FILOSOFÍA ECONÓMICA DEL
CAPITALISMO, EL COMUNISMO Y EL ISLAM
El
orden económico islámico no pertenece ni al capitalismo ni al socialismo
científico. La filosofía económica del Islam es científica sin ser
mecánica. Es disciplinada sin ser demasiado restrictiva. Permite la
posesión privada y la empresa privada pero no promueve la avaricia ni la
acumulación de riquezas en pocas manos por la cual una gran parte de la
sociedad se ve desamparada y se convierte en sierva y esclava de un
implacable y cruel sistema de explotación.
Existen
tres diferencias fundamentales entre las filosofías económicas del
capitalismo, el comunismo y el Islam.
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EL
CAPITALISMO
En el
capitalismo, el capital se recompensa con el interés. Se acepta el
principio intrínseco que el capital tiene derecho a crecer. El interés
juega el papel de fuerza motriz central para la acumulación de capital,
que se encauza como energía para establecer y mantener la línea de
producción en movimiento.
En
resumen, el interés actúa como incentivo para mantener el capital en
circulación.
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EL
SOCIALISMO CIENTÍFICO
En el
socialismo científico, aunque no existe el incentivo del interés para
hacer circular y recircular el capital como mecanismo productivo, el
Estado monopoliza el capital. Por lo tanto, no hay lugar para la
motivación.
En la
empresa privada libre, tanto si se paga como si no se paga interés, el
sentido de posesión personal es suficiente para crear el deseo de que el
capital propio crezca lo más rápidamente posible. Si se ha de pagar
interés sobre el dinero prestado, la tasa de interés actúa a modo de cota.
Funciona como una ventana a través de la cual se puede controlar el
crecimiento o la disminución relativa del capital. En el sistema
económico socialista, sin embargo, no existe esta necesidad porque los que
utilizan el capital no lo poseen, ni existen medios de comparación por
los que se pueda juzgar si el grado de crecimiento es suficiente o no
desde el punto de vista económico.
En el
orden socialista científico, la posesión por la fuerza del capital de todo
el Estado por el propio Estado, convierte al sistema de interés en
totalmente irrelevante e insignificante. El problema está en que cuando no
existe ninguna presión para ganar más que el interés que se ha de pagar,
se pierden todos los incentivos y el sentido de la responsabilidad.
Si todo
el capital en circulación de un Estado comunista pudiera, por ejemplo, ser
valorado desde el punto de vista de la cantidad de interés que ganaría de
hallarse depositado en un banco, se nos desvelaría un aspecto del
problema. La otra cara de la moneda se podría representar valorando la
economía en base a las ganancias y las pérdidas. Sin duda, presentaría
muchas complicaciones tales como el calculo de salarios etc. Pero si los
expertos financieros se pusieran a estudiarlo, se podrían superar tales
obstáculos. Una comparación entre los dos sistemas mostraría
posibilidades muy interesantes.
Es más
que probable que los verdaderos culpables de la decadencia de los
estándares de vida puedan ser señalados de forma precisa de esta manera.
Sin necesidad de realizar un ejercicio mental tan inmenso, no es difícil
determinar las causas de esta decadencia. Creo que, puesto que el Estado
se convierte en capitalista, se ve privado de un sistema de control que
le prevenga de los fallos, pérdidas y errores respecto al modo en que
maneja el capital del Estado, puesto que no tiene obligaciones
financieras que cumplir y puede emplear el capital sin tener que rendir
cuentas. Tal situación comporta peligros inherentes. La falta de interés
personal y la ausencia un sistema de alarma ante las pérdidas o beneficios
procedentes del empleo de capital, causa estragos en la relación entre
inversiones y rendimientos. El volumen de pérdidas sigue en aumento.
Igualmente, no existe ningún control en la política de canalización del
capital. Por ejemplo, no existe ningún espejo en manos de los gobiernos
socialistas en el que puedan reflejar el índice real de crecimiento
económico, en comparación con las economías de libre mercado del mundo
exterior. Un problema añadido radica en que los Estados comunistas
precisan realizar un desembolso mucho más grande en defensa, inspección e
instituciones policiales dentro del país. Al ser iguales las demás
cosas, exige un nivel de gastos desproporcionado en defensa y
mantenimiento de la ley y el orden. Estos y otros factores similares
suponen una pesada carga para la economía. El colapso final de la economía
se puede demorar, sin duda, pero no puede ser evitado de ningún modo.
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EL
CONCEPTO ISLÁMICO
Mientras que el comunismo no ofrece incentivos para una implicación
directa en la producción de riqueza, El Islam ofrece dicho incentivo, a
pesar de prohibir el interés. El Islam elimina el sistema de usura e
interés sin participar de los problemas específicos del mundo comunista.
En ausencia del interés, que arrastra el capital hacia canales no
productivos, el Islam controla el capital inactivo. Este control adopta la
forma de un "impuesto", conocido como Zakat que se impone no sólo
sobre la renta o beneficios sino sobre el propio capital.
El
contraste es evidente. En las sociedades capitalistas se acumula el
capital en las manos de unos pocos debido a la avidez de aumentar dicho
capital mediante la acumulación del interés, que es reciclado en la
economía con la tarea prefijada de rendir un beneficio mayor que el tipo
imperante de interés. De fracasar esto, la economía va necesariamente a la
recesión. En el Islam, el temor de que el capital ocioso se desgaste
progresivamente debido a la imposición del Zakat hace que quienquiera que
tenga un superávit económico tenga que emplearlo en la obtención de
beneficios para contrarrestar los efectos del Zakat.
Según
el Islam, la respuesta a los problemas económicos del mundo no se
encuentra en el socialismo científico ni en el capitalismo. Es imposible
disertar ampliamente sobre este tema aquí, pero es preciso tener una
visión actual del desequilibrio creado por el capitalismo para aprender
algunas lecciones para el futuro.
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CUATRO CARACTERÍSTICAS
DE LA SOCIEDAD CAPITALISTA
Las
señales para determinar que, efectivamente, ha surgido tal desequilibrio
en la sociedad se explican muy claramente en los siguientes versículos del
Santo Corán:
"No, mas no honráis al huérfano. Ni os
alentáis mutuamente a dar de comer a los pobres. Devoráis toda la herencia
de otras
personas. Y amáis la riqueza con amor excesivo". (C. 89: Al-Fajr:
18:21).
En
pocas palabras (en resumen), estas características son:
1.
Trato deshonroso a los huérfanos.
2. No
se promueve alimentar a los pobres.
3. La
usurpación de la herencia ajena.
4. Una
interminable acumulación de riqueza
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EL CAPITALISMO CONDUCE
FINALMENTE A LA DESTRUCCIÓN
Sin
aprobar la filosofía del socialismo científico, el Islam rechaza algunos
aspectos del capitalismo porque:
"La mutua rivalidad en la búsqueda de más cosas mundanas os ha desviado de Dios. Hasta
que llguéis a las tumbas. ¡No! Muy pronto llegaréis a saber la verdad.
(C. 102: Al-Takathur:2-4).
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EL ORDEN ECONÓMICO
CAMBIANTE
La
explotación de los ciudadanos más pobres por el capitalismo basado en el
interés, que dio origen a la rebelión socialista, parece haber quedado
relegado a la historia. Pero un estudio más profundo nos revela que no es
más que un cambio de disfraz.
En este
momento, el mundo entero se encuentra dividido entre ricos y pobres,
gracias sobre todo a la explotación de los países capitalistas
desarrollados. Añádase a esta situación el decisivo retorno al capitalismo
del arrepentido bloque del Este. Causa estremecimiento imaginar cuánta
sangre se sorberá aún de las ya debilitadas y anémicas naciones del Tercer
Mundo. Parecería que los vampiros del capitalismo necesitan aún más sangre
para beber.
Es
evidente que se ha terminado la era de la confrontación entre las dos
principales filosofías económicas contrarias del capitalismo y el
socialismo científico. El sistema económico basado en el
Marxismo-Leninismo se ha sometido a la escena de los asuntos humanos. Por
otro lado, la así llamada economía "libre" de occidente aparece exultante
ante su aparente victoria. Salvo China, los países del bloque del Este aún
siguen luchando para mitigar las miserias de las multitudes pobres de sus
países respectivos en el despertar de su nueva hallada libertad.
El desfase
económico entre el Este y el Oeste no es tan grande como entre el Norte y
el Sur. Los países desarrollados del Norte se hallan divididos en otro
plano distinto al de los países de Tercer Mundo de África y Sudamérica.
Aunque en términos de disparidad económica, el desfase entre el
Norteamérica y Sudamérica es sin duda doloroso, no se aproxima en absoluto
al abismo entre Europa y África. África, tan cercana en distancia a
Europa, en términos de disparidad económica, es, sin duda, la más apartada
de este continente.
El sentimiento de
seguridad que los países más débiles del mundo experimentaban
anteriormente a causa de las rivalidades entre las superpotencias, así
como la posibilidad de que las naciones pobres se beneficien del
descongelamiento de la guerra fría se desvanecerá rápidamente. Aún ha de
producirse una mayor y más seria competición entre EE.UU., Rusia y el
resto de Europa para conquistar, monopolizar y asegurar los mercados de
las naciones del Tercer Mundo.
Japón ya no seguirá
siendo el único rival serio de América. Una nueva Europa que emerge del
rápido crecimiento de la Comunidad Europea y la probable participación de
la Europa del Este en un mercado común de mayor escala, plantearán una
competición mucho más grande a Norteamérica que los Estados rivales de
Europa.
Los desbordantes
millones de habitantes de Europa del Este y Rusia anhelan y sienten la
apremiante necesidad de elevar su nivel de vida. La simple rehabilitación
de un mercado cerrado no será suficiente para satisfacer las necesidades
de este gran sistema, que seguirá creciendo con el paso del tiempo. La
apremiante necesidad de mercados exteriores para mantener los estándares
de vida crecientes de Europa del Este y Rusia puede ser satisfecha por la
CEE, América y Japón. Esto ofrece poca esperanza para los países del
Tercer Mundo (más bien un oscuro presagio para el Tercer Mundo) y mucho
menos para los pueblos menos favorecidos de África.
