Comunidad Musulmana Ahmadía
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(extracto de una conferencia pronunciada por Hazrat Mirza Ghulam Ahmad, el Mesías Prometido, en Qadián el 19 de enero de 1889) |
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Llamo la atención de mis seguidores hacia la
indispensable necesidad de una conducta honrada que place a Dios y garantiza la
ayuda Divina. Dios dice en el Santo Corán:
A
El suben las palabras piadosas mientras que las buenas acciones los exaltan. (35:11)
En esta época la pluma, no la espada, conseguirá la
victoria fundamental del Islam. Sin embargo, debe tenerse en cuenta, que la
ayuda y la victoria Divina será el botín de los que son honrados. Dios dice:
Al-lah
no concederá a los incrédulos ningún medio para prevalecer contra los
creyentes. (4:142)
Vuestra victoria, por consiguiente, depende de vuestro taqwa u honradez. Los árabes pre-islámicos eran solamente oradores, conferenciantes y
poetas, pero cuando se hicieron honrados, Dios envió a Sus ángeles en su ayuda.
Si se estudia la historia del Islam, se encontrará que las victorias de los
Compañeros del Santo Profeta Muhammad (la paz sea con él), no fueron el
resultado de los esfuerzos o del poder humanos. En un corto período de veinte
años posteriores a la muerte del Santo Profeta, el Islam dominó la mayor parte
del mundo conocido. ¿Fue este éxito fruto del poder humano? Dios dice en el
Santo Corán:
En
verdad, Dios está con los justos y con quienes practican el bien. (16:129)
La palabra muttaqi significa el que teme a Dios.
Un tipo de virtud es evitar el mal y otro es hacer el bien. Muttaqi es
el que se abstiene del mal y Muhsen se refiere a hacer el bien. Una
persona verdaderamente honrada es, por lo tanto, la que después de evitar el
mal, revisa su conducta para descubrir lo bueno que ha hecho.
Consta que una vez un esclavo del Imam Hazrat Hasan le
trajo una taza de té y la derramó involuntariamente sobre su cabeza. El Imam
Hazrat Hasan le dirigió una mirada furiosa después de lo cual el sirviente
recitó en voz baja las siguientes palabras del Santo Corán:
Los
que reprimen su cólera (3:135)
El Imam respondió que había reprimido su furia. El
esclavo entonces recitó una parte posterior del texto:
Y
perdonan a los hombres.
Se puede reprimir el enfado sin dejar satisfecho el
corazón; este versículo del Santo Corán llama también al perdón que el Imam
concedió. El esclavo recitó después la parte final del versículo:
Pues
Al-lah ama a los que hacen el bien
Es decir, aquellos que hacen un favor adicional después
de contener su ira y garantizan el perdón y la misericordia. Al escuchar la
última parte del versículo, el Imam Hazrat Hasan dijo al esclavo que quedaba
libre.
Permanece,
pues, recto, como se te ha ordenado. (11:113)
Dios estará contento con vosotros si sois rectos y no hay
suciedad en vuestra conducta. También hace a los demás rectos. ¡Qué ardua tarea
fue conducir a los árabes a la virtud.!
En respuesta a una pregunta, el Santo profeta del Islam
contestó que el capítulo del Santo Corán, Al-Hud, le hizo sentirse viejo porque
cargó sobre sus hombros la gran responsabilidad de ser honrado y de hacer
también honrados a los demás.
Se puede ser capaz de rectificar la propia conducta, pero
no es tan fácil rectificar la conducta de los demás. El éxito del Santo Profeta
a este respecto prueba su sublime dignidad y su poder de rectificación. Exaltó
una santa comunidad de personas sobre las que Dios dice en el Santo Corán:
Sois
el mejor pueblo, exaltado para el bien de la humanidad (3:111)
Al-lah
se complacerá con ellos, y ellos con El (5:120)
Durante la vida del Santo Profeta ni una sola persona de
Medina fue tomada por hipócrita. El fue bendecido con un éxito tal que jamás se
ha encontrado en la historia de ningún otro profeta.
No debemos sentirnos satisfechos con la mera profesión de
la palabra, de otro modo ¿Qué nos distinguirá de las demás personas? Sed un
ejemplo práctico de piedad y honradez. Que vuestra conducta sea tan excelente
que atraiga a los demás hacia vosotros, de otra forma nadie os aceptará. ¿A
quién le gusta una cosa sucia? Una simple mancha en un trozo de tela, la
estropea. Igualmente, si no hay pureza y excelencia en vuestra conducta, nadie
se sentirá atraído a vuestra forma de vida. Todo el mundo desea cosas
agradables o excelentes. Por consiguiente, mientras vuestra vida moral no
alcance un rango elevado, no conseguiréis ninguna posición y nadie os aceptará.
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