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La respuesta más sencilla a esta pregunta es que
creo en Dios porque existe un Dios. Desgraciadamente, la gente ha permanecido
dividida por este tema durante mucho tiempo. Unos creen en Dios y los otros
niegan Su existencia.
Una de las objecciones esgrimidas por los ateos
contra la existencia de Dios es que no podemos ver a Dios al igual que vemos
otros objetos que nos rodean. La respuesta más fácil a esta pregunta es que
nuestros ojos ven objetos materiales y Dios no es un ser material.
El ser humano ha sido dotado de cinco sentidos:
vista, oido, tacto, olfato y gusto; y el conocimiento de los objetos que
existen a nuestro alrededor se adquiere utilizándolos. Usamos nuestros ojos para
percibir formas y colores, nuestros oidos para distinguir las voces y nuestra
lengua para saborear los alimentos, etc. Es decir, tenemos que utilizar los
órganos sensoriales adecuados.
Es un hecho que cada órgano de los sentidos tiene un
límite y trabaja dentro de un margen. Los ojos no pueden ver objetos
microscópicos o la totalidad de los objetos muy grandes. Los ojos también
pueden percibir colores como el violeta, añil, azul, verde, amarillo, naranja y
rojo así como sus mezclas, pero no los rayos ultravioletas e infrarrojos, que
forman parte de espectro. De forma similar, el oido humano percibe ondas
sonoras con una frecuencia comprendida entre los 20 y los 20.000 ciclos por
segundo, pero no puede oir por encima o debajo de este margen. Sin embargo, es
un hecho científico que las ondas sonoras con una frecuencia menor de 20 ciclos
por segundo y mayor de 20.000 ciclos por segundo existen. ¿Puede un hombre con
su razón negar la existencia de objetos microscópicos, rayos ultravioletas e
infrarrojos, u ondas sonoras con una frecuencia menor de 20 ciclos por segundo
y mayor de 20.000 ciclos por segundo aun cuando no pueda verlos u oirlas?
Definitivamente no.
Además, conocemos muchas cosas de nuestro entorno
por deducción y sin depender de cualquier órgano sensorial, por ejemplo, el
amor, el odio, etc. Vemos a una madre mimando a su hijo y a una persona
enfadada en acción, pero no vemos ni el amor ni la ira por sí mismos. Los
deducimos.
El Santo Corán ha respondido de la forma más bella a
la pregunta: ¿Por qué Dios no es visible a los ojos, o por qué no puede ser
percibido por ninguno de los órganos sensoriales? en el siguiente
versículo:
Estamos
más cerca de El incluso que su vena yugular (50:17)
¿Ha visto alguien su vena yugular? Basados en este
versículo del Santo Corán, los sufis dicen que dios no es visible al hombre
porque El está más cerca del hombre que el objeto más próximo y más lejos que
el objeto más apartado. (Nadie puede ver un objeto demasiado cercano o
demasiado alejado de uno mismo).
Encontrar a Dios a través de los toscos órganos de
los sentidos es un vano intento. El Santo Corán dice:
Las
miradas no pueden alcanzarle, pero El alcanza las miradas. El es el
Inconmensurable, el Omnipotente. (6:104)
El Santo Corán proclama repetidamente que sólo Dios
es el Creador del universo. En respuesta, los ateos dicen que si Dios ha creado
el universo, ¿quién ha creado entonces a Dios? Esta objeción está basada en una
generalización errónea, que puede responderse de las siguientes maneras: Todos
los principios y reglas científicas tienen un límite y no pueden aplicarse en
todas las situaciones. Por ejemplo, si derramamos líquidos en recipientes de
formas diferentes, toman la forma de los mismos. Por lo tanto, se deduce que
los líquidos cambian de forma según la de los recipientes o vasijas. Pero esta
regla no es aplicable a los sólidos. Un sólido mantiene su propia forma con
independencia de la de los recipientes. Tanto los líquidos como los sólidos son
objetos materiales, pero hay dos conjuntos de reglas diferentes para cada uno
de ellos. Una regla de aplicación para los líquidos no es válida en el caso de
los sólidos y viceversa. Si ese es el caso en los cuerpos materiales, ¿cómo
puede generalizarse a Dios una regla basada en hechos materiales, siendo El un
ser inmaterial?
