| INTRODUCCIÓN
El
Islam también ofrece consejos en las áreas donde se unen las esferas
sociales y económicas. De llevarse a cabo en la práctica estas enseñanzas,
se transformarían nuestros anocheceres y albas en crepúsculos de
excepcional belleza.
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LA JUSTICIA ECONÓMICA
SEGÚN EL CAPITALISMO, EL SOCIALISMO Y EL
ISLAM.
La
justicia económica es un hermoso slogan. Aunque se ha intentado
monopolizar por parte de algunos, excluyendo a otros, el slogan es común
tanto a la sociedad capitalista de economía de mercado libre, como a la
doctrina social científica del materialismo dialéctico: ambos hablan de
justicia. Pero, con la debidas disculpas, lamento afirmar que ambas han
fracasado en hacer plena justicia al principio de oro de la justicia
económica; pero hablaremos de ello más adelante.
El
concepto islámico de justicia absoluta es totalmente predominante y
extenso. Abarca todos los aspectos de la enseñanza islámica. Pero no es
eso todo, sino que el Islam da un paso más.
En el
socialismo científico, se intenta nivelar el suelo económico de forma tan
perfecta que no quede ningún altibajo. Si se riega, este suelo recibirá su
parte por igual. No se plantea demanda alguna por parte de los que no
tienen, ni amenaza a los poseedores por parte de los menos afortunados de
la sociedad, de que les "roben" a la fuerza su "riqueza excedente".
En la
sociedad capitalista, se habla más de la igualdad de oportunidades, de
terrenos igualitarios y de economías libres que de una distribución
equitativa de la riqueza. De esta forma, se crea siempre un espacio para
la demanda de derechos y la creación de grupos de presión como los
sindicatos, etc. que buscan conseguir lo máximo del gobierno u otros
capitalistas a favor del empleado y el obrero, que viven siempre con un
sentimiento de privación.
Si se
llevase a cabo de una manera ideal el socialismo científico, ningún sector
de la sociedad sentiría en lo sucesivo la necesidad de plantear
exigencias, pues tal sociedad sería, o bien lo suficientemente rica para
distribuir equitativamente la riqueza nacional de acuerdo con sus
necesidades, o bien tan pobre, al fracasar en satisfacer sus necesidades,
que haría que cada miembro de la sociedad compartiera su miseria por
igual. En ambos casos, se convertiría en una sociedad en la que las
demandas ya no tendrían ningún papel significativo que jugar.
El
sistema capitalista, por otra parte, está orientado hacia la demanda. Debe
otorgarse a los sectores menos afortunados de la sociedad el derecho a
expresar su insatisfacción y una oportunidad libre para ser escuchados: de
ahí se deriva la necesidad de formación de grupos de presión, huelgas,
lucha industrial, cierres o paros patronales etc.
El
Islam trata de crear una actitud por la que a los gobiernos y a los ricos
se les recuerde constantemente que deben establecer un sistema económico
justo en pro de su propio interés definitivo. También se les exhorta
constantemente a que miren por los derechos ajenos. No deben negarse al
débil o al pobre sus derechos económicos fundamentales, tales como la
libertad de escoger una profesión, la igualdad de acceso a las
oportunidades y a los requerimientos básicos de la existencia. La falta
de esta actitud especial ya ha causado mucha miseria, dolor y desorden en
la historia de la lucha humana por la supervivencia. Por eso el Islam da
mayor énfasis en "dar" que en "tomar" o "mantener". Los gobiernos y los
ricos deben velar continuamente para que un sector de la sociedad no
quede privado de su derecho humano fundamental a vivir decentemente. Un
Estado islámico auténtico hubiera sentido esta necesidad y adoptado las
medidas adecuadas para su realización. Antes de que el dolor se convierta
en gritos y protestas y antes de que la necesidad amenace la paz y el
orden, debe ser retirada la causa del agravio y satisfecha la necesidad.
Aparentemente, en este aspecto, el Islam comparte su carácter con la
sociedad socialista, pero, de hecho, la similitud es solamente
superficial. El Islam alcanza dicha meta pero no a través de los métodos
de coacción prescritos por el socialismo científico.
El
tiempo no me permite describir con detalle la forma en que el Islam
intenta alcanzar esta meta elevada, pero podemos mencionar brevemente que
el modo como el Islam enfoca esta cuestión no es un modo exánime ni
mecánico, como la filosofía del materialismo dialéctico. El sistema
socialista islámico permanece profundamente arraigado a las leyes innatas
de la psique humana.
Entre
otras cosas, el Islam crea un entorno en el que la demanda de derechos
para uno mismo da paso al respeto de los derechos de los demás. El nivel
de conciencia y sensibilidad ante el sufrimiento de los otros seres
humanos se eleva a tal grado, que los miembros de la sociedad en su
conjunto se sienten más preocupados de lo que deben a la sociedad, que de
lo que la sociedad les debe a ellos.
