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EL FUTURO DE LA HUMANIDAD

 

Hazrat Mirza Tahir Ahmad Khalifatul Masih IV

 

El hombre se pregunta hoy perplejo y confuso acerca del futuro de la humanidad. Voy a tratar brevemente esta tarde este problema, únicamente bajo el punto de vista islámico y bajo dos perspectivas.

1.¿Qué se presagia acorde el actual estado del hombre?

2. ¿Qué nos predicen los signos celestiales y las revelaciones acerca del futuro de la humanidad?

Abstrayéndonos en los conocimientos de hoy día, nos ve­mos confrontados con un panorama terrible en el derrotero del ser humano. Se ve claramente que la humanidad se mueve hacia su auto-destrucción, y que se está preparando para un suicidio colectivo. Leyendo el Sagrado Corán, se hace referencia a este destino catastrófico del ser humano de nuestros días.

No hay que poseer un extraordinario grado de inteligencia e intuición para predecir cual va a ser el futuro de la humanidad, considerando las nuevas invenciones de armamento nuclear altamente destructivo y 1.400 años atrás, cuando era imposible para el ser humano prever los acontecimientos de hoy. Como ya he citado, el Sagrado Corán nos amonesta con una clara ad­vertencia:

"Por la era. Que el hombre estará en la perdición. Salvo los creyentes que practican el bien, se aconsejan verdad y se reco­miendan la perseverancia". (S. Corán 103: 2-3)

En este pequeño versículo, Dios Todopoderoso toma por testigo a esta época dentro de la historia del hombre, cuando en conjunto, la humanidad se dirigiría hacia su propia destrucción. El desarrollo de este comportamiento sería tal que llevaría a ésta al borde de un final terrorífico.

Presagiar en ese pasado lejano el curso de acontecimientos que no podrían haber sido concebidos en aquel tiempo, y que ahora están siendo confirmados, es una prueba segura que este testimonio del Sagrado Corán no es una mera coincidencia, ni es la conjetura de un adivino o un astrólogo. Es sin embargo, una seria advertencia del Señor Celestial, Omnisapiente y Omnis­ciente, cuya visión engloba el pasado lejano, el presente y el fu­turo. Hoy, esta advertencia ha sido fuertemente puesta de mani­fiesto por claras y sólidas evidencias científicas.

Al-lah, Omnisapiente y Omnisciente, ha establecido clara­mente las leyes y principios básicos que han de regir la vida y el comportamiento humanos, y nos ha indicado igualmente los caminos que llevarían a la humanidad hacía su desintegración. Dios Todopoderoso, además, nos indica cómo una sociedad puede salvarse de cosechar pérdidas y ruina. Una ley básica es que nadie se confrontaría con la destrucción y la muerte hasta y al menos que recibiese la advertencia de un amonestador divino que les pregonara y disuadiera de la prosecución de caminos destructivos y les atrajera hacia la consecución de una vida de rectitud. Tal amonestador pondría al descubierto los puntos os­curos en sus vidas sociales y les guiaría hacia la luz y el resplan­dor, de forma que cada observador minucioso pudiera contem­plar la realidad, y cada corazón comprensivo pudiera aceptar esta verdad eterna.

Una conclusión esencial y natural de esta ley básica es que a pesar de los factores que amenazan destrucción y colapso, existe la posibilidad, si la humanidad lo desea y muestra determinación en ese sentido, de que este siniestro destino aún pueda ser evita­do. Pero, la decisión de cambio en los acontecimientos ha de ge­nerarla el hombre mismo. Él es quien ha de decidir si desea trans­formar esta oscuridad en luz, el desorden en orden, y el miedo en esperanza. La elección está en él. Dicho de otra forma, el ser hu­mano tiene la capacidad de configurar o desfigurar su futuro, co­mo así nos dice el Sagrado Corán:

“Por cierto que Al-lah no cambia la condición de un pueblo, a menos que ellos cambien lo que hay en sus corazones". (S. Corán 13:12).

Es obvio por tanto, que esta catástrofe, tal y como ha sido predicha, no está sujeta a un decreto divino irrevocable. Es una cuestión relacionada con el hombre en sí. Es una opción que ha de ser tomada o rechazada por el mismo hombre. Pero hay que recordar que el tiempo disponible es corto; la meta está lejos y la jornada es larga y laboriosa. Si el hombre desea salvarse y salvara futuras generaciones del naufragio y la ruina; si desea auto-resca­tarse del atolladero de la aprensión, la alarma y la incertidumbre; si al contrario busca la alegría y la delicia de la certeza, de la fe y de la confianza, entonces debe apresurarse en adoptar un nuevo curso de conducta.