Los políticos de
las naciones del mundo desarrollado económica y políticamente, se sienten
mucho más preocupados por la revolución económica capitalista que se está
produciendo en el lejano Oriente: Japón, Corea del Sur, Formosa, Hong Kong
y Singapur. Parece que se están acortando las distancias entre el lejano
Oriente y el Occidente creando un puente por encima de las cabezas de los
numerosos países asiáticos menos afortunados: Indonesia, Malasia, Camboya,
Tailandia, Birmania, Bangla Desh, India, Sri Lanka y Pakistán.
También
es posible que para afrontar el creciente desafío del gigantesco
crecimiento económico del Japón y poder controlar su economía en rápida
expansión, otros países del lejano Oriente no sigan siendo los
beneficiarios de las inversiones y capital americano. Por otro lado,
también es posible que Norteamérica se apoye más aún en sus aliados del
lejano Oriente para afrontar los nuevos desafíos asociados de Japón y de
una Europa económicamente mucho mayor y unida. Esto no augura nada bueno
para el futuro de la humanidad y puede, finalmente, hacer añicos las
esperanzas de paz en un plano totalmente diferente al de las rivalidades
ideológicas entre el capitalismo y el comunismo.
Aún es
prematuro predecir cómo pueden influir los cambios en la Europa del Este y
Rusia en el equilibrio económico del mundo, si su vuelta al capitalismo
sería completa o parcial, lenta o rápida. Ocurra lo que ocurra, una cosa
es cierta, y es que estos cambios influirán de forma más adversa en las
economías del Tercer Mundo.
Tal
estado de cosas no puede durar indefinidamente. El mundo se dirige ya
hacia una catástrofe mundial.
El
Islam tiene una palabra de advertencia para las eufóricas naciones
capitalistas de hoy día, fundadas sobre los cimientos del interés y la
usura: Están destinadas finalmente a hundirse y a hacerse añicos. La así
denominada victoria reciente del capitalismo sobre el socialismo sólo
proporcionará una paz transitoria. Las filosofías capitalistas darán
origen por sí solas a poderosos demonios que crecerán rápidamente hasta
asumir un tamaño gigantesco, en ausencia de rivales por parte del
socialismo. El volcán del capitalismo entrará finalmente en erupción con
tanta fuerza, que estremecerá, sacudirá y convulsionará al mundo entero.
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EL SISTEMA ECONÓMICO
ISLÁMICO
Al
igual que con el sistema social que propugna el Islam, el sistema
económico islámico comienza con la premisa de que todo cuanto se halla en
los cielos y en la tierra ha sido creado por Dios, Quien ha proporcionado
al hombre diversas provisiones en custodia. Como depositario, el hombre
deberá dar cuenta de su responsabilidad respecto a lo custodiado. La
posesión o ausencia de riqueza son medios de prueba, de forma que, tanto
en la abundancia como en la adversidad, los que están atentos a su
responsabilidad se puedan distinguir de los que se muestran insensibles y
no ponen atención al sufrimiento del resto de la humanidad.
El Sagrado Corán
nos recuerda constantemente:
A Al-lah pertenece el Reino de los cielos
y la tierra; y Al-lah tiene poder sobre todas las cosas. (C. 3 Al-Imran:
190)
Después
enseña que si todo ha sido creado por Dios para todos, algo de ello
debería ser compartido por el hombre.
Tienen acaso parte en el Reino? Aunque la tuvieran, no darían a los
hombres ni siquiera lo que cabe en el pequeño hueco del hueso de un dátil (C.
4. Al-Nisá: 54)
Y Al-lah ha favorecido a algunos de vosotros
sobre los demás en cuanto a provisiones mundanas. Pero los más favorecidos no devolverán parte alguna
de sus provisiones mundanas a los que están bajo su control, para
que los compartan a partes iguales. Denegarán pues la gracia de
Al-lah?" (C. 16: Al-Nahl: 72).
Al
hombre le incumbe cumplir su responsabilidad honesta y equitativamente:
En verdad, Al-lah os ordena devolver lo
depositado a sus propietarios y que, cuando juzguéis entre hombres, lo
hagáis con justicia. Ciertamente es excelente aquello a lo que Al-lah os
exhorta! Al-lah es Quien todo lo oye y todo lo ve. (C. 4: Al Nisá: 59).
El
hecho de que la riqueza material sea un motivo de prueba se expresa en el
Santo Corán de esta forma:
Ciertamente vuestra riqueza y vuestros
hijos son una tentación; mas con Al-lah os espera una inmensa recompensa. (C. 64: Al-Taghabun: 16).
Un
matiz importante sobre la posesión, según el Islam, es que existen
determinados recursos que han de ser confiscados de la propiedad
individual y colocados en las manos de toda la humanidad. Así, los
recursos minerales y el producto de los mares y océanos no son de la
exclusiva propiedad de ningún individuo o grupo de gente.
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EL ZAKAT
El
Zakat es uno de los cinco pilares del Islam, siendo los otros la
afirmación de que no hay más Dios que Al-lah y que Mohammadsaw es Su Mensajero; la Oración; el ayuno durante el mes de Ramadán y la
Peregrinación a la Casa de Al-lah en la Meca. Por ejemplo, el Santo Corán
ordena:
Cumplid la Oración, dad el Zakat y
obedeced al Mensajero, para que se os muestre misericordia. (C. 24: Al-Nur:
57)
La
palabra árabe Zakat significa literalmente medio de purificación, y en el
contexto de un tributo obligatorio significaría que la riqueza residual,
tras la deducción del Zakat, se ha hecho pura y legal para los creyentes.
Se
suele exigir un 2,5% de los bienes disponibles -por encima de unas cotas
específicas- que hayan permanecido en manos de los propietarios durante
más de un año. Aunque se ha hablado mucho sobre la tasa o el porcentaje de
este impuesto, no se encuentra ninguna referencia sobre algún porcentaje
fijo en el Santo Corán. En este sentido, insisto en diferir del punto de
vista dogmático de los eruditos medievales. Creo que la cuestión del
porcentaje permanece flexible y se ha de determinar de acuerdo con el
estado de la economía de cada nación en particular.
Al ser
el Zakat un tributo impuesto sobre el capital a partir de ciertos límites,
sólo puede utilizarse para determinada clase de gastos. Estos se desglosan
en el siguiente versículo del Santo Corán:
Las limosnas son únicamente para los
pobres y necesitados, para los empleados en relación con su recaudación y distribución y para aquellos cuyos corazones deban
reconciliarse, para la liberación de los esclavos, para los que
tienen la carga de deudas, para los que se esfuerzan en la
causa de Al-lah y para los viajeros. He aquí una orden de Al-lah.
Pues Al-lah es el Omnisciente, Sabio. (C. 9: Al-Tauba: 60)
El
Tesoro se encarga de la administración de esta orden. En la primera época
del Islam, Hazrat Abu Bakr y Umar, los dos primeros califas, fueron
célebres por asegurar personalmente el rápido desembolso de limosnas en lo
que se conoció como el primer Estado del bienestar. Este sistema se
mantuvo con gran éxito, durante siglos, a lo largo del período abasida.
Como se
ha explicado anteriormente, la fuerza motriz del interés se sustituye por
la fuerza impulsora del Zakat. Si se examina este sistema en
funcionamiento, salen a la luz muchas otras diferencias entre el orden
económico islámico y otros sistemas económicos. Emergen los rasgos de una
economía completamente diferente.
No es
posible que perdure durante mucho tiempo ninguna cantidad de dinero
inactivo, ya sea grande o pequeña, si no se multiplica con más rapidez que
el tipo al que está gravado. Precisamente de esta forma impulsa el Zakat
la economía en un Estado islámico verdadero.
Imaginemos una situación en la que una persona con un pequeño capital no
es capaz de participar directamente en un negocio y no hubieran bancos
para pagarle con interés su depósito. Si el depósito es lo
suficientemente grande para ser gravado por el Zakat, los recaudadores
de impuestos llamarían a su puerta cada año para obtener un porcentaje de
su capital. El Zakat no tiene unos límites prescritos. Estas personas sólo
tienen dos alternativas; o bien emplear personalmente su dinero de forma
rentable o asociar sus recursos para establecer empresas pequeñas o
medianas.
Esto
promueve la creación de sociedades anónimas y otras asociaciones, la
formación de pequeñas sociedades o de acciones públicas en grandes
sociedades. Tales sociedades no deberán nada a ninguna institución
financiera a la que tengan que liquidar deudas con interés.
Hipotéticamente, si se compara la suerte de tales sociedades con sus
equivalentes en las economías capitalistas, los encontraremos situados
en plataformas totalmente diferentes durante períodos de desgracia y
crisis. En el caso del comercio y la industria enfrentados a una recesión
en el contexto de una economía capitalista, la reducción de la producción
debida a una demanda decreciente puede empujarlos al borde de la
bancarrota. El interés que han de pagar para cubrir sus deudas seguirá
aumentando implacablemente hasta el punto de que a tales compañías ya no
les sea posible seguir a flote.
Por el
contrario, si la economía se rige por los principios islámicos, una caída
en el negocio y en las oportunidades comerciales sólo conducirá al
comercio y la industria a un estado de hibernación. Así es como la
naturaleza asegura la supervivencia de los mejor dotados en tiempos de
extrema dificultad y adversidad. Cuando disminuye la entrada de energía,
el rendimiento debe reducirse para que la energía no descienda por debajo
del nivel crítico necesario para la supervivencia. Como en un sistema
financiero islámico no existe ninguna presión implacable sobre la deuda,
puede resistir mucha más presión y desafíos durante una recesión.
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LA
PROHIBICIÓN DEL INTERÉS
El
sistema económico islámico se rige por una total ausencia del factor
interés. Sin embargo, no existe evidencia histórica o actual que sugiera
que, a consecuencia de la supresión del interés, el demonio de la
inflación se haya disparado y los precios hayan subido vertiginosamente
sin control alguno. En los tiempos actuales tenemos una oportunidad muy
interesante de hacer comparaciones respecto a la influencia de las tasas
de interés, o de su ausencia, en la inflación.
