. Lo que había ocurrido con Jesús, cuyas enseñanzas habían sido corrompidas e imbricadas con los cultos paganos de la época para formar una religión nueva, había ocurrido también con Krishna, Buda y otros. Así nacieron las religiones del mundo en su forma actual.

 

En el año 1905, un terremoto, previamente anunciado por el Mesías, originó el pánico en Kangra y otras regiones del Punjab. Cuando el shock del primer temblor se hizo sentir, Ahmad se hallaba escribiendo estas palabras: "Al mundo le llegó un Amonestador, pero el mundo no le aceptó; sin embargo, Dios sí le aceptará y establecerá Su Verdad con pruebas contundentes". No podemos detenernos aquí para examinar sus profecías, que cuentan más de diez mil. La mayoría se refiere a su propio ámbito y época, pero otras antecedieron a los acontecimientos que convulsionaron al mundo a partir de 1914 y que culminarán con la destrucción del "Dayyal" del que habló el Santo Profeta Mohammad (la paz y bendiciones de Dios sean con él) -el Reino de la Bestia del ateísmo, vicio e inmoralidad- y el triunfo final del Islam. (*) Es interesante señalar que las secuelas de la Tercera Guerra conducirán a la casi total destrucción del planeta, pero que Inglaterra -aunque prácticamente destruida- emergerá en el lado la victoria.

 

(') Una de sus frases más conocidas, dice: ¡Oh Europa! no estás segura, ni tú ¡Oh Asia! tampoco estás inmune. Habitantes de las islas: Ninguna deidad fabricada os salvará. Veo ciudades cayendo y pueblos en ruinas. Ante los ojos de Dios se han cometido actos obscenos y El ha permanecido en silencio durante largo tiempo. Ahora Revelará Su faz Majestuosa y hará nacer el terror en los corazones de los hombres. El que tenga oídos que escuche, pues la Hora está próxima. Os digo en verdad que el fin de esta nación está cercano. Viviréis la época de Noé y seréis testigos de los días de Lot... pero Dios es lento en Su ira: arrepentios para que seáis perdonados. (Hagiqatul Wahi).

 

El mismo año, Dios anunció a Ahmad que los días de su vida estaban concluyendo y que le quedaban "tres sorbos'". Escribió entonces su libro “Al-Wassiat" (El Testamento) en el que exhortaba a sus seguidores a depositar su fe en Dios, en el Santo Corán y en las enseñanzas del Profeta (I.p.D.), enfatizando el aspecto misionero del Movimiento. Rea­firmó el principio islámico del Jilafat (Califato) y creó el "Sadr Anyuman Ahmadía" como cuerpo ejecutivo de la Comunidad. Cedió su jardín para ser utilizado como cementerio de aquellos miembros que destacaran por su servicio al Islam.

 

En 1906 compiló otro libro famoso: "La verdad de la Revelación" en el que explica las distintas maneras con las que el Todopoderoso se comunica con el hombre. Afirma en el mismo, en respuesta a diversas críticas, que no puede ser revelada ninguna verdad si no es mediante la dispensación del Santo Profeta (la paz y bendiciones de Dios sean con él).

 

En 1907 tuvo lugar la última reunión anual de ahmadis que él presidió, y recibió un nuevo aviso de que su hora se estaba acercando. En el mismo año, llahi Bajsh, falso profeta nacido en el Punjab, que atacó al Mesías, murió en Amritsar, víctima de la plaga.

 

A principios de mayo de 1908, Ahmad viajó de Qadián a Lahore en su último viaje. Tras llegar a Lahore y a pesar de su avanzada edad, concedió varias entrevistas y pronunció diversos sermones y confe­rencias. Comenzó a escribir el último de sus ochenta libros, "El Mensaje de la paz", pero el 20 de mayo tuvo la seguridad de que su final ya era inmediato y fue debilitándose progresivamente. Los médicos le diagnos­ticaron de extenuación y diarrea.

 

A las 10,30 h. de la mañana del 26 de mayo de 1908 exclamó, por dos veces, "¡Oh mi querido Dios!", falleciendo a los 74 años.

 

La persecución, que es el destino de todos los verdaderos Apóstoles, no cesó con su muerte. Mientras su féretro era transportado a la estación del ferrocarril, la multitud le arrojaba piedras y hacía difundir la falsa historia de que había muerto de cólera. Fue enterrado en Qadián, en el jardín que ya hemos mencionado; y su discípulo y compañero Hakim Nur-ur-Din fue elegido como primer Jalifa.

