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El hombre se pregunta hoy perplejo y
confuso acerca del futuro de la humanidad. Voy a tratar brevemente esta tarde
este problema, únicamente bajo el punto de vista islámico y bajo dos
perspectivas.
1.¿Qué se presagia acorde el actual
estado del hombre?
2. ¿Qué nos predicen los signos
celestiales y las revelaciones acerca del futuro de la humanidad?
Abstrayéndonos en los conocimientos de
hoy día, nos vemos confrontados con un panorama terrible en el derrotero del
ser humano. Se ve claramente que la humanidad se mueve hacia su
auto-destrucción, y que se está preparando para un suicidio colectivo. Leyendo
el Sagrado Corán, se hace referencia a este destino catastrófico del ser humano
de nuestros días.
No hay que poseer un extraordinario
grado de inteligencia e intuición para predecir cual va a ser el futuro de la
humanidad, considerando las nuevas invenciones de armamento nuclear altamente
destructivo y 1.400 años atrás, cuando era imposible para el ser humano prever
los acontecimientos de hoy. Como ya he citado, el Sagrado Corán nos amonesta
con una clara advertencia:
"Por la era. Que el hombre estará
en la perdición. Salvo los
creyentes que practican el bien, se aconsejan verdad y se recomiendan la
perseverancia". (S. Corán 103: 2-3)
En este pequeño versículo, Dios
Todopoderoso toma por testigo a esta época dentro de la historia del hombre,
cuando en conjunto, la humanidad se dirigiría hacia su propia destrucción. El
desarrollo de este comportamiento sería tal que llevaría a ésta al borde de un
final terrorífico.
Presagiar en ese pasado lejano el curso
de acontecimientos que no podrían haber sido concebidos en aquel tiempo, y que
ahora están siendo confirmados, es una prueba segura que este testimonio del
Sagrado Corán no es una mera coincidencia, ni es la conjetura de un adivino o
un astrólogo. Es sin embargo, una seria advertencia del Señor Celestial,
Omnisapiente y Omnisciente, cuya visión engloba el pasado lejano, el presente y
el futuro. Hoy, esta advertencia ha sido fuertemente puesta de manifiesto por
claras y sólidas evidencias científicas.
Al-lah, Omnisapiente y Omnisciente, ha
establecido claramente las leyes y principios básicos que han de regir la vida
y el comportamiento humanos, y nos ha indicado igualmente los caminos que
llevarían a la humanidad hacía su desintegración. Dios Todopoderoso, además,
nos indica cómo una sociedad puede salvarse de cosechar pérdidas y ruina. Una
ley básica es que nadie se confrontaría con la destrucción y la muerte hasta y
al menos que recibiese la advertencia de un amonestador divino que les
pregonara y disuadiera de la prosecución de caminos destructivos y les atrajera
hacia la consecución de una vida de rectitud. Tal amonestador pondría al
descubierto los puntos oscuros en sus vidas sociales y les guiaría hacia la
luz y el resplandor, de forma que cada observador minucioso pudiera contemplar
la realidad, y cada corazón comprensivo pudiera aceptar esta verdad eterna.
Una conclusión esencial y natural de
esta ley básica es que a pesar de los factores que amenazan destrucción y
colapso, existe la posibilidad, si la humanidad lo desea y muestra
determinación en ese sentido, de que este siniestro destino aún pueda ser evitado.
Pero, la decisión de cambio en los acontecimientos ha de generarla el hombre
mismo. Él es quien ha de decidir si desea transformar esta oscuridad en luz,
el desorden en orden, y el miedo en esperanza. La elección está en él. Dicho de
otra forma, el ser humano tiene la capacidad de configurar o desfigurar su
futuro, como así nos dice el Sagrado Corán:
“Por cierto que Al-lah no
cambia la condición de un pueblo, a menos que ellos cambien lo que hay en sus
corazones". (S. Corán 13:12).
Es obvio por tanto, que esta
catástrofe, tal y como ha sido predicha, no está sujeta a un decreto divino
irrevocable. Es una cuestión relacionada con el hombre en sí. Es una opción que
ha de ser tomada o rechazada por el mismo hombre. Pero hay que recordar que el
tiempo disponible es corto; la meta está lejos y la jornada es larga y
laboriosa. Si el hombre desea salvarse y salvara futuras generaciones del
naufragio y la ruina; si desea auto-rescatarse del atolladero de la aprensión,
la alarma y la incertidumbre; si al contrario busca la alegría y la delicia de
la certeza, de la fe y de la confianza, entonces debe apresurarse en adoptar un
nuevo curso de conducta.