El
Gobierno de China en la era de Mao Tse Tsung realizó diversos experimentos
con la economía. Algunos fracasaron. Otros produjeron resultados
excelentes. Pero durante todo el gobierno de Mao, no se permitió que el
interés jugara papel alguno, ni a nivel doméstico ni a nivel
internacional. A pesar de todo, a lo largo de ese período, no hubo un
aumento destacado en la inflación. De hecho, cuando finalmente aumentó el
nivel de producción global, los precios comenzaron a experimentar una
caída.
Comparado con esto, en el Estado de Israel, posiblemente la nación más
capitalista del mundo, la tasa de inflación se ha situado entre las más
altas registradas en todo mundo excepto, por supuesto, en los países
latinoamericanos y en el excepcional período de inflación de la
post-guerra en Europa, especialmente en Alemania. Pero entonces no eran
días normales. Siendo iguales las demás cosas, el papel del interés en una
economía no puede describirse más que como inflaccionario.
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TIPOS DE INTERÉS EN
GRAN BRETAÑA
El
acalorado debate actual en Gran Bretaña respecto a los pros y contras de
los altos tipos de interés ofrece un ejemplo interesante para el estudio.
Desde hace bastante tiempo ya, el gobierno conservador ha mantenido los
tipos de interés precariamente altos con el único propósito declarado de
frenar el consumo privado y suprimir de esta forma la inflación. La
economía ya está crujiendo y lamentándose bajo las tensiones que ha
causado esta política.
Se
pueden extraer muchas lecciones de este estudio. Entre otras cosas,
presenta un caso típico de decisiones económicas muy poderosas adoptadas
sobre la base de una teoría que es discutible.
La
noción de que cuanto más se eleven los tipos de interés más se reducirá la
inflación parece ser la única razón que justifica el mantenimiento de los
tipos de interés a un nivel anormalmente alto durante tanto tiempo.
Respecto a lo que está ocurriendo en Gran Bretaña, el tipo de interés
nunca ha sido el verdadero culpable de la tendencia inflacionaria. Ha
debido existir una mala administración en diversas áreas de la economía y
una política económica globalmente defectuosa que ha dado lugar a las
tasas de inflación relativamente altas de la época actual. El incremento
de los tipos de interés sólo ha servido para desviar la atención de las
causas reales cómo fácil chivo expiatorio. Esta estrategia puede tener un
cierto éxito en la lucha contra la inflación en un principio, pero ha
puesto en marcha factores poderosos que producirán efectos secundarios. La
nación se verá empujada hacia un incontrolable estado de recesión,
incrementándose el desempleo.
Es
imposible creer que los expertos del gobierno Conservador no atiendan los
consejos de destacados economistas, expertos financieros, banqueros
centrales y otros especialistas. Debe haber alguna otra razón para este
retraso deliberado en la reducción de los tipos de interés que el falso
pretexto de que, para la supervivencia de la economía nacional, es
esencial reducir la tendencia inflacionaria con el mantenimiento de los
altos tipos. Cabría la posibilidad de que el momento de bajar los tipos
de interés no sea ahora interesante desde el punto de vista político para
el gobierno actual? Posiblemente si se retrasara hasta las próximas
elecciones generales, el alivio inmediato que experimentarían todos los
sectores por el recorte, supondría una ventaja política para los
conservadores. Si esto se llevara a efecto demasiado pronto, los efectos
secundarios a los que he aludido antes comenzarían a manifestarse y a
contrarrestar cualquier beneficio del alivio temporal producido por esta
bajada de los tipos de interés.
Algunos
de los factores que pueden desencadenar este indeseable fenómeno son los
siguientes:
a) El
alto tipo de interés no sólo ahoga el poder adquisitivo del público en
general sino que también ha comprimido la vena yugular de la industria.
b) Sin
duda ya ha lastimado a un amplio sector de los británicos en su lucha por
las necesidades básicas de la existencia. Los que han pedido grandes
cantidades de dinero prestado para obtener un techo, lo han calculado
cuidadosamente antes de pedir una hipoteca. Han tenido que apretarse
fuertemente el cinturón para afrontar su presupuesto diario así como para
hacer frente a los nuevos pagos de las hipotecas. Ya de antemano habían
restringido todo tipo de gasto innecesario e imprudente. Tenían en todo
caso, escasa libertad de acción para hacerlo. Este sector de la sociedad
británica no era ciertamente responsable de las tendencias inflacionarias,
pero, irónicamente, es el sector más severamente castigado por las
denominadas medidas gubernamentales anti-inflación, supuestamente
encaminadas a bajar los precios para beneficio público. Mientras tanto, el
precio de sus viviendas ha comenzado a caer en picado, y se encuentran
ante el irresoluble dilema de no poder atender pagos más elevados ni
encontrar compradores para sus propiedades.
c) La
inflación es un fenómeno complejo. No es el propósito de esta conferencia
dedicar un tiempo innecesariamente extenso a este tema; sin embargo, por
ciertas razones que posteriormente se harán aparentes, ruego a la
audiencia me permita comentarlo un poco más.
La bola
de la inflación puede hacerse rodar, entre otras varias maneras, cuando
una cantidad de dinero excesivo en manos del comprador hace aumentar
artificialmente la demanda, mientras el suministro de bienes permanece en
niveles bajos. Demasiado dinero para demasiadas pocas mercancías. Hay
mucho para comprar y poco para comprarse. No obstante, quizá, en el caso
de la economía británica, no era esta la situación existente. La mayor
parte del volumen del dinero en circulación estaba sosteniendo la
industria británica, incrementando el consumo en el mercado doméstico.
Junto a esto, existía el efecto del recorte de los impuestos y una tasa de
cambio moderada de la libra esterlina en los mercados internacionales,
que atraía a los compradores extranjeros hacia los productos
manufacturados en Gran Bretaña, para provecho de la industria británica
que ya estaba siendo apoyada por el mercado nacional en expansión.
El
resultado más lógico debería haber sido una caída en los precios de los
productos manufacturados. El aumento de la producción debería haber
absorbido los gastos fijos, dejando sólo costos marginales que podrían ser
soportados por los precios de fábrica de tales productos. Incluso un
margen de beneficio mayor debería dejar a los fabricantes con suficiente
margen para reducir los precios.
Los tipos
de interés altos mantenidos han invertido ese crecimiento natural de la
economía británica, con funestas consecuencias para el futuro. Mientras
tanto, los mercados extranjeros que se escaparon de sus manos, serán
difíciles de recuperar.
d) Los
cambios en Europa están condicionando una transfusión de más sangre a la
ya robusta economía de Alemania Occidental, o quizá deberíamos decir
Alemania. Los efectos secundarios negativos enumerados antes auguran malos
presagios para la economía británica.
El
gobierno actual puede, sin éxito, manipular la elección del momento de la
necesaria bajada de los tipos de interés, pero el siguiente gobierno, si
es Conservador, va a heredar problemas colosales del actual gobierno de su
propio partido.
La
conclusión que surge de todo lo anterior constituye una lección importante
para todos los que en el mundo diseñan la política. El interés, como
instrumento de control de las economías nacionales, interfiere con el
concepto mismo de la economía de libre mercado. Ninguna economía basada en
la filosofía del capital-relacionado-con-el-interés puede ser declarada
auténticamente libre, mientras su gobierno tenga el poder de subir o bajar
los tipos de interés.
El
sistema económico islámico no proporciona tal medio de explotación al
gobierno.
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OTROS MALES DEL INTERÉS
Quizá
no esté fuera de lugar mencionar algunos otros aspectos del interés. La
tasa de interés interbancario sólo se paga por los depósitos mayores y no
por las cuentas de ahorro del cuentacorrentista ordinario. A pesar del
efecto compuesto del interés, la ganancia obtenida con un depósito pequeño
está muy por debajo del valor real de compra del dinero. Aunque los tipos
a corto plazo fluctúan; a largo plazo, el interés ganado por los depósitos
está por debajo de la tasa de inflación. Por otro lado, una cantidad
similar invertida en ciertos negocios de empresa posee la potencialidad
de crecer en términos reales.
En una
sociedad motivada por el interés, los que poseen el capital están
dispuestos a prestar dinero sin investigar la capacidad del que pide
prestado para devolverlo. Por parte de quienes piden prestado, son pocos
los que consideran seriamente su capacidad de reembolso. Conocen bien poco
que pedir créditos a los tiburones prestamistas, como los Shylock y bancos
y entidades de prestigio, equivale a pedir prestado de sus propios
ingresos futuros. Ello alienta el hábito de vivir por encima de los
propios recursos, y resulta, finalmente, en un gasto excesivo y una
incapacidad progresiva para liquidar y honrar las propias promesas. Tales
sociedades proporcionan un estímulo irreal a la producción para cumplir
las exigencias del consumo.
Este
aspecto negativo de las economías dirigidas por el interés, merece la pena
que sea comentado y aclarado.
En una
sociedad donde “mantenerse a la altura de los Pérez” se convierte en una
obsesión, dicha obsesión es incitada en gran medida por los anuncios y
propaganda de los últimos modelos de esto y de aquello. Se introduce al
público en general al modo de vida lujoso de los ricos, mostrándoles el
último diseño en mobiliario y chales exuberantes, acondicionados con las
cocinas y cuartos de baño más modernos y todo tipo de servicios.
A
quienes poseen escasos medios para comprar lo que anhelan, se les engatusa
con el falso dinero de plástico para satisfacer sus caprichos. Desde
luego, significa que han de comprar por encima de su nivel de ingresos. Si
hubieran de rembolsar el dinero, aún sin interés, equivaldría a
incrementar su capacidad de compra en el presente al costo de reducirla en
el futuro.
Si una
persona gana 100.000 Pts. al mes y sale a comprar artículos caros con
ayuda de dinero prestado, digamos que por una cantidad de 4.000.000
pesetas, su capacidad de reintegro vendrá determinada por sus ahorros
netos cada mes. Imaginemos que pueda llegar a final de mes con 60.000
Pts., lo que le permitiría ahorrar 40.000 Pts/mes. Tendría que vivir con
ese presupuesto ajustado los siguientes 100 meses para reintegrar el
préstamo que adquirió para hacer frente al alegre gasto de 4.000.000 Pts.,
sin intereses. Lo que ha hecho, por tanto, es pedir dinero prestado a
costa de sus 100 futuros meses (8 años y cuatro meses) para gastarlo al
principio de ese período. La única ventaja que ha obtenido es que ha
saciado su impaciencia y satisfecho su deseo, en lugar de esperar ocho
años y pico.