 

SUS ENSEÑANZAS

 

Es prácticamente imposible resumir en las páginas de este simple librito el mensaje de un hombre cuyos escritos y discursos cubrieron el espacio de una generación entera. El aspecto más sobresaliente de Mirza Ghulam Ahmad fue su contacto íntimo y constante con Dios a cuya Voluntad se hallaba sometido completamente. Para él, Dios no era un Ser abstracto y remoto, sino una Presencia Permanente, su Com­pañero Vivo de todos los lugares y tiempos. Como dice en uno de sus escritos místicos: "Cuando un hombre busca sinceramente a su Señor y Maestro y está firmemente arraigado en la fe del Islam y completa­mente resignado a Su Voluntad, de forma que sus poderes físicos y mentales están entregados de forma natural y libre y no sujetos a ninguna coacción, al puro servicio de Dios, el fruto final y permanente de este estado de sumisión es una transformación maravillosa de la que es testigo en su propia vida. Las manifestaciones más elevadas de la Guía Divina, libres de todo obstáculo, le abarcan por completo y múltiples bendiciones Divinas descienden sobre él. La verdad de los mandamientos y creencias que se aceptan en un principio en base a la probabilidad y sobre la autoridad de otros como asunto de fe, se hace finalmente clara y totalmente evidente a través de revelaciones diversas e inspiraciones ciertas y seguras. Las puertas que previamente se encontraban cerradas para el buscador, quedan ahora completamente abiertas, y las verdades ocultas y secretos de ley y de religión se hacen manifiestos. Se le hace viajar largas jornadas en el Reino de Dios, a fin de que pueda conseguir la perfección en el Conocimiento Divino y la certeza de la Realización de Dios. La bendición Divina es impartida sobre su lengua y sobre su habla, sus palabras y sus hechos y todos sus movimientos. Se le concede un valor extraordinario, perseverancia y firmeza, y es situado sobre un pináculo donde el corazón del hombre queda abierto para una aceptación positiva de la verdad. Queda totalmente libre de la intolerancia, la mezquindad, la avaricia, el tropiezo repetido, la falta de visión, la esclavitud de las pasiones, la depravación y vileza de las cualidades morales y de todo trazo de la oscuridad de la sensualidad causada por los hábitos de la humanidad; se ve llenado con la luz de la moral Divina. Quedando así perfectamente transformado, asiste a un nuevo nacimiento. Cuando ve y escucha, ve y escucha de Dios; y cuando se mueve o permanece quieto, lo hace en compañía de Dios. Su ira es la ira de Dios y su misericordia la misericordia de Dios. Sus oraciones son entonces escuchadas a causa de su elección y de su cercanía a Dios y no a causa de alguna aflicción, y su aceptación le conduce a su bienestar y no a su ruina. Su existencia sobre la tierra se convierte en argumento de la existencia de Dios y de la protección Divina a Sus criaturas. Existe alegría en el Cielo a causa de su existencia sobre la tierra. El mayor regalo que recibe de Dios consiste en que Dios le habla y se le dirige, y tales palabras del Ser Divino se encuentran libres de toda duda y oscuridad, y descienden sobre su corazón con la calma de la luz de la luna, poseyendo un éxtasis poderoso que le produce satisfacción, paz y tranquilidad mental".

 

Ningún hombre, desde los días del Santo Profeta Mohammad (la paz y bendiciones de Dios sean con él) ha poseído nunca un conocimiento más profundo y más lúcido del Santo Corán. Mostró el significado real de aquellos versículos que previamente habían sido considerados oscuros, y dilucidó la verdadera magnificencia de la Palabra de Dios. Mostró la relación del texto sagrado con los hechos y problemas del mundo moderno, sembrando la semilla de la próxima expansión del Islam en el Occidente. Trabajó incansablemente para eliminar las herejías que, con el paso de los años, se imbricaron en la fe. La más peligrosa de tales era la idea de que determinados versículos del Santo Corán quedaban abrogados por otros. Algunos comentaristas medievales, carentes del conocimiento e información adecuados, habían mantenido la idea de que un cierto número de versículos circunstanciales quedaban cancelados por otros de natura­leza más general, y fundaban esta idea en una mala interpretación de 2:107. Falsos Mullahs y Sheiks se apuntaron rápidamente a esta teoría y en los días de Ahmad, no hacían otra cosa sino sumar abrogación tras abrogación, desorientando a la gente. El expuso este error y proclamó de forma definitiva que la integridad del Santo Corán había de permanecer para siempre: cada capítulo, versículo y palabra, hasta el último acento.