Además de su última y total sumisión a la voluntad de Su Creador, el concepto de absoluta justicia es un factor que puede contribuir en la seguridad y salvaguardia de la humanidad. El concepto de justicia absoluta ha de ser aceptado universalmente y puesto en práctica sin reservas. Su aplicación debe ignorar consideraciones relativas. Su adopción efectiva es la condición primordial para el establecimiento de una relación humana equitativa fuera de una distinción de color, credo o raza, no permitiendo discriminaciones entre blancos y negros, occiden­tales u orientales, cristianos o judíos, musulmanes o no musulmanes , si tal sistema de justicia absoluta no sustituye a los llamados sistemas estandarizados de justicia, que están imbuidos en oportunismos parciales, y están influenciados por consideraciones parroquiales, es seguro que fenecerán más tarde o más temprano. Cualquier sistema de justicia parcial está destinado a general insatisfacción, desorden e inseguridad, que en última instancia causará estragos en la sociedad.

Este es el testimonio de la era presente. Al-lah el Exaltado nos pone como testigo a esta era y advierte a la humanidad para salvaguardarla de un desastroso futuro. Al mismo tiempo, el Sagrado Corán enfatiza sobre un sistema administrador de justicia libre de consideraciones partidistas y exigencias políticas.

Llegados a este punto, me gustaría hacer una digresión y constatar brevemente acerca de lo que el Sagrado Corán nos enseña sobre la justicia y otros temas derivados de ella.

EL SISTEMA DE LA JUSTICIA EN EL ISLAM

  El Islam prescribe los siguientes principios fundamen­tales:  

"Por cierto que Al-lah os ordena restituir lo confiado a su dueño y cuando juzguéis a vuestros semejantes, que sea con equidad. ¡Cuán excelente es lo que Al-lah os exhorta!, porque AI­lah es Omnioyente, Omnisapiente". (S. Corán 4:59).   "Cuando juzguéis, sed justos, aunque se trate de un pariente carnal". (S. Corán 6:153).   "Por cierto que, Al-lah preceptúa la equidad, la bene­volencia y la clemencia, tal como la que mostráis a vuestros parientes". (S. Corán 16: 91).   Otro factor fundamental en la administración de justicia y un sentamiento pacifico de las disputas es el de aportar testimonios ciertos. Es un factor bajo el que se asienta la estructura de la justicia absoluta. A este respecto, el Sagrado Corán así ha subrayado las siguientes líneas:   "Que los testigos no se nieguen cuando sean requeridos” (S. Corán 2:283). ­

"No os neguéis a prestar testimonio pues quien lo hace, hace a su corazón inhumano". (S. Corán 2:284)

 “¡Oh creyentes!. Sed justos, fieles testigos por amor a Dios, aún cuando el testimonio sea contra vosotros mismos, contra vuestros padres o vuestros allegados" (S. Corán 4:136).   Si acorde a una justicia estricta una persona adquiere el derecho a un cierto beneficio, y sin embargo renuncia volunta­riamente a una parte de su legítimo derecho, con benevolencia y clemencia, y si lo emprende con el objeto de ganar el contento de Al-lah, entonces promueve buena voluntad y rectitud en la so­ciedad.   Respecto a las características de los creyentes menciona­das en el Sagrado Corán, se cita:   "Aquellos que controlan su temperamento y muestran paciencia hacia sus semejantes". (S. Corán 3:135).  

El Islam establece un concepto de justicia tan elevado que in­cluso no permite que los derechos y privilegios de ofensores y enemigos de combate sean violados. Por naturaleza, el hombre se inclina hacia un exceso de represalias. El Islam persigue disci­plinar tales juicios y prohíbe cualquier tipo de trasgresión. Así Al-lah dice:  