El punto a comprender es que el universo ha sido
creado y lo que se crea necesita de un Creador. Pero Quien es Creador y Eterno
no necesita de otro Creador.
Por consiguiente, la proclamación del Santo Corán se
confirma fielmente:
Toda
alabanza pertenece a Al-lah solo, Señor de todos los mundos. (1:2)
De nuevo el Santo Corán dice:
Dí:
"El es Al-lah, el Unico; Al-lah, el Independiente e Implorado por
todos". (112:2-3).
Todas las cosas y seres dependen de Dios y El es
Independiente e Implorado por todos. Todo tiene necesidad de El y El no
necesita de nadie. No necesitó la ayuda de ningun ser o material para crear el
universo.
Que cada cosa distinta de Dios sea dependiente no es
una afirmación vacía. Los siguientes ejemplos lo apoyan. Los animales, incluído
el hombre, necesitan alimento, agua, aire, calor, luz, etc. para su
supervivencia. Las plantas necesitan de agua, aire, calor, luz, etc. La tierra
depende del sol, la luna y un número de estrellas que le proporcionan calor,
luz, etc. El sol, para matener su volúmen necesita gases que toma de otros
astros. De hecho nada en el universo es completo en sí mismo, ni siquiera el
menor de los átomos. Nada es autosuficiente; todas las cosas dependen de alguna
otra para su existencia. Dios solo es un Ser Que no depende de ningún ser o
cosa. En resumen, cada cosa de este mundo o de otros mundos necesita un Creador
y Sustentador, y Ese es Dios.
LEY TESTIMONIAL
Una gran prueba en apoyo de la existencia de Dios es
la ley testimonial. En relaciones y juicios materiales, procedemos con
afirmaciones positivas. El juez registra las declaraciones de los que fueron
testigos oculares del incidente, no de aquellos que no lo presenciaron. Un
ejemplo aclarará ésto. Supongamos que un número de personas está sentado en una
casa y uno de sus amigos pasa por delante. Algunos de los que están sentados en
la casa le ven y otros no. Supongamos que después de un rato se suscita la
pregunta: ¿ha pasado su amigo por delante de la casa? La declaración de
los que le han visto pasar será aceptada y no la de los que no le han visto.
Puede haber una serie de razones para no verle.
El caso de ver a Dios es similar. Unos dicen que han
visto a Dios y otros dicen que no. Una declaración es positiva y la otra
negativa. Y según la ley testimonial, aceptada incluso por los ateos, la
primera declaración es aceptable y válida, pero no la segunda.
Los ateos o los que no creen en Dios no pueden decir
que Dios no existe. Lo máximo que pueden decir es que no han visto a Dios, y
ésta no es una declaración válida.
Además, al registrar declaraciones de testigos su
carácter adquiere la debida importancia. El juez quiere una satisfacción
completa sobre el carácter de los testigos cuyas declaraciones recoge. No
registra declaraciones de personas de carácter dudoso. Esta ley va también en
favor de los que dicen que han visto a Dios.
Si repasamos la historia de los Santos Profetas (la
paz sea con ellos) está muy claro que sus carácteres piadosos fueron aceptados
por los que les rodeaban. Por ejemplo, el Santo Profeta Muhammad (la paz sea
con él) antes de ser llamado al ministerio recibió los títulos de íntegro y verdadero por sus conciudadanos.
En el transcurso de su ministerio y contra una feroz
resistencia, el Santo Profeta (la paz sea con él) reta a sus oponentes:
En verdad,
he vivido entre vosotros una vida antes de ésto. ¿No queréis comprender?
(10:17)
La única respuesta de los oponentes fue el silencio.
El versículo engloba un infalible criterio para
probar la verdad de un pretendiente a la condición de profeta. Si la vida de un
profeta antes de reclamar su liderazgo como profeta presenta un extraordinario
alto nivel de verdad e integridad y entre ese período y su reclamación no hay
intervalo durante el cual se pudiera haber supuesto que ha caído desde ese alto
nivel de excelencia moral, entonces su reclamación de la condición de profeta
debe aceptarse como la de un hombre altamente moral y auténtico. Naturalmente
una persona confirmada en una cierta forma de conducta a través del hábito o el
temperamento necesita mucho tiempo para desarrollar en sí mismo un cambio
importante para el bien o para el mal. ¿Cómo pudo entonces el Profeta del Islam
convertirse repentinamente en un impostor cuando toda su vida anterior a su
reclamación a la condición de profeta había sido singularmente honrada?
