Comunidad Musulmana Ahmadía

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LA PERSECUCION DE LA COMUNIDAD AHMADÍA EN EL PAKISTAN

 persecucion

Nueve musulmanes áhmadis son asesinados y veintidós son heridos por extremistas en  Mandi Bahauddin (Pakistán) el 7 de Octubre de 2005

INTRODUCCIÓN

 

 

La Comunidad Ahmadía del Islam ha cumplido hace 15 años su primer centenario de existencia. Fue fundada en el año 1889 por Hazrat Mirza Ghulam Ahmad de Qadian, en la India. Desde su comienzo la comunidad de musulmanes áhmadis se ha identificado totalmente con el Islam y ha existido como parte del amplio espectro del Islam en el subcontinente indo-paquistaní.

 

Conviene señalar que antes de aparecer el Movimiento Ahmadía en la panorámica islámica, los musulmanes ya se encontraban divididos en 72 sectas distintas. Los musulmanes áhmadis creen firmemente y sin reservas en los cinco puntos fundamentales del Islam, tal y como los definió el Profeta del Islam.

 

Los musulmanes de todo el mundo, pertenecientes a varias denominaciones, han esperado siempre el advenimiento de un Reformador Prometido, de acuerdo con las profecías del Profeta Mohammad. Mientras que los musulmanes no áhmadis siguen esperando el advenimiento del Prometido, los áhmadis creen que ya ha llegado en la persona de su Fundador, Hazrat Mirza Ghulam Ahmad. Esto constituye la diferencia esencial entre ellos y los demás musulmanes.

 

La Comunidad musulmana ahmadía es un grupo pacífico, no político, y observante de la ley, constituido por personas muy dedicadas y disciplinadas. En Pakistán, la tasa de alfabetización de los musulmanes áhmadis es cuatro veces superior a la media nacional. Ellos se consideran siervos de la humanidad y representan las normas más elevadas de la moralidad. Poseen un sentido muy desarrollado del deber y la responsabilidad, lo cual les dado una reputación de honestidad, veracidad y fiabilidad. Su educación y eficacia les ha permitido ocupar altos cargos en todos los estamentos de la sociedad.

 

Los musulmanes áhmadis se encontraban en la vanguardia de la lucha por una patria independiente para los musulmanes indios en la época anterior a la división de la India, una lucha que culminó en la fundación del Pakistán en el año 1947. El fundador del Pakistán, Mohammad Ali Yinah, estaba tan convencido de los sentimientos patrióticos de los musulmanes áhmadis que nombró a un musulmán áhmadi para defender los derechos de Pakistán ante la Comisión sobre Fronteras. Posteriormente, dicha personalidad, Sir Mohammad Zafrullah Khan fue nombrado primer Ministro de Asuntos Exteriores del Pakistán (1947-1954) por el Sr. Yinah.

 

Los miembros de la Comunidad Ahmadía tienen una tradición impecable de ser una comunidad pacífica, que nunca ha constituido una amenaza para nadie. Se esfuerzan por establecer una libertad total de culto y conciencia para todo ser humano y no admiten el uso de la fuerza, la obligación o la coacción en cuestiones de religión y creencia. De acuerdo con los preceptos del Corán, consideran que todo ser humano goza de plena libertad para aceptar o rechazar una religión. Los musulmanes áhmadis rechazan la idea equivocada de la llamada "Guerra Santa", que tiene como propósito obligar a otros a aceptar la religión islámica. También rechazan por anti-islámica la idea del castigo terrenal de la apostasía, ya que esto contradice la libertad de culto enseñada y amada por el Islam.

 

La Comunidad Ahmadía cuenta con unos doscientos millones de miembros que se encuentran en más de 80 países del mundo. El sector más grande de la Comunidad viven en Pakistán, donde son perseguidos por sus creencias a instancias de los Mullahs -clérigos- fanáticos, que a su vez reciben el apoyo y estímulo del gobierno, que busca la popularidad vulgar al incitar el sentimiento religioso de las masas, en su gran mayoría analfabetas.

 

Ya que los musulmanes áhmadis creen firmemente que su comunidad ha sido fundada por el Mesías, designado por Dios, reconocen la necesidad de enfrentarse a una oposición. Están acostumbrados a la oposición y hasta la persecución de sus oponentes. Esto ha sido una característica constante de su historia centenaria.

