I.
INTRODUCCIÓN
Son
cuatro los objetivos de la religión:
a)
Permitir que el hombre conozca a Dios Todopoderoso, su
Creador;
b)
Proporcionar a cada hombre un código de conducta y moralidad;
c)
Dar a las comunidades las normas para su orientación social,económica
y política; y
e)
Enseñar al hombre acerca de la vida después de la muerte.
Los
orígenes del hombre se pierden en el amanecer de la historia, y
sabemos que nuestros antecesores más remotos de la Edad Paleolítica
se
elevaron muy poco por encima del nivel de los animales. El verdadero
comienzo de la historia de la humanidad se remonta al momento, hace
unos
seis mil años, en el que Dios se reveló por primera vez a Adán,
nombrándole a él y a sus descendientes como Sus virreyes en la tierra.
Por
lo tanto, el primer paso del progreso humano fue el conocimiento de
Dios, y la creencia religiosa constituyó el comienzo de la civilización.
Las
comunidades primitivas vivían dispersas y aisladas, y sus
necesidades eran puramente locales. He aquí la razón por la cual Dios
inspiró inicialmente a profetas nacionales y no universales para amonestar
a los
hombres cuando se entregaron a la
idolatría y al pecado. El Santo Corán nos dice que a
cada tribu o nación le fueron enviados mensajeros Divinos que, a pesar
de la oposición y la persecución, recordaron a los hombres su deber para con
Dios, y la vida venidera,
exhortándoles a practicar el bien y rechazar el mal. Algunos de estos
apóstoles trajeron también códigos de
leyes apropiados a su sociedad en
concreto.
Encontramos el relato de uno de estos pueblos en el Antiguo
Testamento. Dios bendijo a los Hijos de Israel con
la Ley de Moisés, y
les ordenó servir de ejemplo para las
naciones vecinas. Sus transgresiones les llevaron a la ruina moral y
política, pero antes de renegar de ellos, Dios elevó de entre su pueblo a un
gran reformador espiritual o
Mesías en la persona de Jesucristo. Aún no había llegado el momento de
establecer una religión mundial,
y por esta razón en los Evangelios
(ver Mateo 5:17, 18
-
10:5, 6 y 15:24), Jesús afirma
claramente que no vino a abolir
la Ley de Moisés, sino que fue enviado tan sólo a las ovejas
perdidas de la casa de Israel. Cuando
los judíos le negaron, les advirtió
que el favor de Dios pasaría a otra
nación, y repitió las palabras proféticas acerca de la península arábiga,
una zona olvidada por los
conquistadores, que no había desempeñado papel alguno en la historia:
"La piedra que los constructores
desecharon, en piedra angular se ha
convertido... Por eso os digo: Se os
quitará el Reino de Dios para
dárselo a un pueblo que rinda sus frutos" (Mateo, 21:42-43). ¡En efecto, la
Arabia estaba destinada a convertirse en piedra angular de un imperio
que se extendería desde España hasta las
fronteras de la China!
La
Biblia contiene más de cuarenta referencias al advenimiento del
Islam
y del Santo Profeta Muhammad
(s.a.w.)*.
A
pesar de que algunas
de
las profecías hayan sido oscurecidas debido a textos defectuosos o a
traducciones poco objetivas de los originales hebreo y griego, su
testimonio sigue siendo conmovedor. Las limitaciones de espacio no
nos
permiten citar todas estas profecías, pero es preciso mencionar
algunas, en vista de su gran importancia.
En
la primera, Dios dice a Moisés: "Yo les suscitaré, de en medio de
sus
hermanos, un profeta semejante a ti, pondré mis palabras en su
boca, y él
les
dirá
todo lo que yo le mande" (Deuteronomio, 18:18).
Aquí
vemos que
se
promete un profeta suscitado de entre los hermanos
de
los israelitas; se trata, por supuesto, de los ismaelitas, o árabes, que
junto
con los judíos son los hijos de Abraham y objeto de la profecía del
Génesis: "Y haré de ti un gran pueblo". Aquel profeta será semejante a
Moisés, es decir, un gran jefe espiritual y temporal, y un Legislador. En su
boca se pondrá la Palabra de Dios, y esto se aplica al Santo Corán, el único
libro religioso que afirma ser no meramente "inspirado" sino la Palabra
literal de Dios. Esta poderosa profecía se refiere a Mohammad
(s.a.w.)
y no
se puede aplicar a ningún otro, en ninguna época ni en
ningún lugar.
En
la segunda profecía podemos leer: "Ha venido Yahveh del Sinaí.
Para
ellos desde Seír se ha levantado, ha iluminado desde el monte
Parán.
Con él los diez mil santos, Ley de Fuego en su diestra para
ellos.
(Deut.
33:2). Aquí se relaciona a Moisés con el Sinaí, a Jesucristo con Seír, en
Palestina, y a Mohammad con Parán, el desierto montañoso
situado entre La Meca y Medina. Además se sabe muy bien que el Santo
Profeta entró en La Meca con diez mil seguidores, como legislador
triunfante. ¿Acaso puede ser más clara una profecía?
La
tercera se halla en las palabras de Jesucristo, recogidas en el
Evangelio según San Juan (16:7, 8, 13): "Pero yo os digo la verdad: Os
conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el
Paráclito; pero si me voy, os lo enviaré; y cuando él venga, convencerá
al
mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia, en lo
referente al juicio... Cuando venga él, el Espíritu de la Verdad, os guiará
hasta
la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que
hablará lo que oiga,. y os anunciará lo que ha de venir". Es evidente que
con
esto Jesucristo no alude a ninguna visitación de Pentecostés, sino al
advenimiento al mundo de un profeta portador de la Ley, que hablará en
verdad de lo que Dios le mande hablar. La palabra "Paráclito" de la
versión española aparece en el texto griego como "Paraclete". Ahora bien, "Paraclete"
es una palabra desconocida en el griego clásico;
investigaciones posteriores han demostrado que se trata de una
corrupción de "Periclytos", que significa "El Ilustre", "El Digno de
Alabanza". ¡La traducción literal de "Periclytos" en árabe es
MOHAMMAD! De ahí que Jesucristo predijera al Santo Profeta,
utilizando el nombre que recibió al nacer cinco siglos más tarde; y cabe
destacar que Mohammad fue el primer árabe que llevó este nombre.
Ha de
tenerse en cuenta que los judíos esperaban a un profeta
después del Mesías, como demuestra el Evangelio de San Juan al hablar
de
Juan el Bautista (1:20, 21):
"...y
confesó: `Yo no soy el Cristo'. Y le
preguntaron: `¿Qué pues? ¿Eres tú Elías?' El dijo: `No lo soy'. `¿Eres
tú el
profeta?' Respondió: `No'."
Se
trata de la misma persona descrita
en el
Antiguo Testamento como: "El Santo del Monte Parán" (Habacuc, 3:3),
"Mi
Siervo" (Isaías, 42:1), "Mi Amado" (Cantar de los Cantares, 5:10) y "Mi
Mensajero" (Malaquías,
3:1).
La
Biblia incluso hace
referencia a dos episodios importantes de la vida del Santo Profeta. Uno
es
la batalla de Badr, cuando el poder de los árabes paganos, o Kedar,
fue
destruido un año después de la huida de La Meca (Isaías, 21:15, 16),
y el
otro es el "Isra", el viaje espiritual del Profeta, por la noche, al
Templo de Jerusalén (Malaquías, 3:11).
Se
hacen varias referencias a La Meca, sobre todo en el Salmo 84:6,
de
David, donde en el texto hebreo figuran las palabras "valle de Bacah"
o
Bakkah, nombre utilizado
en el
Santo
Corán para designar este valle
(3:96).
¡Los
recopiladores de la Versión Revisada de la Biblia estimaron más prudente
ocultar esto con la traducción "Valle de Lamentaciones"!
El
peregrinaje viene descrito en Isaías (60:6, 7). Por último,
en
al
menos
un
caso (Jeremías, 28:9) la palabra hebrea "Shalom" debería haberse
traducido utilizando el equivalente árabe específico "Islam", y no "paz",
que
corresponde al término más general de "salaam".
El
advenimiento de este Profeta, que había
de
ser
maestro y
legislador para todas- las naciones de la tierra, también está anunciado
en
las Escrituras persas, hindúes y budistas, y
en
algunos casos
se
ofrecen no sólo descripciones exactas de acontecimientos, sano hasta su nombre MOHAMMAD.
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II.
EL SANTO PROFETA MOHAMMAD
El
Santo Profeta Mohammad
(s.a.w.) nació en La Meca, en
la provincia de Hajez, en Arabia, el 29
de agosto del año 570 de la Era
Cristiana. Pertenecía al clan de Heshem, de la tribu de los Qureshíes,
que afirman ser descendientes
directos de Ismael.
Huérfano
desde su nacimiento, fue cuidado primero por su abuelo
Abdul-Muttalab y más tarde por su tío Abu-Talab. Empezó la vida como
pastor, después se hizo comerciante y finalmente próspero mercader.
Á la
edad de 25 años se casó con Jadiyya, una viuda mucho mayor que
él y el matrimonio gozó de
la bendición de la felicidad completa. Por su
honestidad e integridad, sus
conciudadanos le llamaban "Al-Aman", es
decir, "el fiel".
Los
árabes de aquellos tiempos eran rudos, paganos, y sus características
más positivas, tales como su amor a la libertad, la poesía y la
hospitalidad, se veían desfiguradas por su adicción al vicio, la embriaguez,
el infanticidio, los juegos de azar y la violencia. En La Meca se
encontraba el famoso Templo de la Kaba, construido por Abraham hacía
casa 3.000 años en honor al Único Dios Verdadero, que era por aquel
entonces sede de la idolatría, como demostraban las 360 estatuas de
dioses paganos ubicadas en el recinto. La Arabia vivía un estado de
anarquía política, y se encontraba aislada del mundo exterior, con la
única
excepción de algunas caravanas.
Hacia
los cuarenta años, Mohammad (s.a.w.)
comenzó a practicar la meditación
en solitario, y una noche de diciembre del año 610 de la Era
Cristiana -la famosa noche de Al-Qadr en
el mes árabe de Ramadán recibió
su primera revelación.
Encontrándose él en
una cueva del monte
Hará, cerca
de
La Meca, se le
apareció el Ángel Gabriel en una visión, y
le
recitó los cinco primeros versículos del Capítulo 96 del Santo Corán.
Durante los seis meses siguientes, el Santo Profeta sufrió tormentos y
tribulaciones internas, pero al cabo de seis
meses se le
apareció por
segunda vez el Ángel; el Profeta,
temeroso, se cubrió el rostro con su capa, mientras el Ángel recitaba el
comienzo del Capítulo 74 del Santo
Corán:
"En
el nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso.
¡Oh
tú que te arropas!
Levántate y advierte
Y
glorifica a tu Señor
...”
La
revelación divina continuó casi ininterrumpidamente durante
veintiún años.