"Dad al obrero más de lo adeudado"es
una continua exhortación del Santo Profeta a sus seguidores."Pagadle su
salario antes de que el sudor se le haya secado". "No impongáis tareas a
vuestros empleados, tareas que no podáis realizar vosotros mismos". "En la
medida de lo posible, alimentad a vuestros criados con lo mismo que
alimentáis a vuestra familia. Proporcionadles ropas similares". "No
transgredáis contra el débil de forma alguna, o seréis responsables ante
Dios". "Para que no sucumbáis al falso orgullo, ofreced asiento a vuestros
sirvientes, de vez en cuanto, en la misma mesa que ocupáis vosotros y
servidles." (Varios Hadices)
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GASTAR
POR UNA BUENA CAUSA, INCLUSO EN LA ADVERSIDAD
Se hace hincapié
en el respeto a la dignidad humana, en los términos más rotundos, en cada
esfera de la vida. Los siguientes versículos del Santo Corán presentan el
código de ética respecto a las necesidades del pobre y el necesitado y a
la manera en que deben cumplirse.
La
recompensa de Dios por el perdón es para:
Los que gastan el la prosperidad y en la
adversidad y los que reprimen su cólera y perdonan a los hombres; Pues Al-lah
ama a los que hacen el bien."(C.3: Al-Imran 125)
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EL
GASTO POR LA CAUSA DEL POBRE
El
concepto de limosna tal como se concibe en el mundo en general tiene una
doble cara. Por un lado ensalza las cualidades del que entrega la limosna.
Por otro lado crea una imagen embarazosa, si no desgraciada, del que la
recibe. El acto por sí de recibir limosna degrada su condición. El Islam
revoluciona este concepto.
El
siguiente versículo del Santo Corán hace un análisis fascinante del por
qué algunas personas son muy pobres y otras son ricas.
"Una parte de su riqueza comprende lo que debería pertenecer por derecho al que pide ayuda, el mendigo, y al que no puede, el pobre”
(C. 51: Al-Dhariyat: 20)
El
punto que generalmente se olvida es el uso de la palabra HAQ (derecho) que
habla profundamente de la actitud quien ofrece limosnas así como de la
actitud de quien las recibe. Al que ofrece se le recuerda que lo que
otorga al pobre, en realidad no le pertenece. Ha de existir un serio fallo
en la economía, para que una parte de la gente se vea obligada a mendigar
para su subsistencia. En un sistema económico sano, no ha de haber lugar
para los indigentes, pues no hay razón genuina para tener que mendigar
para sobrevivir. El mensaje que se transmite a quienes reciben limosnas
les recuerda que no han de sentirse avergonzados ni sufrir complejo
alguno, pues, de hecho, Dios les ha concedido el derecho fundamental de
vivir decente y honradamente. Así pues, todo lo que su aparente benefactor
les ofrece, es su propio derecho, que, por una u otra razón, se había
transferido al donador.
Como ya
se ha mencionado anteriormente, las enseñanzas divinas están conectadas
directamente con la naturaleza humana. Cualquier mandamiento que pudiera
alterar el equilibrio, es contrarrestado con medidas correctivas.
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LA
GRATITUD
En el
caso tratado anteriormente, existe, por supuesto, el riesgo inherente de
que algunas personas se muestren ingratas hacia sus benefactores, y, en
lugar de expresar gratitud ante cualquier favor recibido, puedan acabar
diciendo que lo recibido por ellos lo era por derecho propio, y que no
había necesidad alguna de mostrar agradecimiento a dicha persona. Si se
alentara esta tendencia, sería a costa de una conducta cortés y decente.
Dirigiéndose al receptor de los favores, el Santo Corán le recuerda
continuamente su deber de ser agradecido y expresar su gratitud por
pequeño que sea el favor que se le muestre. Al creyente se le dice
continuamente que Dios no ama al ingrato:
Si sois desagradecidos, Al-lah en verdad
es Autosuficiente, al ser
independiente de vosotros. Más El no aprueba la ingratitud en Sus
siervos; pero si mostráis gratitud, le agrada verla en vosotros. Ninguno
llevará la carga de otro. Después volveréis a vuestro Señor. El os
informará de los que habéis estado haciendo. En verdad, El conoce muy bien
lo que pasa por vuestros pensamientos.(Ch 39 Al- Zumar:8)
Más
adelante, haciendo hincapié en la importancia de la disposición para el
agradecimiento, el Santo Fundador de Islam nos recuerda:
"El que no es agradecido con los seres humanos tampoco es agradecido con
Dios"
De aquí
se deduce que si alguien es ingrato hacia los seres humanos, aunque se
mostrara agradecido a Dios, su gratitud no sería aceptada por El. Así
pues, el mensaje del Santo Corán, tal como se contempla en el versículo
anterior (Al-Zumar:8) no desalienta la decencia, la cortesía y la
gratitud. Se trata de un mensaje discreto, dirigido a quien recibe los
favores, para que no sufra ningún tipo de complejos ni se dañe su
dignidad. De ello se deduce que expresar gratitud no atenta contra la
dignidad del hombre, sino que, al contrario, la eleva aún más.
