NO CENSURA ROTUNDA A
NINGÚN SISTEMA POLÍTICO
Comenzamos con la observación de que en el Islam no se menciona ningún
sistema político como el único sistema válido frente a los demás.
No hay
duda de que el Sagrado Corán habla de un sistema democrático en el que los
gobernantes pueden ser elegidos por el pueblo, pero no es el único sistema
recomendado por el Islam. Ni puede ser la prerrogativa fundamental de una
religión universal la elección de un sistema único de gobierno sin la
consideración debida del hecho de que no es posible en la práctica la
aplicación de un único sistema a todas las regiones y sociedades del
mundo.
La
democracia no se ha desarrollado lo suficiente para alcanzar el nivel de
gobierno que se corresponde con la visión política definitiva de la
democracia ni siquiera en las naciones más avanzadas del mundo. Con el
ascenso del capitalismo y la construcción de una maquinaria extremadamente
poderosa en los países capitalistas, no se pueden llevar a cabo en ninguna
parte elecciones verdaderamente democráticas.
Si se
añade a esto el problema creciente de la corrupción, y el surgimiento de
la Mafia y otros grupos de presión, puede concluirse con certeza que la
democracia no está en manos seguras ni en los países más democráticos del
mundo. Entonces, cómo puede ser apropiada en el Tercer Mundo?
Por
tanto, afirmar que las democracias occidentales pueden prevalecer en
países africanos, asiáticos o sudamericanos o en los así llamados países
islámicos del mundo, sería equivalente a hacer una declaración vacía e
irreal.
Desde
mi punto de vista, las enseñanzas islámicas no rechazan ningún sistema
político del mundo: el Islam lo deja a la elección de la gente y a las
tradiciones establecidas históricamente que prevalecen en cualquier país.
En lo que el Islam pone énfasis no es en la forma de gobierno sino en cómo
se debiera conducir el gobierno.
Con tal
de que un sistema de gobierno se ajuste al ideal islámico en el
cumplimiento de la confianza que se debe a los ciudadanos, los distintos
sistemas de gobierno, como el feudalismo, monarquía, democracia, etc.,
pueden adecuarse al Islam.
índice
MONARQUÍA.
La
monarquía se menciona de forma repetida en el Sagrado Corán sin ser
censurada como institución.
Un
Profeta de Israel recuerda a Talut a los israelitas:
"Y su Profeta les dijo: "Al-lah os ha
nombrado a Talut como rey". Dijeron: "¿Cómo puede ser soberano nuestro si
nosotros tenemos más derecho a la soberanía que él, y no se le han dado ni
siquiera riquezas en abundancia?" Él dijo: "En verdad, Al-lah lo ha
elegido sobre vosotros y lo ha hecho muy superior en cuanto a
conocimientos y fuerza". Y Al-lah entrega la soberanía a quien le place,
y Al-lah es Generoso, Omnisciente". (C. 2. Al-Baqarah: 248).
La
monarquía también se menciona en el sentido más amplio de considerar a la
gente misma como monarcas:
"Y acordaos cuando Moisés
dijo a su pueblo: "¡Oh pueblo mío! Acordaos del favor de Al-lah para con vosotros cuando nombró Profetas de entre
vosotros, os hizo reyes y os dio lo que no había dado a ningún otro pueblo
del mundo" (C. 5. Al-Maidah: 21).
Una vez
más, las soberanías creadas o expandidas por conquistas no gozan en
general de buena reputación, como encontramos en el versículo sobre la
Reina de Saba en el que advierte a su consejero.
La
decisión de la Reina de Saba se expone como sigue:
Ella respondió: "En verdad, los reyes poderosos, cuando entran en un país, lo despojan y convierten en miserables a
quienes ocupan los puestos más altos entre ellos. Y esta ha sido su
actitud. (C. 27. Al-Naml: 35).
Los
reyes pueden ser buenos o malos, por supuesto, al igual que los
presidentes y primeros ministros elegidos democráticamente pueden ser
también buenos o malos.
Pero el
Sagrado Corán menciona una categoría de reyes que fueron elegidos por
Dios. Ellos son como el Rey Salomón (as), que no sólo fue un rey como
entienden los Judíos y Cristianos, sino también un Profeta de Dios según
el Sagrado Corán.
Esto
demuestra que, a veces, los oficios del profetázgo y soberanía se combinan
en una sola persona y que son soberanos directamente nombrados por Dios.
En el
Sagrado Corán se menciona otro tipo de soberanía a través de la autoridad
de un Profeta. El siguiente versículo ilustra este hecho:
¡Oh vosotros, los que creéis! Obedeced a
Al-lah, a Su Mensajero y a los que tienen autoridad sobre vosotros. Y si
disputáis respecto a cualquier asunto, sometedlo a Al-lah y al Mensajero,
si sois creyentes en Al-lah y en el Último Día. Esto es al final lo mejor
y más recomendable" (C. 4. Al-Nisa: 60).
Este
versículo no sólo enumera las categorías de soberanía, sino que enfatiza
que, de acuerdo con el Sagrado Corán, a veces las elecciones democráticas
no son necesariamente las adecuadas. Es bastante probable que la
abrumadora mayoría de la gente no reconozca las cualidades esenciales de
gran liderazgo en una persona y proteste contra su elección si se les
impone. Según todos los criterios políticos, su designación sería descrita
como dictatorial. La elección podría ir contra la voluntad popular pero
ciertamente no contra el interés público.
La debilidad inherente en la forma democrática de elecciones es que las masas
basan su elección en impresiones superficiales y en valoraciones
apresuradas y son incapaces de juzgar por sí mismas las cualidades
acertadas de liderazgo más adecuadas a su beneficio definitivo.
Parece
que en la historia de la gente favorecida por Dios, han habido épocas en
las que su supervivencia política necesitó de la intervención divina. En
tales épocas, Dios pone la elección de un Rey, soberano o jefe en Sus
propias manos. No se debiera deducir de esto que todos los monarcas o
jefes son elegidos de forma divina por Dios o santificados como tales.
Este concepto erróneo que ha sido común en el sistema cristiano medieval
no es compartido por el Sagrado Corán. Por ejemplo, el Rey Ricardo se
lamenta:
"Todas las aguas de mares escabrosos no pueden llevarse el bálsamo de un
Rey ungido (Shakespeare)".