 

El Mesías se ganó el odio de los teólogos musulmanes ignorantes al especificar el verdadero significado de la Yihad. Esta palabra significa "esfuerzo" o "trabajo" y puede aplicarse a cualquier sacrificio realizado por la propagación o fortalecimiento de la fe. El Santo Corán prohíbe expresamente la coacción en la religión y cualquier intento de realizar conversiones por la fuerza o iniciar cruzadas agresivas es absoluta­mente contrario al Islam. No obstante, si se da el caso de que la fe musulmana es atacada por los no creyentes y sometida a abierta violencia, se ordena entonces a la comunidad que tome sus armas bajo el mandato de su líder supremo (Jalifa) para una defensa concertada y para mantener la guerra hasta hacer desaparecer la amenaza. Este es el deber de la Yihad, y como puede observarse de manera clara, no puede llevarse a cabo bajo las condiciones actuales.

 

Los musulmanes de la actualidad, en lugar de formar un único cuerpo bajo un Jalifa, se encuentran dispersos en diferentes Estados, algunos de ellos independientes y otros no, cada uno con sus intereses políticos propios y aspiraciones nacionales. ¿Quién puede, pues, pre­tender proclamar, organizar y dirigir una "Guerra Santa'"?

 

Ahmad se sintió profundamente preocupado al observar cómo fanáticos ignorantes incitaban a los musulmanes a la rebelión y homicidio bajo el pretexto de la religión y, de forma rotunda, les denunció. Fue más allá, declaró que cualquier gobierno que promoviera la ley, el orden, la justicia y la tolerancia -como hicieron los británicos en la India- merecía el respeto y los buenos deseos del pueblo. Sin embargo, basándose en tales aspectos, ciertos musulmanes que pare­cían promotores del derramamiento de sangre, la corrupción, el de­sorden y el desgobierno bajo el lema de "'libertad", le consideraron como un traidor. Estos Ulemas retrógrados y demás incitadores de la Yihad podrían meditar sobre las advertencias que Ahmad hizo en su tiempo a la luz del armamento atómico, bombas de hidrógeno, etc., que amenazan con la destrucción de la totalidad de las naciones.

 

Debemos decir algunas palabras respecto al profetazgo. El Mesías señaló que al igual que la revelación Divina viene teniendo lugar desde los tiempos de Adán, de la misma manera habrá de continuar hasta el Ultimo Día. Declaró ser un Profeta en el sentido de que fue inspirado por Dios para entregar un mensaje a la humanidad. Declaró que la suya era la segunda venida de Jesucristo, de la misma forma en que Juan el Bautista fue el segundo advenimiento de Elías. Pero, sobre todo, insistió en que el Islam era la última dispensación para la humanidad y que la ley del Santo Corán permanecería vigente hasta el Día del Juicio. Pueden existir otros profetas, pero Mohammad (la paz y bendiciones de Dios sean con él) fue el último Portador de Ley, el Sello, y Enseña del profetazgo, y todo el que venga después de él sólo puede caminar detrás de sus huellas. Los musul­manes que afirman que todo tipo de revelación finalizó súbitamente en el año 632 de la era cristiana, son culpables de un grave error, así como de crear una innovación: No pueden señalar un simple párrafo del Santo Corán en apoyo de su idea y como mucho aducen un par de Hadices sacados de su contexto. Los teólogos musulmanes primitivos no mantenían tales puntos de vista, que equivalen a convertir al Islam en una fe estéril desprovista de vitalidad. Pero el Islam se encuentra completamente vivo y sus Santos son y serán siempre el vehículo de la Revelación Divina.

 

Mirza Ghulam Ahmad fue un hombre de gran estatura espiritual. Su vida era inmaculada, e igual que Jesús, pudo afirmar: "¿Quién puede señalar algún pecado en mí?". Igual que aconteció con los Profetas del Israel, la maldad y sufrimientos de la humanidad pesaron gravemente sobre sus hombros. Oró igual por sus amigos que por sus enemigos y pidió a Dios que bendijera a los primeros, y mitigara el castigo de los últimos. No deseó ningún mal ni siquiera a sus más enconados detractores, como dice con sus propias palabras: "No considero a nadie en el mundo como enemigo mío. No siento odio hacia los individuos, sino sólo a las falsas creencias que mantienen."