 

Pero la persecución actual es de carácter totalmente distinto. Ha sido iniciada, fomentada, apoyada y orquestada por el gobierno militar del Pakistán que asumió el poder en julio de 1977 tras un golpe militar y mantenida por los sucesivos gobiernos del pais hasta la actualidad.

 

El arma más eficaz del actual gobierno -y de su predecesor- es el nombre del Islam, del que se abusa sin límites. A los áhmadis se les persigue, se les despoja de sus derechos humanos fundamentales con el fin de ganarse el apoyo de las masas analfabetas a quienes han engañando y mentido constantemente. Su idea es presentar al Gobierno como defensor del Islam. Este ejerce su influencia, por caminos insidiosos en la prensa, y la radio y la televisión, controladas por el gobierno, se dedica implacablemente a promover esta causa.

 

Se ha contratado a Mullahs para incitar a las masas en contra de los áhmadis, utilizando todos los medios a su alcance, incluidas las facilidades provistas por el gobierno. Se ha conseguido que los áhmadis sean "caza lícita" a los ojos de los fanáticos "buscadores del paraíso" y los "aspirantes al martirio". El gobierno no está siendo presionado por el pueblo; lo que sucede es exactamente lo contrario.

 

El instrumento más eficaz de persecución es la Ordenanza Militar nª XX del 26 de abril de 1984, que se está haciendo cumplir con más vigor aún tras el levantamiento de la ley marcial. Esta Ordenanza - que supone una enmienda a la Constitución pakistaní y a su código penal-  no solo confirma una anterior promulgada en 1974 por el entonces primer ministro del Pakistán, Zulficar Ali Butto, en la que se declaraba a los áhmadis musulmanes como "no musulmanes" a efectos de la ley y de la constitución, sino que les prohíbe adoptar  cualquier actitud, postura o expresión propia de los musulmanes así como predicar su creencia. Se les prohíbe denominar "mezquitas" a sus centros religiosos, se prohíbe realizar la llamada a la oración -el azán- al modo islámico y se les prohíbe literalmente "posar directa o indirectamente como musulmanes, o referirse a su fe como el Islam o predicar o propagar su fe o invitar a otros a su fe, por palabras, habladas o escritas o por representaciones visibles o de cualquier otra manera" bajo pena de prisión rigurosa y multa ilimitada.

 

Esta Ordenanza no solo contraviene los derechos fundamentales universalmente reconocidos en la carta de la ONU sino que ha dado a las autoridades y a los mullahs fanáticos mano libre para hostigar y perseguir a los miembros de la Comunidad ahmadía. Como resultado, varias decenas de áhmadis han sido asesinados y miles de ellos han sido encarcelados sólo por practicar y profesar su fe. Una gran cantidad de mezquitas han sido demolidas, selladas, prendidas fuego y profanadas. Los incidentes han sido investigados y confirmados por agencias internacionales independientes como Amnistía Internacional, la Comisión Internacional de Juristas y Abogados de Derechos Humanos, de forma reiterada.

 

En Noviembre de 1988 cuando Benazir Butto fue elegida Primer Ministro tras unas elecciones democráticas, se pensó en todas partes que los derechos humanos básicos quedarían reestablecidos en el país. Sin embargo, a pesar del hecho de que el “Partido del Pueblo del Pakistán”, liderado por Butto se comprometió a  “establecer la paz y la armonia en la sociedad civil y a garantizar la seguridad y proteccion de la vida, el honor y la propiedad de todo ciudadano sin distincion de su afiliacion politica, religion, casta, raza y sexo” (Manifiesto del Partido Popular del Pakistán, Dawn, Karachi, 14 de octubre de 1988), apenas se produjo ningún cambio en la política del gobierno con respecto a los musulmanes áhmadis. Las leyes discriminatorias continuaron en la Constitución y siguen vigentes en el actual gobierno militar. Los sucesivos ministros de Asuntos Religiosos y asesores de la Presidencia para Asuntos Religiosos han declarado públicamente que las restricciones legales y constitucionales impuestas a la Comunidad Ahmadía en el Pakistán no desaparecerán aunque la Constitución de 1973 fuera plenamente restaurada y la 8ª enmienda desapareciera. Ambas instancias han mandado reiteradamente instrucciones a todos los Gobernadores Provinciales, en el sentido que se hagan efectivas todas las leyes contra los áhmadis tanto en su letra como en su espíritu.