Los
primeros en creer en su misión fueron Jadiyya, su esposa; Zeid,
su
liberto; Al¡, su joven primo, y Ábu-Bakr, un amigo. Al principio,
predicaba a su familia y a sus amigos íntimos, exhortándolos a rechazar
el
politeísmo y el mal, a adorar sólo a Dios y a tener fe en la vida
venidera. Sus palabras eran recibidas con burlas y escepticismo, y la
gente le aconsejaba que renunciara a tales locuras y atendiera su
negocio.
Poco
a poco, sin embargo, las burlas y la compasión se iban
convirtiendo en oposición e ira, y tras un discurso público pronunciado
por
él en 614 A.C.,
la
persecución comenzó en serio. Los primeros
conversos, surgidos en su mayor parte de entre los pobres y los
esclavos, fueron amenazados, atacados y
en
algunos casos asesinados.
Bilal, el primer converso africano al Islam, fue sometido a las torturas más
crueles en un esfuerzo inútil por obligarle a renunciar a Dios y a Su
Apóstol. El Santo Profeta fue insultado y ridiculizado. Cuando
predicaba, sus palabras se perdían entre las burlas de la muchedumbre, y en
la calle el pueblo le arrojaba basuras y sus enemigos le escupían en
la
cara. Y sin embargo, aunque parecía tratarse de una empresa desesperada,
el
Profeta confiaba en Dios y rehusaba renunciar a su misión.
En el año 615 A.C. la
persecución obligó a un grupo de unos cien
musulmanes a abandonar su pueblo natal
de La Meca para buscar refugio en Abisinia, donde fueron bien
acogidos por el Rey. En 616, un
dirigente quraishí, llamado Omar, que hasta aquel momento había sido
oponente encarnizado del Santo Profeta,
se convirtió al Islam, incurriendo
así en la ira de los jefes mequíes. Estos prohibieron las relaciones
sociales y comerciales con los musulmanes, y no se les
permitió ni siquiera comprar comida ni
bebida.
Durante tres largos
años, el
Santo Profeta y sus discípulos vivieron en la pobreza, hambrientos y
afligidos, y su constancia ante la aparente imposibilidad de realizar sus
esperanzas encuentra pocos paralelos en la historia de la humanidad.
Terminó por fracasar la prohibición, pero Jadiyya murió poco después
como
resultado de las tribulaciones sufridas. Aunque Mohammad
(s.a.w.)
se
volvió a casar varias veces, llevó consigo su amado recuerdo
hasta
el final de sus días.
En 620 .C. el Santo Profeta
viajó a Taif, pero allí fue rechazado
igualmente, y se libró 'en el último momento de morir apedreado por
los habitantes. Fue durante aquel
período cuando tuvo su visión más
famosa, en la que su espíritu fue
llevado a Jerusalén (el "Isra") y
conversó con Abraham, Moisés, David,
Salomón, Juan el Bautista y
Jesucristo. En otra ocasión (el "Mir'all") se le enseñó el Trono de Dios,
el paraíso y el infierno, y el
universo sideral entero, que le aparecía del
tamaño de un grano de mostaza.
Entonces ya se avecinaban
acontecimientos decisivos. En Yazrib
.más tarde llamada Medina- una ciudad situada a unos 360 kilómetros al
norte de La Meca, varios
habitantes habían aceptado el Islam, y doce delegados
suyos se reunieron con el Santo Profeta en 621 E. C. al lado del monte
Aqaba, donde recibieron instrucción en la fe. A principios del año
siguiente, setenta y dos delegados
volvieron al mismo lugar y juraron
lealtad; esto se conoce como el Gran
Juramento de Aqaba. Poco tiempo
después, el Santo Profeta recomendó a sus discípulos que emigraran en
secreto a Medina.
Los
quraishíes se sintieron perturbados por esta huida de familias
musulmanas y, a instancias de Abu Yahl, los jefes de los distintos clanes
decidieron asesinar al Santo Profeta. La Providencia dispuso que la
fecha
acordada para el asesinato -la noche del 15 al 16 de julio de 622- fuera la
misma fecha elegida por Mohammad
(s.a.w.)
para
su
huida. Alertado del peligro, salió desapercibido de su casa. Los
conspiradores no tardaron en darse cuenta de la fuga, y enviaron a un
grupo de rastreadores en su búsqueda; en cierto momento, los
rastreadores llegaron a
la
boca
misma de la cueva en la que estaban
escondidos el Santo Profeta y su compañero Abu Bakr, pero milagrosamente
los fugitivos pasaron inadvertidos y lograron escaparse. Esta
emigración de inmensa importancia, la Hégira, marca el comienzo de la
historia del Islam, y a la vez el inicio de la Era Musulmana.
Al
llegar a Medina tras un peligroso viaje por el desierto, el Santo
Profeta emprendió la organización de la
nueva Comunidad (formada por los
"Muhayirin", refugiados de La Meca, y los "Ansar", ayudantes
locales, además de judíos y paganos)
basada en la equidad social y
económica.
El predominio de la
paz, la ley, la justicia, la buena voluntad
y la
fraternidad no tardó en reunir a todos los creyentes en un cuerpo
entusiasta y devoto, dispuesto a sacrificarse en la tarea de sembrar la
simiente del Reino de Dios.
Los
jefes mequíes, sin embargo, habían resuelto acabar con esta
amenaza al antiguo orden, y empezaron a
prepararse abiertamente para la guerra.
A principios del 624
.C.,
con el pretexto de proteger una
caravana procedente de Siria, enviaron a
un ejército de mil hombres bien
formados y equipados, incluidos 200 soldados de caballería, con la
intención de tomar la ciudad de Medina.
Los musulmanes, que habían
recibido por vez primera permiso para armarse en defensa de su
religión, pudieron reunir una
infantería de tan sólo 313 soldados mal armados. Los dos ejércitos se
enfrentaron en Badr, el 16 de Ramadán,
en el año 2 después de la Hégira. A
pesar de su gran valentía, y sobre
todo el valor de Ali, los musulmanes
hubieran sido derrotados si no se
hubiera levantado una gran tormenta de
arena contra los infieles,
sembrando la confusión entre sus soldados. Sufrieron una derrota
completa, y huyeron del campo de
batalla, dejando atrás a muchos
muertos, entre los que se encontraba su jefe Abu Yahl.
El poder de la
Arabia Pagana quedó así destruido, y Badr ha de considerarse como
una
de las batallas más decisivas de la historia.
Los
quraishíes intentaron en dos ocasiones posteriores tomar la
ciudad de Medina. En 625, derrotaron a los musulmanes en Ohod,
porque éstos se mostraron imprudentes y demasiado confiados, en
contra de las órdenes del Santo Profeta. Pero los quraishíes no
supieron aprovecharse de su victoria. En 627, una coalición considerable
de más de 20.000 quraishíes, judíos y beduinos sitió la ciudad,
pero, a pesar de varias traiciones, sus asaltos fueron rechazados, y su
derrota se vio precipitada por el tiempo adverso y los conflictos
internos. Esta batalla se conoce como la Batalla de la Fosa, o de los
Confederados. El mismo año, los musulmanes firmaron el Tratado de
Hodaibiya con los mequíes, y el Santo Profeta pudo realizar en paz el
peregrinaje a la Kaba, la Casa de Abraham.
Poco
después de su regreso a Medina, el Mensajero de Dios envió
cartas a los gobernadores del mundo civilizado, invitándoles a que
aceptaran el Islam. Algunos, como el emperador romano Heraclio, el
Virrey de Egipto y el Rey de Abisinia, acogieron la carta con respeto,
pero
el emperador persa, Cosroes, rompió la carta encolerizado, y
ordenó al gobernador del Yemen que mandara una expedición al Hijaz
para
detener a, Mohammad
(s.a.w.).
Antes de poderse cumplir esta
orden, sin embargo, Cosroes fue asesinado, y su país fue presa de la
guerra civil hasta la conquista árabe.
Al
Islam se iba uniendo una tribu tras otra. En 628, los musulmanes
ocuparon la ciudad fortificada de Jaibar, desde donde grupos de judíos y
paganos habían conspirado contra el Santo Profeta, incitando a los
romanos y los persas a invadir Arabia. A finales del año siguiente, los
quraishíes violaron las condiciones del tratado, y Mohammad, aprovechando
la oportunidad de conseguir la victoria final, marchó sobre
La
Meca encontrando poca resistencia.
El
20 de Ramadán del año 8 después de la Hégira (630
.C.),
el
Apóstol de Dios, ataviado de peregrino, entró en la Ciudad Santa con
diez
mil discípulos. Al llegar a la Kaba, repitió las palabras del Santo
Corán: "¡Ha llegado la verdad, y ha desaparecido la falsedad!", y con su
bastón comenzó a romper los 360 ídolos que contaminaban el recinto.
Los
habitantes juraron lealtad al Profeta, y aceptaron en masa el Islam.
No
tomó represalias por las atrocidades cometidas por los quraishíes, y
perdonó incluso a sus enemigos más acérrimos.
Aunque no habían terminado aún todas las hostilidades,
el
Santo
Profeta había completado su misión, y el último designio de Dios para la
humanidad ya se había instalado firmemente en la tierra. El Profeta se
encontraba agotado por sus labores, y por el esfuerzo de las revelaciones
Divinas, y su salud ya empezaba a deteriorarse. En el año 9
después de la Hégira, en marzo de 631
.C.,
viajó de Medina a
La
Meca para realizar el peregrinaje de despedida. En el monte Arafat,
habló
ante 100.000 peregrinos, pronunciando un famoso sermón, que se
ha
conservado en su totalidad. Apenas terminó de hablar cuando Dios
le
envió el último versículo que se revelaría del Santo Corán:
"Este
día os he completado vuestra religión, y he terminado de
concederos Mí favor; y os he escogido el Islam por religión"
(5:4)
El
Santo Profeta falleció serenamente en Medina, en su habitación
contigua a la mezquita, el día 13 de Rabí del año 10 después de la Hégira
(8 de
junio de 632), a la edad de 63 años. Sus últimas palabras fueron: "Con mí
Amigo el Altísimo... Con mí Amigo el Altísimo".
Mohammad
(s.a.w.)
es el
único fundador religioso cuya vida se conoce con una gran riqueza de
detalles, y cuya biografía completa
llenaría muchos tomos. Tanto sus actos
como sus palabras son hechos
históricos indiscutibles, y no mitos y leyendas piadosas. No era
solamente, como admite la Enciclopedia
Británica, "El que más éxito
tuvo de todos los Profetas", sino que se aprecia en su personalidad una
variedad asombrosa de condiciones
humanas.
Como individuo, es a
la vez
marido, padre, amigo y hombre de negocios; como personaje
público es jefe,
legislador, juez, estadista y general; como Mensajero de
Dios es portador de
la Ley, predicador, teólogo, santo y místico.
Tal
combinación es única en la historia, y bien merece el epíteto: "Sello de
los Profetas".
Uno
de los rasgos más destacados de su carácter era su sinceridad.
No olvidó, ni por un solo
día ni por una sola hora, su condición de
Apóstol de Dios. Fue el verdadero
vehículo del Espíritu Santo, y nunca
abusó de la revelación divina, ni se
impuso sobre ella. Siempre rezaba
por la bendición, la ayuda y la guía de
Dios, y tenía una fe inquebrantable
en la eficacia de la oración y en el cumplimiento de las promesas de Dios.