 

Poseía una mente amplia y liberal y estimulaba a sus discípulos a que hicieran estudios religiosos comparativos, pues estaba convencido de que la clave del triunfo del Islam estaba en la difusión del conocimiento y la lucidez mental. Su humildad le llevó a iniciar su misión con timidez, como ocurrió con numerosos Profetas Bíblicos, y cuando la carga le resultaba difícil de soportar, depositaba su sola confianza en Dios. Publicó las revelaciones que recibía de Dios aún cuando parecía que su propio carácter iba a frustrar el cumplimiento de su objetivo; sus consejeros más mundanos le sugerían, en ocasiones, que determinados pasos eran inoportunos y sus adversarios le ridiculi­zaban; sin embargo, sólo prestó obediencia a los mandamientos Di­vinos. Tal como escribió, "La Religión sólo es esto: que nuestro estado, acciones, movimientos y condiciones estén regulados por la Voluntad de Dios y Su Mensajero".

 

El Islam hace más énfasis en la vida venidera que cualquier otra religión, y el Santo Corán es el único Libro Sagrado de hoy día que posee enseñanzas coherentes e inequívocas respecto a este tema. El Mesías Prometido hizo un gran esfuerzo para interpretar la naturaleza del alma humana, el "barzakh", la resurrección, el paraíso y el infierno; y en esta difícil tarea, sus mejores consejeros fueron siempre sus propias experiencias espirituales. Demostró que el concepto islámico de la vida futura es el único que es coherente con la fe, la razón y la observación.

 

Fue el primero en enunciar este hecho cardinal: EL ISLAM ES LA UNICA FE VIVA; EL SANTO CORAN EL ÚNICO LIBRO VIVO; Y MOHAM­MAD (LA PAZ Y BENDICIONES DE DIOS) EL ÚNICO PROFETA VIVO. Con ello, quiso significar que el Islam, a diferencia de otras religiones, que están espiritualmente muertas y separadas de Dios, es el único camino abierto que el hombre tiene para llegar a Dios; y que está destinado a triunfar en toda la tierra antes de que transcurran 300 años desde el comienzo del catorceavo año de la Hégira. Al igual que el más selecto de los crecimientos de la naturaleza, está germinando oculto al ojo humano y florecerá comple­tamente después de que poderosas conclusiones hayan destruido todos los sistemas y filosofías. ¡Que el lector dirija su mirada alrededor del mundo y vea cómo se aproximan los signos de las cosas!

 

El Santo Corán, la única Escritura inalterada, es una guía segura para la humanidad, para todos los pueblos y épocas, y los humanos deben buscar en él la respuesta a sus problemas. No se trata de una reliquia que haya de ser conservada envuelta en chales y apartada, como hacen muchos musulmanes de hoy día, sino que al contrario, debe ser estudiado incesantemente y no sólo a la luz de los antiguos comentarios, sino en el contexto de los hechos y descubrimientos contemporáneos. En el mundo vivo de Dios, ofrecerá una guía fresca para cada generación que se suceda. Respecto a Mohammad (la paz y bendiciones de Dios sean con él), suyo es el Profetazgo sin fin, pues en sus enseñanzas está la salvación, y en su Ley la Dispensación Divina, llegándose a la Comunión con Dios a través de sus bendiciones.

 

Así enseñó Ahmad. El fue el seguidor más grande del Santo Profeta Mohammad (la paz y bendiciones de Dios sean con él) que ha aparecido sobre la tierra.

 

 

APÉNDICE PRIMERO

 

 

SIGNOS MESIÁNICOS

 

Las declaraciones de Hazrat Mirza Ghulam Ahmad están fundamen­tadas, de manera concluyente por el Santo Corán, las palabras del Santo Profeta Mohammad (la paz y bendiciones de Dios sean con él), las escrituras de los teólogos musulmanes eminentes y la santidad y fuerza espiritual de su propia vida y persona. Queda fuera del alcance de este librito reseñar los Hadiz de forma completa, u ofrecer amplios comentarios de los textos relevantes. Sin embargo, ofrecemos a continuación un resumen de diversas profecías y señales:

 

PROFECÍAS

 

1. Un Restaurador ("Muyaddid") surgiría en los principios de cada siglo (Abu Daud vol. 2. p. 241) Hazrat Ahmad, es el único pretendiente del 14.avo siglo después de la Hégira.