Volviendo al donante, el Islam inculca una actitud totalmente diferente.
Se considera contrario a la dignidad y la modestia aceptar la gratitud
como si uno se la mereciera. Esta tendencia forma parte de la conducta
civilizada de cualquier parte del mundo, pero existe una diferencia
fundamental entre este hábito universal y la enseñanza islámica de
conducta honrosa. El Islam instruye al donante a servir a la humanidad por
una causa mas elevada y noble que la mera satisfacción de una necesidad
natural o la adquisición de una buena reputación por actos benevolentes.
El Islam recuerda al hombre repetidamente que haga el bien por Dios y sólo
para conseguir Su agrado y Sus favores.
De esto
se hace evidente que cuando un verdadero musulmán hace cualquier
ofrecimiento a alguien que lo necesita, no lo hace, en realidad, para sí
mismo ni para nadie, sino sólo para agradar a Su Creador Quien al
principio le otorgó todo lo que poseía.
A la
luz de este principio, todo lo que gasta en los demás es su forma de
expresar gratitud a Su Señor y no para favorecer a alguien. Esta sublime
actitud tiene su raíces en uno de los primeros versículos de Santo Corán
que recuerda a los creyentes:
....."De lo que le hemos provisto, gastan una parte en Nuestra causa". (C. 2: Al-Baqarah: 4)
Por lo
tanto, el verdadero creyente no rechaza la gratitud por mera cortesía,
sino porque cree sinceramente que si el destinatario de los favores debe
gratitud a alguien, es sólo a Dios y no a él. Los verdaderos creyentes que
comprenden de verdad el significado de la fe, se sienten muy azorados
cuando se les agradecen sus favores. El Santo Corán declara:
Alimentan, por amor a El, al pobre, al
huérfano y al prisionero, incluso estando ellos mismo necesitados, diciendo. "Os damos de comer solo por agradar a Al-lah. No deseamos
recompensa ni vuestro agradecimiento" (Ch. 76: Al-Dahr: 9-10)
No es
suficiente alimentar a la gente, sino también alimentarles cuando uno
conoce por si mismo el significado del hambre y del sufrimiento, y se
comparte el dolor sin esperar recompensa ni agradecimiento a cambio.
La
belleza de este versículo es deslumbrante. Si se enseñara a los creyentes
a mostrar una actitud superficial y condescendiente, simplemente
rechazando aceptar la gratitud y con una pose de humildad, existiría un
gran riesgo de alentar la hipocresía. Cuando decimos "no gracias", somos
conscientes del hecho de que actuando así se ensalza nuestra imagen a los
ojos de la persona favorecida.
La
enseñanza islámica es mucho más sublime. Se recuerda al bienhechor que no
puede vender sus mercancías dos veces a grupos distintos. Un acto de
bondad puede ser realizado, o bien para obtener el agrado de Dios, o bien
para ganar el favor público. Según este versículo no se pueden sustentar
simultáneamente ambas intenciones.
Cuando
el siervo de Dios sensible y fiel, le dice al necesitado que sus
intenciones son ciertamente agradar a Dios, también le recuerda al mismo
tiempo, que Dios es el verdadero bienhechor, eliminando así cualquier tipo
de complejo de inferioridad que pudiera surgir.
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NO HAY RECOMPENSA HUMANA PARA LOS FAVORES
En el
Islam, mostrar cortesía a los demás no ha de constituir un hábito
superficial aprendido de los valores de la civilización, sino que debe
estar profundamente arraigado en la fe en Dios. Todas las limosnas
ofrecidas al necesitado deben darse sin ningún motivo oculto de recibir
algo a cambio del destinatario.
Y no concedas favores intentando conseguir más a
cambio" (Ch. 74: Al Muddazir: 7)
El
Islam exige que cuando se ofrezca un favor a alguien, este se olvide como
si nada hubiera ocurrido. Vanagloriarse por una obra buena y sacar a
relucir los propios favores es declarado como suicida y auto-destructor
del propio acto de bondad. Por el contrario, el auténtico creyente se
comporta tal y como se describe en los siguientes versículos que comparan
la conducta correcta con la incorrecta de forma más extensa:
Los que emplean sus bienes en la causa de
Al-lah son semejantes a un grano de maíz que da siete espigas, y en cada
espiga hay cien granos. Y Al-lah lo multiplica aún más para quien Le place; y Al-lah
es Magnánimo, Omnisciente. Quienes emplean sus bienes en la causa de Al-lah,
y a continuación no hacen que lo empleado vaya seguido de burlas o
agravios, son los que tendrán la recompensa con su Señor, y no tendrán
temor ni se afligirán. Una palabra amable y el perdón son mejores que una
limosna seguida de agravios; y Al-lah es Autosuficiente, Indulgente. Oh
creyentes!, No hagáis vanas vuestras limosnas recordando al destinatario
vuestros favores o causándole molestias a cambio de lo que le habéis dado.