"A aquellos que os transgredan, castigadles por su tran­gresión hasta el punto en que os hayan transgredido. ¡Temed a Al-lah y sabed que Al-lah está con quienes le temen!". (S. Corán 2 : 195)   En la regulación de las relaciones internacionales, el Sa­grado Corán no permite discriminación entre conductas nacio­nales e individuales, y ordena una observancia estricta de ab­soluta justicia, tanto en relaciones internacionales, como en conductas individuales.   ¡Oh creyentes!. Sed pacientes por la causa de Al-lah, apor­tando testimonios con equidad. Que la enemistad hacia los demás no os mueva a ser injustos; sed justos, porque ello está más próximo a la piedad". (S. Corán 5 : 9).   El problema que se nos plantea es como poder concebir y perseguir a la justicia absoluta. La respuesta a esta cuestión vital acorde al Sagrado Corán es que depende completamente de la creencia absoluta de la Unidad de Dios. Únicamente, el recono­cer esta fuente común de origen, puede efectivamente generar la idea de la unidad del hombre y de justicia absoluta. Acorde a la fi­losofía islámica la unidad del ser humano no puede ser implanta­da sin establecer previamente la Unidad del Creador y la nega­ción y el rechazo de cualquier tipo o forma de idolatría.  

RECHAZO DE LA IDEA DE LA SUPERIORIDAD RACIAL POR EL ISLAM.  

Una de las mayores causad de recelo internacional  es el concepto de superioridad racial sostenido por las naciones avanzadas, a consecuencia de la cual miran por encima a otros pueblos.   El Sagrado Corán condena esta actitud y dice:   "¡Oh humanos! Ciertamente os creamos de un hombre y de una mujer y os dividimos en naciones y tribus para que os reconozcáis. Por cierto que, el más honrado de vosotros ante Dios es el más virtuoso". (S. Corán 49:14).   Esta es la enseñanza del Islam que busca eliminar cual­quier discriminación basada en el color, raza o credo, recor­dando al hombre su origen común, y aconsejándole a buscar la distinción no en diferencias raciales, sino únicamente en la rectitud.  

EL ISLAM Y LOS PACTOS INTERNACIONALES, COOPERACION Y AYUDA.  

En una colectividad de naciones, no es posible que una de ellas viva en completo aislamiento sin pactar con las otras necesi­dades económicas, políticas y sociales. A este respecto, también el Islam rechaza el concepto de negativas y pactos no beneficio­sos basados en el trato preferente de un grupo a costa de otro. Al contrario, aboga por alianzas con el fin de promocionar la positi­vidad de valores, bajo el siguiente precepto del Sagrado Corán:  

"Cooperad unos con otros bajo la base de la piedad y la rec­titud". (S. Corán 5:3).  

El Islam no sólo promueve la cooperación en necesidades basadas en intereses propios o necesidades nacionales. Predica una total cooperación internacional al servicio de la humanidad, fuera de un objetivo benéfico personal. Es decir, las personas han de jugar un papel positivo, ampliando la cooperación hacia el necesitado, ignorando alianzas políticas. Nos advierte categóricamente que, aquellas naciones poderosas, que invir­tiendo enormes sumas de dinero en países necesitados, creen perpetuar su supremacía a lo largo y ancho del mundo, están to­talmente equivocadas. Según el Sagrado Corán, ningún tipo de ayuda económica, por grande que ésta sea, servirá de aval, si no está exenta de condiciones. Únicamente estos servicios produ­cirán beneficio a la humanidad y a sus promotores si generan emancipación y liberación, rompiendo las cadenas de esclavitud que implica a un pueblo ser servidor de otro.   Este es el requisito previo fundamental de ayuda interna­cional concebido por el Islam. Mencionando a estas gentes, cuyas aparentes desorbitadas cantidades de dinero invertidas para el beneficio humanitario fracasarían, el Sagrado Corán ana­liza la base imperfecta de este tipo de ayuda. Advierte que estos aparentes benefactores de la humanidad no persiguen el labo­rioso y arduo camino de servicio libre de condiciones, cuyo punto de partida es: "liberara los pue­blos bajo cautiverio" (89:114) y no imponer ataduras ni ligazones a quie­nes aún se encuentran bajo la supremacía de las grandes nacio­nes.

Además, el Islam nos enseña que el hambriento ha de ser alimentado, el huérfano protegido, y que tales personas han de ser levantadas de su decaimiento, únicamente con el objeto de servirles y con ello ganar el contento de Su Creador. Si el hombre pudiera fijar este noble objetivo de sincero servicio, únicamente entonces podría merecer erigirse como modelo para los demás y aconsejarles obrar de la misma forma, y con su ejemplo, ense­ñarles a ser pacientes y misericordiosos.   Cuando el sistema de justicia absoluta prescrito por el Islam sea establecido entre las gentes, encontrarán tal inspiración y atracción hacia él, que el ámbito de la simpatía y compasión hacia el semejante no estará confinado a ningún límite. Tales son las gentes que caminan en el sendero de la supervivencia y que persiguen borrarlos rastros de esclavitud en el mundo, sea cual sea la forma      en que se presente.   Como ya he mencionado anteriormente, el Sagrado Corán ha llamado nuestra atención sobre el hecho de que una sociedad está destinada a desintegrarse, si la justicia y la desigualdad en­tran a formar parte de sus prácticas. Este es, desafortunadamen­te, el panorama de hoy. Sin embargo, la sociedad actual no pade­ce una única dolencia. Sufre de varias enfermedades, que están minando las raíces de su existencia. Como consecuencia de ello, la humanidad pierde serenidad y seguridad, y se sumerge con ra­pidez en un abismo de desaliento y desesperación, y con ello, se mueve inevitablemente hacia su destrucción.  