 

2. El Mesías Prometido sería llamado "Profeta de Dios"' ("Nabiyul­lah") (Muslim vol. 2, p. 515).

 

3. El Mahdi ("Guía"') y el Mesías ("El Elegido") serán una y la misma persona (Ibn Majah vol. 2. p. 257).

 

4. La segunda venida de Jesucristo tendría lugar en la persona de un Imam (líder religioso) de entre los musulmanes (Bujari vol. 2, p. 490).

 

5. El Mesías mataría al cerdo y rompería la Cruz (Bujari vol. 2, p. 159). Esto significa que rescataría a los musulmanes de la depravación y expondría las creencias falsas en las que se basaba la cristiandad.

 

6. El Mahdi aboliría las guerras religiosas (Ibn Hanbal, Masnad, vol. 2, p. 411).

 

7. En el tiempo del advenimiento del Mahdi, existiría un gran incremento en el conocimiento, así como gran mezcla de pueblos (Tirmidhi).

 

8. En esa época, aparecerían nuevos medios de transporte y serían innecesarios los camellos (Mishkat-ul-Masabih).

 

9.Tendría lugar un declinamiento de la fe religiosa, y no quedaría del Islam más que el nombre y no quedaría del Corán más que el texto (Mishkat-ul-Masahib p. 38; Kanaz-ul-Ummal, vol. 6, p. 43).

 

10. Las naciones cristianas ostentarían la supremacía en el mundo (Huyayil Karama, Tirmidhi y otros).

 

11. Cuando sepan del advenimiento del Mahdi, se requiere a los musulmanes que le ofrezcan el "Ba 'iat" (pacto de alianza) incluso aunque tengan que arrastrarse sobre la nieve para llegar a él (Kanaz-ul­-Ummal; también referencias en Ibn Hanbal, Masnad, vol. 6, pp. 29-30). Así pues, aparecería en un país donde existe la nieve.

 

12. En dicha época, tendría lugar un eclipse doble de sol y luna durante el mes de Ramadán (Dar-Qutni Sunan, vol. 8, p. 188, Delhi ed.). Esto aconteció los días 13 y 28 respectivamente, del mes de Ramadán de 1894.

 

13. Tendría 313 seguidores (Ghayat-ul-Magsud). Así aconteció respecto al número, estando recogidos sus nombres.

 

14. Nacería de un parto gemelar (Ibn Arabi, Sharah Fasus-ul­Hakam). Su hermana gemela murió al poco de nacer.

 

15. Renombraría las enseñanzas de Jesús (Santo Corán 61:7).

 

16. Padecería de dos enfermedades, localizados en la parte alta y baja de su cuerpo (Tirmidhi vol. 2, p. 38). Estas fueron migraña y glucosuria, respectivamente.

 

17. Sería impedido el Peregrinaje a la Meca (Kanaz-ul-Ummal vol. 6, p. 13). A los peregrinos del Punjab se les impidió la entrada a causa de la plaga.

 

18. Tendría lugar una plaga en la época (Igmal-ud-Din p. 348 y otras fuentes).

 

19. El Mesías surgiría de Oriente (Ibn Majah; ver también los Evangelios).

 

20. Procedería de un lugar llamado Kada (Juvvahir-ul-Asrar, p. 56). Esta es la pronunciación local de Qadián.

 

21. Sería de descendencia persa (Bujari 65: 62,1).

 

22. Existirían falsos pretendientes (Bujari, Fitan; Muslim, Fitan). Ver más adelante.

 

23. El Islam tendría tres siglos de grandeza, después ascendería de vuelta a los cielos por un milenio (Bujari vol. 4 en conjunción con el Santo Corán 86:2). Ello conduce al inicio de su resurgimiento en el 14.avo siglo de la Hégira.

 

 

SEÑALES

 

 

1. Su conocimiento inigualable de la lengua árabe, idioma de la revelación Coránica, constituye un milagro literario de primera mag­nitud. Adquirió el conocimiento de 40.000 raíces lingüísticas en un sólo día. Los escritores árabes más eruditos de la época no pudieron rivalizar con sus libros.

 

2. Muchas de sus plegarias fueron respondidas por Dios y se hicieron realidad miles de predicciones suyas.

 

3. Sus adversarios fueron incapaces de afrontar sus retos o refutar sus enseñanzas.

 

4. Su vida y misión mantuvo un fiel paralelismo con la de Jesús, cuyo segundo advenimiento se cumplió en su persona (ver el apéndice segundo).

