RESUMEN DEL SERMÓN DEL VIERNES
Por el Jefe de la Comunidad Ahmadía del Islam
22 de Abril, 2005
(NOTA: El equipo de Alislam asume la plena responsabilidad de
cualquier error o información incorrecta de este resumen del Sermón del
Viernes)
EL
VALOR Y VALENTÍA DEL SANTO PROFETA (P.B.D.)
Hazur destacó en su sermón la valentía y el valor del Santo Profeta
(p.b.D.), citando el versículo 40 del Sura Ahzab, que dice. “Quienes entregaron el Mensaje de Al-lah y Lo
temieron, y no temieron a nadie sino a Al-lah. Pues Al-lah basta para el
cómputo.” Hazur dijo que todos los profetas de Dios poseen el don de la
valentía y el valor, pues sin esta cualidad no pueden llevar a cabo la sagrada
tarea que se les ha asignado, y que el Santo Profeta (p.b.D.) superó a los demás
profetas y seres humanos en esta cualidad.
El Santo Profeta (p.b.D.) había desarrollado tan íntima comunión con
Dios, que no mostraba el menor atisbo de temor en situación alguna, por
peligrosa que fuera, pues su propósito
era establecer un ejemplo de paciencia, constancia y valentía entre sus
seguidores. Incluso antes de recibir la primera revelación, cuando era receptor
de visiones y sueños verdaderos, demostraba un valor extraordinario al pasar
varias noches en solitario en la Cueva Hira, rodeado de peligros, consagrado a
la adoración de su Señor.
Hazur prosiguió diciendo que el Santo Profeta (p.b.D.) tampoco se
sintió intimidado durante los trece años que vivió en la Meca tras reivindicar
su condición de Profeta (p.b.D.), cuando todos los líderes de la Meca
intentaron retirar su protección. Hazur subrayó algunos incidentes que reflejan
su grado de valentía en la etapa de crueldad y opresión padecidos
en la Meca, como, por ejemplo, cuando realizaba el circuito alrededor de la Kaaba
y oraba en ella delante de sus adversarios. Hazur describió así el incidente,
narrado por un compañero: “Me hallaba
próximo a la Kaaba cuando los líderes de los qureichitas dijeron que ya habían
mostrado demasiada tolerancia hacia el Santo Profeta (p.b.D.), que se dedicaba
a insultar a sus ídolos, y que su
paciencia había llegado al límite. Mientras tanto, apareció el Santo Profeta
(p.b.D.) y comenzó a realizar el circuito alrededor de la Kaaba. Cada vez que pasaba por delante de ellos, era
objeto de insultos por parte de ellos. A la tercera vez, el Santo Profeta
(p.b.D.), entristecido, les dijo: “Qureichitas, por Aquel en cuyas manos está mi vida: os
traigo la noticia de vuestra destrucción” Esta declaración produjo tan profundo
impacto sobre los qureichitas, que le pidieron que se marchara. Al día siguiente
volvió a repetirse el incidente y el Santo Profeta (p.b.D.) les dijo de nuevo que
los destruiría con sus propias manos. Al
tercer día, los qureichitas rodearon al Santo Profeta (p.b.D.) y le amenazaron
por insultar a sus ídolos. El Santo Profeta (p.b.D.), sin preocuparse en lo más mínimo por sus amenazas, dijo: “Digo la verdad, vuestros ídolos no
tienen ningún poder, pues están fabricados por vuestras propias manos”.
Hazur mencionó después diversos incidentes que reflejan el valor del
Santo Profeta (p.b.D.). En una ocasión los líderes de la Meca se dirigieron a
su tío Abu Talib para que impidiera a su sobrino predicar su mensaje, pues de
no hacerlo cortarían las relaciones con él. En ese momento, con gran valentía, le dijo: “Tío,
si esta gente coloca el sol en mi mano derecha y la luna en mi izquierda, no
renunciaré a mi misión, hasta que Dios no cumpla Su promesa o yo sea aniquilado”.
Hazur recalcó el valor del Santo Profeta (p.b.D.), cuando ayudó a un comerciante
a recuperar una deuda de su enemigo más tenaz, Abu Yahl, sin intimidarse en lo
más mínimo al acudir a su casa al reclamarla, y cuando se hallaba oculto en la
pequeña Cueva Hira con su más cercano compañero, Abu Bakr, y sus perseguidores
se hallaban tan próximos que podían verse sus pies. Refiriéndose a este
incidente, el Mesías Prometido dijo: “El
enemigo está a las puertas y se lanzan todo tipo de conjeturas. Unos aconsejan
que se inspeccione la cueva, pues las huellas de sus pies terminan justo en aquel
lugar, y otros dicen que allí no puede entrar ningún ser humano, pues la cueva está cubierta de telarañas y de huevos de
palomas. Todo esto se deja oír en el interior de la cueva. En estas
condiciones, ante un enemigo dispuesto a matar, podemos comprobar su valor e intrepidez,
cuando dice con palabras claras a su compañero: “No temas, pues Dios está con
nosotros”, sin importarle que el enemigo le escuche. Esto se debe a su fe firme
en Dios y a su plena convicción en Sus promesas. Este ejemplo es suficiente
para demostrar el valor y denuedo del Santo Profeta (p.b.D.)”.