De acuerdo con los principios establecidos por el Sa­grado Corán, previamente a que Dios decrete castigar y aniquilar a un pueblo por sus actos satánicos, envía mensajeros que ad­vierten de un desastre inminente. Creemos que Hazrat Mirza Ghulam Ahmad, el Fundador del Movimiento Ahmadía en el Islam, es la persona erigida por Al-lah para salvar a la humani­dad, atrayéndoles de nuevo hacia Su Creador, y advirtiéndoles que si no prestan atención a su invitación, estarán condenados a la destrucción. Hazrat Ahmad nació en 1835 en Qadian, una pe­queña ciudad de la India. En 1889 declaró ser aquel Prometido, cuyo advenimiento había sido predicho en antiguas escrituras, y que había sido profetizado por el Santo Profeta del Islam, la paz y bendiciones de Dios sean con él.   Ahora procederé a citar algunos de sus pasajes, en los que Hazrat Ahmad profetizó acerca de las catástrofes que aconte­cerían al hombre si no cambiara su rumbo y se dirigiese hacia su Creador.   En el curso de un poema publicado en Abril de 1905 dijo:   Un poderoso signo acaecerá en poco tiempo, que sacu­dirá ciudades, pueblos y descampados.   Una manifestación repentina de la cólera divina sobreco­gerá a la humanidad, en la que a un ser humano sin ropaje no le dará tiempo a cubrirse.   En un instante, la tierra será removida de arriba a abajo, y correrán ríos de sangre.  

Todos los seres humanos, grandes y pequeños, se sobreco­gerán de miedo, e incluso el Zar de Rusia, si sobrevive a esta cala­midad, se encontrará en un estado de completa ruina y miseria.   Este signo Divino será una muestra de la cólera celestial; los cielos asestarán golpe tras golpe espada en mano.   tal destrucción afectará a ciudades y pueblos como si nun­ca hubiesen existido.   Con un cataclismo, las moradas se convertirán en un montón de escombros; la pérdida de-vidas, incalculable.  

De nuevo nos dice: Los días de agitación se aproximan de nuevo. No sólo días de violentas sacudidas de tierra, sino de muerte de multitudes. El demostrará el resplandor de este signo cinco veces.   Esta es la palabra de Dios, que apreciaréis únicamente cuando se cumpla.(Hagiqatul Wahi), En una de las revelaciones se le informó a Hazrat Ahmad: Allah os mostrará el cataclismo del último día. En ese día se os preguntará: ¿A quién pertenece el reino? ¿No pertenece acaso a Al-lah, el Único, el Supremo? Yo os manifestaré este sig­no cinco veces. Si quisiera, el mundo se acabaría hoy mismo. (Hagiqatul Wahi, p.93).