 

5. Curó mediante el poder de la oración enfermedades incurables (por ejemplo, un estudiante llamado Abdul Karim de Yadgir fue mordido por un perro que padecía de rabia, y desarrolló la hidrofobia tras fracasar las inoculaciones previamente administradas. Hazrat Ahmad rezó por él y sanó durante la noche, siendo el único caso conocido por la ciencia médica en el que el paciente se ha recuperado tras la instauración clínica de dicha enfermedad).

 

6. Predijo las epidemias de plaga que asolaron el Punjab y provin­cias limítrofes y que ocasionaron más de tres millones de muertes.

 

7. Predijo la serie de terremotos que originaron miles de muertos en el Punjab en abril de 1905 y febrero de 1906.

 

8. Advirtió de nuevas epidemias próximas (una de ellas fue la gran epidemia de gripe que se cobró más de 20 millones de vidas después de la guerra de 1914-18).

 

9. Cuando la peste se difundía alrededor de Qadián, anunció que nadie bajo su techo contraería la enfermedad y, a pesar de que su casa estaba llena de gente, ni siquiera una simple rata padeció la peste.

 

10. Muchos de sus enemigos murieron sin descendencia, como él dijo que sucedería. El caso más conocido es el de Maulvi Saadullah, quien vivió 15 años después de esta predicción sin tener ningún hijo y cuyo único hijo que vivía en aquel tiempo, murió sin descendencia muchos años después.

 

11. Profetizó diversos acontecimientos mundiales, como la guerra ruso-japonesa, la Primera Guerra mundial, el trágico fin del Zar de Rusia y tres grandes guerras más de las cuales dos ya han tenido lugar, y el triunfo final del Islam, tres siglos después de ello.

 

12. Nunca se supo que cometiera una mala acción y ni siquiera sus peores enemigos lo hallaron convicto de alguna falta.

 

13. Como todos los verdaderos Mensajeros de Dios, predicó en contra de las tendencias e ideas de su época y suscitó la oposición en todos los frentes.

 

14. Su advenimiento se vio precedido de signos astronómicos referidos por Jesús (Mateo 24:29,30, etc.). El eclipse del sol y de la luna tuvo lugar el 19 de mayo de 1780 en Norteamérica y durante varios días en el verano de 1783 en amplias zonas de Europa, Norte de África y Asia. La caída de estrellas del cielo fue un espectáculo único observado el 12 y 13 de noviembre de 1833 en el hemisferio occidental, cuando una lluvia de decenas de miles de meteoros hicieron de heraldo del nacimiento de Ahmad y del segundo advenimiento de Cristo en su persona. El signo del Hijo del Hombre es el doble eclipse del Ramadán ya mencionado. Otro fenómeno similar es el grandioso "Gran Cometa" de septiembre de 1882.

 

15. Ambos, el Santo Corán y la Biblia, nos hablan de que los falsos profetas ("profetas"' en el sentido de la palabra árabe y hebrea "Nabi") son aniquilados. Diversos impostores surgieron en su época y tuvieron finales miserables. Tales fueron los casos de Dowie en América y Rahman e Ilahi Baksh en la India. Aún más conocidos fueron Bab de Persia, cuyo discípulo Baha-ul-lah fundó la secta Bahai, y Mohammad Ahmad de Dongola, el pseudo-Mahdi del Sudán. El primero fue ejecutado por un pelotón de fusilamiento en el sexto año de su declaración y el segundo pereció de tifus al cuarto año.

 

 

APÉNDICE SEGUNDO

 

 

LA AFINIDAD ENTRE JESÚS Y AHMAD

 

1. Ambos vinieron trece siglos después de los dos mayores Profetas Portadores de Ley del mundo: Moisés y Mohammad (Ia paz y bendiciones de Dios sean con él).

 

2. Ambos fueron personas protegidas de los dos Imperios más grandes -Roma y Gran Bretaña- bajo cuya "pax" predicaron.

 

3. Ambos llegaron en tiempo de crisis espiritual en el que el ateísmo, materialismo y vicios eran predominantes.

 

4. Ambos hallaron a sus correligionarios en decadencia moral y política, y aguardando a un Mesías o Mahdi.

 

5. Ambos, nada más anunciar su misión, desencadenaron una oposición inmediata y masiva.

 

6. Ambos se encontraron ante insultos, falsas acusaciones y amenazados por violentas multitudes.

 

7. Ambos hallaron que sus más enconados oponentes eran los líderes religiosos de su propia gente.

 

8. Ambos rechazaron la violencia como instrumento de su misión, y exaltaron las virtudes de la paz.

 