índice
DEFINIENDO LA
DEMOCRACIA
El
concepto de democracia, a pesar de sus orígenes griegos, se basa en la
breve definición de Abraham Lincoln en Gettysburg de gobierno del
pueblo, por el pueblo, para el pueblo. Es desde luego un tópico muy
interesante, pero rara vez aplicado en su totalidad en ninguna parte del
mundo.
La
tercera parte de esta definición para el pueblo es muy vaga y llena
de peligros. Qué se puede declarar que sea para el pueblo con
total confianza? En un sistema de gobierno de mayoría, puede ocurrir muy a
menudo que lo que se considera que es para el pueblo es simplemente
para la mayoría y no para la minoría restante.
En un
sistema democrático, también es posible que las decisiones vitales se
tomen únicamente basándose en la mayoría absoluta. Aun así, si se analizan
más minuciosamente los hechos y las cifras, se descubre que realmente fue
una decisión minoritaria, aprobada democráticamente, e impuesta sobre la
mayoría. Una de las numerosas posibilidades es que el partido gobernante
sea votado para el poder en una primera vuelta habiendo obtenido los
puestos en base a una mayoría minoritaria en casi todas las
circunscripciones. Además, si el número de votantes el día de la votación
es bastante bajo, se hace dudoso que el partido gobernante goce, en
efecto, del apoyo de la mayoría. Incluso si el partido surge con una
mayoría general del electorado, podrían ocurrir muchas cosas durante el
período de su posesión. La opinión pública podría cambiar drásticamente de
tal modo que el gobierno establecido ya no fuese una representación
verdadera de la mayoría. Después de todo, a cada cambio de gobierno se
manifiesta un proceso gradual de cambio de intención por parte del
electorado.
Incluso
si el gobierno sigue siendo popular para sus votantes, no es improbable
que cuando se toman ciertas decisiones clave, un número considerable de
miembros del partido gobernante no esté en el fondo de acuerdo con la
mayoría, pero voten por lealtad al partido. Si la diferencia está en la
fuerza del partido gobernante sobre el partido o partidos de la oposición,
entonces, bastante más que a menudo, la decisión llamada mayoritaria sería
en realidad la decisión de una minoría impuesta al pueblo.
También
es de recalcar que el concepto de lo que se considera como bueno para
el pueblo cambia de una época a otra. Si las decisiones no se toman
sobre principios absolutos sino sobre lo que se considera bueno para el
pueblo, o al menos lo que el partido considera bueno, esto podría
llevar a giros constantes en la política cada cierto tiempo. Lo que
aparece hoy podría ser malo mañana y bueno al día siguiente.
Para el
hombre de la calle, esta puede ser una situación engañosa. La
experimentación del comunismo a una escala tan grande durante más de medio
siglo, estuvo al fin y al cabo basada en el mismo eslogan de para el
pueblo. No todos los estados socialistas fueron dictatoriales.
También
debiera notarse que la línea que separa los estados socialistas de los
democráticos en lo que concierne a gobierno por el pueblo es muy
fina y a veces inexistente. Cómo se puede censurar a todos los gobiernos
del mundo elegidos en países socialistas por haber sido llevados al poder
no por el pueblo? Por supuesto, en un estado totalitario es posible
dictar la elección de los candidatos al electorado de tal modo que les
deje poco espacio para elegir otras alternativas. Sin embargo, tácticas
similares y otras despóticas se pueden usar también, con unas pocas
excepciones en el mundo occidental, en países con un sistema democrático
de gobierno.
De
hecho, a la democracia en la mayor parte del mundo no se le dejan las
manos libres, y las elecciones rara vez son por el pueblo. Mediante
el fraude electoral, las negociaciones ocultas, el gobierno del terror
mediante tácticas policiales y otras medidas corruptas similares, se
atenúa y se adultera el espíritu y sustancia de la democracia en el mundo,
de tal modo que al final queda poco de democracia.
índice
DEFINICIÓN ISLÁMICA DE
DEMOCRACIA.
Según
el Sagrado Corán, el pueblo tiene una libre oportunidad de adoptar
cualquier sistema de gobierno que le sea adecuado. Democracia, soberanía,
sistemas tribales o feudales son válidos con tal de que el pueblo los
acepte como el patrimonio tradicional de su sociedad.
No
obstante, parece claro que la democracia se prefiere y se recomienda
especialmente en el Sagrado Corán. Se aconseja a los musulmanes que
adopten un sistema democrático, aunque no exactamente el modelo de
democracia del estilo occidental.
El
Islam no presenta una definición vacía de democracia en ninguna parte del
Sagrado Corán. Sólo trata de principios de vital trascendencia y deja el
resto a la gente. Síguelo y benefíciate, o extravíate y sé destruido.
índice
DOS PILARES DEL
CONCEPTO ISLÁMICO DE DEMOCRACIA.
Sólo
hay dos pilares en el concepto islámico de democracia. Estos son:
1. El
proceso islámico de elecciones se debe basar en la confianza y la
integridad.
El
Islam enseña que donde quiera que ejerzas tu voto, lo hagas con la
conciencia de que Dios está vigilándote y te hará responsable de tu
decisión. Vota por los que sean más capaces de desempeñar su
responsabilidad nacional y que sean ellos mismos dignos de confianza. En
esta enseñanza está implícita la exigencia de que aquellos que tienen
derecho a voto, deben ejercerlo correctamente a no ser que haya
circunstancias fuera de su control o existan impedimentos en el ejercicio
de ese derecho.
2. Los
gobiernos deben funcionar según el principio de justicia absoluta.
El
segundo pilar de la democracia islámica es que siempre que tomes
decisiones, lo hagas según el principio de justicia absoluta. Ya sean
asuntos políticos, religiosos, sociales o económicos, nunca se debe
comprometer a la justicia. Después de la formación del gobierno, la
votación dentro del partido debería también seguir siempre orientada hacia
la justicia. Por lo tanto, no debiera permitirse que ningún interés
partidista o consideración política tuviesen influencia en el proceso de
toma de decisiones. A la larga, toda decisión tomada con este espíritu va
a ser realmente del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.