Además de su última y total sumisión a
la voluntad de Su Creador, el concepto de absoluta justicia es un factor que
puede contribuir en la seguridad y salvaguardia de la humanidad. El concepto de
justicia absoluta ha de ser aceptado universalmente y puesto en práctica sin
reservas. Su aplicación debe ignorar consideraciones relativas. Su adopción
efectiva es la condición primordial para el establecimiento de una relación
humana equitativa fuera de una distinción de color, credo o raza, no
permitiendo discriminaciones entre blancos y negros, occidentales u
orientales, cristianos o judíos, musulmanes o no musulmanes , si tal sistema de
justicia absoluta no sustituye a los llamados sistemas estandarizados de
justicia, que están imbuidos en oportunismos parciales, y están influenciados
por consideraciones parroquiales, es seguro que fenecerán más tarde o más
temprano. Cualquier sistema de justicia parcial está destinado a general
insatisfacción, desorden e inseguridad, que en última instancia causará estragos en la sociedad.
Este es el testimonio de la era
presente. Al-lah el Exaltado nos pone como testigo a esta era y advierte a la
humanidad para salvaguardarla de un desastroso futuro. Al mismo tiempo, el
Sagrado Corán enfatiza sobre un sistema administrador de justicia libre de
consideraciones partidistas y exigencias políticas.
Llegados a este punto, me gustaría
hacer una digresión y constatar brevemente acerca de lo que el Sagrado Corán
nos enseña sobre la justicia y otros temas derivados de ella.
EL SISTEMA DE
LA JUSTICIA EN
EL ISLAM
El Islam prescribe los siguientes
principios fundamentales:
"Por cierto que
Al-lah os ordena restituir lo confiado a su dueño y cuando juzguéis a vuestros
semejantes, que sea con equidad. ¡Cuán excelente es lo que Al-lah os exhorta!,
porque AIlah es Omnioyente, Omnisapiente". (S. Corán 4:59).
"Cuando juzguéis, sed justos,
aunque se trate de un pariente carnal". (S. Corán 6:153). "Por cierto que, Al-lah preceptúa
la equidad, la benevolencia y la clemencia, tal como la que mostráis a
vuestros parientes". (S. Corán 16: 91).
Otro factor fundamental en la
administración de justicia y un sentamiento pacifico de las disputas es el de
aportar testimonios ciertos. Es un factor bajo el que se asienta la estructura
de la justicia absoluta. A este respecto, el Sagrado Corán así ha subrayado las
siguientes líneas:
"Que los testigos no se nieguen
cuando sean requeridos” (S. Corán 2:283).
"No os neguéis a
prestar testimonio pues quien lo hace, hace a su corazón inhumano". (S.
Corán 2:284)
“¡Oh creyentes!. Sed
justos, fieles testigos por amor a Dios, aún cuando el testimonio sea contra
vosotros mismos, contra vuestros padres o vuestros allegados" (S. Corán
4:136).
Si acorde a una justicia estricta una
persona adquiere el derecho a un cierto beneficio, y sin embargo renuncia
voluntariamente a una parte de su legítimo derecho, con benevolencia y
clemencia, y si lo emprende con el objeto de ganar el contento de Al-lah,
entonces promueve buena voluntad y rectitud en la sociedad.
Respecto a las características de los
creyentes mencionadas en el Sagrado Corán, se cita:
"Aquellos que controlan su
temperamento y muestran paciencia hacia sus semejantes". (S. Corán 3:135).
El Islam establece un concepto de
justicia tan elevado que incluso no permite que los derechos y privilegios de
ofensores y enemigos de combate sean violados. Por naturaleza, el hombre se inclina
hacia un exceso de represalias. El Islam persigue disciplinar tales juicios y
prohíbe cualquier tipo de trasgresión. Así Al-lah dice:
"A aquellos que os transgredan,
castigadles por su trangresión hasta el punto en que os hayan transgredido.
¡Temed a Al-lah y sabed que Al-lah está con quienes le temen!". (S. Corán
2 : 195)
En la regulación de las relaciones
internacionales, el Sagrado Corán no permite discriminación entre conductas
nacionales e individuales, y ordena una observancia estricta de absoluta
justicia, tanto en relaciones internacionales, como en conductas individuales.
¡Oh creyentes!. Sed pacientes por la
causa de Al-lah, aportando testimonios con equidad. Que la enemistad hacia los
demás no os mueva a ser injustos; sed justos, porque ello está más próximo a la
piedad". (S. Corán 5 :
9).