9. Ambos originaron un gran resentimiento al negarse a encabezar un levantamiento armado contra el gobierno extranjero.

 

10. Ambos abogaron por el respeto del poder temporal resistiendo los intentos de enfrentamiento con las autoridades.

 

11. Ambos mostraron sus propias vidas sin mancha alguna.

 

12. Ambos confundieron a sus enemigos al argumentar con ellos mediante una sabiduría y ciencia superiores.

 

13. Ambos mostraron señales de la verdad de sus afirmaciones y realizaron predicciones.

 

14. Ambos exhortaron a sus correligionarios a huir del pecado, la falsedad, fanatismo y a responder al nuevo despertar espiritual.

 

15. Ambos negaron ser profetas Portadores de Ley o haber venido a alterar la religión existente.

 

16. Ambos triunfaron sobre los designios de sus enemigos.

 

17. Ambos despreciaron los bienes materiales y vivieron en íntima comunión con Dios.

 

18. Ambos eran descendientes de príncipes.

 

19. Ambos mostraron preocupación y angustia por los sufrimientos y faltas de la humanidad.

 

20. Ambos fueron conducidos por sus adversarios ante los tribu­nales del lugar.

 

21. Ambos consiguieron cierto grado de reconocimiento en sus propias vidas, aunque su mensaje ganó fuerza y se extendió a lo largo y a lo ancho con el paso del tiempo.

 

 

 

TERCER APÉNDICE

 

CRONOLOGÍA COMPARATIVA

 

LÍNEA MOSAICA

SUCESO

 

FECHA (A.C.)

 

INTERVALO

Nacimiento de Moisés, Mensajero de Dios y Portador de ley para Israel.

Aprox. 1275

 

Captura y destrucción de Jerusalén por Babilonia y fin del Reino de Judea

Aprox. 586

689 años

Nacimiento de Jesús de Nazareth, el Mesías Judaico

Aprox. 6

580 años


Intervalo entre Moisés y Jesús = 1.269 años

 

 

LÍNEA DE MOHAMMAD

 

SUCESO
FECHA (D.C.) INTEVALO

Nacimiento de Mohammad, Mensajero de Dios y Portador de ley para el mundo

570

Captura y destrucción de Bagdad por los Mogoles y fin del Califato Abbasí.

1258 688 años

Nacimiento de Ahmad de Qadian, el Mahdi musulmán

1835 577 años
 
Intervalo entre Mohammad y Ahmad = 1.265 años 

 

 

NOTA: La fecha de nacimiento de Moisés fue motivo de conjetura durante largo período de tiempo a causa de la falta de certeza de la cronología Bíblica. Actualmente, ha quedado establecido que el Éxodo tuvo lugar alrededor del año 1215 a. JC. en el último año del reinado del Faraón Meremptah, hijo de Ramsés II. Se cree que Moisés contaba cerca de 60 años de edad en aquel momento, de forma que su nacimiento aconteció alrededor del año 1275 a. JC. Los otros dos datos mencionados en la parte superior de la tabla se consideran, según los historiadores modernos, como bastante acertados, con un error aproximado de 2 años por más y por menos. Es asombrosa la secuencia paralela de ambas líneas Reveladas. Aunque el período abarca unos tres mil años, la discrepancia en los intervalos de los sucesos clave ¡es de sólo cuatro años! De esta forma, la mano Divina traza el esquema de la historia del mundo.

 

 

 

CUARTO APÉNDICE

 

En el nombre de Dios, Compasivo y Misericordioso

Le alabamos e invocamos Sus bendiciones sobre

Su noble Profeta Mohammad

 

 

CONDICIONES DEL BAIT (INICIACION)

DEL MOVIMIENTO AHMADIA DEL ISLAM

 

por

 

Hazrat Mirza Ghulam Ahmad de Qadián

El Mesías Prometido y Mahdi

 (la paz sea con él)

 

 

La persona que se afilia al Movimiento Ahmadía, debe decidir, de manera firme, cumplir las siguientes condiciones:

 

1. El iniciado prometerá solemnemente abstenerse del SHIRK (atribuir copartícipes a Dios) hasta el día de su muerte.

 

2. Se apartará de la falsedad, fornicación, adulterio, miradas licenciosas; de la inmoralidad y libertinaje; crueldad; deshonestidad; rebelión; y de toda clase de mal. No se dejará arrastrar por sus pasiones, por fuertes que sean.