índice
PREFERENCIA POR LA
CONSULTA MUTUA.
La
sustancia de la democracia se discute muy claramente en el Sagrado Corán
y, en lo que concierne al consejo dado a los musulmanes, aunque la
monarquía nunca se ha excluido como institución irreligiosa e impía, la
democracia se prefiere con certeza a todas las demás formas de gobierno.
Describiendo la sociedad musulmana ideal, el Sagrado Corán
declara:
Cuanto se os ha concedido no es más que
una provisión temporal de esta vida, pero lo que está con Al-lah es mejor
y más duradero para quienes creen y ponen confianza en su Señor. Quienes
se abstienen de los pecados y obscenidades más graves y, cuando están
encolerizados, perdonan. Quienes escuchan a su Señor y cumplen la Oración,
cuyos asuntos se deciden por consulta mutua y emplean de lo que les hemos
proporcionado. Y quienes se defienden cuando se les perjudica" (C. 42. Al-Shura:
37-40).
Las
palabras árabes AMRO HUM SHURA BAINAHUM (cuyos asuntos se administran
por consulta mutua) se refieren a la vida política de la sociedad
musulmana, indicando claramente que en asuntos de gobierno, las decisiones
se toman a través de consulta mutua, que, por supuesto, recuerda a uno la
primera parte de la definición de democracia, esto es: gobierno del
pueblo. La voluntad común del pueblo se convierte en la voluntad de
gobierno del pueblo a través de la consulta mutua.
La segunda parte de la definición de
democracia se refiere a por el pueblo. En la siguiente parte del
versículo se hace clara referencia a esto:
"En verdad, Al-lah os ordena confiar las
responsabilidades a quienes estén mejor dotados para desempeñarlas. (C. 4:
Al-Nisa: 59).
Esto
significa que siempre que expreses tu voluntad para elegir a tus
gobernantes, sitúes la responsabilidad en el lugar al que por derecho
pertenece.
El
derecho del pueblo a elegir a sus gobernantes se menciona, por supuesto,
aunque incidentalmente. El verdadero énfasis se pone en cómo se debe
ejercer este derecho. Se recuerda a los musulmanes que no es una simple
cuestión de voluntad personal que pueden ejercer del modo que les parezca,
sino que mucho más que eso, es una cuestión de responsabilidad nacional.
En asuntos de responsabilidad, no te quedan muchas opciones. Debes
desempeñar la responsabilidad con toda honestidad, integridad y espíritu
desinteresado. La responsabilidad debe reposar donde realmente pertenece.
Muchos
letrados musulmanes citan este versículo sólo para indicar que el Islam
propone el sistema y teoría de la democracia como se entiende en la
filosofía política occidental, pero esto es sólo cierto en parte.
El
sistema de consulta mencionado en el Sagrado Corán no deja sitio para la
política de partidos de las democracias occidentales actuales, ni da
licencia al estilo y espíritu de los debates políticos en los parlamentos
y cámaras de representantes elegidos democráticamente. Como ya hemos
discutido este aspecto en detalle, no es necesario añadir nada más.
También
debería señalarse en relación con la segunda parte de la definición de
democracia, que según este concepto de consulta mutua, el derecho a votar
pertenece prácticamente de manera absoluta a los votantes sin otros
requisitos o condiciones que infrinjan este derecho.
Según
las normas habituales de democracia, el votante puede desperdiciar su voto
en favor de un títere, o echar a perder o tirar su papeleta en la papelera
en lugar de en la urna electoral. Seguirá siendo irreprochable y no se le
podrá tachar de haber violado ningún principio de la democracia.
Según
la definición del Corán, sin embargo, el votante no es el dueño absoluto
de su voto sino un depositario. Como depositario, debe depositar su
confianza con justicia y honradez, donde considere que verdaderamente
pertenece. Debe estar alerta y ser consciente de que será responsable de
su acción ante los ojos de Dios.
A la
vista de este concepto islámico, si un partido político nombra un
candidato al que otro miembro particular del partido considera incapaz de
desempeñar su responsabilidad nacional, dicho miembro debería dejar el
partido antes que votar por alguien que no le merece la confianza. No se
permite que la lealtad al partido interfiera en su elección.
Una vez
más, se debe desempeñar la responsabilidad de buena fe. Por lo tanto, todo
votante debe participar completamente en el ejercicio de su voto durante
las elecciones a no ser que esté incapacitado para hacerlo. De otro modo,
habrá fracasado en el desempeño de su propia responsabilidad. El concepto
de abstención o contención en el ejercicio del voto, como ocurre en los
Estados Unidos de América donde casi la mitad del electorado no se molesta
en votar, no tiene cabida en el concepto islámico de democracia.
índice
LA CONFUSIÓN EN CUANTO
A LA VERDADERA NATURALEZA DEL GOBIERNO ISLÁMICO
Se está
haciendo popular entre los pensadores políticos musulmanes de la época
contemporánea, postular que Islam se inclina por la democracia. Según su
filosofía política, al ser Dios la autoridad definitiva, la soberanía le
corresponde a Él.
La
soberanía absoluta le corresponde a Dios. El Sagrado Corán recalca Su
dominio en el siguiente versículo:
"Exaltado sea pues Al-lah, el Verdadero
Soberano. No hay otro Dios sino El, el Señor del Trono Glorioso" (C. 23:
Al-Mu´minun: 117).
El
principio fundamental de que, en última instancia, todos los derechos a
gobernar pertenecen a Dios y que Él es el Señor de la Soberanía, se
menciona de distintas formas en el Sagrado Corán, de las cuales el
versículo anterior es sólo un ejemplo.
En el
manejo de los asuntos políticos, la soberanía de Dios se expresa de dos
maneras:
a) La
Ley (Shariah) por derivarse del Sagrado Corán, la conducta del
Santo Profeta del Islam (sa) y también de las tradiciones establecidas
atribuidas a él por los primeros musulmanes, es suprema. Conlleva pautas
esenciales para la legislación y ningún gobierno elegido democráticamente
puede interferir en la Voluntad expresa de Dios.
b)
Ningún proceso legislativo sería válido si contradijese el principio
antedicho.