Hazur dijo que a pesar de que el Santo Profeta (p.b.D.) no amaba las
guerras, debido a su naturaleza pacífica, no toleraba que una vez iniciada una
batalla se mostrara la menor cobardía. En una ocasión en que el Santo Profeta
(p.b.D.) tuvo que aguardar hasta la noche la ofensiva del enemigo, dijo a su gente:
“No mostréis deseos por luchar contra el enemigo, sino rogad a Dios
por la paz. Mas cuando estalle la batalla, mostrar perseverancia y constancia y
tened la certeza que el Paraíso se encuentra bajo la sombra de vuestras espadas”.
Cuando se enfrentaba al enemigo su valor y valentía eran
indescriptibles, y sus compañeros buscaban su protección en el campo de
batalla, especialmente cuando ésta se intensificaba, como atestigua un
compañero: “Cuando la batalla se
intensificaba, convertíamos en escudo al Santo Profeta (p.b.D.) y el más
valiente de entre nosotros era quien luchaba
al lado del Santo Profeta (p.b.D.), pues él era el principal blanco de los
ataques enemigos”. Otro compañero describe así su valor en la Batalla de
Badar: “En una ocasión el Santo Profeta
(p.b.D.) y sus compañeros salieron de Medina y llegaron al campo de batalla antes
que lo hiciera el enemigo. El Santo Profeta (p.b.D.) dijo: “Que nadie avance
hasta que yo avance. Y cuando el enemigo ataque yo estaré en el frente”. Al
iniciarse la batalla, dijo: “Avanzad para
conseguir el paraíso, cuya extensión es equivalente a los cielos y la tierra”.
El Santo Profeta (p.b.D.) también dio ejemplo de su fe y valor cuando sus
compañeros le pidieron que depusiera las armas, tras tomar la errónea decisión
de combatir al enemigo en las afueras de Medina, diciendo que era opuesto a la
dignidad de un profeta deponer las armas una vez empuñadas.
En la Batalla de Uhud, cuando la suerte de los musulmanes se tornó
adversa a causa de su error, él
permaneció firme como una roca. El Santo Profeta (p.b.D.) combatió en solitario
en varias ocasiones, y en una de ellas, fue apedreado tres veces por el
enemigo, causándole heridas en el rostro que le hicieron sangrar profusamente. Tampoco
se desalentó en aquellos momentos ni fue en busca de refugio para descansar o
recibir primeros auxilios, sino que se
mantuvo firme en la lucha para alentar a sus compañeros. Solamente cuando la
guerra hubo prácticamente terminado, se retiro a descansar a un lugar seguro.
Incluso aquel momento, herido y debilitado, aceptó el reto de un incrédulo que
le desafió a muerte, a quien hirió gravemente con un ligero corte en el cuello,
que le causó la muerte al poco tiempo, a pesar de encontrarse en condiciones
muy inferiores a su adversario. Su valor quedó manifiesto también al día
siguiente, cuando le llegaron rumores de un segundo ataque por parte del
enemigo, y decidió salir en su persecución a pesar de su precario estado.
El Santo Profeta (p.b.D.) nunca retrocedía ante la ofensiva del
enemigo, por muy feroz que fuera la batalla. Sus compañeros atestiguan que en
los momentos de mayor intensidad de la batalla, él luchaba con más arrojo que nadie.
También demostró un valor único en una etapa en que existía un alto riesgo de
ataques a Medina por parte del enemigo y solía salir por las noches a inspeccionar
los alrededores de la ciudad en solitario, preocupado por la protección de sus
ciudadanos.
Hazur finalizó su sermón leyendo unos escritos del Mesías Prometido,
quien dice que el perfecto ejemplo del Santo Profeta (p.b.D.) se asemeja a un
árbol gigante bajo cuya sombra las personas pueden cumplir todas sus
necesidades, pues su fruta, flores, hojas y sombra son beneficiosas. El Santo Profeta
(p.b.D.) se asemeja a ese árbol, bajo cuya sombra encuentran bienestar y
protección millones de personas.