En los momentos más críticos de la persecución de La Meca,
los jefes quraishíes le ofrecieron el
trono, honores y riquezas incalculables,
si sólo dejaba de denunciar a sus dioses ancestrales; su única
respuesta fue recitar versículos del
Santo Corán. Durante una campaña,
un enemigo le sorprendió separado de su
ejército, descansando, y le puso
la espada en el cuello, diciendo: "Oh Mohammad, ¿Quién te podrá
salvar de mí ahora?" El Profeta
respondió con serenidad: "Dios". El
guerrero se mostró tan impresionado que
dejó caer la espada (que le fue
restituida, junto con su libertad).
Aunque
la Mano de Dios le salvó una y otra vez cuando todo parecía
estar perdido, y aunque los acontecimientos se producían de acuerdo
con
sus oraciones, el Profeta nunca proclamó como milagro ningún
suceso que contradijera
las
leyes perfectas y divinas de la naturaleza.
Cuando murió su hijo Ibrahim a corta edad, se produjo un eclipse del
sol.
Tanto los musulmanes como los infieles se maravillaron ante lo que
ellos consideraban como señal del luto celestial, pero el Santo Profeta
les
reprochó su superstición, diciendo que el sol y la luna no se eclipsan
por
la muerte de un ser humano. Cabe destacar que sus discípulos más
leales eran aquellos que tenían una relación más estrecha con él: ellos
presenciaban cada acto y palabra suyos, y eran
los
más
dispuestos a
sufrir privaciones, tribulaciones y muerte por la causa del Islam
primitivo.
Por
razones de espacio, no podemos adentrarnos ahora en una
elaboración de sus nobles
virtudes. Era caritativo, compasivo y estaba
siempre preocupado por el bienestar de los
demás, paciente ante la
debilidad de otros y siempre dispuesto a
perdonarles sus fallos. Era un
hombre de gustos y modales sencillos, vivió con gran frugalidad y
desaprobada la indigencia y el lujo. Era
humilde y puro de pensamiento,
limpio de cuerpo y apariencia, sencillo y honesto en sus relaciones con los
demás. Era sincero, leal a sus amigos y generoso
hacia todos. Y, sin embargo, evitaba los
extremos hasta en estas
cualidades. No era ni débil sentimental ni asceta. Detestaba el fanatismo,
la beatería y el formalismo. Su vida no fue ninguna teoría
idealizada, sino un ejemplo práctico para todos los pueblos en todas las
épocas.
Tras
la muerte del Santo Profeta, el liderazgo de los musulmanes pasó a los
Califas (sucesores), siendo los cuatro primeros Abu Bakr,
Omar, Ozman y Ali. El Islam se extendió rápidamente por Asia
Occidental y Central, África del Norte y ciertas partes de Europa
meridional. En países como Palestina, Siria y Egipto, millones de
cristianos se convirtieron a la Fe, aunque
se
les
había
concedido libertad
total para practicar y conservar su antigua religión. La civilización
floreció, y durante muchas generaciones se produjeron grandes avances
en la
sabiduría y la ciencia; la literatura, el arte y la cultura en todas sus
formas alcanzaron nuevas cumbres. Incluso los historiadores europeos
admiten, contra su voluntad, que el desarrollo de los países occidentales
se debió en gran parte a su contacto con los musulmanes en la
época de las Cruzadas.
Después comenzó el ocaso, provocado por la disensión política, los
conflictos sectarios, la asimilación imperfecta de los verdaderos principios
islámicos y la apatía oriental. Según las profecías, los tres primeros
siglos habían de ser los mejores, y al cabo de este tiempo el
Islam subiría al cielo durante mil años. Y así sucedió; a mediados del siglo
XIX el poder de las naciones musulmanas estaba destruido y sus instituciones
habían caído en la decadencia; la auténtica erudición
religiosa había desaparecido; la fe disminuía y el pueblo, bajo el dominio
de mul-lahs y jeques ignorantes y fanáticos, era presa de la intolerancia y
la
superstición. La Cruz parecía haber triunfado en todas partes, y
algunos autores europeos ya proclamaban el próximo fin del Islam.
El
Santo Profeta (s.a.w.)
había profetizado el advenimiento de un
Resurgidor (Muyaddid) al comienzo de cada siglo, e igualmente predijo
que un Mesías o Mahdi* salvaría el Islam
en los últimos tiempos. Al comienzo del siglo XIV después de la Hégira,
surgió en Qadian, en la India,
un hombre que había de cumplir estas profecías: Hazrat Mirza
Ghulam Ahmad (1835-1908). Hombre de
profunda fe, que llevaba una vida
en estrecha comunión con Dios, interpretó el Santo Corán a la luz
de los conocimientos modernos, y
exhortó a los Creyentes a seguir su
religión como en los tiempos del Santo
Profeta y sus Compañeros.
Predicó en contra de diversas herejías que se habían introducido en el
Islam ortodoxo a manos de algunos
teólogos y juristas medievales.
(Como ejemplo de estos errores podríamos citar la creencia en la
abrogación de algunos versículos del
Corán, la ascensión física de
Jesucristo y la terminación de las revelaciones, además de la doctrina de
la "Yihad" agresiva y la muerte
como castigo por la apostasía). Advirtió a
la humanidad de los peligros del
ateísmo, el materialismo y el pecado
hacia los que se iba entregando cada
vez más. Hazrat Ahmad encontró
una fuerte oposición por parte de los "ulama" (doctores de la religión)
reaccionarios, pero hoy los
musulmanes cultos de todo el mundo,
incluso aquellos que no reconocen sus
afirmaciones, aceptan que su interpretación del Islam es la correcta.
El
Movimiento Ahmadía, fundado por él, trabaja por el resurgimiento musulmán,
y bajo la dirección de su quintopCalifa, Mirza Masrur
Ahmad, sus misioneros predican el mensaje coránico en América,
Europa, Asia, África y Oceanía.
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III.
ISLAM: ÉL CREDO, LAS OBSERVANCIAS Y LA ÉTICA
Las
fuentes del Islam son dos:
a)
El SANTO CORÁN, la
Palabra de Dios, la primera fuente, y
b)
La
SUNNÁH, o enseñanzas y ejemplo del Santo Profeta
Mohammad
(s.a.w.),
complementaria a la primera.
El
SANTO CORÁN está compuesto por 114 suras o capítulos
(de
los cuales 86 se revelaron en La Meca y 28 en Medina), y 6.350
versículos. Los capítulos varían en extensión, y están dispuestos no en
orden cronológico, sino según la secuencia instituida por el Santo
Profeta para su recitación. Único entre los libros sagrados, el. Santo
Corán
afirma ser la palabra literal de Dios, y proclama que su texto será
protegido contra la corrupción. Se conserva hoy, hasta la última sílaba, de
la misma forma en la que fue revelado a Mohammad
(s.a.w.),
ya
que
no
sólo se anotaron las partes constituyentes durante su vida, sino que
sus
compañeros y discípulos lo memorizaron. Es, en efecto, un milagro
constante del Islam el que en cada generación, centenares de creyentes
hayan aprendido de memoria el texto íntegro, y tanto ahora como hace
trece siglos, puedan recitar
el Santo Corán desde el principio hasta 011
final. La primera recopilación en un
solo tomo se realizó al año de
la muerte de Mohammad, y el
Califa Ozman hizo que se efectuaran
copias
a partir de aquel original; dichas
copias fueron enviadas a todos
los rincones de su Imperio.
El
Santo Corán está escrito en un árabe puro e incomparable, y
nunca se ha reproducido ni su estilo ni su
contenido en ninguna forma literaria;
existen, por cierto, razones para creer que el árabe es la madre
de todas las lenguas, y la fuente del
habla humana.
Ni
siquiera las
traducciones más logradas pueden reproducir las cadencias, la belleza y la
fuerza del texto original, ni comunicar
el pleno sentido de su
vocabulario, tan rico y tan preciso.
Constituye una señal importante de
Dios el hecho de que todas las lenguas
sagradas y litúrgicas anteriores a
la era musulmana han pasado a ser
lenguas muertas. El sánscrito, el pali,
el hebreo, el zendo, el siriaco, el
arameo, el griego clásico y el latín son
terreno exclusivo de sacerdotes y
eruditos, mientras que el árabe es el
idioma vivo de millones de seres
humanos.
Los
apologistas cristianos se han esforzado en vano en explicar que el Santo
Profeta (s.a.w.) "inventó" o
"compuso" el Santo Corán. El Santo
Profeta, para empezar, era analfabeto, y la ciencia que contiene el
Libro no estaba al alcance de la Arabia
del siglo séptimo -tierra de
tinieblas e ignorancia-. No vivía ningún judío en La Meca, donde fueron
reveladas las dos terceras partes de las suras, y los pocos
cristianos que vivían allí eran
personas humildes que no poseían siquiera una versión
completa de ningún Evangelio, y mucho
menos de otros tomos bíblicos. Los críticos europeos han sugerido que
Mohammad (s.a.w.)
podría
haber aprendido de un monje sirio
llamado Sergio, cuando acompañó la caravana de su tío en un viaje a Basra;
¡pero tal sugerencia parece
absurda si consideramos que por aquel entonces el Profeta sólo tenía
doce años! Otros han alegado que los esclavos cristianos como Jabr,
Yasir o Jobaib podían haber servido de
"instructores"; sin embargo,
éstos fueron los primeros mártires del Islam, que eligieron la tortura y la
muerte antes que negar al Santo
Profeta. Uno de ellos, mientras
le seccionaban la carne de su cuerpo, declaró que
no quería ser
perdonado si, a cambio, el Mensajero de
Dios "tuviera que sufrir
siquiera el dolor de una espina".
¿Acaso es ésta la conducta de
mentirosos e impostores? La verdad es que a pesar de generaciones de
trabajo infatigable e investigación,
los enemigos del Islam han sido
incapaces de aducir la más
mínima evidencia en apoyo de su teoría de
que el Santo Corán fue "fabricado",
mientras que los argumentos a
favor de su origen Divino son
numerosos e irrebatibles. El
eminente orientalista y crítico
Profesor J.A. Arberry se vio obligado recientemente
a admitir la existencia de diferencias
fundamentales entre el lenguaje
utilizado por Mohammad y el estilo del
Santo Corán, añadiendo: "Me
confieso incapaz de exponer ninguna teoría en cuanto a su origen, a pesar de
los psicólogos, e igualmente me contento con no adelantar
conjeturas".
La
segunda fuente del Islam, la SUNNAH (costumbre) está contenida
en recopilaciones escritas de miles de "Hadices", cada uno de los
cuales recoge un dicho o acto del Santo Profeta. Las recopilaciones mas
conocidas son las de Bujari, Muslim, Ibni-Mayah, Abu Daud, Tirmidhi y
Al-Nisai,
llamados popularmente "Sihah Sitta" (las seis auténticas).
Los
primeros recopiladores se mostraron meticulosos y exigentes a la
hora
de comprobar la cadena de testigos, el carácter de cada uno y las
circunstancias en las que se produjeron sus relatos. De hecho, las
precauciones que adoptaron en contra del fraude se pueden comparar
con
las indagaciones detalladas del historiador moderno, y eran extraordinarias
para aquellos tiempos y aquel lugar.