Desgraciadamente, sin embargo, no hay unanimidad entre los letrados de las
diversas sectas del Islam en cuanto a cuales son las Leyes bien definidas (Shariah). Todos los letrados están de acuerdo en que la
legislación es prerrogativa de Dios y que Él ha expresado Su Voluntad a
través de la revelación coránica al Sagrado Fundador del Islam.
En
cuanto al modo en que debieran manejarse los gobiernos islámicos, la idea
popular es que en los temas, asuntos y medidas administrativas del día a
día, el gobierno, como representante del pueblo, sirve como instrumento
para expresar la Voluntad de Dios. Como la soberanía pertenece al pueblo a
través de un poder delegado, por tanto tal sistema es democrático.
índice
MUL-LAHISMO.
Este
es el punto de vista riguroso de la así denominada ortodoxia, que llegaría
a un entendimiento con las tendencias democráticas modernas del pueblo
musulmán, sólo a condición de que se garantizase al Mul-lah (traducción aproximada del "clero" musulmán) el derecho definitivo a
juzgar la validez de las decisiones democráticas, basándose en el Shariah.
Si se
aceptase, esta demanda sería equivalente a situar la autoridad legislativa
definitiva no en las manos de Dios sino en las manos de los ortodoxos o de
alguna otra escuela del clero. Si se considera el enorme poder puesto en
sus manos en el escenario de las diferencias fundamentales que prevalecen
entre el mismo clero musulmán en lo que se refiere a su comprensión de lo
que es y lo que no es Shariah, las consecuencias se presentan
horrendas. Hay demasiadas escuelas de jurisprudencia entre los ortodoxos.
Incluso dentro de cada escuela de jurisprudencia, el clero no se muestra
siempre unánime ante cualquier decreto. De nuevo, su posición en cuanto a
cuál es la verdadera Voluntad de Dios según lo expresado en el Shariah Islámico, ha ido cambiando en los diferentes períodos de la historia.
Esto
representa un problema complejo para el mundo contemporáneo del Islam, el
cual todavía parece estar en busca de su verdadera identidad. Cada vez se
está haciendo más aparente para los intelectuales musulmanes que el único
punto de encuentro entre el clero es su demanda intransigente de que se
ejecute la Shariah.
La
revolución iraní ha abierto más el apetito de los Mul-lah en países
donde los musulmanes Sunnitas son mayoría. Según ellos, si Jomeini puede
triunfar, por qué van a fracasar ellos? Detrás de esto está su fantasía -
la tierra de sus sueños-.
Las
masas están confundidas. Preferirías la Palabra de Dios y la del Sagrado
Profeta del Islam (sa) o la de los hombres en una sociedad sin dios y sin
temor para que guíen y conformen tus declaraciones políticas? Esta
cuestión es extremadamente difícil para una persona común, que se
encuentra a sí misma en estado de desconcierto y confusión. Las masas de
muchos países musulmanes adoran el Islam y estarían dispuestos a morir por
la Voluntad de Dios y el honor del Santo Profeta del Islam (sa). Aún así,
hay algo dentro de todo el escenario que les deja confusos, molestos y muy
intranquilos. A pesar de su amor a Dios y al Santo Profeta (sa), les evoca
muchos recuerdos sangrientos de gobiernos del pasado que estaban bajo la
influencia de los Mul-lahs o que explotaban el Mul-lahismo para su beneficio político.
En
cuanto a los políticos musulmanes, parecen estar divididos e indecisos.
Algunos no pueden resistirse a explotar esta situación, poniéndose del
lado de los Mul-lah y favoreciéndoles. Sin embargo, acarician la
esperanza secreta de que a la hora de las elecciones, no serán los Mul-lah sino ellos, los elegidos como firmes defensores del Shariah. Las
masas preferirían confiar más en ellos como guardianes del Shariah,
que en los Mul-lah. La vida sería más sencilla y más realista en
sus manos que bajo el control obstinado e inflexible de los "custodios del
cielo". Los más escrupulosos de entre los políticos, son los previsores
que consideran este un juego peligroso. ¡Ay! Se están convirtiendo
rápidamente en una minoría. La política y la hipocresía y la verdad y los
escrúpulos, o cualquier virtud noble en ese asunto, no parecen ir de la
mano. En general, los intelectuales se inclinan cada vez más por la
democracia. Aman el Islam, pero tienen miedo de un gobierno teocrático.
Ven la democracia, no como una alternativa al Islam, sino que creen
genuinamente que como filosofía política, es el mismo Sagrado Corán el que
propone la democracia:
Quienes escuchan a Su Señor y cumplen la
Oración, cuyos asuntos se deciden por consulta mutua, y emplean de lo que
les hemos proporcionado" (C. 42: Al-Shura: 39).
Y consúltales en asuntos de
administración; y cuando estés decidido, pon tu confianza en Al-lah. En
verdad, Al-lah ama a quien pone en El su confianza" (C. 3: Al-Imran: 60).
Como
claro resultado de esta lucha crítica entre las diversas facciones, los
países musulmanes jóvenes, como Pakistán, se encuentran a sí mismos en un
galimatías de confusión y contradicción. El electorado es
temperamentalmente adverso al retorno de los Mul-lahs a las
asambleas constituyentes en número significativo. Incluso en la cima de la
fiebre del Shariah, apenas del cinco al diez por ciento de los Mul-lahs
logran el triunfo en las elecciones. Sin embargo, al haberse comprometido
a la Ley de Dios a cambio del apoyo adicional de los Mul-lahs, los
políticos se encuentran a sí mismos en una posición nada envidiable. En el
fondo, están completamente convencidos de que la aceptación del Shariah
es, en realidad, contradictoria con el principio de legislatura a través
de una cámara de representantes elegida democráticamente.
Si la
autoridad para legislar recae en Dios, lo cual no puede negar un musulmán,
entonces, como consecuencia lógica, son los teólogos y los Mul-lahs los
que poseen la prerrogativa de comprender y definir la ley del Shariah. En
este escenario, todo el ejercicio de elección de cuerpos legislativos se
vuelve inútil y carente de sentido. Después de todo, a los miembros del
Parlamento no se les requiere que firmen solo sobre las líneas de puntos
que les indiquen los Mul-lahs.
