RESUMEN
Por el Jefe de la Comunidad Ahmadía del Islam
Febrero 25, 2005.
(NOTA: El equipo de Alislam asume la plena responsabilidad de cualquier error o
información incorrecta de este resumen del Sermón del Viernes)
Las
incomparables y sublimes virtudes del Santo Profeta Mohammad (p.b.D.)
En su Sermón del Viernes,
Hazur habló de las incomparables y sublimes virtudes del Santo Profeta Mohammad
(p.b.D.), exhortando a los creyentes a seguir su ejemplo.
Hazur citó el versículo 22 del
Surah Ahzab (33:22): “En verdad, tenéis en el Profeta e Al-lah un dechado
de virtudes”, que ofrece un testimonio divino de las excelentes virtudes y exquisitas
cualidades del Santo Profeta (p.b.D.). Citó numerosas tradiciones para
esclarecer el tema, arrojando luz sobre la gentileza, cortesía, amabilidad y simpatía
de su bendita personalidad. Hazur destacó en su sermón que el Santo Profeta
(p.b.D.) siempre tenía un semblante sonriente.
Haciendo referencia a las
tradiciones, Hazur también aludió a la cautivadora apariencia del Santo Profeta
(p.b.D.) y a sus hermosos rasgos físicos, manifestando que su belleza producía
una profunda atracción a distancia, pero que en su proximidad, sus virtudes y su
encantadora forma de hablar realzaban con creces esta belleza. Sus compañeros
comparaban su rostro a una resplandeciente luna llena. Hazur prosiguió diciendo
que el Santo Profeta demostró el más elevado grado de altruismo, veracidad y
honradez, y que su belleza, elevada moralidad y veracidad se veían reflejadas en
su rostro.
Su familia y la gente que le
sirvieron dieron continuo testimonio de su elevada moralidad. Viajaba a largas
distancias para visitar a los enfermos. Si alguien acercaba el rostro a su
oído, nunca se apartaba antes de que lo hubiera hecho la otra persona, y si
alguien le estrechaba las manos, nunca era el primero en retirar la suya. Honraba a sus compañeros y les ofrecía sus propias
almohadillas para reclinarse, y abreviaba la oración cuando alguien acudía a él
en busca de consejo. Llamaba a la gente por sus nombres predilectos y nunca hacía
reproches a nadie. Sobrellevaba esto con paciencia para establecer la elevada
moralidad en la tierra a través de su ejemplo.
Su conversación era pausada
y su palabra, breve, pero comprensible, y no hacía ademanes con las manos, sino
con los dedos. Volvía la cabeza cuando algo le desagradaba, y, cuando se sentía
complacido, sonreía. Nunca reía a carcajadas. Su paso era rápido y las palmas
de sus manos -a pesar de ser las manos de alguien cuya vida era tan ardua- eran
suaves como la seda.
Hazur dijo que el Santo
Profeta (p.b.D.) nunca tomó venganza por motivos personales, sino solamente por
Dios. Todas sus palabras y actos estaban destinados a obtener el agrado de
Dios.
Hazur mencionó ejemplos de
su sencillez. Por ser modelo de la humanidad, dijo, su vida era muy sencilla.
Participaba en los trabajos caseros y compartía la comida con sus sirvientes,
prestándoles su ayuda, y aceptaba la invitación de pobres y ricos. La dieta del
Santo Profeta (p.b.D.) era muy sencilla. Nunca ingería alimento hasta saciarse,
pero apreciaba la comida, como el pan de cebada y el guisado de carne con
calabaza. Le gustaban los dulces, especialmente la miel. Hazur mencionó que el
Santo Profeta (p.b.D.) y su familia también soportaron etapas de hambre extrema,
citando el ejemplo de la Batalla de la Fosa, en la que él y sus compañeros se
ataron piedras a sus vientres para controlar el hambre.
Por último, Hazur leyó un
extracto de los escritos del Mesías Prometido, exponiendo que el Santo Profeta
Mohammad (p.b.D.) demostró ser el hombre perfecto a través de su personalidad
ejemplar, sus más excelentes cualidades,
sus obras admirables y su sobresaliente personalidad. Hazur dijo que, al ser
las obras del Santo Profeta tan excelentes, el Mesías Prometido exhortó a las
generaciones posteriores a invocar, por gratitud, bendiciones y saludos sobre
él, recitando el Salat un Nabi.