Pero si
ha de pagar además intereses sobre su préstamo de 4 millones de pesetas,
su situación económica será mucho peor de la comentada en el ejemplo
anterior. A una tasa media de, por ejemplo, el 14 por ciento, el
empréstito sobre sus futuras ganancias será mucho más grande que el dinero
real que pidió prestado. Se reducirá su capacidad de reintegro y se
alargará el período de reembolso en un grado importante. Esta persona
habrá de sufrir pacientemente unos veinte años como castigo a su
impaciencia, considerando que estuviera pagando 50.000 Pts. al mes, es
decir, una cantidad total de 12.000.000 de pesetas, que comprendería el
préstamo más el interés compuesto.
La
pérdida afecta ciertamente al que pide prestado y no al prestamista. El
prestamista forma parte de un sistema muy poderoso de explotación que
garantiza, teniendo en cuenta la inflación y otras pérdidas, que el
prestamista acaba siempre con mayor cantidad de dinero en su bolsillo.
Con la
inflación, la situación del que pide el préstamo en cuestión, empeora
notablemente. Su capacidad de compra continúa decreciendo, de forma que,
si le resultaba difícil vivir con 60.000 Pts., le acaba resultando
imposible hacer frente a los gastos cotidianos, con la misma cantidad, a
medida que pasa el tiempo. Por supuesto, hay algunos pocos afortunados que
reciben incrementos anuales similares a la tasa de inflación.
Para
agravar más aún la situación, en las sociedades donde la gente se preocupa
fundamentalmente de la búsqueda del placer, es imposible que se
auto-impongan la espera de un largo período de verdadera austeridad tras
ciertos períodos de gastos imprudentes. Se pide más dinero prestado,
temerariamente, y se extiende el gasto por encima de los ingresos. De
hecho, décadas de futuros ingresos, sometidos a progresivos pagos de
deudas y problemas parejos quedan comprometidas a los bancos prestamistas
e instituciones financieras.
Estas
economías, en su conjunto, avanzan inevitablemente hacia una crisis mayor.
No se puede empeñar indefinidamente el futuro de una persona sin alcanzar
antes el precipicio de la crisis financiera que surge de un gasto
irresponsable, el cual, a su vez, hace aumentar la tasa de inflación.
Combatir la inflación elevando los tipos de interés, con la esperanza de
disminuir la cantidad de dinero disponible para el gasto, desencadena,
inevitablemente, una cadena de sucesos que culminan en la recesión
económica.
Esto es
bastante malo a escala nacional, pero cuando los mismos factores provocan
una recesión en la mayor parte de los países del mundo, la recesión
mundial se asoma al mundo en gran escala. Estas recesiones globales labran
el camino para guerras mundiales y catástrofes gigantes.
Aumentan las liquidaciones y las quiebras. El comercio y los negocios
entran en abatimiento. Comienza a dispararse el índice de desempleo. El
comercio inmobiliario se colapsa. La frustración global resultante, en
todas las áreas, se hace cómplice de la falta de hogares, la carencia, el
fraude y el crimen. Si todo esto acontece, no debería sorprender a nadie,
y menos aún a los sólidos defensores del capitalismo.
En la
economía capitalista la situación no se limita a financiar a los
individuos particulares por encima de sus posibilidades de reembolso. De
hecho, se arriesga el futuro de toda la industria al costo de ciertas
ganancias temporales. Inicialmente, desde luego, la industria del país se
beneficia en gran medida. Se ayuda a bajar los precios de los bienes
producidos en el país. La transferencia de dinero a un individuo no sólo
estimula su capacidad de compra sino que también tiene un impacto sobre la
productividad de la industria nacional. El aumento de la demanda se sigue
de una mayor producción, y con el aumento de la producción se consiguen
costes más bajos. Ello proporciona a la industria nacional una baza
competitiva en los mercados internacionales. Todo parece de color de rosa.
Después viene la resaca.
Cuando,
a causa de la impaciencia y el gasto excesivo, por encima de su capacidad,
la sociedad entera se encuentra profundamente endeudada con los bancos,
la capacidad adquisitiva de toda la sociedad llega al fin de sus
posibilidades. La industria no tiene otra alternativa que buscar mercados
extranjeros más grandes para permanecer a flote y mantener la competencia.
Cuanto más pequeña es la base económica del país, más pronto llega al
final del callejón sin salida. Cuanto más grande es la base económica, más
largo será el período en que finalmente se den cuenta de la inevitable
crisis.
Veamos
como funcionan las cosas en Estados Unidos. Se trata, sin duda, del país
con el mercado doméstico más grande en apoyo de su industria, hasta el
punto de que algunos economistas sostienen que aunque América fuera
expulsada de la comunidad internacional, la amplia base de su mercado
doméstico garantizaría la supervivencia de su industria. Sin embargo,
tales economistas no tienen en cuenta otros factores asociados. Si se
aplicara, por ejemplo, el caso discutido anteriormente, al escenario
americano, quedaría evidente que no habría otra conclusión lógica distinta
a la antes descrita. Sólo es cuestión de tiempo. Con un déficit publico
enorme y trillones de dólares de deuda externa, los Estados Unidos han
gastado en exceso y el público americano se encuentra con su futuro
hipotecado bajo el peso de una gran deuda. La capacidad adquisitiva de
toda la nación está destinada a disminuir notablemente o, de lo
contrario, las entidades prestatarias habrán de ir a la quiebra. Sólo es
una cuestión de tamaño. Pero las leyes inevitables de la naturaleza operan
y se aplican por igual a todas las situaciones semejantes.
En el
verano, las piscinas y los estanques se calientan rápidamente, mientras
que a los lagos les lleva más tiempo. Igualmente, los mares más pequeños
se calientan antes que los grandes, aunque todos siguen la misma suerte.
Le cuesta tanto calentarse al Océano Pacífico, que cuando llega a esta
situación, el invierno se ha establecido en la mayor parte de los países
que bordean esta masa gigante de agua. Por ello su clima es más moderado
que el de la tierra que bordea los pequeños océanos.
Así
ocurre también con los océanos de la economía. La filosofía de gastar a
base de dinero prestado es tan torcida, que es una locura esperar
resultados honrados e inmediatos.
Otro
factor importante ha de ser tenido en cuenta. Cuando la industria y la
economía nacional llegan al punto de la asfixia, las naciones más pobres y
menos desarrolladas se enfrentan a un peligro cada vez mayor de sufrir las
consecuencias derivadas de la situación explosiva de las naciones
avanzadas.
Esta
comienza por la urgencia progresiva de los líderes políticos por vender
mayor cantidad de bienes a los mercados, y así salvar a la industria de la
ralentización y mantener el nivel de vida de sus ciudadanos. El problema
que afrontan es doble:
a) La
gente está acostumbrada a las
modernas comodidades ; y,
b) Por
su propia supervivencia, la industria continúa apasionándolos con nuevos
inventos y aparatos que llevan el placer y el confort a sus hogares.
Ningún
político o gobernante puede sobrevivir a la presión de un público que
continúa exigiendo niveles de vida más altos. La economía debe ser
mantenida a flote a cualquier coste.
Obviamente, los países del Tercer Mundo han de ser sangrados aún más para
mantener artificialmente alto el nivel de vida en los países más
avanzados. Por qué no hablar del nuevo desafío de las economías
reformadas de Rusia y Europa Oriental y de la necesidad creciente de
mercados extranjeros para los nuevos Estados capitalistas surgidos del
antiguo mundo comunista?. Asimismo, Por qué no hablar de los estragos que
los medios de comunicación occidentales están causando al jugar con los
deseos y ambiciones de los pobres e indigentes pertenecientes a las
naciones socialistas y del Tercer Mundo? Todos estos factores unidos no
cambiarán para mejor la faz de la tierra.
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EL
INTERÉS COMO UNA AMENAZA PARA LA PAZ
Esta es
la severa advertencia transmitida a la humanidad hace 1400 años por el
Santo Corán con respecto al holocausto en el que finalmente se vería
envuelta la humanidad debido a las economías basadas en el interés.
Los que comen del interés no se levantarán, sino como se levanta el que ha
sido derribado por Satanás con la locura. Esto es porque dicen: "El
comercio es como la usura"; cuando Al-lah ha hecho lícito el comercio e
ilícito el interés. Así pues, a quién le llega la advertencia de su Señor
y desiste, será suyo lo que recibió en el pasado; y su caso está en manos
de Al-lah. Pero los que vuelvan a esta práctica,
serán los moradores del Fuego; allí habitarán. Al-lah eliminará el interés
y hará que aumente la caridad. Y Al-lah no ama a quién es un incrédulo y
un pecador declarado. En verdad, los que creen y hacen buenas obras,
cumplen la Oración y pagan el Zakat, tendrán su recompensa de su Señor y
no les sobrecogerá ningún temor, ni serán afligidos. Oh creyentes! Temed
a Al-lah y abandonad lo que os quede de interés, si es que creéis. Pero si
no lo hacéis, entonces esperad la guerra de Al-lah y Su Mensajero; pero si
os arrepentís, tendréis vuestras sumas originales; así no perjudicaréis
ni seréis perjudicados. Y si cualquier deudor se encuentra en
dificultades, concededle un plazo hasta que vengan tiempos mejores. Y si
se lo perdonáis como limosna será mejor para vosotros, si supierais!"
(Capítulo 2. Al-Baqarah: 278-281)
La
advertencia sobre una guerra declarada por Dios, mencionada en los
versículos citados, significa que las leyes de la naturaleza gobernada por
Dios comenzarían a castigar a la sociedad capitalista cuando los factores
comentados anteriormente, condujeran finalmente al hombre al
desequilibrio económico y a la guerra. Desórdenes, disturbios y guerras
siguen siempre a la explotación y usurpación de los derechos del pobre. "Pero si no lo hacéis, esperad la guerra de Al-lah y Su Mensajero..." significa que el Estado que crece sobre el interés, acaba inevitablemente
en una situación en la que las naciones levantan las armas unas contra
otras.