El
Islam es la única religión que cuenta con una "Kalima" o
"Shahada",
es decir, una frase que constituye una profesión de fe.
Simplemente al repetir las palabras: "LA ILAHA IL-LA'L-LAH,
MOHAMMADUR RASULU-LAH" (No hay otro dios que Dios y Mohammad
es el Mensajero de Dios) con convicción y comprensión, se hace
uno
musulmán.
Los
principales artículos de la fe son:
1.
CREENCIA EN DIOS (AL-LAH), Creador y Sustentador del
universo. Es Uno, Eterno, Infinito, Omnisciente, Misericordioso, Todopoderoso
y Supremo; es Indivisible en naturaleza y persona, que no tiene socios,
asociados o hijos. El Santo Corán Le atribuye 103 nombres correspondientes
a Sus atributos, y El gobierna los asuntos del hombre de acuerdo con las
leyes paralelas de "Taqdir" (predeterminación) y "Tadbir" (libertad), cuyas
esferas están separadas. El "Shirk" o politeísmo
constituye el pecado mas grave que el hombre puede cometer, y
el
dogma
de la Unicidad de Dios es la piedra angular del Islam.
2.
CREENCIA EN LOS ÁNGELES DE DIOS, creados para servir a
Dios y hacer operar las fuerzas de la
naturaleza. Algunos actúan como
agentes de la revelación Divina.
3.
CREENCIA EN LA REVELACIÓN, medio por el cual la guía
Divina se transmite al hombre. Los sistemas anteriores, tales como la
Tora
de Moisés y el Evangelio de Jesús, no tenían sentido universal, y
han
sufrido interpolaciones. El Santo Corán constituye ahora la única
Ley
que obliga a toda la humanidad, y no será abrogado o modificado
hasta
el fin del mundo.
4.
CREENCIA EN LOS PROFETAS, que son hombres que reciben
la
inspiración directa de Dios, a quienes El ha confiado un mensaje
Divino. Han sido miles, en todas las épocas, de todas las razas y
lenguas, y han
de
ser
reconocidos con igualdad. A Mohammad
(s.a.w.)
se le
llama Sello de los Profetas porque trajo y ratificó la última Ley,
pero
esto no impide el advenimiento de otros apóstoles, bajo su tutela,
como
amonestadores o reformadores. Uno de éstos es el Mesías
Prometido, mencionado cuatro veces en Sahih Muslim con el nombre de
"Nabiyul-lah",
el Profeta de Dios.
5.
CREENCIA EN LA VIDA VENIDERA, que abarca el "Barzaj", el
Ultimo Día, la Resurrección, el Juicio, el Paraíso y el Infierno. El alma
humana no tiene una vida independiente de su cuerpo, sino que
inmediatamente después de la muerte entra en otro cuerpo espiritual y,
en
el estado de suspensión llamado "Barzaj", descubre si ha de merecer
el
Paraíso o el Infierno en el Día del Juicio. Por esta razón, el Islam
enseña que una forma de recompensa o castigo sigue inmediatamente a
la
muerte.
El
musulmán tiene cinco deberes religiosos principales, a saber:
1.
OBSERVANCIA DE LA ORACIÓN (SALAT), el único acto de
culto público del Islam. Se celebra cinco veces al día, y las oraciones
pueden recitarse en solitario o en congregación bajo la dirección de un
`Imam'
(dirigente). Tanto las oraciones de mediodía y tarde, como las del
crepúsculo y la noche, pueden, en ciertas circunstancias, unirse. Las
oraciones se han de hacer mirando hacia La Meca ("qibla"), y han de ser
precedidas de la ablución. Cabe destacar el hecho de que las posturas
del
cuerpo enseñadas al Santo Profeta por el Ángel Gabriel combinan
las
posturas tradicionales de adoración de todas las naciones de la
tierra: de pie, inclinado, postrado, sentado y arrodillado. Una mezquita
("masyid")
es un lugar de asamblea utilizado principalmente para la
oración, pero no está dotado de ningún carácter sacrosanto. Las
oraciones en congregación se anuncian mediante una llamada ("adhan").
Todos los viernes se pronuncia un sermón ("Jutba") antes de la oración
de
mediodía, y aunque la asistencia es obligatoria para todos cuantos
tengan la posibilidad de asistir, el día en sí no es día de descanso
obligatorio.
2.
PAGO DE LIMOSNA LEGAL (ZAKAT), constituida por una
contribución de capital donada a un fondo central para el bienestar de la
comunidad. En el caso de dinero, se impone un tributo del 2'5% por año
del
total de ahorros o capital que se haya quedado inactivo durante un
mínimo de doce meses. Otro baremo se aplica a otros activos no fijos.
El
cumplimiento de este deber no libera, naturalmente, al individuo del
deber caritativo particular.
3. OBSERVANCIA DEL AYUNO (SAUM),
durante el mes de Ramadán, desde el
amanecer hasta la puesta del sol. Se contemplan
ciertas dispensaciones para los
enfermos, los ancianos, los que están de
viaje, etc.. El ayuno conlleva muchas
bendiciones espirituales y beneficios
físicos.
4.
REALIZACIÓN DEL PEREGRINAJE A LA MECA (HALL), que
ha de
efectuarse, si es posible, al menos una vez en la vida. Los ritos
religiosos en la Kaaba imitan a los efectuados por Abraham hace 4.000
años,
y el peregrinaje supone un estímulo considerable para la hermandad
islámica, ya que se reúnen cada año gran número de hombres y
mujeres de todas las nacionalidades, razas y clases sociales.
5.
PARTICIPACIÓN EN LA "YIHAD" (literalmente, "esfuerzo"), es
decir, el esforzarse por la fe. Esto implica trabajar por la propagación
del
Islam o, en el caso de un ataque agresivo contra la religión, armarse
en
defensa concertada por toda la comunidad, bajo las órdenes del
dirigente. Él Santo Corán prohibe la coacción en cuestiones de religión,
y
los rumores según los cuales el Islam se propaga por la espada son una vil calumnia.
En
cuanto a la ÉTICA, el Islam cree que todos los hombres nacen
"puros", incorruptos por el pecado. Cada uno de nosotros ha de
responder ante Dios de sus acciones, y no nos salvaremos mediante los
actos
de expiación de terceros. Es nuestra responsabilidad elegir el bien
y no
el mal, buscando nuestra salvación a través de la fe, la oración y la
caridad.
La
piedad y la virtud no implican ni el abandono de los placeres
lícitos de este mundo, ni la entrega al ascetismo monástico. Más bien
hemos
de llevar una vida activa, sana y útil, en la que predominen
cualidades como la bondad, la castidad, la honestidad, la humildad, la
misericordia, el valor, la veracidad, la paciencia, la cortesía y la pureza,
evitando defectos como la crueldad, la inmoralidad, la falsedad, el
orgullo, la cobardía, la avaricia, la calumnia y la falta de sensibilidad.
Él
Islam prohíbe el lujo, la ceremonia excesiva y la ostentación. A no
ser
que se vean obligados por el hambre, a los musulmanes les queda
prohibido comer carne de cerdo, carroña y sangre, ya que éstos constituyen
una amenaza para el bienestar moral y físico. Tampoco sé les
permite consumir alcohol u otros tóxicos, ni apostar en juegos de
azar,
ni prestarse a la usura. Pero ¿cuántos saben, aún hoy, que la carne
de
cerdo es causa de enfermedades y triquinosis, y que conduce a la
desvergüenza? ¿Ó que el alcohol, además de los peligros físicos que
conlleva, también provoca la pérdida de la fe religiosa?
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IV.
ISLAM: PRINCIPIOS JURÍDICOS, SOCIALES Y
ECONÓMICOS
El
Islam no se limita a ser una creencia religiosa sin más, sino que
abarca todos los campos de la actividad humana; las creencias han de
reflejarse en acciones y en instituciones. La Ley musulmana, o "Shariat", se
deriva del Santo Corán y del Hadiz, mientras que la resolución de
los demás casos no tratados
de esta manera se obtiene mediante la
analogía, la lógica y el consenso de opiniones. Posee una estabilidad
inherente, ya que, al ser de origen
Divino, ningún poder terrenal la
puede cambiar, y los criterios
del bien y del mal permanecen siempre
constantes. Es una lástima que esta
estabilidad no se encuentre en los demás códigos y sistemas que
actualmente existen.
El
espacio no nos permite resumir aquí la Ley musulmana, pero sí
podemos resaltar algunos rasgos principales. La familia se constituye
como
unidad fundamental de la sociedad, y se desaprueba el celibato.
Se
establecen varias normas para el fomento de relaciones felices
y
armoniosas entre marido, esposa e hijos, y el Islam fue
la
primera
religión que garantizó los derechos de las mujeres casadas, incluido el
derecho a la propiedad de bienes; en este sentido, se adelantó en trece
siglos a los países cristianos. El divorcio, aunque no favorecido por el
Santo Profeta
(s.a.w.),
se
tolera si fracasan todos los intentos de
reconciliación; es inevitable señalar que Europa, tras criticar
al
Islam
durante mucho tiempo por permitir el divorcio, ha ido ahora al otro extremo,
facilitando el divorcio hasta tal punto que se está socavando la
vida
familiar. Igualmente se permite una poligamia limitada, porque se
considera adecuada en ciertas condiciones de la sociedad, como las que
prevalecen entre los pueblos más incultos; incluso entre naciones
monógamas surgen casos concretos
(la
demencia, la enfermedad
incurable, la esterilidad de la mujer, o un exceso de población femenina
debido a la guerra), en los que prohibir la poligamia constituye un acto
de
crueldad y un estímulo al vicio.
Las
leyes musulmanas sobre la herencia establecen que los
dos
tercios de la fortuna del difunto han de pasar a sus parientes de acuerdo
con un baremo fijo, mientras que el tercio restante puede ser legado
libremente por testamento. De este modo, se protege a los parientes
más
próximos, a la vez que se asegura una amplia distribución de la
riqueza.
Aunque la propiedad absoluta
es
de
Dios sólo, el hombre tiene el
derecho fundamental de adquirir bienes particulares, pero en ciertos
casos
este derecho puede verse
restringido a favor del beneficiocolectivo
de la comunidad. El comercio y la industria son los métodos
normales de generar riqueza, y
el
dinero es de curso legal; pero son
condenados tanto la usura como su consecuencia natural -el actual
sistema capitalista-. La acumulación de grandes fortunas es igualmente
censurable, y el dinero ha de invertirse en el comercio o
en
otros
proyectos.
El
Islam condena toda distinción basada en nacionalidad, color o
clase social. No puede haber ninguna raza superior, ni aristocracia ni
sacerdocio, siendo el más piadoso el más noble a ojos de Dios.
La
fraternidad del hombre en el Islam siempre ha constituido un hecho
vivo, y no una teoría inútil.
En
los tiempos del Santo Profeta, y bajo los primeros Califas,
se
pensaba mucho en el problema de cómo conseguir la justicia económica.