Ese caso sería similar al de quien gasta su fortuna para ser visto por los
hombres, y no cree en Al-lah ni en el Ultimo Día. Su caso es similar a una
roca lisa, cubierta con tierra, sobre la que cae el aguacero, dejándola
desnuda, lisa y dura. Estos no conseguirán mantener nada de lo que han
ganado. Y Al-lah no guía a la gente incrédula (C. 2: Al Baqarah: 262-265)
También:
"No rechaces a quien busca tu ayuda" (Ch:93: Al-Duha: 11)
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SOBRE LA MENDICIDAD
Incluso
los mendigos han de ser tratados con respeto. No ha de tratarse con rudeza
al mendigo. Aunque, la mendicidad no es alentada se garantiza el derecho a
pedir limosnas cuando uno se encuentra en situación de necesidad
imperiosa. Es más, no se permite que nadie hiera la autoestima de los que
se ven obligados a pedir.
En la
primera época islámica, aun cuando quedaba salvaguardada incluso la
dignidad de los mendigos, la sociedad en su conjunto logró comprender que
no mendigar era ciertamente mejor que hacerlo. En una ocasión, el Santo
Fundador del Islam(sa) mencionó esta comparación, declarando:
"La mano del que ofrece
es mejor que la del que recibe."
Debido
a ello un considerable numero de musulmanes prefirió morir en la pobreza a
tener que pedir para sobrevivir. Para atender sus necesidades, el Santo
Corán recuerda a la sociedad en general, que entre vosotros hay gente que
se esfuerza en el camino de Al-lah, que no encuentra medios para salir de
su pobreza.
"Estas limosnas son para los pobres que se
encuentran detenidos en el camino de Al-lah y que no pueden moverse por la
tierra. El hombre ignorante piensa que carecen de necesidades porque se
abstienen de pedir. Tu los conocerás por su aspecto, no piden a los
hombres de modo inoportuno. Y cualquier riqueza que empleéis para estas personas
sabed que Al-lah la conoce perfectamente. (C.2: Al-Baqarah: 274)
Este
principio queda aclarado en el siguiente versículo:
"Cuanto Al-lah ha entregado a Su Mensajero
como botín del pueblo de las ciudades es para Al-lah, y para el Mensajero,
y para los parientes cercanos, y para los huérfanos, los necesitados y los
viajeros; para que no circule únicamente entre aquellos de vosotros que
sois ricos. Y cuanto os da el Mensajero, tomadlo; y cuanto os prohíba,
absteneos de ello. Temed a Al-lah, pues en verdad, Al-lah es severo en la
retribución (59: Al-Hashar: 8)
El
Santo Profeta del Islam, la paz y bendiciones de Al-lah sean con el,
menciona también este principio en una tradición traducida parcialmente
así:
Hakim bin Hizam narra: "El Santo
Profeta(sa) dijo, "La mano que esta arriba es mejor que la mano que está
debajo" (es decir, quien da en caridad es mejor que quien la recibe). Se ha de
comenzar dando, en primer lugar, a los subordinados. El mejor objeto de
caridad es el que otorga una persona adinerada (del dinero que le queda
tras los correspondientes gastos). El que se abstiene de pedir a otros
ayuda económica, Al-lah se la proporcionará, y le evitará tener que
pedirla a los demás. Al-lah le hará autosuficiente.
Poseéis, pues, un mano superior al servicio de los demás: ofreciendo
limosnas y sirviendo a los demás y no siendo los receptores de limosnas ni
favores.
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¿QUE
PUEDE OFRECERSE EN CARIDAD?
Aparte
de la manera con la que se ofrece, también es importante lo que se ofrece.
Si se ofrece algo que a uno mismo le produciría vergüenza recibir de otro,
eso no se puede definir como limosna, según el Santo Corán. Sería como
arrojar algo a la papelera.