El problema que se nos plantea es como
poder concebir y perseguir a la justicia absoluta. La respuesta a esta cuestión
vital acorde al Sagrado Corán es que depende completamente de la creencia absoluta
de
la Unidad
de Dios. Únicamente, el reconocer esta fuente común de origen, puede
efectivamente generar la idea de la unidad del hombre y de justicia absoluta.
Acorde a la filosofía islámica la unidad del ser humano no puede ser implantada
sin establecer previamente
la
Unidad
del Creador y la negación y el rechazo de cualquier
tipo o forma de idolatría.
RECHAZO DE
LA IDEA DE
LA SUPERIORIDAD RACIAL
POR EL ISLAM.
Una de las mayores causad de recelo
internacional es el concepto de
superioridad racial sostenido por las naciones avanzadas, a consecuencia de la
cual miran por encima a otros pueblos.
El Sagrado Corán condena esta actitud y
dice:
"¡Oh humanos! Ciertamente os
creamos de un hombre y de una mujer y os dividimos en naciones y tribus para
que os reconozcáis. Por cierto que, el más honrado de vosotros ante Dios es el
más virtuoso".
(S. Corán 49:14).
Esta es la enseñanza del Islam que
busca eliminar cualquier discriminación basada en el color, raza o credo,
recordando al hombre su origen común, y aconsejándole a buscar la distinción
no en diferencias raciales, sino únicamente en la rectitud.
EL ISLAM Y LOS PACTOS
INTERNACIONALES, COOPERACION Y AYUDA.
En una colectividad de naciones, no es
posible que una de ellas viva en completo aislamiento sin pactar con las otras
necesidades económicas, políticas y sociales. A este respecto, también el
Islam rechaza el concepto de negativas y pactos no beneficiosos basados en el
trato preferente de un grupo a costa de otro. Al contrario, aboga por alianzas
con el fin de promocionar la positividad de valores, bajo el siguiente
precepto del Sagrado Corán:
"Cooperad unos con otros bajo la
base de la piedad y la rectitud". (S. Corán 5:3).
El Islam no sólo promueve la
cooperación en necesidades basadas en intereses propios o necesidades
nacionales. Predica una total cooperación internacional al servicio de la
humanidad, fuera de un objetivo benéfico personal. Es decir, las personas han
de jugar un papel positivo, ampliando la cooperación hacia el necesitado,
ignorando alianzas políticas. Nos advierte categóricamente que, aquellas
naciones poderosas, que invirtiendo enormes sumas de dinero en países
necesitados, creen perpetuar su supremacía a lo largo y ancho del mundo, están
totalmente equivocadas. Según el Sagrado Corán, ningún tipo de ayuda
económica, por grande que ésta sea, servirá de aval, si no está exenta de
condiciones. Únicamente estos servicios producirán beneficio a la humanidad y
a sus promotores si generan emancipación y liberación, rompiendo las cadenas de
esclavitud que implica a un pueblo ser servidor de otro.
Este es el requisito previo fundamental
de ayuda internacional concebido por el Islam. Mencionando a estas gentes,
cuyas aparentes desorbitadas cantidades de dinero invertidas para el beneficio
humanitario fracasarían, el Sagrado Corán analiza la base imperfecta de este
tipo de ayuda. Advierte que estos aparentes benefactores de la humanidad no
persiguen el laborioso y arduo camino de servicio libre de condiciones, cuyo
punto de partida es: "liberara los pueblos bajo cautiverio" (89:114) y no imponer ataduras ni ligazones a quienes aún se encuentran bajo
la supremacía de las grandes naciones.
Además, el Islam nos enseña que el
hambriento ha de ser alimentado, el huérfano protegido, y que tales personas
han de ser levantadas de su decaimiento, únicamente con el objeto de servirles
y con ello ganar el contento de Su Creador. Si el hombre pudiera fijar este
noble objetivo de sincero servicio, únicamente entonces podría merecer erigirse
como modelo para los demás y aconsejarles obrar de la misma forma, y con su
ejemplo, enseñarles a ser pacientes y misericordiosos.
Cuando el sistema de justicia absoluta
prescrito por el Islam sea establecido entre las gentes, encontrarán tal inspiración
y atracción hacia él, que el ámbito de la simpatía y compasión hacia el
semejante no estará confinado a ningún límite. Tales son las gentes que caminan
en el sendero de la supervivencia y que persiguen borrarlos rastros de
esclavitud en el mundo, sea cual sea la forma en
que se presente.