El
tiempo no me permite comentar este aspecto del interés. En el Santo Corán,
los versículos que prohíben el interés siempre siguen a versículos sobre
la guerra. Ello indica la relación del interés con la guerra. Quién esté
familiarizado con la historia de la Primera y la Segunda Guerra Mundial,
recordará que el capitalismo jugó un papel desastroso, no sólo siendo el
causante, sino también prolongando estas guerras.
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PROHIBICIÓN DE LA ACUMULACIÓN DE RIQUEZA
El
Islam rechaza cualquier tipo de explotación e injusticia, como la
acumulación de riqueza, capital, mercancías y provisiones que ponen en una
espiral a los precios y acaban en una inflacción general. El Santo Corán
expone:
"Oh vosotros los que creéis! En verdad,
muchos de los sacerdotes y monjes devoran las riquezas de los hombres con
medios falsos y apartan a los hombres del camino de Al-lah. Pero a quienes
atesoran el oro y la plata y no lo emplean en el camino de Al-lah, dales
la noticia de un doloroso castigo. En el día en que se calentará el fuego
del Infierno, y sus frentes, sus costados y sus espaldas sean marcados con
ello, diciéndoseles: "Esto es lo que atesorasteis para vosotros; probad ahora
lo que habéis amontonado." (Capítulo 9. Al-Taubah: 34-35)
Por
otro lado, el Islam concede libertad a cada individuo para obtener dinero
de forma lícita, dentro del código islámico de conducta económica. De este
modo, se contempla la libertad y los derechos de los individuos a poseer
propiedades y establecer empresas privadas.
Al
diseñar las economías de sus respectivos países, el foco de atención de la
mayoría de los gobiernos se centra en la forma en que los ciudadanos
consiguen su sustento. Se exigen impuestos sobre el saldo facturado, los
beneficios del negocio y del comercio y el sueldo de los empleados.
Conseguido esto, se produce una escasa interferencia en los aspectos
financieros del individuo. En general, el interés nacional se centra en
los ingresos, y no tiene interés para la mayoría de los Estados saber cómo
y en qué gasta cada individuo sus ganancias o sus ahorros. Si así lo
desea, un individuo puede arrojar sus ingresos o su riqueza a una
alcantarilla. Puede llevar un estilo de vida de extravagancia o derroche,
o, a pesar de su riqueza, si así lo desea, vivir con dureza. No es asunto
del Estado interferir en la forma en que cada uno pretende gastar o
emplear su dinero.
Sin
embargo, ésta es un área donde sí interviene la religión, y, mediante la
amonestación o el consejo, no sólo inculca a las personas cómo deberían
ganar el pan de cada día, si no que también les guía en cómo se debe
gastar o no lo que han ganado. La mayoría de los mandamientos que se
refieren al desembolso, son normas elementales morales y espirituales. Por
ejemplo, cuando el Islam prohíbe gastar en bebidas alcohólicas, en los
juegos de azar y en la persecución de distintos tipos de placer, aunque
tales mandamientos no pretendan conformar directamente un presupuesto de
gastos, son un derivado de las enseñanzas morales y espirituales de una
religión. En las economías capitalistas, estos mandatos se consideran una
injerencia en la intimidad y una interferencia en los derechos del
individuo para gastar como él o ella deseen. Pero esta actitud no es nueva
en el hombre.
Según
el Santo Corán, pueblos y civilizaciones anteriores mostraron exactamente
la misma actitud hacia la religión, que terminaba, a veces, en un debate
sobre la justificación de las religiones para inmiscuirse en los asuntos
personales de cada cual. Cuando Shuaib(as), un antiguo profeta, intentó
educar al pueblo de Midian sobre cómo gastar de la mejor forma su riqueza
y de qué debían abstenerse, fue reprendido por sus
gentes:
"Respondieron: "Oh Shu´aib, te ordena por ventura tu
Oración que abandonemos lo que adoraron nuestros padres, ó que dejemos de
hacer con nuestros bienes lo que nos plazca? En verdad, eres muy
inteligente y recto." (C. 11: Hud: 88)
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UN MODO DE VIDA SENCILLO
El
Islam aboga por un estilo sencillo de vida. Prohíbe el derroche y anima al
gasto:
"Y no retengas por avaricia haciéndote así culpable, ni abras totalmente
la mano, para que no seas censurado ni arruinado." (C. 17: Bani Isra´il:
30)
"Y dale al pariente lo que se le debe, así
como al menesteroso y al viajero, y no malgastes tus bienes con
derroche. En verdad, los derrochadores son hermanos de los satanes, Y
Satanás es desagradecido con su Señor." (C. 17: Bani Isra´il: 27:28)
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GASTO EN LA CEREMONIA MATRIMONIAL
La
costumbre de las ceremonias matrimoniales entre familias ricas y pobres
pueden ser un área susceptible que puede acarrear terribles angustias y
aflicciones a padres pobres con hijas en edad de casarse.
Las
esplendorosas recepciones de boda, con gran exhibición de pompa, opulencia
y ostentación están rotundamente condenadas en el Islam. Observamos de
hecho en los albores de la historia del Islam, que las ceremonias de boda
eran tan sencillas, que parecían acontecimientos sin color a los ojos de
muchos. Aunque influenciados por las costumbres y las tradiciones de las
sociedades de los alrededores, se incorporaron muchas innovaciones y mala
práctica en los estilos de bodas de los ricos, la forma ceremonial básica
permanece exactamente igual: natural, sencilla y económica, tanto para el
rico como para el pobre.
El
anuncio del matrimonio, -el NIKAH-, se pronuncia principalmente en las
mezquitas, en presencia de todos sin excepción, y donde ricos y pobres se
reúnen por igual. La mezquita es una casa de adoración y no un lugar de
exhibiciones fastuosas.
En lo
que se refiere a las fiestas de recepción y otras expresiones de alegría
afines, se advierte con firmeza a los ricos que toda fiesta en la que no
sean invitados los pobres es maldita a los ojos de Dios. De este modo,
entre los miembros ricos mejor vestidos de la sociedad, se encontrarán a
los más pobremente vestidos, mezclados libremente con los pudientes: una
gran ventana de observación y reflexión para el rico y una especial
oportunidad para el pobre de probar algunas de las exquisiteces, frutos y
platos de la gente acaudalada.
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ACEPTACIÓN DE LA
INVITACIÓN DEL MENESTEROSO
Se
aconseja con insistencia a las personas que ocupan altos cargos en el
orden social, a que acepten la invitación de los más pobres, si éstos la
extienden para que accedan a su humilde hogar. Naturalmente, no es una
obligación para el rico, que puede tener sus propios compromisos y
obligaciones ya establecidos, pero fue una constante práctica del Santo
Fundador del Islam(sa) aceptar la invitación de los más pobres. Todos los
que le aman como su Sagrado Maestro, se sienten ogullosamente influidos
por este consejo.
Aunque
en las sociedades modernas, aceptar estas invitaciones de forma
sistemática implicaría que los ricos no tuvieran tiempo para otra cosa más
que para compartir la comida con los pobres, es una práctica cuyo espíritu
puede alentarse ocasionalmente aceptando este tipo de invitaciones.
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LA MODERACIÓN EN LOS
HÁBITOS ALIMENTICIOS
"Oh hijos de Adán! Cuidad de vuestras
galas en cada momento y lugar de
adoración, y comed y bebed, pero no superéis los límites; en verdad, El no
ama a quienes superan los límites." (C. 7: Al-A´raf: 32)
El
tiempo no permite extenderme en la necesidad de hacerle la guerra al
hambre, en la que uno de los pasos importantes es prevenir el desperdicio
de los alimentos. No obstante, me referiré brevemente a este tema más
adelante.
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EL PRÉSTAMO DE DINERO
En lo
que se refiere al préstamo de dinero para cubrir las necesidades básicas
de la vida, el Islam propone firme y repetidamente que los préstamos por
estas exigencias y emergencias sean préstamos sin interés. Los que tienen
medios deben ayudar a los que necesiten asistencia financiera. Se hace
constatar igualmente con claridad, que si el deudor es incapaz de devolver
el préstamo en el tiempo acordado por encontrarse en apuros, se le debe
conceder un mayor período de gracia. Los parientes cercanos deben ayudar
al deudor. La deuda puede ser recuperada de la herencia de una persona
difunta. El Zakat puede también ser empleado para aliviar las obligaciones
financieras del que carga con la deuda. Si el rico puede extinguir la
deuda por condonación de la misma, será sin duda lo mejor a los ojos de
Dios. No obstante, el deudor que pueda permitirse devolver el préstamo,
debe cumplir con su promesa de hacerlo en los términos prefijados y
añadiendo una cantidad "ex-gratia". Esto último no es, sin embargo,
obligatorio ni predeterminado, ya que de ser así, entraría dentro de la
amplia definición del "interés". El Santo Corán enseña:
"Oh creyentes cuando os otorguéis un préstamo entre
vosotros por un período fijo, ponedlo por escrito. Y haced que un
escribano lo transcriba fielmente en vuestra presencia; y ningún
escribano deberá negarse a escribir, puesto que Al-lah le ha enseñado: por
lo tanto que escriba. Y que dicte el que incurre en responsabilidad; y
éste debe ser temeroso de Al-lah, su Señor, y no disminuir nada. Pero si
la persona que incurre en responsabilidad es de pocos conocimientos, o es
débil o incapaz de dictar, haced que lo dicte con justicia alguien que
pueda defender sus intereses. Y llamad a dos testigos de entre vuestros
hombres; y si no hay dos hombres disponibles entonces
un hombre y dos mujeres que os agraden como testigos, de manera que si una
de las mujeres yerra en la memoria, la otra pueda hacerla recordar. Y los
testigos no deben negarse cuando son llamados. Y no os sintáis molestos
por tener que escribirlo, sea pequeño o grande, junto con la fecha fijada
para la devolución. Esto es más justo a los ojos de Al-lah y hace que el
testimonio sea más seguro y os evite más probablemente las dudas; por
tanto, no dejéis de escribirlo, salvo que se trate de mercancías que
entregáis o recibís en propia mano, en cuyo caso no pecáis si no lo
escribís. Y tened testigos cuando ejerzáis la venta entre vosotros, y no
permitáis que se perjudique al escribano o al testigo. Pues si lo hacéis,
ciertamente incurriréis en desobediencia por vuestra parte. Y temed a Al-lah.