"Oh creyentes gastad de las cosas buenas
que habéis ganado, y de lo que hacemos brotar de la tierra para vosotros;
y no seleccionéis para caridad lo que carece de valor, aquello que no aceptaríais vosotros
mismos sin sentiros azorados y avergonzados en extremo. Y sabed que Al-lah
es suficiente por Sí mismo, Merecedor de Toda Alabanza. (C.2: Al-Baqarah:
268)
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DAR CON
DISCRECIÓN Y PÚBLICAMENTE
El
Islam deja abiertas ambas opciones: gastar públicamente o en privado. El
Santo Corán enseña:
"Sea cual fuere lo que gastéis y el voto
que formuléis, Al-lah ciertamente lo conoce bien, y para los malvados no habrá defensores. Si dais limosnas en
público, está bien y es bueno, pero si las dais secretamente al pobre, es incluso mejor para vosotros: El os eliminará muchos de
vuestros pecados. Y Al-lah sabe lo que hacéis. (C:2 Al-Baqarah: 271-272).
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RESPONSABILIDADES SOCIALES
En el
Islam se considera sumamente esencial que quienes tengan la autoridad se
sensibilicen hasta tal punto con la causa de su pueblo que no haya
necesidad de crear grupos de presión.
De
acuerdo con el Santo Corán, el gobernante es responsable, y ha de
responder ante Dios, de los asuntos de sus subordinados, que están bajo
su custodia. En una de las tradiciones del Santo Fundador del Islam (la
paz de Dios sea con él) leemos:
"Cada uno de vosotros es como un pastor a
quien no le pertenecen las ovejas. Se le confía la responsabilidad de cuidar a las ovejas y deberéis
responder por ello."
La
tradición menciona las diversas relaciones en las que uno puede estar al
cargo de otras personas como por ejemplo: el amo respecto al criado, la
esposa como dama del hogar y el padre como cabeza de familia, ambos
responsables de toda la familia; el patrono como responsable de los
empleados a su servicio etc. y en cada ocasión el Santo Profeta(sa)
repetía: Recordad que se os pedirán responsabilidades.
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UN
EJEMPLO DE LA PRIMERA ÉPOCA DEL ISLAM
En
cierta ocasión, Omar, el Segundo Califa del Islam atravesaba una calle, en
un suburbio de Medina, por la noche. Tenía la costumbre de pasear por las
calles de incógnito para comprobar personalmente como vivía la gente bajo
su autoridad. Desde una casa pudo oír llantos de niños que parecían estar
sufriendo. Al indagar comprobó que había tres niños sentados alrededor de
la lumbre sobre la cual había una olla hirviendo, estando su madre junto a
ellos. Preguntó que les ocurría. Ella contestó: mis hijos tenían hambre, y
como no tenía nada para alimentarles, he querido engañarles y he puesto
agua y piedras en la olla, para que crean que se está cocinando la comida.
Esto es lo que ves.
Con
profunda pena y angustia, Omar volvió inmediatamente a su sede de gobierno
y se proveyó de harina, mantequilla, carne y dátiles, y los metió en una
bolsa. Le pidió a un esclavo que se hallaba cerca, que le ayudara a cargar
la bolsa sobre su propia espalda. El esclavo, sorprendido, le preguntó a
Omar que por qué quería llevarlo por si mismo y le pidió que le permitiera
llevarlo él en su lugar. Omar contestó: No dudo que puedas llevarme este
peso hoy, pero quien llevará mi carga en el Día del Juicio? Quería
significar que en el Día del juicio, el esclavo no estaría en posición de
responder por Omar sobre cómo cumplió éste sus responsabilidades. Tenía
que hacerlo él mismo. Era también una especie de auto-castigo, pues Omar
se sentía responsable de la miseria de la mujer pobre e indefensa, y de
los niños que había contemplado. Sentía, en realidad, que la
responsabilidad última de la ciudad y sus asuntos eran suyos: una custodia
que tenía que atender.
Es
imposible que cada jefe de Gobierno imite físicamente el ejemplo de Omar,
pero tanto el espíritu como la actitud de Omar permanecen como modelo
excelente. Este es el espíritu que deben seguir las sociedades modernas de
cualquier parte. Si los gobiernos se mostraran sensibles con la causa y
los sufrimientos del pueblo, entonces, incluso antes de que la gente
alzara la voz expresando su dolor y privaciones, las autoridades se
sentirían obligadas a adoptar medidas reparadoras, no por miedo a las
exigencias sino por la voz imperiosa de su propia conciencia.
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LIMITES AMPLIOS PARA EL
GASTO
El
Santo Corán extiende los límites de lo que debe gastarse en la causa de
Al-lah a dimensiones muy amplias. Una frase
que se repite con frecuencia en el Sagrado Corán, difícil de encontrar en
ningún otro sitio
es:
Y los verdaderos creyentes gastan en
Nuestra Causa de todo lo que Nosotros Mismos les hemos provisto. (C.2: Al-Baqarah:
4)
Esto
abarca todas las facultades, cualidades así como, indudablemente,
cualquier tipo de posesión material, relaciones y lazos humanos. La frase
también incluye valores como el honor, la paz, el confort etc.