Como ya he mencionado anteriormente, el
Sagrado Corán ha llamado nuestra atención sobre el hecho de que una sociedad
está destinada a desintegrarse, si la justicia y la desigualdad entran a
formar parte de sus prácticas. Este es, desafortunadamente, el panorama de
hoy. Sin embargo, la sociedad actual no padece una única dolencia. Sufre de
varias enfermedades, que están minando las raíces de su existencia. Como
consecuencia de ello, la humanidad pierde serenidad y seguridad, y se sumerge
con rapidez en un abismo de desaliento y desesperación, y con ello, se mueve
inevitablemente hacia su destrucción.
De acuerdo con los principios
establecidos por el Sagrado Corán, previamente a que Dios decrete castigar y
aniquilar a un pueblo por sus actos satánicos, envía mensajeros que advierten
de un desastre inminente. Creemos que Hazrat Mirza Ghulam Ahmad, el Fundador
del Movimiento Ahmadía en el Islam, es la persona erigida por Al-lah para
salvar a la humanidad, atrayéndoles de nuevo hacia Su Creador, y
advirtiéndoles que si no prestan atención a su invitación, estarán condenados a
la destrucción. Hazrat Ahmad nació en 1835 en Qadian, una pequeña ciudad de
la India. En
1889 declaró
ser aquel Prometido, cuyo advenimiento había sido predicho en antiguas
escrituras, y que había sido profetizado por el Santo Profeta del Islam, la paz
y bendiciones de Dios sean con él.
Ahora procederé a citar algunos de sus
pasajes, en los que Hazrat Ahmad profetizó acerca de las catástrofes que acontecerían
al hombre si no cambiara su rumbo y se dirigiese hacia su Creador.
En el curso de un poema publicado en
Abril de 1905 dijo:
Un poderoso signo acaecerá en poco
tiempo, que sacudirá ciudades, pueblos y descampados.
Una manifestación repentina de la
cólera divina sobrecogerá a la humanidad, en la que a un ser humano sin ropaje
no le dará tiempo a cubrirse.
En un instante, la tierra será removida
de arriba a abajo, y correrán ríos de sangre.
Todos los seres humanos,
grandes y pequeños, se sobrecogerán de miedo, e incluso el Zar de Rusia, si
sobrevive a esta calamidad, se encontrará en un estado de completa ruina y
miseria.
Este signo Divino será una muestra de
la cólera celestial; los cielos asestarán golpe tras golpe espada en mano.
tal destrucción afectará a ciudades y
pueblos como si nunca hubiesen existido.
Con un cataclismo, las moradas se
convertirán en un montón de escombros; la pérdida de-vidas, incalculable.
De nuevo nos dice:
Los días de agitación se aproximan de
nuevo. No sólo días de violentas sacudidas de tierra, sino de muerte de
multitudes.
El demostrará el resplandor de este
signo cinco veces.
Esta es la palabra de Dios, que
apreciaréis únicamente cuando se cumpla.(Hagiqatul Wahi),
En una de las revelaciones se le
informó a Hazrat Ahmad:
Allah os mostrará el cataclismo del
último día. En ese día se os preguntará: ¿A quién pertenece el reino? ¿No
pertenece acaso a Al-lah, el Único, el Supremo? Yo os manifestaré este signo
cinco veces. Si quisiera, el mundo se acabaría hoy mismo. (Hagiqatul
Wahi, p.93).
Así como el mismo receptor de la
revelación nos ha explicado, la expresión "cataclismo" que se cita
en esta profecía, no ha de ser tomada literalmente, sino que puede aplicarse a
calamidades no evidenciadas antes. Así advirtió a la civilización moderna:
La desolación barrerá la sobrefaz de la
tierra; la mayor catástrofe desde el nacimiento del hombre. Las moradas serán
destruidas como si nadie las hubiese habitado. Esto vendrá acompañado por otras
muchas calamidades terribles que los cielos y la tierra han de enviar hasta
que su naturaleza extraordinaria sea evidente para cualquier hombre sensato. Toda la literatura de la ciencia y la
filosofía será incapaz de mostrar nada semejante. Entonces la humanidad se verá
afligida y se preguntará qué es lo que va a pasar. Muchos huirán y muchos
perecerán. Los días, en efecto, se acercan. Los puedo ver muy próximos. Unos
días en los que el mundo contemplará un espectáculo terrible. No sólo
terremotos, sino otras muchas calamidades espantosas caerán sobre el hombre,
unas desde los cielos y otras desde la tierra. Y esto sucederá así porque el
mundo ha dejado de adorar al Dios verdadero y se ha enfangado, con todo su
corazón, todo su empeño y toda su intención, en los negocios mundanos. De no
haber venido yo, es posible que estas aflicciones se hubieran retrasado un
poco. Pero al venir yo, los designios recónditos de un Dios escarnecido, que
hasta ahora se mantenían secretos, se han puesto de manifiesto. Dios dice: "No
castigamos antes de enviar un mensajero".