Así como el mismo receptor de la revelación nos ha expli­cado, la expresión "cataclismo" que se cita en esta profecía, no ha de ser tomada literalmente, sino que puede aplicarse a calamida­des no evidenciadas antes. Así advirtió a la civilización moderna: La desolación barrerá la sobrefaz de la tierra; la mayor catástrofe desde el nacimiento del hombre. Las moradas serán destruidas como si nadie las hubiese habitado. Esto vendrá acompañado por otras muchas calamidades terribles que los cie­los y la tierra han de enviar hasta que su naturaleza extraordina­ria sea evidente para cualquier hombre sensato. Toda la literatura de la ciencia y la filosofía será incapaz de mostrar nada semejante. Entonces la humanidad se verá afligida y se preguntará qué es lo que va a pasar. Muchos huirán y mu­chos perecerán. Los días, en efecto, se acercan. Los puedo ver muy próximos. Unos días en los que el mundo contemplará un espectáculo terrible. No sólo terremotos, sino otras muchas ca­lamidades espantosas caerán sobre el hombre, unas desde los cielos y otras desde la tierra. Y esto sucederá así porque el mundo ha dejado de adorar al Dios verdadero y se ha enfangado, con to­do su corazón, todo su empeño y toda su intención, en los nego­cios mundanos. De no haber venido yo, es posible que estas aflic­ciones se hubieran retrasado un poco. Pero al venir yo, los desig­nios recónditos de un Dios escarnecido, que hasta ahora se mantenían secretos, se han puesto de manifiesto. Dios dice: "No castigamos antes de enviar un mensajero". Los que se arrepientan encontrarán seguridad y los que te­man antes de que la calamidad caiga sobre ellos, obtendrán mise­ricordia. ¿Creéis que estáis libres de tales calamidades?, ¿0 podréis salvaros por artificio o propósito? Por supuesto que no. Ese día fracasarán todos los planes humanos. No penséis que los terremotos han asolado a América y otros continentes, pero que vuestro propio país estará a salvo. Por el contrario,, pasaréis por una prueba más dura aún. Tú, Europa, no estás segura, y tú, Asia, no estás inmune. Habitantes de las islas: los dioses falsos no vendrán en vuestra ayuda. Veo caer las ciudades y quedar destruidas las poblaciones. El Dios Uno y Único ha guardado silen­cio largo tiempo. Delante de sus ojos se cometieron iniquidades y nada dijo. Pero ahora mostrará Su faz majestuosa e imponente. El que tenga oídos, oiga, que el tiempo no está lejos. He hecho to­do lo posible para colocaros bajo la protección de Dios, pero esta­ba decidido que se cumpliese lo que estaba escrito. En verdad os digo que también se acerca rápidamente la hora de este país. Los tiempos de Noé reaparecerán ante vuestros ojos, y vuestros ojos contemplarán la calamidad que se abatiera sobre las ciudades de Lot. Dios es lento en Su ira. ¡Arrepentios para obtener clemen­cia!. ¡El que no le teme, está muerto y no vivo!". (Haqiqatul Wahi, pgs 256-7)

Considerando las profecías conjuntamente, se ve clara­mente que Hazrat Ahmad ha avisado a la humanidad de cinco grandes calamidades. El mundo ya ha sido testigo de grandes te­rremotos y dos Guerras Mundiales, realizándose parcialmente el cumplimiento de estas calamidades. Respecto a las dos Gran­des Guerras, no necesito dar mayor explicación, ya que vosotros conocéis con mayor detalle los estragos que produjeron. Necesito advertiros únicamente sobre la Tercera Guerra que se vislumbra en el horizonte y que prueba ser la quinta y mayor de las calami­dades predichas por Hazrat Ahmad. Profetizó que la última cala­midad sería inaudita en la historia de la humanidad. Aparecería repentina e inesperadamente, y arrollaría a ésta. Muchos per­derían el juicio bajo su efecto. Los viajeros habrían de afrontar graves problemas. Se generaría una enorme pérdida de vidas hu­manas. Se remodelaría el mapamundi y se revolucionaría el pen­samiento y la perspectiva humanas. Como ya he mencionado, muchas de estas profecías se han cumplido de la forma más sorprendente. Un ejemplo relevante del cumplimiento de ellas, es la predicción sobre el Zar de Rusia. En la época en la que fue publicada, el Zar ostentaba el máximo poder y autoridad. Era sencillamente un monarca absolutista. Entonces Hazrat Ahmad informó al mundo que se acercaba la hora en que el Gran Zar iba a encontrar un doloroso y penoso fin. ¡Maravillosos son los signos de Al-lah! Unos meses después de la publicación de esta profecía en 1905, surgía un partido políti­co que 14 años más tarde hizo efectivo el cumplimiento de esta trascendental profecía con una sorprendente precisión.

