RESUMEN DEL SERMÓN DEL VIERNES

 

Por el Jefe de la Comunidad Ahmadía del Islam

11 de Marzo, 2005

 

(NOTA: El equipo de Alislam asume la plena responsabilidad de cualquier error o información incorrecta de este resumen del Sermón del Viernes)

 

 

 

El atributo de humildad del Santo Profeta Mohammad (p.b.D.)

 

 

Hazur describió en su sermón el atributo de humildad del Santo Profeta Mohammad, citando el versículo 64 del Surah Al Furqan (25:64): “Mas los siervos del Dios Clemente son quienes andan en la tierra con humildad y cuando se dirigen a ellos los ignorantes, responden: “! Paz!”.

 

Hazur dijo que el Santo Profeta (p.b.D.) enseñó a los arrogantes a adoptar la humildad, eliminando la distinción entre ricos y pobres, y grandes y pequeños. Esta gran revolución y transformación no se produjo a través de su mensaje o enseñanza, sino demostrando en cada etapa de su vida practica el más elevado ejemplo de humildad y modestia, como atestigua el Santo Corán (68:5): “Pues posees ciertamente excelentes atributos morales”.

 

El Santo Profeta Mohammad (p.b.D.) insistía continuamente en su condición de humano y mensajero de Dios,  y prohibió exagerar su posición, como han hecho los cristianos, que han confundido las enseñanzas divinas con las humanas, convirtiendo en Dios al hijo de María.

 

Hazur, relató seguidamente diversos incidentes que describen la humildad del Santo Profeta (p.b.D.). En una ocasión, el Santo Profeta (p.b.D.) pidió a sus compañeros que, de olvidarse algo durante la oración, se le recordara, y a la hora de resolver disputas, que tuvieran en cuenta su condición de ser humano. Siempre respondía complaciente a la llamada sus compañeros, y hacía sentarse a quienes se ponían en pie en su presencia en señal de respeto, alegando que él también era un ser humano. El Santo Profeta solía mirar hacia abajo y giraba su rostro completamente hacia quien se dirigía a él, y era tal su humildad y modestia, que en una ocasión, cuando emigró a Medina, sus seguidores le confundieron con Abu Bakar.

 

Según otra tradición, un hombre se dirigió al Santo Profeta diciendo: “Oh Mohammad, el mejor de nosotros, el mejor de nuestras generaciones, nuestro Maestro y el Maestro de nuestras generaciones”. Al oírle, el Santo Profeta dijo: “Di la verdad, no sea que caigas bajo la influencia de Satanás. Soy Mohammad, hijo de Abdul-lah y el Mensajero de Dios. No quiero que exageres la posición que Dios me ha asignado”.  Hazur explicó que contrariamente a la actitud de los reyes o gente poderosa, que se complacen con falsas y exageradas adulaciones, el Santo Profeta (p.b.D.) prohibía que se hiciera una descripción verídica de su persona.

 

En otra ocasión el Santo Profeta (p.b.D.) dijo que era el Jefe de los hijos de Adán, pero esto no era motivo de orgullo para él; que en el Día del Juicio la tierra se haría pedazos en frente suyo, y sería el primero en testificar e interceder, e izaría la bandera de las Unidad de Dios, pero esto no sería motivo de orgullo para él”.

 

El Santo Profeta (p.b.D.) realizaba todo tipo de trabajos. Participaba en las tareas hogareñas, lavando su ropa, barriendo el suelo, alimentando al ganado, ayudando a sus asistentes y yendo al mercado. Nunca se abstuvo de estas tareas por temor a la crítica en una sociedad que consideraba degradantes estas tareas.

 

En una ocasión una persona comenzó a temblar en su presencia.  Al verle, el Santo Profeta (p.b.D.) le dijo: “Cálmate. No soy un rey, sino hijo de una mujer que ingería carne seca”. Hazur comentó que el Santo Profeta (p.b.D.) no consentía que nadie le otorgara superioridad sobre los seres humanos ordinarios, al ejemplo de las personas materialistas, cuyo orgullo les hace sentir superiores al resto. Hazur dijo que el Santo Profeta (p.b.D.) trataba con humildad y respeto a los pobres y débiles de la sociedad, citando el caso de una mujer con problemas mentales que requirió conversar con él en privado mientras se hallaba ocupado en una reunión. El Santo Profeta (p.b.D.) le acompañó y no abandonó el lugar hasta que no hubo resuelto sus problemas.

 

El Mesías Prometido nos ha amonestado a abstenernos de presuntas arrogancias y engreimientos y a adoptar la humildad y modestia, diciendo: “El Santo Corán menciona el ejemplo de modestia y humildad del Santo Profeta. Un ciego, que solía recitar el Santo Corán ante el Santo Profeta Mohammad (p.b.D.) acudió a visitarle mientras se hallaba ocupado en una reunión. Al demorarse el Santo Profeta (p.b.D.) en atenderle, abandonó el lugar. Se trataba de un incidente insignificante, pero Al-lah le hizo una revelación al respecto. El Santo Profeta (p.b.D.) acudió a su hogar y, abrazándole, extendió su manto para que se sentara.”

 

A pesar de saber Dios escuchaba todas sus oraciones, el Santo Profeta (p.b.D.) pidió a Hazrat Umar, cuando se dirigía a la Umra, que le recordara en sus oraciones. En otra ocasión, en que surgió una disputa entre un musulmán y un cristiano, y ambos juraron por Dios por sus profetas, declarando su grandeza sobre los demás, el musulmán abofeteó al judío. Al exponer su queja el judío, el Santo Profeta  (p.b.D.) dijo al musulmán que no se le otorgara supremacía sobre Moisés.

 

El Santo Profeta (p.b.D.) dijo en una ocasión que nadie, incluido él, obtendría la salvación por sus actos, sino solamente a través la merced de Dios. Concretamente, dijo a su hija Fátima que no obtendría el perdón divino por el mero hecho de ser hija suya, sino solamente a través del perdón de Dios.

 

El día en que el Santo Profeta (p.b.D.) entró triunfante en la Meca con diez mil soldados, fue un momento de de alegría, júbilo y grandeza. Sin embargo, al contemplar estas bendiciones, el Santo Profeta (p.b.D.) sintió aún mayor humildad, y cayó en postración, glorificando a Dios. A este respecto, el Mesías Prometido dijo que la grandeza, majestad y elevada posición que Dios otorga a Sus siervos elegidos se refleja en forma de humildad, y la grandeza otorgada por Satanás se manifiesta en forma de orgullo. En el momento de la conquista de la Meca, el Santo Profeta (p.b.D.) se hallaba en postración, del mismo modo que lo hizo en los momentos de dificultad y tribulación.

 

Hazur se refirió después al sermón de despedida del Santo Profeta (p.b.D.) que ofreció en su última Peregrinación, con expresiones de extrema humildad hacia Al-lah.

 

Finalmente Hazur dijo que para obtener el agrado de Dios, los hombres santos no anhelan posición o liderazgo alguno, sino el encuentro con Dios en soledad, pero Él les hace salir al mundo para la reforma de la humanidad. Miles de poetas alabaron al Santo Profeta (p.b.D.) en sus versos pero nunca se sintió complacido con sus alabanzas. La gente celestial no se complace con las alabanzas mundanas, pues su verdadera satisfacción se encuentra en el amor divino. Hazur concluyó su sermón con esta oración: “Bendice, Oh Al-lah a Mohammad y a la gente de Mohammad. Tú eres sin duda el Digno de alabanza, el Exaltado”.