Los que se arrepientan encontrarán
seguridad y los que teman antes de que la calamidad caiga sobre ellos,
obtendrán misericordia. ¿Creéis que estáis libres de tales calamidades?, ¿0
podréis salvaros por artificio o propósito? Por supuesto que no. Ese día
fracasarán todos los planes humanos. No penséis que los terremotos han asolado
a América y otros continentes, pero que vuestro propio país estará a salvo. Por
el contrario,, pasaréis por una prueba más dura aún. Tú, Europa, no estás
segura, y tú, Asia, no estás inmune. Habitantes de las islas: los dioses falsos
no vendrán en vuestra ayuda. Veo caer las ciudades y quedar destruidas las
poblaciones. El Dios Uno y Único ha guardado silencio largo tiempo. Delante de
sus ojos se cometieron iniquidades y nada dijo. Pero ahora mostrará Su faz
majestuosa e imponente. El que tenga oídos, oiga, que el tiempo no está lejos.
He hecho todo lo posible para colocaros bajo la protección de Dios, pero estaba
decidido que se cumpliese lo que estaba escrito. En verdad os digo que también
se acerca rápidamente la hora de este país. Los tiempos de Noé reaparecerán
ante vuestros ojos, y vuestros ojos contemplarán la calamidad que se abatiera
sobre las ciudades de Lot. Dios es lento en Su ira. ¡Arrepentios para obtener
clemencia!. ¡El que no le teme, está muerto y no vivo!". (Haqiqatul Wahi, pgs 256-7)
Considerando las profecías
conjuntamente, se ve claramente que Hazrat Ahmad ha avisado a la humanidad de
cinco grandes calamidades. El mundo ya ha sido testigo de grandes terremotos y
dos Guerras Mundiales, realizándose parcialmente el cumplimiento de estas
calamidades. Respecto a las dos Grandes Guerras, no necesito dar mayor
explicación, ya que vosotros conocéis con mayor detalle los estragos que
produjeron. Necesito advertiros únicamente sobre
la Tercera Guerra
que
se vislumbra en el horizonte y que prueba ser la quinta y mayor de las calamidades
predichas por Hazrat Ahmad. Profetizó que la última calamidad sería inaudita
en la historia de la humanidad. Aparecería repentina e inesperadamente, y
arrollaría a ésta. Muchos perderían el juicio bajo su efecto. Los viajeros
habrían de afrontar graves problemas. Se generaría una enorme pérdida de vidas
humanas. Se remodelaría el mapamundi y se revolucionaría el pensamiento y la
perspectiva humanas.
Como ya he mencionado, muchas de estas
profecías se han cumplido de la forma más sorprendente. Un ejemplo relevante
del cumplimiento de ellas, es la predicción sobre el Zar de Rusia. En la época
en la que fue publicada, el Zar ostentaba el máximo poder y autoridad. Era
sencillamente un monarca absolutista. Entonces Hazrat Ahmad informó al mundo
que se acercaba la hora en que el Gran Zar iba a encontrar un doloroso y penoso
fin. ¡Maravillosos son los signos de Al-lah! Unos meses después de la
publicación de esta profecía en 1905, surgía un partido político que 14 años
más tarde hizo efectivo el cumplimiento de esta trascendental profecía con una
sorprendente precisión.
Cuando en 1905 Hazrat Ahmad predijo
acerca de ataques aéreos y de sus destructivos bombardeos, no existía señal
alguna de que llegara a realizarse, ni indicio de un posible desarrollo en
aviación. Era la época en la que los Hermanos Wright dedicaban su tiempo en
experimentos elementales sobre construcción de máquinas voladoras. Tres años
después de la publicación de esta profecía, los Hermanos Wrighten Septiembre de
1908 llevaban a cabo satisfactoriamente su segundo vuelo experimental. Unos
cuantos años más fueron necesarios para que los aeroplanos fueran un
instrumento, por primera vez en la historia, de lanzamiento de mortíferas
armas de fuego en forma de bombas.