Y Al-lah os concederá el conocimiento, y Al-lah conoce perfectamente
todas las cosas. Y si estáis de viaje y no encontráis escribano, entonces
la alternativa es que toméis una prenda como posesión. Y si uno de
vosotros confía algo a otro, que el que lo haya recibido devuelva su
depósito y que tema a Al-lah, su Señor. Y no ocultéis el testimonio; y
quién lo oculte, sepa que su corazón está ciertamente lleno de pecado. Y
Al-lah sabe muy bien lo que hacéis." (C. 2: Al-Baqarah: 283-284)
Es muy importante
recordar que estos versículos han sido absolutamente mal empleados y
utilizados fuera de contexto por eruditos con mente medieval, que insisten
en que, según el Islam, el testimonio de una sola mujer no es suficiente.
Argumentan que para cada requerimiento legal, el testimonio de dos mujeres
es imprescindible en comparación con el de un hombre, cuyo único
testimonio es suficiente. Habiendo alterado por completo el sentido de
estos versículos, han conformado falsamente el papel del testimonio
masculino y femenino en la jurisprudencia islámica. Piensan que cuando el
Santo Corán requiere la presencia de un hombre como testigo, el testimonio
de dos mujeres se sustituiría por el de aquel; que donde se reclame el
testimonio de dos hombres, se solicitarían cuatro testimonios de mujeres;
y que donde son necesarios cuatro varones como testigos, ocho mujeres
serían esenciales para testificar lo mismo.
Este
concepto es tan irreal y ajeno a las enseñanzas coránicas, que uno se
enardece al apreciar semejante postura "medieval" en este importante
asunto judicial.
Se
deben observar los siguientes puntos al considerar estos versículos:
1. Los
versículos no requieren, en absoluto, a las dos mujeres para que
testifiquen.
2. El
papel de la segunda mujer está claramente especificado y se reduce a
actuar de asistente.
3. Si la segunda mujer, que no testifica, encuentra que alguna parte de la
declaración de la testigo es indicativa de que ésta no ha comprendido
correctamente el espíritu de la negociación, puede recordar y ayudar a la
testigo en la revisión de su conocimiento o refrescar su memoria.
4. La mujer que testifica está en su perfecto derecho a estar de acuerdo o
en desacuerdo con su asistente. Su testimonio permanece como un testimonio
único independiente y en el caso en que no esté de acuerdo con su
compañera, su palabra sería la última.
Después
de este inciso, volvamos al tema que nos ocupa.
Reducir
los acuerdos de los préstamos a una escritura con el deudor, dictar los
términos en presencia de testigos para la venta de los bienes, ser
totalmente honesto y sincero con Dios a la hora de cumplir las propuestas,
y que los depositarios entreguen sus depósitos honestamente, conforman los
rasgos esenciales de las obligaciones contractuales en el Islam.
Hay que
hacer constar que en una economía donde el préstamo está libre de interés,
el prestamista no ha de inundar innecesariamente la economía con
préstamos y créditos. Por tanto, el poder adquisitivo de una sociedad
permanece dentro de límites reales y en relación con el presente. La
tendencia a pedir prestado del futuro queda apartada automáticamente. La
industria fundamentada sobre esta plataforma, necesariamente será sólida
y estará preparada para sobrevivir a las vicisitudes de los avatares
económicos.
El
dinero público no circularía en las altas capas de los más adinerados,
sino que lo haría en la dirección de las capas más bajas de los humildes.
El
Islam cultiva un estilo de vida que es sencillo, y aunque hablando
estrictamente, no es austero, de ninguna forma es pomposo y manirroto
hasta el extremo de ofender a los sectores pobres, encender los corazones
y aumentar la distancia entre las dos clases de la sociedad.
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LAS DIFERENCIAS EN LAS
CLASES ECONÓMICAS
Debería
quedar aquí claro que las clases no se crean simplemente por la
acumulación de riqueza en pocas manos, sino también por la división del
capital entre propietarios y empleados, o por los hacendados y quienes
cultivan la tierra.
Hay
mucho más en la creación de una clase social. Es imposible mencionar todos
los factores y cómo estos contribuyen en conjunto e individualmente a la
creación de clases.
Un
estudio de la sociedad tradicional india proporciona un ejemplo excelente
de la existencia de una estructura de clases desarrollada tras miles de
años. La trayectoria en conjunto de esta evolución estuvo influenciada no
sólo por la distribución de riqueza, sino por factores raciales, sociales,
religiosos y políticos. Una larga historia de invasiones, contiendas
internas, luchas por la supervivencia y dominación se mantiene en el
sistema de castas de la India, que ha dado lugar a tantas clases.
Marx
tomó debida cuenta de esta situación. En una serie de cartas al Herald
Tribune de Nueva York, consideró el estado de la sociedad de la India
como una contraposición a la filosofía del socialismo científico. Concluyó
que la existencia de este sistema de castas, haría que la India fuese el
último país que aceptara el comunismo.
Desde
el punto de vista islámico, la creación de clases en una sociedad comienza
a hacer daño cuando no existe un código ético que gobierne el modo en que
el dinero deba ser gastado. Imaginemos una sociedad donde las personas
vivan una vida sencilla, sin gastos excesivos en ropas, comidas o acomodo,
y donde los contrastes en los estilos de vida no fueran muy pronunciados.
No importa tanto cuánta riqueza se haya acumulado en pocas manos; lo que
hace daño es la forma en que se gasta y no la mera acumulación de esa
riqueza en pocas manos. Comienza a molestar cuando se gasta o se derrocha
desigual o imprudentemente. Es el lujoso estilo de vida de los
adinerados y todo lo que les rodea, sus manifestaciones, ostentaciones y
fastos, observadas desde el punto de vista de los miserables y sufridos
pobres que luchan por sobrevivir, lo que hace que la distribución
desigual de riqueza comience a crear abismos insalvables entre ambos.
Por lo
tanto, el Islam no interfiere indebidamente en la libertad de cada
individuo a ganar su salario y en su derecho a ahorrarlo. Al contrario,
promueve y fomenta el sector privado más que al sector público. Establece
un código bien definido con respecto al estilo de vida, que si se siguiera
al pie de la letra, haría de la vida en conjunto un ejemplo refrescante
para todos.
Como
este aspecto de la filosofía económica islámica ha sido discutido con
anterioridad, no necesitamos profundizar más en ello.
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LA HERENCIA EN LA LEY
ISLÁMICA
La ley
islámica de la herencia también juega un papel importante en la
distribución de riqueza del fallecido a sus herederos. Una parte
determinada debe ser distribuida entre padres, esposas, hijos, parientes y
allegados. No se les puede privar de sus derechos de herencia estipulados
por Dios, a menos que exista una buena razón, y cuya validez será
determinada por los Tribunales del Estado islámico y no por los
individuos. En el mejor de los casos, una persona puede legar un máximo de
una tercera parte de sus posesiones disponibles a otra persona o a una
sociedad de su elección. (Al-Nisa: 8-13). Estas medidas previenen
efectivamente la acumulación de riqueza en muy pocas manos.
Bajo la
ley islámica de la herencia, se evitan las reglas de la primogenitura, las
relacionadas con la imparcialidad de la distribución de la hacienda o el
ilimitado poder de legado que nace del caprichoso placer del testador. La
propiedad mobiliaria e inmobiliaria es dividida continuamente tras cada
generación, y en el espacio de tres o cuatro generaciones, incluso grandes
haciendas quedan parceladas en pequeñas propiedades de forma que no se
crea una división permanente entre la gente por el monopolio de la
propiedad del terreno.
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PROHIBICIÓN DEL SOBORNO
"Y no devoréis mutuamente vuestros bienes con falsedad,
ni los ofrezcáis como soborno a las autoridades para apropiaros
conscientemente y con injusticia del dinero público." (C. 2. Al-Baqarah:
189)
De
nuevo he de omitir este aspecto, que es particularmente notable -en forma
de corrupción y soborno- en los países del Tercer Mundo, pero me referiré
a él cuando hable de la paz individual.
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ÉTICA COMERCIAL
El
Islam no está en total desacuerdo con el capitalismo, ni rechaza
categóricamente el socialismo científico, sino que conserva sus aspectos y
actitudes positivas.
Lo que
sigue son algunos ejemplos de hace 1400 años. El Islam diseñó un código de
sana ética comercial que el hombre moderno ha descubierto al final de un
difícil camino:
1- La relación comercial islámica está basada en la verdad
y la honestidad. (Al Baqarah: 283-284)
2-
El Islam prohíbe el uso de falsos pesos y el recorte en las medidas. (Al-Tatfif:
2-4)
3- Se prohíbe a los comerciantes vender
artículos o bienes defectuosos, que estén corrompidos u obsoletos. Un
comerciante no debe intentar ocultar los defectos de cualquier artículo
que ofrezca a la venta. (Muslim). Si este artículo es vendido sin
conocimiento previo del comprador, éste tiene derecho a devolverlo
cuando descubra la falta o defecto y obtener su reembolso. (Hadiz)
4- El comerciante tiene prohibido cobrar
diferentes precios a diferentes clientes, si bien tiene la posibilidad de
ofrecer descuentos de concesión a cualquier cliente. Es libre de fijar
cualquier precio que considere razonable. (Bujari y Muslim).
5- El Islam prohíbe la falsa competencia o
monopolios que creen falsas competencias. También prohíbe aumentar los
precios en las subastas con falsas ofertas o apoyarse en "ganchos" para
engañar a un eventual comprador. (Bujari y Muslim)
6- Igualmente, el Islam recomienda que la
compra y la venta de bienes tengan lugar al descubierto, preferiblemente
en presencia de testigos, y que al comprador se le informe y se le
permita ver con detalle lo que compra. (Al-Baqarah: 283-284; Muslim).
En
resumen, el Islam adopta la estrategia de reducir la distancia entre ricos
y pobres mediante:
a) La
imposición de ciertas limitaciones como ya ha sido mencionado
anteriormente, pp. la bebida, el juego, etc.
b) La
prohibición del atesoramiento de riqueza y su acumulación por medio del
interés.
c)
Alentando la empresa privada.
d) La
promoción de la rápida circulación de la riqueza.
e) El
uso del consejo repetitivo, persuasión e instrucción apelando a la nobleza
en el hombre, para que voluntariamente adopte un estilo de vida humilde y
sencillo que no aparte demasiado al hombre rico del hombre pobre.