Es
bastante trágico saber que ni el político ni el intelectual han intentado
nunca comprender con sinceridad la forma o formas de gobierno que el
Sagrado Corán realmente propone o reconoce.
índice
LEALTADES DIVIDIDAS ENTRE EL ESTADO Y LA RELIGIÓN.
No hay
contradicción entre la Palabra de Dios y la Acción de Dios. No hay choque
entre lealtad al estado propio y a la religión en el Islam. Pero esta
cuestión no afecta sólo al Islam.
Hay
muchos episodios en la historia del hombre en los que un estado
establecido se vio afrontado a esta cuestión.
El
Imperio Romano, especialmente durante los tres primeros siglos del período
cristiano, culpó a la Cristiandad de lealtades divididas entre el Imperio
y La Cristiandad. Esta acusación del estado acabó en la persecución
extremadamente salvaje e inhumana de los primeros cristianos en sus
hogares, por el supuesto crimen de traición y deslealtad al Emperador.
Esta
lucha entre la Iglesia y el Estado ha constituido siempre un factor
importante en la construcción de la historia europea. Napoleón Bonaparte,
por ejemplo, culpaba al Catolicismo Romano de dividir lealtades y afirmaba
que la primera lealtad se debía al pueblo francés y al gobierno de Francia
y que no se permitiría a ningún Papa Vaticano gobernar los asuntos de los
católicos romanos en Francia, ni se permitiría al Catolicismo Romano
interferir en los asuntos del estado.
En la
historia reciente, mi propia comunidad, los áhmadis musulmanes, afrontan
en Pakistán serios problemas sobre las mismas bases. Cuando la influencia
del clero medievalista empezó a resurgir bajo la protección del General
Muhammad Zia-ul-Haq, el dictador militar de más largo gobierno en
Pakistán, los Áhmadis fueron convertidos progresivamente en víctimas
populares de esta vieja acusación de lealtades divididas. El Gobierno de
Pakistán bajo el General Zia, incluso procedió a editar una especie de
Libro Blanco contra los Áhmadis, proclamando que los Áhmadis no eran
leales ni al Islam ni al estado de Pakistán.
Era el
mismo espíritu de locura poseyendo a nuevos sujetos. El vino sigue siendo
el mismo, aunque las copas hayan cambiado.
Más
recientemente, durante el notorio asunto de Salman Rushdie, los musulmanes
de Gran Bretaña y muchas partes de Europa se enfrentaron a un problema
similar al ser acusados de poseer lealtades divididas. Aunque su
intensidad no llegó al rojo vivo, el fuerte daño que supone para las
relaciones intercomunitarias, no debiera subestimarse.
índice
¿DEBIERA LA RELIGIÓN TENER AUTORIDAD LEGISLATIVA EXCLUSIVA?
Se
trata de un fenómeno universal, por tanto, que nunca se ha investigado
seriamente. Ni los políticos ni los líderes religiosos han resuelto nunca
la fina línea azul que divide la religión del estado.
En lo
que a los cristianos se refiere, este tema debiera haberse resuelto de una
vez por todas cuando Jesús, la paz sea con él, dio su histórica réplica a
los fariseos:
Entonces
les replicó: "Pues lo que es del César devolvédselo al César, y lo que es
de Dios, a Dios". (Mateo 22,21)
Estas
breves palabras están llenas de profunda sabiduría. Todo lo que hay que
decir, está dicho.
La
religión y el modo de gobierno son dos de las muchas ruedas del vagón de
la sociedad. Es, en realidad, irrelevante que haya dos, cuatro u ocho
ruedas mientras que mantengan la orientación correcta y giren dentro de
sus órbitas. No puede haber problemas de conflicto mutuo o confrontación.
En
total acuerdo con sus primeras enseñanzas divinas, el Sagrado Corán
estudia este tema demarcando con claridad la esfera de actividades de cada
componente de la sociedad. Sería simplificar demasiado el tema, concebir
que no hay punto de encuentro o base común que compartan la religión y el
estado. Desde luego que se solapan, aunque sólo en un espíritu mutuo de
cooperación. No hay intención de monopolizar.
Por
ejemplo, una gran parte de la educación moral de cada religión se
convierte en parte esencial de la legislación en cada estado del mundo. En
algunos estados, puede constituir una pequeña parte; en otros una parte
relativamente más grande de la ley. Los castigos prescritos pueden ser
suaves o severos, pero las desaprobaciones religiosas de muchos crímenes
que se castigan, pueden descubrirse siempre sin referencia a la religión.
Aunque puedan estar en desacuerdo con muchas leyes seglares, en lo que se
refiere a la gente que pertenece a diferentes religiones, rara vez eligen
enfrentarse en tales temas con el gobierno establecido.
Esto se
aplica no sólo a musulmanes o cristianos sino también a todas las
religiones del mundo por igual. Desde luego que las leyes hindúes puras de
MANUSMARTI están en total contraposición con la legislación seglar de los
gobiernos políticos de la India. Sin embargo, en cierto modo, la gente
parece vivir en un estado de compromiso.
Si se
invocase de un modo serio la ley religiosa contra los sistemas políticos
reinantes en los diferentes países, lo más probable es que el mundo se
transformase en un baño de sangre. Pero afortunadamente para el hombre,
esto no es así.
En lo
que se refiere al Islam, no debería existir tal problema porque el
principio definitivo y firme propuesto por el Islam a este respecto es el
principio de la justicia absoluta. Este principio se mantiene como centro
y fundamento para todas las formas de gobierno que proclaman ser islámicas
de espíritu.
¡Ay!
Este punto tan fundamental en la comprensión del concepto islámico de modo
de gobierno es poco comprendido, si es que lo es, por los pensadores
políticos del Islam. Se equivocan al hacer una distinción entre la
aplicación de la ley común relativa a los crímenes que son de naturaleza
universal y sin ningún soporte religioso, y los crímenes que son
específicos de ciertos preceptos de esa religión. Por lo tanto, sólo los
partidarios de tales religiones son susceptibles de acusación.