Aunque la igualdad absoluta es una quimera, los materiales de los
que
depende el progreso humano son patrimonio común de la humanidad,
y los frutos del trabajo se han de distribuir de acuerdo con esta
realidad. El Islam prohibe la confiscación o expropiación de los bienes de
los
ricos, y la rescisión de títulos antiguos, pues no se puede fundar una
sociedad equitativa en la injusticia y el resentimiento. Más bien, se
presentan cuatro formas de
acortar, paulatinamente, la distancia que separa a los pobres de los ricos.
En
primer lugar, tenemos la prohibición moral contra la acumulación de la
riqueza. En segundo lugar, las leyes sobre la herencia estipulan que
los
dos tercios de la fortuna de un hombre se han de distribuir de
acuerdo con un baremo fijo, de forma que la distribución
sea
más
extensa con cada generación. En tercer lugar, tenemos la institución del
"Zakat",
al que ya nos hemos referido, según la cual un porcentaje fijo
de
los ingresos individuales se ha de distribuir para aliviar la miseria.
En
cuarto lugar está la prohibición
legal de los intereses sobre
préstamos. Muchos de los males que actualmente nos acucian tienen su
origen en prácticas financieras basadas en los préstamos de dinero. El funesto sistema de
créditos permite a los
capitalistas -bien sean
individuos, sociedades financieras o corporaciones- multiplicar su
riqueza "ad infinitum" sin
esfuerzo productivo, y sangrar así la vida de la
comunidad. El Santo Corán señala,
igualmente, que los intereses sobre
los préstamos pueden dar lugar
a guerras, y efectivamente, los
pertrechos de la guerra moderna son los enormes préstamos logrados
por gobiernos beligerantes, que legan a
generaciones posteriores unas
deudas nacionales devastadoras. Un análisis más detenido revela que la
relación entre el comercio y la
usura es una relación artificial; el
comercio y la industria podrían
sobrevivir perfectamente sin
ella.
Quienes sostienen que la usura
está
tan
arraigada en nuestra sociedad
que
ya no se puede erradicar, se equivocan, como se equivocaron ante
cuantos afirmaban que la erradicación de la esclavitud
supondría i colapso
de la estructura económica de la sociedad.
En realidad, 1
eliminación de la usura fomentaría la
inversión y la formación d
sociedades, crearía oportunidades para muchas personas que ahora n
las tienen, y contribuiría al bienestar
de todas las clases sociales.
A la cabeza del Estado
musulmán, debe haber un soberano llamado
"Califa" (Sucesor). Es elegido para un
mandato vitalicio, y ejerce si
poder en representación del
pueblo. El Islam no cree en la monarquía
hereditaria, en la que un hombre
asciende al trono por la casualidad de
nacimiento sin tenerse en cuenta sus
méritos ni sus cualidades; tampoco
apoya el sistema republicano,
en el
cual los presidentes tienen un
mandato muy corto, y cuyos jefes de
estado tienen que entregar e desempeño de sus responsabilidades a
nuevos candidatos, sin que si política
haya tenido tiempo de llegar a la madurez. El Islam elige una vía
media entre el débil monarca
constitucional, a menudo nada más que un
adorno simbólico, despojado de toda
autoridad pero apto para cargar en
culpa, y el dictador moderno que
detenta un poder ilimitado y arbitrario.
El Califa está tan sujeto a la ley de
Shariat del Islam como el más
humilde de sus súbditos, y está legalmente obligado por cada una de sus
disposiciones. Tiene la
obligación moral de seguir los consejos de los
miembros de un Consejo elegido, aunque los puede rechazar si considera
que la seguridad o el bienestar del pueblo están en peligro.
Las
ideas islámicas sobre la constitución incorporan los
mejores
aspectos del gobierno representativo, con la finalidad de alcanzar una administración
estable, libre de conflictos partidistas. Las disposiciones
penales de la Shariat suponen un freno
eficaz a la delincuencia, y cabe
destacar que siempre que hayan sido
impuestas con firmeza y justicia
(como ha sido el caso en Arabia Saudita
durante el último reinado), la delincuencia ha dejado prácticamente de
existir. Entrar en un análisis de las funciones del gobierno no es
el propósito de este pequeño libro,
pero podemos señalar que el Islam es la única religión que define los
deberes del Estado para con los
ciudadanos, y las obligaciones correspondientes de los ciudadanos con
respecto al Estado. Los primeros gobernadores
musulmanes se esforzaban por promover
el respeto de la ley, la justicia
y la enseñanza, y por garantizar que
todos dispusieran de comida, ropa,
vivienda y otros elementos esenciales
de la vida. Si esta preocupación
disminuyó posteriormente, se debe a que tales ideas se adelantaron
considerablemente a su tiempo.
El Santo Corán contiene los principios para
la resolución de los conflictos
internacionales,
y si las organizaciones como las
Naciones Unidas se ajustaran a
estos principios, la paz mundial
se vería beneficiada.
En
pocas palabras, se establece que si en un conflicto entre
dos
partes no se llega a un acuerdo amistoso, los demás estados deben
consultar y proponer una resolución equitativa. Si una de las
partes
implicadas se niega a aceptar la decisión, los demás Estados deben
combinar sus fuerzas para obligar al Estado recalcitrante a aceptarla,
mediante la persuasión, la presión, o, en último caso, la fuerza. Hecho
esto,
deben resolver el conflicto
original como si no se hubiera
presentado ningún desafío, absteniéndose, en su condición de árbitros, de
avanzar peticiones propias.
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V.
EL ESTADO DEL MUNDO Y LA FALACIA
DE
LAS FILOSOFÍAS ACTUALES
El
hombre, desde siempre, ha buscado la felicidad, y ha intentado elaborar
normas para el bien del individuo
y
de la sociedad. Sin
embargo, en la época actual, estamos viendo en todos los países
la
diseminación de dudas, temores, conflictos, descontento y violencia. El
hombre está inquieto, preocupado, ve sus deseos sin cumplir y
sus
ansias sin satisfacer. Las brillantes esperanzas fundadas
en
los progresos
científicos y técnicos se hacen pedazos, y la gente ya no sabe
dónde
dirigirse en búsqueda de la salvación de este mundo.
Las
ideologías que ahora sacuden tantas naciones tienen sus raíces
en
el
derrocamiento de las instituciones semi-feudales de la Europa del
siglo XVIII. Durante la Revolución francesa
de
1789, los hombres
intentaron concentrar el poder político en manos del pueblo, en lugar de
los
monarcas hereditarios y las clases privilegiadas,
y en
el proceso
atacaron el tradicional orden religioso y social de la sociedad occidental.
El
primer intento terminó en el caos, y fue seguido del reinado
de
imperialismo autoritario y agresivo de Napoleón.
El
siglo XIX presenció el desarrollo del capitalismo liberal. Se
imaginaba que al dar al hombre una libertad completa para buscar los frutos
del progreso material, se iniciaría una edad de oro para la
humanidad. El resultado, empero, fue la acumulación de la riqueza en
manos de unos pocos, el monopolio
del
dinero y la explotación
económica de la clase trabajadora.
Como antídoto nació él
movimiento del así llamado socialismo.
Recibió el estímulo de Carlos
Marx, que defendía que para acabar con la explotación, los
trabajadores deberían hacerse con el poder, apoderara,
de los medios de producción agrícola e industrial, y distribuir la riqueza
"a cada cual según sus necesidades y de
cada cual según su: capacidades". El socialismo tiene muchos matices;
algunos partido: recomiendan cierto
grado de cooperación con los capitalistas, mientras: otros predican
la guerra entre clases, hasta sus últimas consecuencias
algunos abogan por la abolición de toda
la propiedad privada, mientras:
otros sólo desean nacionalizar
las industrias y servicios público: esenciales. Pero todos tienen en
común la transferencia del poder
cierto sector de la comunidad, la expropiación parcial de la
propiedad privada y el control riguroso
de las actividades y empresas humana:
según requieran las circunstancias. Por
lo tanto, y aunque esté basado
en el motivo altruista de aliviar la situación de los pobres, el
socialismo nunca podrá crear la auténtica fraternidad, la unidad ni la
libertad. No es verdaderamente
internacional, porque sus partidarios en cada país, por
mucho que hablen de extender sus
beneficios a las regiones menos
desarrolladas del mundo, se preocupan principalmente por sus propios
intereses nacionales. Además,
considera al hombre como máquina
económica cuyas necesidades son puramente animales,
y olvida el
aspecto moral y espiritual de su
naturaleza. Dondequiera que se
impone, conlleva un deterioro de
la conciencia, el carácter, y
de la moralidad. Más que ningún
otro factor, el socialismo es responsable del actual eclipse de Europa.
El
marxismo en su forma más militante se conoce como bolchevismo
o comunismo. Exhorta a los trabajadores
a apoderarse del
gobierno mediante la fuerza, y
desprecia la lucha pacífica del socialismo. Tras hacerse con el
poder, se instaurará una dictadura durante la
cual los dirigentes del partido
aniquilarán toda oposición, y llevarán a
cabo sus reformas. En teoría, el
período de tutela cederá paulatinamente
el paso a un régimen democrático, pero
el ejemplo de la Unión Soviética
nos demuestra lo que puede durar la
fase inicial. El Estado comunista
ha de controlar todos los medios de
producción, y acaparar la riqueza
sobrante para su redistribución en la
forma en que el Estado considere
apropiada; la enseñanza, las
actividades culturales y los
medios de comunicación han de
estar en sus manos. El Estado decidirá sobre lo
que poseen los ciudadanos, sobre lo que
comen, hacen, aprenden, leen y
piensan. El esfuerzo individual
será sustituido por el esfuerzo
colectivo, y el trabajo intelectual no
ha de merecer mayor consideración
que el trabajo manual.
Tal
sistema no sólo hace que retroceda el progreso humano unos
dos mil años, sino que está
destinado a decaer. Elimina el incentivo del esfuerzo,
y
todos
tenderán
a hundirse
hasta
el
nivel
del
más
bajo denominador
común.
Propone
una dictadura
a tal escala que
necesita una burocracia inmensa
e inflexible para servir al poder ejecutivo, lo que conlleva la
ineficacia y la pérdida. No puede conciliarse
con sus oponentes, y se verá,
forzosamente, enfrentado con
una oposición y un odio cada vez mayores. El desarrollo intelectual
ligado a teorías políticas demasiado
rígidas se atrofiará, y la erudición se verá empobrecida. Se propone
destruir la religión y promover el ateísmo y la
amoralidad, por lo que engendrará la
degradación del hombre. Su
propaganda intenta engañar a los
incrédulos al defender la libertad, la
igualdad y el bienestar de las masas.
Pero detrás de las apariencias, el
comunismo no es más que una siniestra
tiranía que fracasará en su intento de conquistar el mundo.
Se concede mucha
importancia hoy a lo que se conoce
como "democracia occidental". El problema, sin embargo, es que se trata de
un término susceptible de distintas interpretaciones, y comunica poco
que sea tangible. Es cierto que
implica un gobierno por mayoría de los
representantes elegidos por el pueblo, y
el respeto de ciertas libertades humanas fundamentales.
Pero no va más allá de todo esto. La
democracia puede significar el
parlamentarismo "burgués", el
capitalismo del Estado o el
socialismo liberal, y en el campo demócrata se encuentran opiniones
muy distintas, como son las de conservadores,
socialistas, nacionalistas,
imperialistas e internacionalistas.
