RESUMEN DEL SERMÓN DEL VIERNES
Por el Jefe de la Comunidad Ahmadía del Islam
18 de Marzo, 2005
(NOTA: El equipo de Alislam asume la plena
responsabilidad de cualquier error o información incorrecta de este resumen del
Sermón del Viernes)
EL
ESPLÉNDIDO ESPÍRITU DE GENEROSIDAD DEL SANTO PROFETA (p.b.D.)
Hazur dijo en su sermón que el Santo Profeta Mohammad (p.b.D.), en
cuya persona culminan las más sublimes cualidades humanas, era un dechado de
generosidad, y que el modo en que empleó sus riquezas y sacrificó su propio
bienestar y el de su familia en pro del bienestar ajeno, para obtener el agrado
de Dios y aliviar las necesidades de la gente, no tiene paralelo en la
historia. El modelo más perfecto de los atributos divinos dijo: “Dios es el mayor magnánimo de todos los
magnánimos, y yo soy el más generoso entre todos los seres humanos”.
Hazur dijo que, por lo general,
la gente materialista se caracteriza por su amor a la riqueza, que acumula para
su propio bienestar y comodidad y cuyos actos, por lo general, no corresponden
con sus declaraciones, pues a pesar de su aparente compasión y generosidad
hacia los demás, nunca están dispuestos a sacrificar su bienestar personal por
el prójimo.
Por contraste, Hazur dijo que el Santo Profeta (p.b.D.) ofreció el más
elevado ejemplo de generosidad, citando algunos ejemplos. El Santo Profeta
(p.b.D.) distribuía inmediatamente las riquezas que Dios le otorgó en numerosas
ocasiones, diciendo: “No soy más que un
distribuidor. Dios me concede y yo distribuyo”. Sus compañeros le describían
como el más bello, valiente, generoso, respetable e iluminado, y decían que su
generosidad se incrementaba tanto en el mes de Ramadán, que la comparaban a una
tormenta del desierto. El Santo Profeta
(p.b.D.) nunca ofrecía una respuesta negativa a nadie. Entregaba cuanto tenía y
de no disponer nada, guardaba silencio y ofrecía oraciones. Decía: “Toda mi riqueza os pertenece”.
En una ocasión recibió 90.000 dirhams, que distribuyó entre sus
visitantes. Al terminar su reparto, recibió la visita de una persona. El Santo
Profeta (p.b.D.) le dijo que adquiriera cuanto precisara a nombre suyo, y que abonaría
la deuda en cuanto recibiera más riquezas. El Santo Profeta mostró desagrado a
la réplica de uno de sus compañeros, y se mostró complaciente ante el
comentario de otro compañero que le alentó a gastar cuanto quisiera, diciendo
que Dios nunca le privaría de riquezas. El Santo Profeta (p.b.D.) contestó: “Así me ha sido ordenado”.
Mencionando otra tradición,
Hazur dijo que cierta persona inquirió a Bilal, gestor
financiero del Santo Profeta (p.b.D.), acerca de las ganancias y gastos del
Santo Profeta (p.b.D.). Bilal dijo que el Santo
Profeta (p.b.D.) le había ordenado cubrir las necesidades de la gente y que, de
no disponer de medios, recurriera a préstamos. En cierta ocasión, un rico
idólatra a quien había pedido un préstamo le amenazó con tomar represalias de
no restituirse su deuda, en un momento que no disponían de medios. Bilal, por temor a la represalia, se dispuso a hacer
preparativos para un viaje. En aquel momento, el Santo Profeta le llamó y le
dijo que se alegrara, pues Dios le había procurado los medios para saldar su
deuda. Un gobernador les había enviado como obsequio cuatro camellos con las
alforjas llenas de bienes. Tras liquidarla, el Santo Profeta (p.b.D.) ordenó se
repartiera el resto de la riqueza entre los necesitados. En otra ocasión recibió
un botín de Bahrain y ordenó apilarlo en la mezquita.