Estas
dos categorías no están definidas con claridad. Hay un área gris de
considerable tamaño donde los crímenes comunes pueden tener un soporte
religioso o moral, a la vez que constituyen una serie de ofensas contra
las normas humanas aceptadas. Por ejemplo, el acto de robar es un crimen
que varía en grados de condena y pena prescrita. De modo similar, están
las cuestiones de asesinato, embriaguez o altercado público que están
parcial o totalmente prohibidas por muchas religiones. Algunas religiones
han prescrito penas específicas para estas ofensas.
Surge
entonces la cuestión de cómo debiera administrar un estado tales crímenes.
Esta cuestión hace que surja a su vez la pregunta de si el Islam
proporciona acaso una fórmula clara y bien definida que pueda adoptar un
gobierno musulmán y uno no musulmán. Si un gobierno musulmán ha sido
definido como tal en el Islam, entonces surgirán otras cuestiones muy
importantes, p.e. la validez de un estado que se considere bajo alguna
instrucción religiosa específica y que imponga las enseñanzas de esa
religión a todos sus ciudadanos, independientemente de que pertenezcan o
no a dicha religión.
Las
religiones tienen el deber de atraer la atención de la legislatura a los
temas morales. No es necesario que toda la legislación esté dispuesta bajo
la jurisdicción de las religiones.
Con
tantas sectas diferentes y matices de diversas creencias entre una secta y
otra y una religión y otra, nada salvo la confusión total y anarquía sería
el resultado. Tomemos por ejemplo la pena por consumo de alcohol. Aunque
está prohibido en el Sagrado Corán, no hay castigo especificado por el
mismo Corán. Hay quien confía en ciertas tradiciones que, a su vez, son
desafiadas por diversas escuelas de jurisprudencia. En una localidad o
país, la pena sería completamente distinta a la de cualquier otro lugar.
La ignorancia de la ley sería predominante. Lo que se mantiene cierto para
el Islam, es también cierto para otras fes. La ley talmúdica sería
completamente impracticable. Lo mismo podría decirse del cristianismo.
Un
creyente de cualquier religión puede practicar sus creencias incluso bajo
una ley seglar. Puede guiarse por la verdad, sin que ninguna ley del
estado interfiera en su capacidad de decir la verdad. Puede observar sus
Oraciones y llevar a cabo sus ritos de culto sin necesidad de que una ley
específica aprobada por el estado tenga que permitírselo.
Esta
cuestión se puede examinar también desde otro ángulo interesante. Si el
Islam está de acuerdo con la cuestión de un gobierno musulmán en países
donde los musulmanes son mayoría, entonces por la misma regla de justicia
absoluta, el Islam debe conceder el derecho a otros gobiernos, de gobernar
a sus países de acuerdo a los dictados de la religión de la mayoría. Por
ejemplo, en lo que se refiere a su vecino de al lado, la India, el
Pakistán tendría que aceptar la ley hindú para todos los ciudadanos
hindúes. De ser así, sería desde luego un día muy trágico para los más de
cien millones de musulmanes hindúes que perderían todos los derechos a
sobrevivir de forma honrosa en la India. Una vez más, si la India tuviera
que ser gobernada por el Manusmarti, por qué se le debiera denegar
al estado de Israel el derecho a gobernar tanto a judíos como a gentiles
por la ley del Talmud. Si esto ocurriera, la vida se haría extremadamente
desgraciada no sólo para el pueblo de Israel, sino también para un gran
número de los mismos judíos.
Pero
este concepto de diferentes estados religiosos en diferentes países, sólo
puede ocupar un lugar válido en el Islam, si este propusiera que, en los
países con mayoría musulmana, el shariah (ley) islámico debe
prevalecer por la fuerza de la ley. Esto crearía de nuevo una situación
paradójica universal, porque por un lado, y en nombre de la justicia
absoluta, a todos los estados se les daría el derecho a imponer sobre sus
gentes la ley de la religión mayoritaria. Por otra parte, cada rito de la
minoría religiosa en los distintos países del mundo, sería sometido a la
severa norma de una religión en la que no creen. Esto constituiría una
afrenta al mismísimo concepto de justicia absoluta.
Este
dilema no se ha tomado en consideración ni se ha intentado resolver por
parte de los proponentes de la ley islámica en los así llamados estados
musulmanes. Según mi interpretación de las enseñanzas islámicas, todos los
estados deberían gobernarse por el mismo principio de justicia absoluta y
como tal cada estado se convierte en un estado musulmán.
A la
vista de estos argumentos y del concepto primordial de que no ha de
existir coacción en los temas de fe, la religión no necesita ser la
autoridad legislativa predominante en los asuntos políticos de un estado.
índice
MODO
ISLÁMICO DE GOBIERNO.
El
estudio me ha revelado con toda claridad que el Sagrado Corán trata el
tema de gobierno, sin hacer ninguna distinción, en absoluto, entre un
estado musulmán y uno no musulmán.
Las
instrucciones sobre cómo debiera gobernarse un estado son comunes a la
humanidad, aunque es a los creyentes a quienes primero se dirige el
Sagrado Corán. El Sagrado Corán habla de un modo de gobierno igualmente
aplicable a hindúes, sijs, budistas, confucionistas, cristianos, judíos y
musulmanes, etc.
La
esencia de esta instrucción está contenida en el versículo citado
anteriormente y en otros versículos similares que citamos ahora.
Pero no, por tu Señor, no serán creyentes
mientras no te hagan juez de todo lo que les separa y no encuentren en sus
corazones objeción alguna a lo que tú decidas y se sometan con plena
sumisión (C. 4. Al-Nisa: 66).
¡Oh vosotros, los que creéis! Sed firmes
en observar la justicia, actuando de testigos en nombre de Al-lah, aunque
sea contra vosotros mismos, vuestros padres y familiares. Sea rico o
pobre, Al-lah está más atento a ambos que vosotros. No sigáis pues los
bajos deseos para que podáis actuar con equidad. Y si ocultáis la verdad o la
eludís, recordad que Al-lah conoce muy bien todo lo que hacéis (C. 4. Al-Nisa:
136).
Las
Tradiciones del Santo Profeta del Islam (sa) son muy claras en este tema.