 

Como resultado de esta política se han incrementado los ataques organizados contra la población ahmadía en diversos lugares. Centenares de hogares han sido saqueados y posteriormente incendiados por malhechores armados liderados por fanáticos religiosos, con la ayuda y complicidad de las autoridades policiales. Las mezquitas ahmadía han sido asaltadas por la policía, y el Kalima, el articulo de fe musulmán, arrancado de las mismas. En general, todas las operaciones han sido supervisadas por los magistrados locales.

 

A pesar de esta hostilidad creciente, la Comunidad Ahmadía musulmana ha continuado realizando un rápido progreso en todas las partes del mundo, incluyendo el Pakistán, y esta tremenda oposición gubernamental no ha hecho sino constatar reiteradamente su fracaso en su intento de impedir la expansión de esta Comunidad.

 

Antonio Gualtieri, eminente escritor y Profesor de Religión en la Universidad de Otawa en Canadá, hombre de creencias cristianas, ha publicado un libro titulado CONCIENCIA Y COACCION en el que describe el sufrimiento de los áhmadis en el Pakistán y en el que afirma:

 

La actitud persecutoria actual del Gobierno del Pakistán hacia los áhmadis supera en intensidad a las actitudes de ciertas autoridades romanas hacia el cristianismo primitivo. El problema allí existente, según evidencia una carta de Plinio a Trajano, era si los cristianos debían ser perseguidos por crímenes específicos y universales o si debían ser perseguidos sólo por el hecho de denominarse como tales cristianos.

 

 "¿Es el hecho de ser cristiano un crimen per se, punible por el aparato judicial y represivo del Estado romano, o sólo debe ser perseguido el cristiano cuando esté implicado en un acto específico y abiertamente anti-social?"

 

La respuesta de Trajano a Plinio fue, que, a menos que existiera una queja, los cristianos no deberían ser apresados, no habrían de ser perseguidos sólo por el nombre de Cristo, sino, que sólo deberían ser acusados de crímenes específicos cuando los cometieran.

 

La situación actual hoy en el Pakistán es tan simple como que ser áhmadi constituye un crimen contra el Estado. El gobierno puede no interpretarlo así, pero este es el resultado último de una legislación que convierte en un ofensa adoptar la postura del musulmán.

 

Si los áhmadis insisten en comportarse de una manera que forma parte integral de sus percepciones fundamentales (en una palabra, de su fe), entonces tales personas son culpables de delito. Si estuvieran dispuestas a renunciar a tales prácticas, como la llamada a la oración, a portar el Kalima, o a usar determinados epitafios coránicos en sus tumbas, entonces se verían inmunes ante la persecución. Pero ello equivaldría de hecho a una apostasía obligada, a la negación de su propia identidad y a la violación de los principios y prácticas específicos de su propia tradición religiosa.

 

Los áhmadis no pueden negar su identidad musulmana porque viven de acuerdo con la revelación divina en el Corán que, de forma explícita, llama Islam a su religión revelada. Repudiar su propia designación como musulmanes, supone, de facto, negar su lealtad al autor divino del Corán. No están dispuestos a ello aunque tengan que afrontar el dolor, el sufrimiento o la muerte.

 

Antonio Gualtieri concluye con estas palabras:

 

Para los no musulmanes, cuya preocupación no es la autenticidad del Islam sino la justicia humana más elemental, el estudio -recogido en mi libro sobre la situación de los áhmadis musulmanes en el Pakistán- es una llamada de atención para que ejerzan su influencia sobre el Gobierno del Pakistán para que ponga fin a su cooperación con la mentalidad fanática mostrada por ciertos teólogos y juristas islámicos conservadores y fundamentalistas. El empleo del aparato punitivo de un estado moderno para negar a un grupo pacífico su derecho a la propia definición viola todas las convicciones referentes aun orden natural de derechos y libertades que, aunque transgredidos, en ocasiones, en la práctica, forman parte de la filosofía social de todas las naciones del mundo que han suscrito la Declaración Universal de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

 

Antonio R. Gualtieri

"Conscience and coercion"

p.34

 

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