En
resumen nada que pueda concebirse está fuera del campo de la expresión
árabe WA MIMMA RAZAQNAAHUM
De
nuevo resulta llamativo cómo el empleo de la palabra MIN (algo de, de
ello) hace que el consejo sea accesible a todo el mundo. No quiere decir
que debéis de gastar todo o una parte fija de lo que os hemos dado por
Nuestra causa. Todo lo que se pide es que debéis gastar algo de lo que
Dios os ha concedido. El ámbito de algo es tan variable que incluso la
gente corriente y débil, que carece de valor para realizar sacrificios
importantes, pueden, al menos, participar en la medida que les sea
permisible. Este es el entorno de servicios sociales que el Islam intenta
promover. Pertenece, en parte, a la conducta social del hombre, y en
parte, a sus actividades económicas.
En una
economía en la que toda la sociedad está orientada hacia la posesión y
preocupada sólo por lo que se puede adquirir, es muy difícil e
impracticable trazar una línea entre lo que es justo e injusto. Es más
probable es que tal sociedad traspase el dominio de los derechos de los
demás, en lugar de permanecer en el entorno de sus propios limites.
Por el
contrario, una sociedad a la que se recuerda y educa constantemente a
ofrecer a los demás más de lo que les pertenece, está lejos de usurpar los
derechos de los demás. Es difícil imaginar como puede florecer la
explotación en tal ambiente.
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EL
SERVICIO A LOS DEMÁS
El principio del
concepto islámico del servicio, se describe en un solo versículo de una
manera muy bella y clara. Dice:
Oh pueblo del Islam: Sois el mejor pueblo que ha sido exaltado para el
bien de la humanidad porque habéis sido exaltados para servir a los demás;
ordenáis lo bueno, prohibís lo malo y creéis en Al-lah." (C.3: Al-Imran:
111)
Continuaréis siendo los mejores siempre que estéis dispuestos al servicio
del prójimo. Si dejáis de servir a los demás no tendréis en adelante
derecho a jactaros de la superioridad del Islam ni de la Umma (Comunidad)
musulmana.
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PROHIBICIÓN DE LA BEBIDA Y EL JUEGO
Cuando
se habla de adicción se piensa generalmente en las drogas. Existe otra
connotación de la adicción en un sentido más amplio, que raras veces se
asocia con la palabra adicción. Me refiero a la consideración social ante
ciertas formas de placer, como son la bebida y el juego, ninguno de los
cuales promete nada bueno para la paz y el bienestar de la sociedad.
El
juego está reglamentado en casi todos los países desarrollados del mundo.
Pero incluso en algunos países del Tercer Mundo, donde no está
reglamentado a escala tan amplia, se puede encontrar el juego a todos los
niveles como una ocupación individual de ratos libres. La bebida es la
segunda adicción en la que las sociedades del mundo han caído presas.
El
Santo Corán prohíbe tanto el juego como la bebida:
¡Oh vosotros, los que creéis! Las bebidas
embriagadoras, el juego de azar, los ídolos y las flechas de la suerte,
no son más que una abominación de las obras de Satanás. Absteneos, pues,
de cada una de ellas, para que prosperéis. Satanás solo busca crear
enemistad y odio entre vosotros mediante las bebidas embriagadoras y los
juegos de azar, y apartaros del recuerdo de Al-lah y de la Oración. ¿No
os vais, pues, a abstener? (C.5: Al-Maida: 91,92)
El
Santo Profeta,(la paz y bendiciones de Dios sean con él), declaró que la
bebida era:
"La Madre de Todos los Males"
Las dos
vicios están tan extendidos y son tan universales en su naturaleza que es
difícil trazar una línea divisoria. Desde el punto de vista político,
Oriente y Occidente posiblemente no se fusionen nunca, pero en su gran
inclinación hacia el juego y la bebida, el Este y el Oeste, el Norte y el
Sur ya se han unido.
Tanto
la bebida como el juego son males socioeconómicos. La suma que se invierte
en la bebida en un solo día en Gran Bretaña, es suficiente para alimentar
a las multitudes acosadas por el hambre en África durante muchas semanas.
A pesar de todo, en los países más empobrecidos de África y de otros
continentes la bebida no se considera un lujo que la gente no pueda
adquirir. Habiendo fracasado en proveer las necesidades básicas de la
existencia y la educación a los niños, hay millones de africanos que aun
tienen acceso al consumo del alcohol. En la indigente parte sur de la
India, donde es imposible crear una planta de producción de vino, sirve
como substituto un ponche hecho en casa. Sin embargo, es cierto que la
pobreza frena, hasta cierto punto, la propagación de "la madre de todos
los males".