El considera que todo gobernante y cualquiera con autoridad sobre otros,
debe responder directamente ante Dios por el modo en que trata a sus
súbditos o a aquellos bajo su autoridad. Pero como ya se han discutido
antes estas cuestiones no necesitamos tratarlas más.
La
esencia de este estudio es que el Islam propone un gobierno central
completamente neutral en el que los asuntos de modo de gobierno son
comunes e igualmente aplicables a todos los súbditos del estado y no se
permite que las diferencias religiosas jueguen ningún papel en él.
El
Islam aconseja con certeza a los musulmanes a seguir la norma de la ley en
todos los asuntos mundanos.
¡Oh vosotros, los que creéis! Obedeced a
Al-lah, a Su Mensajero y a los que tienen autoridad sobre vosotros. Y si
disputáis respecto a cualquier asunto, sometedlo a Al-lah y al Mensajero,
si sois creyentes en Al-lah y en el Último Día. Esto es al final lo mejor
y más recomendable (C. 4. Al-Nisa: 60).
Pero en
lo que concierne a las relaciones entre el hombre y Dios, es esta un área
exclusiva de la religión en la que el estado no tiene derecho a
interferir. Hay total libertad de mente y corazón en los asuntos de
creencia y profesión de fe. Es un derecho fundamental del hombre, no sólo
creer en lo que le plazca sino también adorar a Dios o a los ídolos según
le dicten su religión o sus creencias paganas.
Según
el Islam, por lo tanto, ni la religión tiene derecho a interferir en áreas
exclusivas del estado, ni el estado tiene derecho a interferir en áreas
comúnmente compartidas. Los derechos y responsabilidades están tan
claramente definidos en el Islam, que se obvia cualquier posible cuestión
de conflicto. Ya se han citado muchos versículos referentes a este tema en
la sección que trata de la paz religiosa.
Desgraciadamente, existe la tendencia en muchos estados seglares a
extender, en ocasiones, el dominio de secularización más allá de sus
fronteras naturales. Lo mismo es cierto en los estados teocráticos o en
los estados indebidamente influenciados por una jerarquía religiosa.
Aunque
se simpatice con ellos, se pueden entender hasta cierto grado los puntos
de vista desproporcionados de los estados gobernados por fanáticos
religiosos. Pero cuando se observa una similar actitud tan inmadura en los
así llamados pueblos avanzados y de mente abierta de los países seglares,
resulta difícil de creer. No es ésta la única cosa difícil de entender en
el comportamiento político del hombre.
Mientras que la política permanezca rígidamente ligada al interés nacional
y contribuya a su filosofía, no puede existir tal cosa como la moralidad
absoluta. Mientras que las actitudes políticas estén gobernadas por
prejuicios nacionales, y la verdad, la honestidad, la justicia y el juego
limpio se descarten cada vez que entren en colisión con el supuesto
interés nacional, y mientras que esta siga siendo la definición de lealtad
al propio estado, el comportamiento político del hombre seguirá siendo
dudoso, controvertido y siempre paradójico.
El
Sagrado Corán menciona las responsabilidades del gobierno y del pueblo.
Algunas de estas responsabilidades ya se han mencionado en los anteriores
apartados de esta conferencia: la provisión de alimento, vestido, refugio
y necesidades básicas de los ciudadanos; los principios de ayuda
internacional; la responsabilidad del gobierno y el pueblo; su
interacción; la justicia absoluta; y la sensibilidad por los problemas del
pueblo, de modo que no tenga que alzar su voz en demanda de sus derechos.
En un
verdadero sistema islámico de gobierno, es responsabilidad del gobierno
estar atento para que el pueblo no tenga que recurrir a huelgas, lucha
industrial, manifestaciones, sabotajes u otros modos de queja, para
obtener sus derechos.
El
Sagrado Corán afirma:
Y si temes la traición de un pueblo que ha
pactado contigo, devuélveles su pacto con equidad, de manera que no
ocasione perjuicios. En verdad, Al-lah no ama a los traidores (C. 8. Al-Anfal:
59).
Los que
gobiernan no deben hacerlo de tal forma que se promueva el desorden, el
caos, el sufrimiento y el dolor, sino que deben trabajar con diligencia y
eficacia para establecer la paz en todas las esferas de la sociedad.
O, ¿quién responde a la persona afligida
cuando Le invoca, le libra del mal y os convierte en sucesores en la
tierra? Existe acaso algún dios fuera de Al-lah? Qué poco es lo que
reflexionáis (C. 27. Al-Naml: 63).
índice
RELACIONES INTERNACIONALES:
EL
PRINCIPIO DE JUSTICIA ABSOLUTA IGUALMENTE APLICABLE A TODOS.
Incluso
los políticos y los hombres de estado de hoy necesitan de las enseñanzas
islámicas. Es una fe cuya piedra angular en los asuntos internacionales
es la justicia absoluta.
¡Oh vosotros, los que creéis! Sed
perseverantes en la causa de Al-lah en calidad de testigos justos; y que
la enemistad de un pueblo no os incite a actuar con injusticia. Sed siempre justos porque eso está más cercano a la piedad. Y temed a Al-lah.
En verdad, Al-lah es consciente de lo que hacéis. (C. 5. Al-Maidah: 9).
No
puedo afirmar haber leído todo sobre todas las principales religiones del
mundo, pero tampoco soy completamente ignorante respecto a sus enseñanzas.
Sin embargo, durante mis estudios, no he logrado encontrar un precepto
similar al del versículo anterior en las diferentes escrituras sagradas.
Incluso la mención de las relaciones internacionales es rara. Si se
encontrara también una enseñanza similar en otra religión, puedo
asegurarles que el Islam estaría en total acuerdo con dicha enseñanza,
porque en ella subyace la clave de la paz del mundo.
El
mundo en general está hoy preocupado por las perspectivas futuras de paz
mundial. Los cambios trascendentales del mundo socialista que están
marcando la época actual y las relaciones entre las superpotencias, cada
vez mejores, ofrecen un viso de esperanza. El mundo está de un humor
exultante. El consenso general de opinión entre los políticos principales,
parece ser extremadamente optimista, incluso eufórico, ante el probable
éxito de los cambios revolucionarios y trascendentales de que estamos
siendo testigos hoy día.
El
Occidente, en particular, parece estar excesivamente confiado y jubiloso.