Era el mayor botín de guerra recibido por el Profeta (p.b.D.) en su vida. Al terminar la oración
el Santo Profeta (p.b.D.) lo distribuyó todo sin guardar nada para sí mismo.
Según otro relato, el Santo Profeta (p.b.D.) afirmó que de poseer
tantos camellos como los árboles de un bosque, su mayor alegría sería
ofrecerlos en el camino de Dios. En otro momento regaló un rebaño de ovejas a
un hombre, quien, a su regreso, persuadió a su pueblo a aceptar el Islam,
impresionado por su generosidad. En la Batalla de Hunain
el Santo Profeta regaló cientos de camellos a una tribu que le odiaba intensamente,
transformando de esta forma su odio en amor.
Hazur se refirió después a algunas tradiciones que demuestran su
generosidad hacia los beduinos. En una ocasión, un beduino tiró bruscamente del
manto del Santo Profeta (p.b.D.) en demanda de bienes, alegando que tales
bienes no eran suyos. El Santo Profeta (p.b.D.) en lugar de tomar represalias
por su rudo comportamiento, le concedió lo que solicitaba. En otra ocasión demoró
la oración para atender los requerimientos de otro beduino, y cubrió las necesidades
de un beduino que se dirigió a él de forma insultante, diciendo: “Mi ejemplo es como el ejemplo de un amo que
consigue controlar a su camello rebelde. Yo también controlo a la gente de
difícil temperamento”.
Según otro relato, el Santo Profeta (p.b.D.) tenía 10 dirhams. Adquirió
una camisa por 4 dirhams y, tras vestirse, apareció un indigente que se la
pidió diciendo: “!Oh
Profeta! Dame tu camisa y Dios te concederá otra en el Paraíso”. Hazur se
la entregó y adquirió una nueva. En el camino encontró a una esclava llorando
por haber perdido dos dirhams que sus amos le habían entregado para comprar
harina. El Santo Profeta (p.b.D.) le dio los dos dirhams restantes y acompañó a
la niña a su hogar, diciendo: “He
acompañado a esta esclava por compasión, pues no deseo que se le castigue por
su demora”. Ante estas palabras, sus amos le pusieron en libertad. El Santo
Profeta (p.b.D.) les anunció la buena nueva del Paraíso y dijo: “Dios ha derramado una inmensa bendición en
mis 10 dirhams. Ha vestido a Su Profeta y a un Ansari,
y ha conseguido la liberación de una esclava”.
Hazrat Aisha relató que el Santo Profeta (p.b.D.) restituía con creces
los regalos que recibía. En tiempos de la conquista de la Meca, devolvía con aún
mayor generosidad los abundantes regalos recibidos de las numerosas tribus que acudían
a visitarle. Según una tradición, el Santo Profeta (p.b.D.) regaló a una mujer un puñado de joyas
de oro a cambio de un racimo de dátiles. En otro momento, regaló un inmenso
valle a una mujer cuyo regalo fue en un principio rechazado por una de sus esposas.
También hacía obsequios a los amigos de sus familiares queridos, especialmente
a las amistades de su esposa Jadiya.
En su camino hacia Medina, al ver la montaña Uhud,
dijo que si poseyera tanto oro como el volumen de esa montaña, se hubiera
regocijado en emplearlo en el camino de Dios antes del tercer día, sin guardar nada
para sí. Después dijo: “Los ricos se
encontrarán en la perdición en el Día del Juicio, salvo aquellos que emplean
sus riquezas a su alrededor en el camino de Dios, pero éstos son muy pocos.”. También dijo
que la persona generosa estará cerca de Dios, del Paraíso y de la gente, y
alejada del infierno, mientras que la persona avariciosa y mezquina permanecerá
alejada de Dios y cerca del infierno. Dijo que Dios prefiere al ignorante generoso
ante el avaricioso adorador de Dios.
Finalmente Hazur concluyó su sermón leyendo unos extractos del Mesías
Prometido diciendo que sus sublimes cualidades se manifestaron centenares de
veces de una forma que no tiene, ni tendrá jamás, paralelo en la historia del
mundo.