¡Por un lado
están los que apoyan sistemas jurídicos
y administrativos anticuados, y
por otro los protagonistas de la revolución! Fue en parte como reacción
a esta fluidez por lo que
surgieron el fascismo, que abogaba por un
Estado Corporativo, y el
nacional-socialismo alemán,
centrado en el concepto de la
dictadura del partido, la "raza superior" nórdica y la
expansión dinámica. En resumen, es la
moda del momento la que dicta
la interpretación del término "democracia".
Hace
trece siglos, el Santo Profeta Mohammad
(s.a.w.)
advirtió a los
musulmanes que el mayor peligro con el que habrían de enfrentarse
serían las fuerzas del "Dayyal"
o Anticristo, que llegaría a
predominar en los últimos tiempos. Sus
diversas profecías demuestran que el
"Dayyal" atacaría a la humanidad
mediante la corrupción de la religión, y que tras seducir a los
hombres con la promesa de recompensas
materiales, destruiría la paz y
la prosperidad del mundo. Sus
partidarios se dividirían en dos
campos opuestos, y se exterminarían uno al
otro, y el Islam establecería a
continuación el Reino de Dios.
Ya
ha pasado la primera fase, porque en el siglo pasado la Religión
de la Cruz intentó alcanzar un predominio
mundial, engañando a cientos de miles de
creyentes; su esfuerzo misionero sigue siendo formidable
pero sin duda alguna está en declive.
La
segunda es una fase
principalmente política, y van ganando terreno por doquier las falsa
filosofías. Ya han provocado dos guerras mundiales que han costado
treinta
millones de vidas humanas, y han empobrecido al mundo en
unos
ochenta billones de pesetas -y su primacía está lejos de haber
acabado-.
Estas filosofías tienen como objetivo destruir las instituciones
tradicionales y difundir la impiedad, el derramamiento de sangre
y
el mal.
Actúan en todos los terrenos de la vida.
Por dar nada más que un ejemplo,
la mitad de las películas de cine que se estrenan hoy día
glorifican la
violencia, el alcohol, el libertinaje, la promiscuidad sexual y el
adulterio, y están propagando estos vicios en las nuevas generaciones
Se
trata de un peligro real y acuciante, y es hora de que la gente
culta
se dé
cuenta del hecho de que toda empresa de éxito ha de ser
fundada en principios sanos, y éstos no se encuentran más que en la
religión revelada. El hombre no puede alcanzar una concepción perfecta de
Dios a través de las ciencias experimentales y la especulación intelectual;
del mismo modo, no puede, por sí solo, desarrollar leyes
perfectas para la conducta del individuo ni de la comunidad. La
revelación Divina es la única guía segura en cuestiones que trascienden
el
alcance de las cosas para las que el cerebro humano fue creado. Al
rechazarla, incluso la persona más inteligente y dotada sucumbirá ante
el
error y la falacia, porque los poderes del razonamiento independiente
están delimitados con precisión.
Los
estadistas y los políticos deben comprender que al no hacer caso
de
las leyes Divinas, están construyendo sobre arenas movedizas. Su
torrente de legislación, sus mociones y planes, sus debates interminables,
sus conferencias y reuniones, no les llevarán a ningún sitio; lejos
de
resolver nuestros problemas, abrirán la puerta a la confusión y la
turbulencia.
La
paz, el progreso, la prosperidad y la justicia sólo se encuentran en
las
enseñanzas del Islam.
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VI.
EL CRISTIANISMO AL DESCUBIERTO
La investigación acerca de los
orígenes y el nacimiento del cristianismo
ha descubierto mucho de lo que estaba oculto y era misterioso. Se ha
comprobado, sin lugar a dudas, que es una religión creada por el
hombre, y falsa desde un punto de vista
teológico.
A medida que va saliendo a
la luz más información, el poder y el apoyo de las distintas
Iglesias, en Europa y en América, va disminuyendo, y si prosigue esta
tendencia, corren el peligro de reducirse a simples sociedades humanitarias
o caritativas.
Los
cargos contra la fe cristiana se pueden considerar bajo' tres
epígrafes:
a)
Las Escrituras contienen múltiples interpolaciones y falsificaciones,
y no son fidedignas como fuente de creencia religiosa;
b)
Jesucristo no vino para fundar ninguna religión, y la imagen de
su
vida presentada por las Iglesias es una invención;
c) Él
cristianismo es una creación de San Pablo y otros, y sus
dogmas y ritos son una imitación de las creencias paganas de
la
época romana.
Consideremos ahora en mas detalle estos tres puntos.
LA BIBLIA: De
los 66 libros que componen la Biblia protestante
actual (77 libros
en el
caso de los católicos), ninguno ha
guardado la forma que tenía en los tiempos en que se escribió. Veamos
primero el ANTIGUÓ TESTAMENTO; sabemos ahora que los cinco libros de
Moisés (Pentateuco) fueron recopilados
por el Sumo Sacerdote Esdras,
alrededor del 450 a. de J.C.,
unos 750 años después de la
muerte del gran Profeta. La parte mas auténtica que forma la Ley original o
Tora se encuentra en los
Capítulos 20 a 23 del Éxodo; otras secciones del
mismo libro son posteriores, como
demuestra la presencia de un
decálogo totalmente distinto incluido en el Capítulo 34. Es interesante
observar que de todos los
antiguos manuscritos consultados por Ésdras,
el título de uno -el Libro de las
Guerras de Yahveh- se ha conservado
en el texto (Números, 21:14).
Los libros históricos del Antiguo Testamento
muestran signos de su reedición y corrección, y abundan
contradicciones, exageraciones y
absurdos. Los libros proféticos, aunque
son mas fidedignos, no fueron aceptados como canónicos hasta
alrededor del 200 a. de
J.C.,
unos 150 años después de escribirse el último. Incluso el Libro de los
Salmos contiene muchos textos dudosos,
y de 150 salmos tan sólo 72 pueden
atribuirse al Rey David, siendo los
otros obra de otros autores distintos o
anónimos. En cuanto a libros
como Éster y Judit, su inclusión en la Biblia ha de calificarse de
blasfemia. No son mas que novelas
hebreas de una moralidad aborrecible,
siendo la primera una glorificación del odio racial que conlleva a
una masacre horrenda, y la segunda una
defensa de la traición y el
asesinato. ¡En tiempos de la Reforma, los protestantes suprimieron el
libro de Judit (junto con varios otros)
de la Biblia!
Los
estudios modernos del NUEVO TESTAMENTO han establecido
que ninguno de los Evangelios fue escrito por testigos presenciales
de la
vida de Jesucristo. Los hechos narrados y los discursos son de
segunda o tercera mano y los autores no pretenden en ningún momento
tener
inspiración Divina (véase Lucas,
1:1-4).
Los
primeros cristianos que
consideraban sagrados estos relatos, y por lo tanto no dudaron el
falsificar el texto o intercalar palabras con el fin de apoyar cierto dog-mi
o rebatir las teorías de una secta
rival.
Hasta
el año 397 .C. se utilizaban treinta Evangelios distintos, pero
durante el Tercer Concilio de Cartago, los obispos eligieron cuatro
como
"canónicos" (aquellos atribuidos a Mateo, Marcos, Lucas y Juan)
calificando los 26 restantes como "apócrifos". Es interesante observa:
que
uno de los Evangelios suprimidos, el Evangelio según San Bernabé
contiene los versos siguientes: -"Los discípulos preguntaron: `Maestro
¿quién será el hombre del que hablas, que vendrá al mundo?' Jesús:
contestó: `Es Mohammad, el Mensajero de Dios'."
Los
cuatro Evangelios canónicos fueron escritos en griego entre lo;
años
60 y 120 de la Era Cristiana, y del lenguaje nativo arameo o hebreo
popular de Jesucristo sólo se conservan en el texto un par de citas
El
Evangelio más antiguo,
el
de
Marcos, sirvió de fuente histórica para
los
demás, mientras que los discursos de Jesucristo se apoyaban en una
recopilación llamada "Logia", ahora perdida, de la cual se incluyen
largos extractos en Mateo. Los demás libros del Nuevo Testamento
-los- Hechos, relato de un autor
desconocido; las Epístolas, carta; dirigidas a las primeras comunidades
cristianas para enseñar a grandes rasgos las doctrinas Paulinistas; y la
Revelación o Apocalipsis, compendio
de profecías mesiánicas judías y cristianas- presentan todos
evidencia abundante de interpolaciones.
Se
ha obtenido una prueba determinante de esto con el descubrimiento
en Palestina en 1947 de los "Pergaminos del Mar Muerto", los
fragmentos más antiguos del Antiguo
Testamento hasta ahora encontrados,
que datan, según parece, de la época de Jesucristo; han sacado a
la luz gran número de variaciones
textuales, que se plasman en algunos sitios en la inclusión o supresión de
frases enteras. Desde 1950, se han
revelado discrepancias aún mayores con
el descubrimiento de los "Manuscritos de Jericó", que tendrán un efecto
devastador sobre los dogmas de la Iglesia. En resumen, gran parte de
la Biblia tal y como la conocemos hoy no
puede pretender ser inspirada, en ningún sentido,
por Dios, mientras que otras partes son
corruptas. ¿Qué valor tienen,
entonces, tales Escrituras como base de una religión "revelada"? Hace trece
siglos, el Santo Corán acusó a los judíos y los cristianos de haber
falsificado la Sagrada Escritura. ¡Ahora la verdad queda revelada ante
todo el mundo!
JESUCRISTO:
La auténtica vida de Jesucristo contrasta profundamente con las leyendas de
los Evangelios.
Los
estudios más modernos
indican que nació alrededor del año 8 a. de
J.C.,
de familia
humilde, siendo uno de varios hijos.
No nació en Belén, sino en Nazaret
de Galilea, el pueblo de los padres de
María. Empezó la vida como
carpintero, pero en años posteriores se unió a una secta judía llamada la
Hermandad de los Esenios. Ciertos
estudios han sugerido que en la
tercera década de su vida viajó
hacia Oriente, llegando incluso hasta la
India, pero existe poca evidencia en
apoyo de este primer viaje.
Con
cuarenta años, sin embargo, ya se encontraba en Palestina,
donde recibió la llamada Divina.
Predicó a los galileos, pero encontró
una fuerte oposición por parte de los
escribas y los ancianos, y de la
secta de los fariseos, que esperaban el advenimiento de un
Mesíasguerrero que había de
librar a Israel del yugo extranjero. No tuvo mejor
suerte en Jerusalén, y hasta sus
discípulos eran hombres de débil fe. Se tramó un complot contra él en el año
35 .C.; fue detenido y
traído ante el Sanedrín judío, acusado
de hereje, y ante el magistrado romano acusado de sedición. Fue
sentenciado a muerte, y puesto en la cruz; pero
le
retiraron de la cruz tres horas más
tarde, al aproximarse el Sábado, desmayado pero no muerto. Fue cuidado y
reanimado por la Hermandad de los Esenios, y al cabo de tres días pudo
aparecer en secreto en Jerusalén.