Cuando en 1905 Hazrat Ahmad predijo acerca de ataques aéreos y de sus destructivos bombardeos, no existía señal alguna de que llegara a realizarse, ni indicio de un posible desarrollo en aviación. Era la época en la que los Hermanos Wright dedicaban su tiempo en experimentos elementales sobre construcción de máquinas voladoras. Tres años después de la publicación de esta profecía, los Hermanos Wrighten Septiembre de 1908 llevaban a cabo satisfactoriamente su segundo vuelo experimental. Unos cuantos años más fueron necesarios para que los aeroplanos fue­ran un instrumento, por primera vez en la historia, de lanza­miento de mortíferas armas de fuego en forma de bombas. Uno podría decir que algunas de las profecías mencionadas están relacionadas con la era pre-atómica y por otra parte, ningún humano existente en la época de Hazrat Ahmad podía imaginar aún semejantes acontecimientos. Sin embargo, la cuestión que se plantea es que, por muy imaginativo que fuese, ¿podría alguien profetizaren 1908, cuando aún las armas nuclea­res eran inimaginables, tal destrucción y devastación, posible únicamente con el empleo de tal armamento? Hazrat Ahmad profetizó que las calamidades que arrasarían a la humanidad serían de tal magnitud, que incluso otras formas de vida serían totalmente borradas en ciertas partes de la Tierra , fenómeno que es inconcebible con el uso de armamento convencional.  Comenta:  

La desolación barrerá la faz de la Tierra ; la mayor catástrofe desde el nacimiento del hombre. Las moradas serán destruidas como si nadie las hubiese habitado.   La descripción de tal destrucción mencionada en el Sagrado Corán, mencionando las calamidades que habría de padecer la humanidad en los últimos días, es fielmente reproducida en las predicciones de Hazrat Mirza Ghulam Ahmad. El hombre, no obstante, puede evitar este trágico destino, si torna hacia Su Señor y Hacedor con un arrepentimiento auténti­co, con una sincera devoción y con una intencionalidad signifi­cativa. Debe postrarse ante Dios con toda su humildad y con un corazón arrepentido. Debe implorar la Merced Divina , buscan­do el perdón de sus pecados y defectos. Debe abandonar toda cla­se de orgullo, arrogancia y egoísmo. Liberando a su corazón de vicios y autoindulgencias, debe perseguir la divina ayuda y guía para caminar en el recto sendero. Es entonces cuando efectiva­mente la Merced Divina le responderá y cada buscador de la ver­dad, será guiado por el camino recto: el camino del Santo Profe­ta, la paz y bendiciones de Dios sean con él, que es el camino rec­to y verdadero del Islam. En tanto en cuanto el hombre no limpie sus impurezas, y mientras que la sociedad no se libere de la desi­gualdad, no será capaz de caminar tras los pasos del Santo Profe­ta, la paz y bendiciones de Dios sean con él, cuyas enseñanzas acorde al Sagrado Corán, están exentas de descarrío:  

"El amonestador, en cuyas enseñanzas no existe desvia­ción". (S. Corán 20: 109)   Este es un breve  perfil de la advertencia y de la buena nueva a quienes manejan hoy el destino de la humanidad. Dios Todopoderoso ha enfatizado en el Sagrado Corán so­bre un principio fundamental que regula Su castigo y Su merced.  

Infligiré mi castigo sobre quienes determino, sin embargo mi clemencia lo abarca todo".(S. Corán 7 : 157).   Basándome en este fundamento coránico, yo, el cuarto Su­cesor de Hazrat Mirza Ghulam Ahmad de Qadian (la paz de Dios sea con él) y actual Jefe del Movimiento Ahmadía del Islam, os invito a que os dirijáis hacia mi Dios y vuestro Dios. Os transmi­to las buenas nuevas de que las graves profecías acerca del desas­tre y la destrucción pueden ser evitadas, y que el hombre puede heredar la merced divina en lugar de su castigo.   Es posible transformar una sociedad basada en la injusticia y la desigualdad en una comunidad igualitaria y hermanada. La única condición es que el hombre ha de inclinarse hacia Su Crea­dor, y con un arrepentimiento sincero, establecer una comunión verdadera con Él. Siendo testigo de la condición mísera del ser humano en la época actual, mi corazón sangra agonía y angustia. El amor hacia la humanidad y la simpatía hacia mis semejantes, me obliga a in­vitaros a seguir los pasos de Mohammad, el Escogido Apóstol de Al-lah, (la paz y bendiciones de Dios sean con él), que fue envia­do como signo de misericordia para todo el Universo. Como hu­milde siervo de él, mi sincero requerimiento es que pongáis una atención sería a mi invitación y que reflexionéis con mente abierta. Al-lah nos permita transformar la condición del ser huma­no actual, girando su rumbo y renunciando a la adoración de fal­sas deidades. Que se prosterne ante Su Creador como los se­guidores del Profeta Jonás, y que testimoniemos la misma in­clinación ante el Único Verdadero Dios en cada ciudad y pueblo, como así se evidenció en el pueblo de Jonás. Amén.  

 

Hazrat Mirza Tahir Ahmad

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