El
objeto de este ejercicio es hacer al hombre más sensible a los
sentimientos de los demás y ahogar y matar en él los impulsos animales e
irracionales. Se debe emprender una Guerra Santa en el sentido real de las
palabras, contra la vanidad, la hipocresía, la superficialidad, el
esnobismo, el orgullo y la arrogancia. Se busca hacer aflorar a la
superficie todo lo refinado y noble en el hombre, de forma que este se
vuelva tan sensible al sufrimiento de los demás que sienta que es un
crimen vivir en el lujo y el confort, cuando otros sufren y sobreviven una
vida de miseria e indigencia.
Claro
está que semejante grupo de personas, altamente cultivadas, que conforman
la vanguardia de los valores sublimes del hombre, son siempre una pequeña
minoría, pero su nivel de conciencia social respecto al bienestar de los
demás se muestra a un nivel tan considerado, que les es imposible
permanecer preocupados únicamente por sus propias necesidades y
comodidades, y despreocupados del estado de miseria de los sectores menos
afortunados de la sociedad. Su preocupación en la vida no permanece por
más tiempo introvertida. Aprenden a vivir con una conciencia abierta al
mundo que les rodea. Se sienten intranquilos mientras no participan
materialmente aliviando el sufrimiento ajeno y elevando el nivel de vida
de los demás.
Las
características de una sociedad de este tipo de creyentes, está descrita
en uno de los primeros versículos del Santo Corán, ya citada anteriormente
en esta alocución:
"Y gastan de lo que hemos provisto" (C. 2: Al-Baqarah:
4).
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NECESIDADES BÁSICAS
En la
sección anterior sobre la paz socio-económica, hemos visto como el Islam
ha revolucionado el concepto de la limosna para los pobres y necesitados.
En lo que se refiere a los derechos de los individuos sobre los recursos
nacionales, el
Santo Corán marca el criterio por el cual podemos determinar cuanta
riqueza, que debía haber fluido hacia el hombre
ordinario, se ha desviado a las manos de unos pocos capitalistas:
"Y aquellos en
cuyos bienes hay una parte determinada para el que pide ayuda y para
el que no la pide." (C. 70:
Al-Ma´arill: 25-26).
Estos
versículos se dirigen a los ricos y les recuerdan que una parte de sus
propiedades por derecho, pertenecen al mendigo y al desamparado.
¿Cómo
podemos saber si se ha producido un desequilibrio en la sociedad, al
desviarse los derechos debidos a los pobres a las manos de unas pocas
personas acaudaladas? La norma para este criterio son ciertos derechos
garantizados.
Según
el Islam, existen cuatro necesidades básicas en el hombre que deben ser
atendidas. El Santo Corán establece:
"Ha
sido provisto para ti, a fin de que no pases hambre en él, ni estés
desnudo. En él no tendrás sed, ni estarás expuesto al sol." (C. 20: Ta-Ha:
119-120)
De este
modo, el Islam establece unos derechos mínimos en la forma de cuatro
puntos que definen las necesidades que el Estado debe procurar:
1.
Alimentos
2.
Vestido
3. Agua
4.
Cobijo
Incluso
en Inglaterra y en los Estados Unidos de América, hay cientos de miles de
personas sin techo, y hay quienes tienen que rebuscar dentro de los cubos
de la basura para encontrar algunas sobras de comida con las que saciar su
hambre.
Estas
feas escenas muestran la inherente debilidad de la sociedad capitalista y
sacan a la superficie los síntomas de un profundo malestar subyacente. El
materialismo, en su forma última, engendra egoísmo e insensibilidad y
apaga la sensibilidad humana hacia el sufrimiento ajeno.
Por
supuesto que hay escenas mucho más desgraciadas de miseria originadas en
la extrema pobreza que vive la mayor parte de los países del Tercer Mundo,
pero en este caso la sociedad en su conjunto es pobre y estos países están
gobernados por los mismos principios capitalistas. Por lo tanto, no se
trata de si la mayoría de la población de estos países es cristiana,
judía, hindú, musulmana o pagana: el sistema es esencialmente
capitalista en su naturaleza.
El
crimen florece y el vicio prospera en los "guetos", que constituyen una
mancha sobre la misma faz de la humanidad, en las así denominadas
"naciones desarrolladas" del mundo.
Existen
regiones en África y en otros países, donde incluso el agua potable no
está a disposición de grandes sectores de la sociedad. Incluso si se
consiguiera una sola comida caliente al día, uno se sentiría muy
afortunado. El agua se convierte en un problema diario. Hay, por otro
lado, países que tienen todo el potencial y recursos para cambiar la
suerte de los primeros en pocos años sin tener que pasar apuros por ello
y, sin embargo, no se sienten obligados a comprometerse para aliviar el
sufrimiento de cientos de millones de personas de estos países más pobres.
Desde
el punto de vista islámico, esta cuestión es de especial importancia.
Según el Islam, la sociedad de un país no sólo es responsable del
sufrimiento de cualquier persona de esa sociedad, sino también del
sufrimiento de cualquier ser humano de cualquier sociedad, es decir, de la
humanidad, la cual no tiene fronteras geográficas, ni color, ni credo ni
demarcaciones políticas. La humanidad en su conjunto es responsable y
todos los seres humanos como tal, son responsables ante Dios. Cada vez que
la hambruna, la malnutrición o el sufrimiento producido por algún desastre
natural apalea a alguna comunidad, se ha de tratar como un problema
humano. Todas las sociedades y estados del mundo deben participar en la
ayuda dispuesta para mitigar el sufrimiento.
Es una
vergüenza que a pesar de todos los avances en la ciencia y en la
tecnología, no se haya prestado la atención necesaria al problema de la
eliminación de la sed y el hambre. Ha de existir un sistema por el cual la
suma total de la riqueza humana pueda ser rápida y eficientemente
encauzada a aquellas áreas donde golpea el hambre, donde la hambruna hace
estragos con los seres humanos o donde las personas se vean desamparadas y
dejadas sin hogar.
Los
gobiernos tienen ambas responsabilidades: nacionales e internacionales.
Las responsabilidades en el ámbito nacional han de satisfacer las
necesidades básicas de cada miembro de la sociedad, asegurando que todos
son alimentados adecuadamente, vestidos y provistos de agua y cobijo. El
deber internacional, al cual haré referencia más tarde, consiste en
participar de lleno para aunar recursos y enfrentarse a los desafíos de
los grandes desastres naturales o calamidades provocadas por el mismo
hombre y ayudar a los países que por sí mismos sean incapaces de
solucionar la crisis.
De este
modo, es obligación del Estado disponer cada cosa en su sitio, devolviendo
a los menesterosos y pobres lo que les pertenece por derecho. De esta
forma, los cuatro requerimientos fundamentales de alimentación, vestido,
agua y cobijo, tendrán preferencia frente a cualquier otra consideración.
En
otras palabras, en un verdadero Estado islámico no puede existir un
mendigo, ni un desamparado sin comida, vestimenta, agua o refugio.
Habiendo garantizado estos requerimientos globales, el Estado cumple con
sus mínimas responsabilidades. Sin embargo, se espera que sociedad, en
conjunto, haga mucho más.
"No
sólo de pan vive el hombre" es una máxima profunda. Añadan a esta
máxima el requisito de agua saludable, vestimenta apropiada y un techo
sobre su cabeza. Siquiera con estas premisas, la vida no es completa. El
hombre siempre busca algo más que las meras necesidades básicas. Habrá que
hacer algo más por la sociedad para eliminar la oscuridad, dar algo de
color a la vida de los pobres y hacerles partícipes de algunos de los
placeres de los pudientes.
Una vez
más, no basta con que los miembros más afortunados de la sociedad
compartan su riqueza con los menos afortunados. Es igualmente necesario
que compartan las miserias que acompañan a la pobreza y que afecta a una
gran cantidad de seres humanos. Ha de existir algún sistema de mezcla del
rico con el pobre, mediante el cual, y por voluntad propia, las capas más
altas de la sociedad se mezclen con las gentes de niveles inferiores para
presenciar en realidad lo que significa vivir en pobreza. El Islam propone
algunas medidas que hacen imposible que las distintas clases se
compartimenten y se aíslen en sus propias esferas. Hemos mencionado
fugazmente estas medidas anteriormente.
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LA ADORACIÓN COMO MEDIO
DE UNIDAD ECONÓMICA
1)
Comenzando con la afirmación de que no hay más Dios que el Único Dios, se
establece la Unidad de Dios y la de Su creación, uniendo así a la
humanidad bajo el Creador Todopoderoso.
2) Las
cinco oraciones diarias, realizadas en congregación, son, posiblemente, lo
más efectivo de todo lo considerado. Ricos y pobres, grandes y pequeños,
son requeridos, sin excepción, para que ofrezcan sus oraciones en las
mezquitas, si estas resultan accesibles. Si no toda, la mayor parte de la
sociedad musulmana es responsable de cumplir este mandamiento. El
porcentaje de los que rezan regularmente las cinco oraciones al día es más
bajo en algunos países y más alto en otros, pero es una experiencia común
compartida en mayor o menor grado por la mayoría de los musulmanes.
El
sistema de oración en sí mismo es un gran mensaje de igualdad humana.
Quién llega primero a la mezquita, ocupa el lugar que desea, y, nadie, por
muy alto puesto que ocupe en la sociedad, puede siquiera pensar en
desplazarle. A la hora de la oración, todos permanecen juntos -hombro con
hombro- sin dejar huecos entre sí. El que viste más impecablemente puede
tener a su lado a alguien vestido con harapos. El débil, el enfermo, el
sano y el robusto, se encuentran diariamente sobre un mismo suelo donde
el mensaje repetido invariablemente es: Dios es el Grandísimo.
Ver con
los propios ojos la miseria en la cual viven algunos miembros de la
localidad, y encontrarse a diario con ellos, produce un efecto muy marcado
dentro del corazón del hombre que vive en un relativo confort. El mensaje
es claro y preciso, y es que se debe hacer algo para aminorar el
sufrimiento de su semejante y elevar su nivel de vida, o bien rebajarse en
la estima de Dios así como en la propia autoestima.