Temiendo ser detenido de nuevo, se dejó ver con
poca frecuencia, y tan pronto como
recobró fuerzas, se despidió de sus
discípulos en el Monte de los Olivos y
viajó por Judea y Samaria hacia
Tiberiades y Damasco.
A
continuación, Jesucristo emprendió la segunda fase de su misión,
que
fue la de predicar a las
diez
"tribus perdidas" de Israel. Viajó hacia el
norte hasta llegar a Nisibin y Aleppo, luego cruzó el Tigris y atravesó
Kashan en Persia central, camino de Afganistán. Allí, y en Cachemira,
se
encontraban los restos de las tribus perdidas de Israel, que se habían
asentado en estas regiones durante el Cautiverio; lo cual está demostrado
sin lugar a dudas por investigaciones recientes de tipo histórico,
etnográfico y lingüístico. Jesucristo predicó a estos
pueblos durante
muchos años, y se ha hallado evidencia de su presencia en Ghazni,
Jalalabad y Murree, pueblo
en el
que murió y fue enterrada su madre
María.
Jesucristo
falleció a la edad avanzada de 120 años (alrededor del año
112
.C.)
en
Srinagar, Cachemira, donde aún hoy se puede ver su
tumba en Roza Bahl, Calle Janyar (en hebreo, Rezia Baal, Coniah-Ur).
Los
límites de espacio de este pequeño libro no nos permiten entre
en
detalles acerca de ningún punto, y el lector interesado tendrá que consultar
obras de mayor extensión. Conviene ofrecer, sin embargo
algunas palabras acerca de la Crucifixión, centro de la fe cristiana
Ninguno de los relatos evangélicos fue escrito por testigos presenciales
pero
sus contradicciones en sí nos brindan una ayuda valiosa (existen en
los
relatos evangélicos al menos 12 notorias discrepancias referentes a
Crucifixión, y más de 20 discrepancias en los relatos de la Sepultura, la
Resurrección y la Ascensión).
Ahora
bien, la evidencia en contra de la muerte en la cruz se puede
resumir de la siguiente manera: (1) Jesús permaneció en la cruz durante
sólo
tres horas, tiempo que no era suficiente para que un hombre san,
muriera. El objetivo de la crucifixión era el de imponer una tortura
prolongada, y en muchos casos las víctimas sobrevivían tres días o más
muriéndose al final de hambre, agotamiento y mala circulación de la
sangre. Se conocían casos de hombres que se recuperaban al cabo di doce o
más horas en la cruz, por lo cual se instituyó la costumbre do
terminar la ejecución apedreando o apaleando a la víctima. (2) Pilato
magistrado con mucha experiencia en tales cuestiones, se extrañó de
que
Jesucristo se hubiera muerto tan pronto (Marcos, 15:44). (3) A lo:
dos
criminales crucificados al lado de Jesucristo, se les ejecute
rompiéndoles las piernas, pero en cumplimiento de la profecía de David
no
se impuso esta tortura a Jesucristo (Juan, 19:36). (4) Cuando uno de
los
soldados le atravesó el costado con una lanza, salió sangre y agua -señal
indiscutible de vida- (Juan, 19:34). (5) Pilato, afectado por el
sueño
de su mujer (Mateo, 27:19), favoreció disimuladamente a Jesucristo,
y prolongó el proceso para que la ejecución tuviera lugar a media
tarde, sólo tres horas antes del inicio del Sábado, sabiendo que la
costumbre judía requeriría que Jesucristo fuera retirado de la cruz.
El
centurión y sus soldados obedecieron al magistrado, y por lo tanto se
mostraron poco rigurosos (Juan, 19:33). (6) Jesús no fue enterrado como los
dos ladrones, sino que se encargaron de él sus amigos, que
habían pedido autorización para retirarlo inmediatamente (Juan, 19:38).
(7)
Sus enemigos, que no estaban del todo convencidos de que hubiera
muerto, pidieron que se pusiera un guardia a la entrada del sepulcro
(Mateo, 27:63-66). Hasta alegaron que si venían los discípulos para robar
el
cuerpo, "el último error sería peor que el primero". ¿Cuál fue este
primer error? Sólo podría haber sido el de retirar a Jesucristo de la cruz
antes de extinguirse la vida, y por lo tanto querían estar seguros de su
muerte en el sepulcro cerrado. (8) La conducta posterior de Cristo no es
propia de un "Señor Resucitado", sino de un fugitivo. En lugar de
demostrar a todos lo que habría sido el Milagro de la Resurrección, salió
del
sepulcro disfrazado (Juan, 20:15), mostrándose ante muy poca gente (Hechos,
10:41), y abandonó Jerusalén para celebrar una reunión en
secreto con sus discípulos en Galilea (Mateo, 28:16).
(9)
El mismo
Jesucristo predijo que se salvaría de la muerte, diciendo que su señal sería
la señal del Profeta Jonás, porque de la misma manera que Jonás
estuvo vivo en el vientre
del cetáceo tres días, así también Jesucristo
.estaría vivo en el sepulcro (Mateo,
12:39-40; Lucas, 11:29). (10) La
noche antes de su detención,
Jesús pasó largas horas sumido en agonía, rezando para que fuera salvado de
sus enemigos (Mateo, 14:36; Lucas,
20:44). Las Escrituras nos dicen en
varios sitios que Dios responde a las
oraciones de los justos, y el
Todopoderoso no habría abandonado a
Su Apóstol en tales circunstancias. De
hecho, una de las Epístolas
admite, por descuido, que fue
salvado de la muerte por su
actitud reverente (Hebreos,
5:7). Jesucristo nunca tuvo la
intención de sacrificar su
vida por los
pecados de la humanidad, siendo la
doctrina de la salvación a
través de la sangre una invención posterior por parte de San Pablo. De
hecho, sus propias palabras contradicen el dogma de la
expiación, ya que cuando se encontró
clavado en la cruz, tuvo un
momento de duda y
desesperación, y gritó: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"
(Mateo, 27:46). (11) Jesús decía que no había sido enviado más que a las
ovejas perdidas de la Casa de
Israel (Mateo, 15:24), a buscar
y salvar lo que estaba perdido (Lucas, 19:10).
En aquellos tiempos, sólo dos de las
doce tribus se encontraban
asentadas en Palestina, y su misión se habría quedado muy incompleta
si no hubiera viajado hacia Oriente para
buscar a las otras diez. Nunca se propuso morir como sacrificio
humano, y los Evangelios indican que
tomó precauciones contra su detención desde
el comienzo de su
misterio (Mateo, 16:20; Juan,
11:53-54).
Los
siglos de encubrimiento y prevaricación por parte de las Iglesias
cristianas han sido
inútiles. Sus enseñanzas nzas falsas
están hoy al descubierto, y
están destinadas al -fracaso
en las próximas generaciones. Las palabras del Santo Corán, que
durante tanto tiempo confundieron a
los musulmanes, "Y no le mataron, ni causaron su muerte en la cruz"
(4:158) ahora han adquirido
un pleno sentido. El Santo Profeta
Mohammad (s.a.w.)
predijo que el Mahdi "rompería la
cruz", y hoy queda confirmada la
revelación de Dios a Hazrat Ahmad. No en vano dijo Jesucristo del
Santo Profeta Mohammad: "El me glorificará" (Juan, 16:14), pues el Santo
Corán vindica tanto el nacimiento como la muerte
de Jesucristo, suprimiendo de su
recuerdo la maldición de
Deuteronomio: "Un colgado es
una maldición de Dios" (21:23), palabras que
San Pablo tuvo la audacia de aplicar a
Jesucristo (Gálatas, 3:13).
EL
CRISTIANISMO:
Jesucristo era, esencialmente, un reformador
espiritual. Los judíos de
su
época
estaban dirigidos por fanáticos y falso: doctores que imponían a los demás
la observancia rigurosa de la Ley de Moisés, aunque ellos mismos se
entregaban al mal, al vicio, al orgullo y
la
hipocresía. El Mesías vino para predicarles el amor a Dios, la caridad
hacia
los demás y la justicia y la virtud personales. Nunca enseñó un¿ nueva
religión, puesto que dijo: "No penséis que he venido a abolir k
Ley
y los Profetas. No he venido a abolir sino a dar cumplimiento'
(Mateo, 5:17). Además, su misión era sólo para los judíos, y dejó esto bien
claro en muchas ocasiones: "No he sido enviado más que a las ovejas perdidas
de la Casa de Israel" (Mateo, 15:24). Jesús ordenó a
sus
discípulos: "No vayáis por tierra de gentiles ni entréis en ciudad de
samaritanos. Id, más bien, a las ovejas perdidas de la casa de Israel."
(Mat. 10:5-6). De forma típicamente hebrea, describió la predicación a los
no
judíos como: "Tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos"
(Mateo, 15:26); o bien: "Echar perlas delante de los puercos" (Mateo,
7:6).
A
los cristianos les gusta citar las palabras: "Id, pues, y haced discípulos a
todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo y del
Espíritu Santo" (Mateo, 28:19), pero todo estudiante de la Biblia sabe que
las
últimas trece palabras constituyen una interpolación posterior, una
falsificación, mientras que el término "gentes" se utiliza en el sentido que
tenía tanto en arameo como en las demás lenguas antiguas, es decir,
"tribu" -¡las tribus de Israel!-.
En
cuanto a su propia naturaleza, Jesucristo nunca pretendió ser
divino. Enseñó la Unicidad de Dios, como lo hicieron todos los profetas
anteriores y posteriores a él. El primer mandamiento, según afirmó, es:
"Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor" (Marcos,
12:29), y en otro sitio dijo: "¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno
sino
sólo Dios" (Marcos, 10:18). 0 bien: "Esta es la vida eterna: que te
conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que Tú has enviado,
Jesucristo" (Juan, 17:3). Es cierto que se describe a menudo como
"hijo de Dios", pero sólo
en el
sentido en que dicha frase se utiliza en
otra
parte de la Biblia para referirse a Adán (Lucas, 3:38), Efraím
(Jeremías, 31:9), Salomón (I Crónicas, 22:10), los Apóstoles (Juan, 1:12)
e
Israel o Jacob (Exodo, 4:22). Para Jesucristo, Dios era el Padre, y los
hombres Sus hijos, cómo demuestra Mateo
(6:6-18).
En
resumen, Jesucristo creía en el judaísmo y lo practicaba, y es
curioso que los cristianos que lo consideran como
su
Señor y Amo sigan una
religión distinta ...
El
verdadero fundador del cristianismo fue un judío de Tarso llamado
Saulo, originalmente fariseo, y conocido en la historia como San Pablo.
No
era discípulo de Jesús, y probablemente nunca lo conoció, sino que
atribuye su conversión a una visión. Predicador celoso, se vio pronto presa
de un dilema, porque los judíos se negaban a
reconocer a
Jesucristo, y los paganos, aunque mas
dispuestos a creer en Jesucristo,
se negaron a obedecer la observancia
rigurosa de la Ley Mosaica.
Resolvió el problema inventando la doctrina de la justificación
sólo
por la fe en Jesucristo. Según él, lo
único necesario para alcanzar la
salvación era la fe, y la observancia
de la Ley no servía para nada. De su hermano Santiago y los demás
discípulos como Pedro, Pablo se atrevió
a declarar abolida la Ley de Moisés, e
inició su labor misionera entre los
gentiles.