Uno podría decir que algunas de las
profecías mencionadas están relacionadas con la era pre-atómica y por otra parte,
ningún humano existente en la época de Hazrat Ahmad podía imaginar aún
semejantes acontecimientos. Sin embargo, la cuestión que se plantea es que, por
muy imaginativo que fuese, ¿podría alguien profetizaren 1908, cuando aún las
armas nucleares eran inimaginables, tal destrucción y devastación, posible
únicamente con el empleo de tal armamento? Hazrat Ahmad profetizó que las
calamidades que arrasarían a la humanidad serían de tal magnitud, que incluso
otras formas de vida serían totalmente borradas en ciertas partes de
la Tierra
, fenómeno que es
inconcebible con el uso de armamento convencional.
Comenta:
La desolación barrerá la
faz de
la Tierra
;
la mayor catástrofe desde el nacimiento del hombre. Las moradas serán
destruidas como si nadie las hubiese habitado.
La descripción de tal destrucción
mencionada en el Sagrado Corán, mencionando las calamidades que habría de
padecer la humanidad en los últimos días, es fielmente reproducida en las
predicciones de Hazrat Mirza Ghulam Ahmad.
El hombre, no obstante, puede evitar
este trágico destino, si torna hacia Su Señor y Hacedor con un arrepentimiento
auténtico, con una sincera devoción y con una intencionalidad significativa.
Debe postrarse ante Dios con toda su humildad y con un corazón arrepentido. Debe
implorar
la Merced
Divina
, buscando el perdón de sus pecados y defectos. Debe
abandonar toda clase de orgullo, arrogancia y egoísmo. Liberando a su corazón
de vicios y autoindulgencias, debe perseguir la divina ayuda y guía para
caminar en el recto sendero. Es entonces cuando efectivamente
la Merced Divina
le
responderá y cada buscador de la verdad, será guiado por el camino recto: el
camino del Santo Profeta, la paz y bendiciones de Dios sean con él, que es el
camino recto y verdadero del Islam. En tanto en cuanto el hombre no limpie sus
impurezas, y mientras que la sociedad no se libere de la desigualdad, no será
capaz de caminar tras los pasos del Santo Profeta, la paz y bendiciones de
Dios sean con él, cuyas enseñanzas acorde al Sagrado Corán, están exentas de
descarrío:
"El amonestador, en
cuyas enseñanzas no existe desviación". (S. Corán 20: 109)
Este es un breve perfil de la advertencia y de la buena nueva
a quienes manejan hoy el destino de la humanidad.
Dios Todopoderoso ha enfatizado en el
Sagrado Corán sobre un principio fundamental que regula Su castigo y Su
merced.
Infligiré mi castigo sobre
quienes determino, sin embargo mi clemencia lo abarca todo".(S. Corán 7 :
157).
Basándome en este fundamento coránico,
yo, el cuarto Sucesor de Hazrat Mirza Ghulam Ahmad de Qadian (la paz de Dios
sea con él) y actual Jefe del Movimiento Ahmadía del Islam, os invito a que os
dirijáis hacia mi Dios y vuestro Dios. Os transmito las buenas nuevas de que
las graves profecías acerca del desastre y la destrucción pueden ser evitadas,
y que el hombre puede heredar la merced divina en lugar de su castigo.
Es posible transformar una sociedad
basada en la injusticia y la desigualdad en una comunidad igualitaria y
hermanada. La única condición es que el hombre ha de inclinarse hacia Su Creador,
y con un arrepentimiento sincero, establecer una comunión verdadera con Él.
Siendo testigo de la condición mísera
del ser humano en la época actual, mi corazón sangra agonía y angustia. El amor
hacia la humanidad y la simpatía hacia mis semejantes, me obliga a invitaros a
seguir los pasos de Mohammad, el Escogido Apóstol de Al-lah, (la paz y
bendiciones de Dios sean con él), que fue enviado como signo de misericordia
para todo el Universo. Como humilde siervo de él, mi sincero requerimiento es
que pongáis una atención sería a mi invitación y que reflexionéis con mente
abierta.
Al-lah nos permita transformar la
condición del ser humano actual, girando su rumbo y renunciando a la adoración
de falsas deidades. Que se prosterne ante Su Creador como los seguidores del
Profeta Jonás, y que testimoniemos la misma inclinación ante el Único
Verdadero Dios en cada ciudad y pueblo, como así se evidenció en el pueblo de
Jonás. Amén.
Hazrat Mirza Tahir Ahmad |