El área
de contacto se incrementa en cada oración del Viernes, donde los
musulmanes se reúnen en una mezquita central y en la que las personas de
los vecindarios más ricos se encuentran con los de las áreas más pobres.
Este contacto se acrecienta aún más en cada una de las dos fiestas anuales
que están precedidas del "fitrana", un fondo que se crea con
contribuciones voluntarias para el alivio del pobre.
3) El
mes musulmán del ayuno, también equipara en el mismo plano al rico y al
pobre. El rico soporta la sed y el hambre, para recordarse a sí mismo la
suerte del pobre, para quien la sed y el hambre no es sino la constante de
su vida.
4) El "Zakat" transfiere la deuda debida al pobre del capital del rico.
5) Por
último, el quinto pilar del Islam es la peregrinación, que a menudo se
describe como el mayor espectáculo de la unidad humana. Se permite a las
peregrinos femeninas llevar ropas de costura sencilla. Los peregrinos
masculinos se arropan en dos sábanas sin coser -el mismo uniforme para el
rico y para el pobre-.
Pero
esto no es todo. Además de los actos de adoración mencionados, existen
otras muchas medidas introducidas y desarrolladas en la sociedad
musulmana, que acortan continuamente las distancias entre los distintos
sectores de la sociedad y proveen la ventilación y la convección
necesarias para un entorno saludable en el cual se permite al rico
permanecer razonablemente rico a la vez que se le pide que cuide del
pobre.
Un
principio similar fue expuesto por Jesucristo, la paz sea con él, cuando
dijo "los mansos heredarán la tierra". Es penoso ver como a pesar
de esta ordenanza moral, el capitalismo ha fallado especialmente en
preocuparse por los miembros pobres y mansos de la sociedad.
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OBLIGACIONES
INTERNACIONALES
Al
discutir el modo de acción alternativo a adoptar durante los
períodos de desastres naturales o grandes calamidades que afligen a la
humanidad
(véanse las necesidades básicas mencionadas anteriormente), el Santo
Corán describe la elección apropiada de la siguiente forma:
"Es
la liberación de un esclavo, o alimentar en un día de hambre a un
pariente huérfano, o a un pobre reducido a la miseria." (C. 90:
Al-Balad: 14-17)
En
otras palabras, las elecciones correctas son:
1. En
primer lugar se describe el genuino y verdadero servicio a la humanidad
aceptado por Dios. De entre los necesitados, es primordial que el ser
humano ayude a aquellos que están subyugados por la esclavitud u otras
ataduras. Cualquier servicio contrario a este concepto, es inútil a la
vista de Dios. Por lo tanto, se rechaza categóricamente el sistema moderno
de proporcionar ayuda financiera a los países subdesarrollados con
condiciones previas y cadenas unidas a esta ayuda.
2. La
siguiente elección es la de alimentar a un huérfano, incluso si él o ella
tienen un tutor que les mantenga.
3. La
elección final es alimentar a un indigente, tan indefenso, que aparezca
reducido a la miseria.
Si
bien, se habla en singular, el versículo (15) evidentemente describe una
crisis a gran escala. La connotación de la palabra Yaum (día) y el
estilo general de la expresión lo hacen obvio.
La
consideración muestra cómo las implicaciones de este versículo presentan
un clarísimo cuadro de cómo las naciones grandes, ricas y poderosas tratan
a las más pobres, que se encuentran en una espantosa necesidad en momentos
de extrema incapacidad. Se les proporciona ayuda, pero unida a diversas
condiciones. De este modo se destruye el propósito y el espíritu de ayuda
a los demás. Se les libera aparentemente de una miseria sólo para
dirigirlos engañados hacia otra. La totalidad del sistema internacional
actual de ayuda condicionada, ha sido duramente descrito aquí en estas
pocas palabras. Se avisa a los creyentes de que no se aprovechen
indebidamente de la gente indefensa aliviando el sufrimiento de individuos
o naciones pobres y al mismo tiempo privándolos de su libertad.
La
palabra huérfano es usada en un sentido más amplio, ya que se
aplica a individuos dependientes así como a naciones dependientes. Estas
naciones, que son como huérfanos con parientes ricos que han sido
abandonados por sus familiares y amigos, no deberían ser dejadas
desatendidas por el hecho de que sean otras las responsables en primera
instancia de ellas.
El caso
de los países ricos del petróleo es un ejemplo apropiado. Si sólo unos
cuantos estados del Golfo aunaran sus manos para aliviar los inmensos
sufrimientos de la humanidad en general, hubieran resuelto el problema del
hambre y la sed en África sin apenas notarlo. Disponen de montañas de
dinero en depósitos bancarios y fondos en países occidentales, que a su
vez generan intereses y rentas por sí solas suficientes para aliviar la
miseria y el sufrimiento de África. En cualquier caso, el Islam prohíbe
que gasten ese interés para su propio uso.
El caso
del inmenso océano de hambre, miseria y necesidad surgida de las numerosas
calamidades en Bangla Desh, es otro caso que merece ser estudiado en este
contexto. Han sido abandonados por el resto del mundo a su propia suerte.
La ayuda, si la hubo, gota a gota, es realmente ineficaz para aliviar su
miseria.
Estas
naciones deben ser consideradas naciones huérfanas, según la
definición más amplia del término. Cuando estas naciones huérfanas son
abandonadas por sus propios parientes y amigos, se comete un serio crimen
a los ojos de Dios.
La
gente muestra una actitud muy ingenua e incluso torcida hacia Dios y hacia
la naturaleza del sufrimiento de las naciones más pobres, cuando, en
verdad, es al mismo hombre a quién se debe culpar por su completa
insensibilidad y descuido. Si llenáramos los corazones de los seres
humanos con esta cualidad especial y fuéramos capaces de sufrir por los
demás, aún hoy el mundo podría transformarse en un paraíso.
La
misma actitud egoísta prevalece en el mundo no islámico. Si se da el caso,
por ejemplo, de que Etiopía tiene estrechas relaciones con la Unión
Soviética, no se le debe negar la ayuda con el pretexto de que corresponde
a la Unión Soviética cumplir con su responsabilidad como patrón. Si
millones de musulmanes en el Sudán mueren de hambre, su condición no debe
ser ignorada bajo el pretexto de que, puesto que naciones ricas como
Arabia Saudita y otros estados ricos del petróleo, son virtualmente sus
parientes y amigos, tienen ellos la última responsabilidad de
alimentarlos. Este es el verdadero significado de la expresión arábiga Yatiman Za Maqrabate (lit., un huérfano, cercano a la familia).
Una vez
más se hace hincapié en este versículo que los individuos o naciones que
sufren por crisis económicas individuales o nacionales, deben ser
ayudados para que se sustenten por sus propios pies. Este escenario se
aplica a la mayoría de los países del Tercer Mundo, cuya economía se
desgaja rápidamente, al no recibir ayuda, a gran escala, de forma
periódica.
La
tercera elección es Au Miskinan Za Martabate, que se aplica a
aquellas economías que han quedado reducidas a la miseria y cuyo sistema
económico nacional se ha colapsado. Según el Sagrado Corán, alimentar a
las gentes de estas naciones no es suficiente. Es la responsabilidad del
hombre adoptar medidas para restablecer y rehabilitar sus economías.
Desgraciadamente, las relaciones comerciales en la presente época
representan justamente lo contrario. El flujo de riqueza se orienta
siempre hacia las naciones más ricas y más avanzadas, mientras que las
economías de los países más pobres se hunden cada vez más profundamente en
el cenagal.
No soy
economista, pero entiendo, al menos, que es imposible para los países del
Tercer Mundo mantener relaciones comerciales bilaterales con los países
avanzados y al mismo tiempo evitar el flujo de riqueza de sus países a los
más ricos, asegurando que los ingresos de exportación igualan a las
facturas de importación.
Otro
factor importante a tener en cuenta, es que en todas las naciones
económicamente avanzadas, existe una demanda constante por mejorar el
nivel de vida. A las naciones más pobres se les estimula a pedir préstamos
para igualar el nivel de vida del mundo desarrollado. La tecnología de
pulsar un botón conduce a una vida más fácil y confortable, aún cuando
estas adiciones a las amenidades modernas influencien, al final,
adversamente a la resistencia del carácter humano. Si las gentes de los
países avanzados quieren regenerar su propia sangre y mejorar su propia
salud física, cómo se puede esperar que las naciones más ricas alivien a
las naciones más pobres de su estado de anemia perniciosa terminal cuando
su propia sed por tener más sangre no conoce límites, cuando su nivel de
vida debe continuar creciendo, y todo lo que el dinero pueda comprar, ha
de ser constantemente transferido hacia sus propias economías?
Esta
alocada carrera para elevar el nivel de vida indiscriminadamente, no sólo
está robando a las naciones más pobres su posibilidad de supervivencia,
sino que también está robando a las naciones avanzadas su tranquilidad de
conciencia y la paz del corazón. Toda la sociedad se atormenta en la
consecución de necesidades creadas artificialmente, de forma que cada cual
vive en un constante estado de deseo para equipararse con el vecino. Esto,
de nuevo, supone una situación que potencialmente puede llevar a la
guerra.
Esta
tendencia está desalentada enérgicamente en el Islam. El Islam presenta la
imagen de una sociedad en la que la gente vive dentro sus posibilidades, y
siempre existe algo ahorrado para un mal día, no sólo a nivel individual y
familiar, sino también a nivel nacional.
Para
los países más pobres, esta situación está llena de peligros, porque
cuando las naciones avanzadas sufren nuevos retos competitivos por parte
de otras economías emergentes, y sus propias economías comienzan a
estancarse, se vuelven más crueles en sus relaciones con el Tercer Mundo y
los países más pobres. Esto es inevitable, porque, de una u otra forma,
los gobiernos de los países más ricos han de mantener un nivel de vida
"razonable" para la gente que se ha vuelto adicta a dicho nivel de vida.
Por
último, estas situaciones se agravan y culminan en factores que crean
guerras. Son estas guerras, las que el Islam intenta prevenir.
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Del libro "Respuesta del islam a temas actuales" de Hadrat Mirza Tahir Ahmad |