Otro ejemplo en este sentido es el del Profeta Salih
(la paz sea con él). Dice el Santo Corán:
Respondieron:
"Oh, Salih, entre nosotros fuiste aquél en quien pusimos nuestras
esperanzas. (11:63)
Este versículo indica claramente las grandes
esperanzas que la gente de Salih depositaba en él. Y ésto sólo fue posible
cuando estuvieron impresionados por su carácter.
En esta época, incluso los oponentes más acérrimos
del Mesías Prometido (la paz sea con él) no pudieron señalar ninguna mancha en
su carácter.
Entonces, ¿cómo puede ser que un grupo de personas
piadosas realice una falsa declaración de que hay un Dios? Por el contrario, a
diferencia de los Profetas (la paz sea con ellos), no hay registro alguno sobre
el buen carácter y la alta moral de los líderes del ateísmo. De esta forma, la
ley testimonial juega en favor de los Profetas, que dicen haber visto a Dios.
CONOCIMIENTO E IGNORANCIA
Todo lo dicho anteriormente conduce a una sencilla
regla de lógica, es decir: "Si uno desconoce alguna cosa, no significa que
dicha cosa no exista". De ésto se deduce que los ateos o los no creyentes
no pueden decir que Dios no existe. Lo máximo que pueden decir es que no
conocen a Dios. Fueron candidatos derrotados, mientras que los Profetas, que
vieron a Dios, fueron los que consiguieron el éxito. En todas las ramas del
saber se acepta la afirmación del candidato con éxito, no la del fracasado. Un
ejemplo de un muy importante campo de la ciencia ilustrará este principio.
Hace aproximadamente cien años, el gran científico
ruso Dmitri Mendeleev (1834-1907) presentó
la Tabla Periódica
ante los científicos. En esa Tabla colocó una serie de elementos conocidos en
esa época, en sus lugares adecuados y mencionó sus propiedades. Además, colocó
en
la Tabla
una
serie de elementos desconocidos en ese momento, en sus lugares hipotéticos y
mencionó sus propiedades. Los científicos comenzaron su investigación para
descubrir dichos elementos desconocidos. La mayoría de ellos fracasaron. Sin
embargo, algunos de ellos descubrieron dichos elementos uno a uno. ¿Dan los
científicos, e incluso los no científicos, alguna importancia a las
investigaciones de los que no pudieron descubrir los elementos desconocidos?
Definitivamente no. Se concede crédito solamente a las investigaciones de los
candidatos que tuvieron éxito.
Parecido es el caso de los Santos Profetas (la paz
sea con ellos) y los ateos. Los Profetas fueron candidatos con éxito. Por lo
tanto su descubrimiento de la existencia de Dios es aceptable. Mientras que los
ateos no tuvieron éxito. Por lo tanto su afirmación no es aceptable.
En realidad, el desarrollo del conocimiento humano
depende de la transferencia de conocimientos. Un erudito descubre un hecho.
Otros basan su investigación en ello y proceden posteriormente. Si no hubiera
sido así, el conocimiento humano nunca podría desarrollarse. Una desventaja de
los animales es que no se benefician de la transferencia del conocimiento. Pero
en los seres humanos constituye su fuerza. Entonces, ¿por qué no aceptar la
afirmación, basada en el éxito, de que Dios existe?.
PREPONDERANCIA DE LOS CREYENTES SOBRE LOS
NO-CREYENTES
El Santo Corán dice:
Y hay una
guía para cada pueblo. (13:8)
Y no
existe ningún pueblo al que no se haya enviado un Amonestador. (35:25)
Mas
suscitamos de entre cada pueblo un Mensajero. (16:37)
Al-lah ha
decretado: "En verdad Yo prevaleceré, Yo y Mis Mensajeros". (58:22)
¿Qué hecho puntualizan estos versículos? Puntualizan
el hecho de que aunque ha habido creyentes y no-creyentes, los primeros han
superado siempre en número a los segundos. Está admitido incluso por los ateos.