Mientras aumenta la renta per cápita, lo mismo ocurre con los gastos en la
bebida. Hasta que uno no se vuelve alcohólico a nadie parece preocuparle
excesivamente.
Podría
argumentarse por qué razón deben la bebida y el juego considerase
problemas del mundo contemporáneo cuando, en realidad, son tan antiguos
como la propia historia de la humanidad. Sin duda, el alcohol y el juego
han existido en todas las épocas y lugares del mundo; no obstante, por su
naturaleza intemporal, pueden ser considerados como problemas de todas las
épocas.
Desde
el punto de vista de la economía, el juego es más perjudicial que la
bebida. En el juego, el dinero cambia de manos sin impulsar la rueda de la
economía, pues el dinero se intercambia por dinero sin el esencial
intercambio de mercancías en los mercados monetarios. En el juego, el
dinero cambia de manos sin participar en el proceso de desarrollo
económico y producción de riqueza. Mientras que en los mercados monetarios
existe algún fin económico, el juego no sirve prácticamente a ningún fin.
Bajo el libre comercio y en un entorno industrial, el dinero no cambia de
manos sin servir a la economía de una forma material. En la industria y el
comercio, el intercambio de valores es beneficioso, en la mayoría de los
casos, para todos los que participan. Es inconcebible que la mayoría de
los comerciantes sufran pérdidas como norma, mientras que en el juego, por
regla general, la gran mayoría de participantes sufren perdidas, la mayor
parte de las veces. Por ejemplo, pocos casinos van a la quiebra. La
ganancia de unos pocos implica que cientos de miles de personas tengan que
padecer. La única compensación que reciben a cambio del dinero que pierden
es la emoción y la sensación de suspense, hasta que empiezan a comprender
que han perdido su apuesta; a continuación, empiezan a hacer nuevas
apuestas para recuperar sus pérdidas, hasta que la tensión y el estrés
superan al placer de la emoción que reciben a cambio. La angustia y la
amargura dejan de ser un asunto personal del individuo, puesto que
empiezan a repercutir en sus relaciones familiares. En los sectores más
empobrecidos de la sociedad las necesidades cotidianas de los miembros de
la familia han de ser sacrificados ante el altar del juego. El Santo
Corán, a la vez que prohíbe la bebida y el juego, reconoce que existen
ciertamente algunos beneficios parciales derivados de ambos, pero que, sin
duda alguna, el perjuicio supera siempre a la ventaja.
Te preguntan sobre el vino y los juegos de
azar. Diles: "En ambas cosas hay un gran perjuicio y también algunas
ventajas para los hombres, pero su perjuicio es mayor que sus ventajas". Y
te preguntan también sobre lo que deben gastar. Diles: "Lo que podáis
ahorrar". Así hace Al-lah sus mandamientos claros para vosotros a fin de
que podáis reflexionar" (C.2: Al-Baqarah: 220)
Se
podría argumentar que la obtención de placer a través del dinero que uno
gana no incumbe a los demás: que cada uno disfrute como le plazca. La
sociedad no tiene derecho a interferir en la libertad del individuo hasta
el punto de indicarle donde ha de gastar sus ganancias.
Pero se
ha de tener presente que la mayor parte de las enseñanzas religiosas
consisten en amonestaciones y advertencias. Las medidas de coacción aquí
en la tierra no tienen cabida en las enseñanzas de religión alguna, a
menos que se cometan crímenes específicos contra los demás, crímenes
reconocidos incluso desde un punto de vista no religioso. El asesinato,
robo, fraude, corrupción y usurpación de derechos entran en esta
categoría. Sin embargo, existen otros crímenes sociales que, según las
religiones, son venenosos para la sociedad en su conjunto. Sin embargo,
la pena para tales crímenes no se impone a nivel individual: lo padece la
sociedad en su conjunto. Son las leyes sociales, más liberales, las que
aprueban la sentencia.
El
consentimiento a la bebida y el alcohol no tarda en convertirse en un
desenfreno para toda la sociedad, pero ello no constituye una sorpresa.
Además,
estas sociedades se hacen cada vez más costosas de mantener. Se
despilfarra una parte considerable de la riqueza nacional. En este clima
aumenta la frustración. Los delitos van de la mano con el alcohol y el
juego. Las miserias y tragedias de muchos hogares donde se destruye la paz
familiar, son la consecuencia directa y creciente de la bebida y el juego.
Muchos hogares destrozados y matrimonios deshechos son su resultado
directo.
El
alcoholismo conlleva graves consecuencias negativas económicas y sociales,
estudiadas y publicadas recientemente por la revista Scientific
American. Aparte de la violencia doméstica, se producen abusos de
niños, incestos y violaciones debidas a la supresión de las inhibiciones
bajo la influencia del alcohol.
