Lo que sigue es un breve relato de la vida y misión del fundador de
la Comunidad Ahmadía del Islam, Hazrat Ahmad, a quien consideramos como el Mesías Prometido de la
época presente cuya venida estaban y están aguardando los seguidores de todas
las religiones.
Hazrat Ahmad nació el 13 de febrero de 1835 en
Qadián, una pequeña aldea perdida en el de la India y carente de todo tipo de
comunicaciones con el resto del mundo. Era descendiente de un famoso jefe de
origen persa llamado Halli Barlas, que en su tiempo llegó a gobernar el Asia
central.
Hazrat Ahmad recibió su educación elemental en
su propia casa, y ya desde la infancia mostró una gran indiferencia hacia las
cosas materiales. Dedicaba la mayor parte de su tiempo al estudio del Santo
Corán y otros libros religiosos islámicos así como a la oración a Dios
Todopoderoso. Aunque también aceptó responsabilizarse de algunas tareas
domésticas y familiares que le fueron encomendadas, su falta de interés en los
asuntos mundanos era motivo de grave preocupación para su padre. Contrajo
matrimonio a la edad de 16 años.
En aquel tiempo, mediados del siglo 19, el
Islam estaba siendo violentamente atacado en la India por los misioneros
cristianos y por una secta hindú llamada Aria Samaj. Ante esta situación y
entristecido por el lamentable estado de los musulmanes que eran incapaces de
defender el honor de su profeta y de su fe, Hazrat Ahmad asumió la responsabilidad
de defender al Islam. A partir del año 1882 comenzó a destacar como un erudito
y elocuente orador a la vez que distinguido predicador del Islam a través de la
publicación de artículos en la prensa local, la publicación de cuatro libros
que crearon un gran impacto en aquella época, y la participación en diversos
debates religiosos.
En ese mismo año, en 1882, recibió una
revelación divina en la que Dios le informaba que le había designado ser el
Reformador del catorceavo siglo de la era musulmana y declaró que
reestablecería sobre la tierra la fe que de ella había desaparecido. La etapa
decisiva de su vida llegó en 1890 cuando anunció, por mandato divino, que él
era el Mesías Prometido y el Mahdi cuyo advenimiento había sido profetizado por
el Santo Profeta Mohammad y esperado durante siglos por los musulmanes. Esta
declaración suscitó la ira de los clérigos musulmanes a lo largo y ancho de la
india, quienes al igual que los fariseos y escribas que se opusieron a Jesús,
se sentían inmensamente celosos de las enseñanzas de Hazrat Ahmad y de su
supremacía espiritual. Estos musulmanes ortodoxos no solo le condenaron como
incrédulo y apóstata sino que incitaron a las masas a asesinarle. El 23 de
marzo de 1889, hace hoy exactamente cien años, Hazrat Ahmad fundó la Comunidad
Ahmadía del Islam. De acuerdo con los signos mencionados en el santo Corán y en
las antiguas escrituras, durante el resto de su vida, hasta que falleció el 26
de mayo de 1908, Hazrat Ahmad cumplió plenamente la colosal tarea de establecer
la superioridad del Islam sobre todas las demás religiones del mundo. Le fue
devuelta al Islam su gloria original y el proyecto que fue iniciado a través
del mandamiento explícito de Dios Todopoderoso, continúa siendo llevado a cabo
por sus sucesores y seguidores, que propagan la belleza del Islam en todos los
continentes de la tierra.
Hazrat Ahmad fue un hombre de gran estatura
espiritual. Su vida era inmaculada y, al igual que Jesús, pudo afirmar: ¿Hay
alguien que pueda señalar algún pecado en mí?. Igual que sucedió con otros
profetas, la maldad y sufrimientos de la humanidad pesaron gravemente sobre sus
hombros. Oró igual por sus amigos que por sus enemigos y pidió a Dios que
bendijera a los primeros y mitigara el castigo de los segundos. No deseó ningún
mal ni siquiera a sus mas enconados enemigos y afirmaba: "no considero a
nadie en mundo como enemigo mío. No siento odio hacia los individuos sino solo
a las falsas creencias que mantienen"
Poseía una mente liberal y estimulaba a sus
discípulos a que hicieran estudios religiosos comparativos pues estaba
convencido que la clave del triunfo del Islam estaba en la difusión del
conocimiento y la lucidez mental.
Su humildad le llevo a iniciar su misión con
timidez, y cuando la carga le resultaba difícil de soportar depositaba su sola
confianza en Dios. Publicó las revelaciones que recibía de Dios aun cuando
parecía que su propio carácter iba a frustrar el cumplimiento de su objetivo;
sus consejeros más mundanos le sugerían en ocasiones que determinados pasos
eran inoportunos, y sus adversarios le ridiculizaban; sin embargo solo prestó obediencia
a los mandamientos Divinos. Tal como escribió: "La religión consiste en
que nuestro estado, acciones, movimiento y condiciones estén regulados por la
voluntad de Dios y Su Mensajero".
La Comunidad que fundó, la Comunidad Ahmadía
del Islam, siempre ha estado enfrentada a una oposición amarga, ofensiva y a
veces violenta, y sin embargo pronto hubo de ser reconocida, con asombro, como
las fuerza religiosa más dinámica que defendía la causa del Islam. En la
actualidad la Comunidad Ahmadía musulmana posee más de doscientos millones de
fieles en todo el mundo repartidos en 176 países y unidos por un lazo universal
de amor y hermandad. Los áhmadis, como así nos llamamos, estamos consagrados al
servicio de la humanidad. Nuestro espíritu de entrega y dedicación es apreciado
profundamente allí donde la Comunidad se ha establecido. Hemos construido cientos
de millares de mezquitas en distintos países así como escuelas y hospitales en
zonas necesitadas del tercer mundo. También hemos realizado la traducción del
Santo Corán a todas las lenguas principales, entre ellas al español. Nuestro
trabajo misionero ha inaugurado una nueva tradición en el Islam. Este trabajo,
sostenido económicamente mediante las aportaciones voluntarias de los fieles y
organizado por personas dedicadas, no tiene paralelo entre los demás
musulmanes. Ninguna barrera de color, raza, lengua o nacionalidad se permite
que se interponga en este camino de devota entrega para promover la unificación
de la humanidad a través del Islam.
Hazrat Ahmad,
el Mesías Prometido, explica cuál es el fin de esta Comunidad:
"El objeto de fundar esta Comunidad es
conseguir un grupo de hombres bondadosos que sean modelo de rectitud y
virtudes, para que un gran número de estas personas virtuosas ejerzan su
influencia sobre los seres humanos con sus vidas ejemplares de altas cualidades
morales y espirituales y su solidaridad sea motivo de gran bendición, grandeza
y consecuencias positivas para la humanidad. Intentad por todos los medios que
sus bendiciones se extiendan por todo el mundo; que en cada corazón surja el
amor puro a Dios y a los hombres y que de este amor brote una fuente cuyas
aguas conformen un gran río de espiritualidad"