Este hombre, capaz pero poco
escrupuloso, venció toda oposición a
sus ideas. No tuvo reparos en jactarse de sus engaños en las Epístolas
(I Corintios, 9:20-21) e incluso
confesó ser mentiroso (Romanos,
3:7), ¡testimonio interesante
para que se encuentre en la Biblia!
La mera
creencia en Jesucristo pronto resultó insuficiente para unir a los
seguidores, y hubo que inventar
un cuerpo de doctrinas. La
teoría principal de Pablo es que
la Ley de Moisés es una maldición,
que
Jesucristo vino para liberar al hombre
de su dominio, y que en su lugar
Dios aceptó el holocausto del
sacrificio de Dios, que murió en la cruz, y cuya sangre redimió los
pecados de la humanidad; el Salvador entonces
fue resucitado de la muerte y ascendió
físicamente al cielo para sentarse a la diestra de Dios. De esta teoría se
derivan todos los dogmas del
cristianismo, como son el Pecado Original, la Encarnación, la Expiación, la
Redención, la Crucifixión, la Resurrección, la Ascensión, los Sacramentos,
y, mucho mas tarde, la Trinidad.
Pablo estaba profundamente
influenciado por las religiones paganas
de su época. El origen de la mayoría
de los cultos del imperio romano
fue la adoración del sol en todas sus
formas. Los distintos ritos y
"misterios coincidían con las
fases del sol, los solsticios y los equinoccios. Todas las deidades paganas
de aquellos tiempos eran dioses del
sol -bien fueran Adonis, Atis, Apolo,
Horus, Isis, Mitra, Baal, Astarté,
Osirus o Jacinto- y los relatos de la
vida de Jesucristo se enlazaban
con las leyendas de aquellos dioses. En esa mitología, se suele encontrar
que el protagonista:
a)
nació alrededor del Día de Navidad en una cueva o un establo,
de
una virgen;
b)
dedicó su vida al trabajo por la humanidad, en la capacidad de
Curador, Redentor, Salvador y
Mensajero
de la Luz;
c)
fue víctima propiciatoria, cargado con los pecados
de
la humanidad;
d)
fue vencido por los Poderes de las Tinieblas, y descendió
al
infierno;
e)
resucitó de la muerte y ascendió al cielo para interceder por
e
hombre;
f)
fundó iglesias y órdenes religiosas en las que fueron iniciados lo
novicios mediante
el
bautismo;
g)
fue conmemorado mediante eucaristía.
De
particular interés es la relación estrecha entre el mitraísmo y
el cristianismo, que merece ser objeto
de un estudio especial. ¿Cuánto
cristianos saben que el 25 de diciembre no están celebrando la natividad,
de Jesucristo, Profeta de Dios, sino el nacimiento del dios del sol Mitre
tras el solsticio de invierno en
el hemisferio norte? ¿Es de extrañas
pues, que algunos autores modernos hayan
tendido a creer que Jesucristo
nunca existió, sino que se trataba de un héroe pagan
mítico?
La
extensión del cristianismo en el imperio romano recibió u
estímulo cada vez mayor en la medida que la religión de San Pablo s
iba
identificando con el paganismo. Fue establecido como religión estad
por
el emperador Constantino en el 312 E. C., y el último golpe contra k
enseñanzas de Jesucristo se dio en el Concilio de Nicea en el 325 .C
cuando se decretó la creencia en el dogma de la Trinidad, y los unitario
fueron sometidos a una persecución cruel.
Este
reinado de tinieblas habría de durar hasta el advenimiento del
Santo Profeta Mohammad
(s.a.w.)
casi
tres siglos más tarde.
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VII.
EL ISLAM: EL ÚNICO CAMINO
Un
observador casual, contemplando el estado problemático
del
mundo actual, bien podría comentar que han fracasado tanto el Islam
como
el cristianismo. Un análisis más detenido revelaría que el progreso
del
Islam se había detenido en el pasado porque se había adelantad
mucho
a su tiempo, mientras que el cristianismo no sólo ha dejado
c
avanzar, sino que va retrocediendo
gradualmente debido a su incapacidad.
El
concepto clave del Paulinismo es que la Ley es una maldición
(Gálatas, 3:13), y esto
condena al cristianismo a ser un simple credo, e
lugar de ser una forma de vida. En todo
el Nuevo Testamento, no hay una
norma o precepto referente a la conducta social, económica
política de las naciones. Se habla
mucho hoy de la necesidad d
mantener la "ética cristiana" en la vida pública, pero nadie sabe en que
consiste tal ética (sería más
honesto hablar de "la forma de vid
británica", conocida y respetada por la
gente). ¿Acaso las comunidades
han de guiarse por las supuestas palabras de Jesucristo: "No resistáis al
mal; antes bien, al que te
abofetee en la mejilla derecha, ofrécele también la otra..." (Mateo,
5:39); o bien: "Al que quiera pleitear contigo
para quitarte la túnica déjale también
el manto" (Mateo, 5:40)? Ningún país cristiano ha pretendido guiarse por
enseñanzas tan poco prácticas. Al
contrario, ahora apoyan el principio islámico de luchar contra el mal y
resistir ante las agresiones.
Habiendo descartado la Ley, el cristianismo se encuentra incapaz de
proponer un programa definido en ningún tema. A lo largo de su historia, se
ha mostrado vago e indeciso. Cualquier idea popular que
esté
de moda durante cierto período se califica inmediatamente de "cristiana"; y
cuando ya no está en boga, deja de ser cristiana. En los
tiempos en los que los hombres creían en la necesidad de suprimir por la
fuerza las herejías dogmáticas, la Iglesia instituyó el Tribunal de la
Inquisición, que condenó en conjunto a unas 30.000 personas a morir en
la
hoguera. Cuando el avance del liberalismo hizo que tales prácticas
parecieran odiosas, la Iglesia empezó a predicar la "tolerancia". Asimismo,
y en otras épocas, la Iglesia fue defensora a ultranza de la
supremacía europea, y del gobierno de la aristocracia. Cuando llegó a
prevalecer un nuevo pensamiento político, la Iglesia empezó a defender,
de
manera hipócrita, la "igualdad". ¡La Iglesia Reformada holandesa de
África del Sur al menos se muestra fiel a las tradiciones cristianas al
defender el dominio de los blancos!
En
resumen, cualquier ideal que encuentra el éxito en Occidente se califica de
producto de la civilización cristiana, y ésta es la razón por la que las
Iglesias ofrecen tan poco a la humanidad; nunca han tenido, ni
jamás tendrán, ningún programa estable y concreto, porque sus
Escrituras mismas carecen de los elementos necesarios para elaborarlo.
El
Islam, por el contrario, dispone de un código completo y perfecto
para
la orientación tanto del individuo como de la comunidad. Al
derivarse del Santo Corán, la Palabra de Dios, y de los "Sunnah" del
Santo
Profeta Mohammad (s.a.w.), permanece inmutable ante los
cambios, los caprichos y las modas de la humanidad. Y sin embargo, a
pesar
de esta aparente inflexibilidad, se adapta a todos los lugares, a
todas las épocas; por esta razón, mientras algunas normas se establecen
con
una gran riqueza de detalles, en otros casos se indica únicamente el
principio general. Se trata de atributos especiales del Islam; ninguna otra
religión del mundo es capaz de producir una serie de leyes comparable a
su
Shariat.
En
efecto, la fe musulmana se distingue de las demás en que sólo ella tiene una
concepción perfecta de la naturaleza Divina de Dios; el
cristianismo peca contra la Unicidad de Dios; el judaísmo contra la
universalidad de Dios,
y
el budismo contra Su
Personalidad. Sólo e Islam posee
Escrituras incorruptas cuyo texto permanece intacto, en k
misma forma en la que fue revelado. Sólo
el credo y las prácticas de
Islam han permanecido iguales, sin modificación, desde el principio. Sólo
el Islam goza de temer un
Fundador -el Santo Profeta Mohammad
(s.a.w.)-
cuya vida es conocida por la historia en
todos sus detalles, 5 no precisa
del aura del mito ni la leyenda. Sólo el advenimiento del Islam
fue profetizado en las Escrituras
judías, cristianas, hindúes, budistas 5
parsis. Sólo el Islam reconoce la
naturaleza apostólica de todos lo, profetas de Dios, y no trata a
algunos de ellos como impostores. Sólo e Islam incorpora la última
legislación para el bienestar espiritual, moral
social, económico y político de las
naciones. Sólo el Islam ofrece una fe
viva, en la que la puerta de la
revelación Divina y la comunión com Dio:
está siempre abierta. Sólo el Islam
resaltó desde el principio la igualdad 5
fraternidad del hombre. Sólo el Islam
ve sus creencias confirmadas y su:
preceptos vindicados por el progreso de
la ciencia. Sólo el Islam pose
un conocimiento exacto de la vida después de la muerte. Sólo el Islam
rechaza los milagros que contradicen las
leyes perfectas y divinas de k
naturaleza. Sólo el Islam recibe su nombre en su Sagrada Escritura, 5
sólo en el Islam decreta Dios Su última
victoria.
Que
el escéptico estudie el Santo Corán a la luz de la ciencia
moderna; que consulte a continuación las Escrituras de todas la:
naciones y compare sus
enseñanzas. SOLO EN EL ISLAM ENCON
TRARÁ LA SEMILLA DE LA VICTORIA FUTURA. No nos dejemos
engañar por el retraso, la debilidad y
la ignorancia de mucho:
musulmanes de hoy, extraviados por falsos dirigentes. La ciencia y k
enseñanza se extienden com gran rapidez, y la mentalidad medieval no
puede sobrevivir mucho tiempo.
El
Islam ya está echando raíces en muevas tierras, y dentro de poca:
generaciones -y que el lector recuerde estas palabras- TODOS LOS
DEMÁS SISTEMAS RELIGIOSOS, FILOSÓFICOS Y POLÍTICO:
HABRÁN FRACASADO, revelando su falsedad y su quiebra.
A
principios de este siglo, Hazrat Ahmad advirtió que cuatro guerra
importantes habrían de azotar al mundo
antes de producirse la
destrucción final del "Dayyal" (Anticristo). Ya han ocurrido dos, y ma
esperan tiempos de tribulación y tristeza. Todavía no ha llegado la
edac de oro del Islam y es ahora,
cuando la tentación nos intenta extraviarnos
por los caminos que llevan a la
destrucción, cuando los hombres d4 valor, fe y buena voluntad, han de
unirse al Islam y crear los cimiento; del Nuevo Orden Mundial. Son ellos
quienes habrán de iniciar esta gran
empresa, y prepararse para el día en que se oirá la llamada a la oración
dondequiera
que viva el.hombre, y el mundo se unirá
bajo la bandera de UN DIOS, UN
LIBRO, UN PROFETA.
¡Concluimos
diciendo que todas las alabanzas son para Dios, el Señor
de
los Mundos!
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(S.a.w.)*:
Sal-lal-lahu Alaihi wa sal-lam.
Mahdi*: Guía.
Dayyal: Literalmente "El que engaña".