 

3. Ofrecerá con regularidad las cinco oraciones diarias de acuerdo con los preceptos de Dios y del Santo Profeta. Hará lo posible por rezar el "Tahayud" (oración voluntaria de antes del alba), e invocará el '"Darud"" (bendiciones) sobre el Santo Profeta. Será constante en implorar el perdón de sus pecados y en recordar las Mercedes de Dios, alabándole y glorificándole.

 

4. No dañará, llevado por sus pasiones, a las criaturas de Dios en general, y a los musulmanes en particular, con sus manos, su lengua o de otra forma.

 

5. Permanecerá fiel a Dios en todas las circunstancias; en la dicha y en la tristeza, en la adversidad y en la prosperidad; en la alegría o la desdicha; y se someterá en todo momento al decreto de Dios, estando dispuesto a padecer toda clase de injurias y sufrimientos en Su camino. Nunca se apartará de El en época de desgracia, sino que se Le aproximará aún más.

 

6. Se abstendrá de seguir costumbres no islámicas y malas inclinaciones; y se someterá completamente a la autoridad del Santo Corán, haciendo de la palabra de Dios y de las palabras del Santo Profeta, la regla principal de su vida.

 

7. Renunciará totalmente al orgullo y la vanidad, y adoptará una vida de humildad y modestia; de cordialidad, de indulgencia y man­sedumbre.

 

8. Amará a la religión, la dignidad de la religión y a la causa del Islam más que a su propia vida, riquezas, dignidad, hijos y demás seres queridos.

 

9. Se consagrará al servicio de las criaturas de Dios sólo por Su amor y procurará beneficiar en lo posible a la humanidad con las facultades y capacidades que Dios le haya otorgado.

 

10. Establecerá un vínculo de hermandad con este humilde siervo de Dios, prometiéndome obediencia por amor a Al-lah en todo lo bueno; y lo mantendrá hasta el día de su muerte. Que sea tal esta afinidad que no se encuentre otra semejante en otro tipo de relación o parentesco que requiera obediencia.

 

 

 

FORMULARIO DE INICIACIÓN

 

 

Hazrat Amirul Momenin

Mirza Masrur Ahmad Khalifatul Masih V

 

(Que Dios siempre le ayude)

 

Assalamu Aleikum wa Rahmatul-lahe wa Barakatohu

 

 

He estudiado las "Condiciones de Bait (Iniciación)" y las he aceptado de todo corazón. Cumplimentando debidamente el siguiente formulario, lo someto a Hazur, rogando se digne admitir mi petición de iniciación.

 

Atestiguo que nadie es digno de adorar sino Al-lah, que es único y no tiene copartícipe, y atestiguo que Mohammad es el Siervo y Mensa­jero de Al-lah.

 

Atestiguo que nadie es digno de adorar sino Al-lah, que es único y no tiene copartícipe, y atestiguo que Mohammad es el Siervo y Mensa­jero de Al-lah.

 

De esta forma ingreso en el Movimiento Ahmadía por la potestad de Hazrat Mirza Masrur Ahmad. Pido perdón a Al-lah de todos mis pecados anteriores y en el futuro trataré de hacer lo posible para preservarme de toda clase de pecados. Nunca asociaré a Dios a nadie; no concebiré malos pensamientos, ni me entregaré a la calumnia, ni causaré sufrimiento a nadie.

 

Daré preferencia a mi religión ante las consideraciones mundanas. Intentaré cumplir en lo posible los mandamientos del Islam y procuraré siempre leer, escuchar, recitar y divulgar el Sagrado Corán, las tradi­ciones del Santo Profeta (la paz y bendiciones de Dios sean con él) y los libros del Mesías Prometido (la paz sea con él).

 

Le obedeceré en todo lo bueno que me ordene. Creeré firmemente que el Santo Profeta Mohammad (la paz y bendiciones de Dios sean con él) es "Jataman Nabiyyin" -sello de los profetas- y creeré en todos los alegatos del Mesías Prometido (la paz sea con él).

 

Pido perdón a Al-lah, mi Señor, de todos mis pecados y me vuelvo hacia El.

 

Pido perdón a Al-lah, mi Señor, de todos mis pecados y me vuelvo hacia  El.

 

Pido perdón a Al-lah, mi Señor, de todos mis pecados y me vuelvo  hacia El.

 

¡Oh Dios, mi Señor! Se extravió mi alma y confieso todos mis pecados. Te suplico perdones mis pecados, pues nadie sino Tú puede perdonar. Amin.