E. Spenser, que de alguna forma se supone que fue el fundador del ateísmo,
admite que una creencia muy popular entre las masas, no puede ser falsa. Es
también un hecho que muchos ateos en el momento de su muerte se tornan dudosos
sobre su fe. Pero lo anterior no es cierto con los creyentes.
ORDEN PERFECTO EN EL UNIVERSO
No deseo repetir que el universo necesita un
Creador, pero la perfección del universo es obvia. Dice el Santo corán:
Bendito
sea Aquel en Cuyas manos está el Reino, y que tiene poder sobre todas las
cosas. Quien ha creado la muerte y la vida para que pueda probar cual de
vosotros es mejor en sus acciones, pues El es el Poderoso, el Sumo Indulgente.
Quien ha creado siete cielos en armonía. No puedes ver imperfección alguna en
la creación del Dios Clemente. Mira de nuevo: ¿Ves alguna fisura? Si, mira de
nuevo, y una vez más tu vista sólo volverá a ti frustrada y fatigada. (67: 2-5)
Nadie ha podido encontrar un fallo en
la Creación
de Dios. Por
otro lado, los científicos han admitido el testimonio del Santo Corán. Citándo
a Flint:
Verdaderamente,
la creación de Dios es maravillosa. El sistema solar, del que nuestra tierra es
sólo un pequeño miembro, es inmenso, variado y ordenado y sin embargo este
sistema no es sino uno de los cientos de millones de sistemas, alguno de los
cuales son incalculablemente más grandes que él, con todo los incontables
millones de soles y estrellas están dispuestos y distribuídos entre sí de tal
forma que producen en todos ellos armonía y belleza. El orden que cubre e
impregna el universo es obvio a simple vista, y se extiende más allá de la gama
de visión disciplinada, ayudado por todos los instrumentos y aparatos que la
ciencia y el arte han podido inventar.
Esto quiere decir que el alto orden del universo
apunta a un Supremo Diseñador.
PRUEBA MORAL
Las cualidades morales del hombre apuntan a Dios. El
hombre es por naturaleza bueno y está inclinado hacia la bondad. Se arrepiente
si se desvía de este camino natural. El Santo Corán puntualiza este hecho en
los siguientes versículos:
¡No! Pongo
por testigo el Día de
la
Resurrección. Y
pongo también por testigo la facultad
auto-acusadora. (75:2-3)
Esto quiere decir, yo pongo por testigo al que se
reprocha cada vicio e intemperancia.
De nuevo:
Y por el
alma y su perfección. El le reveló lo que es malo y lo que es justo para él.
(91:8-9)
A.G. Bilmore, filósofo cristiano, ha tomado la buena
naturaleza del hombre como una prueba de la existencia de Dios. Dice que
estamos atraídos hacia la belleza y las cosas buenas, pero desconocemos quien
ha implantado este deseo en nuestros corazones. Por lo tanto, tiene que
admitirse que algún otro ser ha implantado dichos deseos.
Antes de concluir mi conferencia, me gustaría
contestar la siguiente pregunta: ¿Por qué algunos pudieron encontrar a Dios
y otros no? La respuesta es que los que pudieron encontrar a Dios adoptaron
los medios correctos, y los otros no. Este es un tema muy extenso en sí mismo,
por consiguiente, daré la respuesta más sencilla. Cualquiera que intente
sinceramente encontrar a Dios, Le llamará para que se manifieste y El lo hará.
Los Profetas y otras personas piadosas (Que Al-lah esté contento con ellos) lo
hicieron, mientras que los otros no lo hicieron. En realidad, Dios no depende
de los esfuerzos humanos para Su descubrimiento. El se revela a Si mismo a Sus
servidores. El Santo corán dice:
Las
miradas no pueden alcanzarle, pero El alcanza las miradas. El es el
Inconmensurable, el Omnisapiente. (6:104)
Todas las alabanzas pertenecen a Al-lah, el Señor de
los Mundos.
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