Estadísticas de Mortalidad:
-Disminución de 10 años en la expectativa de vida de los alcohólicos.
-Doble
promedio de mortalidad en hombres y tres veces el promedio en las mujeres.
-Seis
veces más suicidios entre alcohólicos
-El
alcohol es la factor principal de las cuatro primeras causas de mortalidad
en el hombre entre los 25 y 44 años: accidentes (50%) homicidios (60%),
suicidios y cirrosis alcohólica.
Pérdidas económicas por año:
-Perdidas materiales: 14.9 billones de dólares
-Costes
Sanitarios: 8.3 billones de dólares
-Perdidas por accidente: 4.7 billones de dólares
-Perdidas por incendio: 0.3 billones de dólares
-Coste
de crímenes violentos: 1.5 billones de dólares
-Coste
de la respuesta social a lo anteriormente expuesto: 1.9 billones de
dólares
-Coste
total por el abuso del alcohol: 31.6 billones de dólares.
La
bebida, el juego, la música, la danza y otras formas de placer se
consideran normalmente como actividades de entretenimiento inocente por
la mayoría de las sociedades del mundo. Se presentan como partes
esenciales de las diferentes culturas. Aunque varía la forma de expresión
de una sociedad a otra, los rasgos básicos permanecen iguales. Salvo la
escultura, la pintura, etc. la mayoría de las actividades antes
mencionadas no siguen perdurando como inocentes rasgos de la cultura, sino
que se convierten en tiranos que en ocasiones sobrecargan y rompen la
columna vertebral de la sociedad. La sociedad deja de ser dueña de su
destino y no controla su curso. La bebida, el juego, la música, el baile
etc. comienzan a atraer la atención creciente de la gente. La velocidad a
la que capturan a los jóvenes no tarda en convertirse en una estampida.
Observando tales sociedades, uno llega a creer que la búsqueda de placeres
vanos y la sumisión total a los deseos sensuales, es, en realidad, el
objeto último de la creación del hombre.
Según
el Islam esto no es así:
En la creación de los cielos y de la
tierra y en la sucesión de la noche y el día hay, sin duda, signos para
los hombres sensatos. Que se acuerdan de Al-lah cuando están de pie,
sentados y
tumbados sobre su costado, y meditan en la creación de la cielos y la
tierra. Dicen: Señor vuestro, tu no has creado esto en vano, no, Santo
eres Tú; sálvanos, pues, del castigo del fuego (C.3: Al-Imran: 191-192)
Esta es
la declaración que el Santo Corán atribuye a los sabios siervos de Al-lah
que, tras meditar sobre el misterio de la creación y de la vida, exclaman
espontáneamente que sea cual sea el propósito de la creación, no es
ciertamente la vanidad.
Estos
versículos del Santo Corán nos recuerdan la inmensa expresión de júbilo de
Arquímedes cuando exclamó: ¡Eureka!
Así
pues, existen dos entornos totalmente diferentes. Según el Santo Corán, el
ser humano ha sido creado para alcanzar la noble finalidad de seguir el
camino que conduce a su Creador. En este amplio significado de la
adoración, el Santo Corán afirma:
No he creado al hombre y al yinn sino para que me adoren (C.51:
Al Dhariyat: 57)
Si
examinamos cada forma de obtener placer, es posible que no se encuentren
excesivos males en cada uno de ellos para justificar su total prohibición.
Particularmente, en las sociedades libres del mundo, es difícil que la
gente comprenda por qué el Islam es tan puritano hasta el punto de parecer
árido. El Islam no es en absoluto árido ni aburrido aunque pueda parecerlo
a distancia. Ante todo, los que adquieren el gusto por el bien, también
aprenden a sacar un placer sublime de actos que pueden parecer de color
gris al extraño. En segundo lugar, los más afortunados de entre quienes
experimentan el verdadero amor de Dios, transcienden a un estado de
sublimidad en el que los placeres mundanos les parecen demasiado bajos,
miserables, insignificantes y transitorios. En tercer lugar, en su
sentido más amplio, una sociedad que no se entrega a la persecución de los
placeres no se queda con las manos vacías al final del día. En su análisis
final, se trata sólo de un intercambio de valores: la excitación, los
estimulantes, las experiencias sensuales intensas y los éxtasis explosivos
se truecan por la paz, la tranquilidad, el equilibrio, el sentido
creciente de seguridad, la nobleza y la alegría, que como recompensa per
sé es la más noble de todas las recompensas.
Cuando
ambos entornos y ambientes sociales se comparan en conjunto, no es en
absoluto difícil de comprender que el árbol del amor y la devoción a Dios,
raras veces puede echar raíces en el entorno materialista de una sociedad
amante de la diversión. Hay excepciones sin duda, pero la excepción no
hace la regla. Los dos ambientes son muy diferentes.
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