Se está haciendo cada vez más difícil para los americanos contener su
júbilo ante lo que consideran una victoria de "grandslam" sobre el
hemisferio comunista, una victoria contemplada por algunos como la del
bien sobre el mal y de lo verdadero sobre lo falso.
Estará
fuera de lugar analizar en detalle la actual situación geopolítica y su
resultado. Probablemente dedique unas cuantas horas a este tema en la
conferencia Anual de la Comunidad Musulmana Ahmadía en el Reino Unido a
finales de julio de este año (1990).
índice
EL
PAPEL DE LA ORGANIZACIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS.
De los
muchos debates en boga acerca de las perspectivas futuras de paz mundial,
como resultado de los recientes acontecimientos, hay uno en particular que
necesita una mención especial. Se trata del papel que la Organización de
las Naciones Unidas va a jugar en el intento de asegurar y mantener (esto
es, crear y conservar) la paz mundial mucho más eficientemente que nunca.
Con la
guerra fría entre los dos súper gigantes llegando a su fin, se dice que
hay una buena oportunidad de cerrar el hueco entre sus hasta ahora
divergentes perspectivas: menos veto en las sesiones del Consejo de
Seguridad, al parecer, y más decisiones conjuntas acerca de cómo debieran
resolverse problemas globales. Esto puede representar un aspecto
completamente nuevo para el Consejo de Seguridad del futuro.
El
único obstáculo en este momento es el peligro de que China actúe en contra
del consenso, pero a la vista de los tremendamente complicados problemas
económicos y políticos de China, no sería imposible convencer a China de
las ventajas de un acuerdo.
Que
este sueño se haga real o no, es otro tema. Dado que tanto el Consejo de
Seguridad como las Naciones Unidas, surgieron como el instrumento político
más poderoso para ejercer influencia sobre los acontecimientos del mundo y
forzar a las naciones más pequeñas a someterse a la voluntad suprema de
las naciones del mundo, tal escenario era inconcebible antes de la caída
del Muro de Berlín. Pero la cuestión sigue ahí, o más bien brilla con más
fuerza que nunca en el horizonte político ¿Podrán las Naciones Unidas en
su nuevo papel de poder judicial y ejecutivo combinado en tan enorme
proporción lograr la paz mundial?
Ruego
que se me excuse si parezco demasiado pesimista, pero mi respuesta a esta
pregunta es muy apologética, "No". El tema de la guerra y la paz en el
mundo no sólo cuelga del hilo de las relaciones entre las superpotencias.
Es una cuestión profunda y compleja, cuyas raíces yacen enterradas en las
filosofías políticas y en las actitudes morales de las naciones del mundo.
Además,
la disparidad económica y la diferencia creciente entre los ricos y los
pobres del mundo van a jugar un papel importante en los acontecimientos
futuros. Algunos efectos ya se han comentado en la sección anterior de
este discurso. A menos que se acepte y se adhiera estrictamente al
principio de justicia absoluta en la relación económica entre países y se
retiren las prácticas injustas de mercado que explotan los recursos de los
pobres, por parte de todos los miembros de las Naciones Unidas, no se
puede garantizar nunca la paz, ni tan siquiera visualizarse, para las
naciones del mundo. Mientras que la relación de la Organización de las
Naciones Unidas con sus estados miembros individuales no se defina más
claramente que en la actualidad, las perspectivas de paz mundial seguirán
sin ser nada prometedoras.
Se
necesita idear alguna medida para evitar que los gobiernos sean crueles
con sus propios súbditos. Se tiene que poner a disposición de las Naciones
Unidas algún instrumento para luchar justamente contra la injusticia donde
quiera que prevalezca. Hasta entonces, no se puede soñar con la paz del
mundo.
Hasta
dónde pueden interferir las Naciones Unidas en los llamados asuntos
internos de un país, es una cuestión muy delicada y sin embargo vital para
la consecución de la paz mundial. Pero si, en un análisis final, la
política de las Naciones Unidas no está gobernada por el principio de
justicia absoluta, y se aplican normas diferentes a naciones particulares,
entonces, proporcionar a la Organización de las Naciones Unidas mayor
influencia para interferir en los asuntos internos de un estado, puede
crear más problemas que los que pretende resolver. Por lo tanto, este tema
requiere un estudio completo, frío y objetivo.
Lo que
ha ocurrido hasta ahora es simplemente que a la Unión Soviética y los
países del bloque del Este se les ha obligado a confesar el error de las
filosofías socialistas científicas en su pretensión de mejorar la calidad
de vida en la Unión Soviética y sus países vecinos de Europa del Este.
Esto ha creado gran confusión.
Todavía
ha de aclarar la niebla antes de poder ver la forma de que van a adoptar
las cosas. Será una derrota total del socialismo científico seguida de un
loco y precipitado regreso al capitalismo en su totalidad o habrá nueva
experimentación con economías mixtas? Ocurrirá un fracaso completo del
estricto control central de los gobiernos totalitarios o se romperá en
pedazos el control totalitario mismo, resultando en un estado cercano a la
anarquía? O, habrá una transición gradual de un control totalitario del
estado a un nuevo sistema comprometido de dar y tomar entre el estado y el
individuo de tal modo que, con el paso del tiempo, se introduzcan
progresivamente las libertades civiles y se restauren los derechos humanos
fundamentales?
Es
importante esperar el resultado de una nueva lucha entre las ideas del Sr.
Gorbachov de perestroika y glasnost por un lado y la actitud de la
estricta ortodoxia de la jerarquía comunista. Por lo que yo sé, la mayoría
de los beneficios de la sociedad sin clases de la URSS, los comparten
mutuamente la jerarquía del partido, el servicio civil y las fuerzas de
defensa. La cuestión vital es qué papel van a jugar en esta etapa crítica
naciente de la contrarrevolución incruenta que ahora está tomando forma?
Esta y
similares cuestiones se tienen que contestar antes de que se pueda
visualizar, de modo razonable, el impacto de estos cambios en las
perspectivas de paz mundial.
Una
simple detente entre las dos superpotencias, por sí misma, no aporta
ninguna esperanza de paz. Por el contrario, evoca muchos fantasmas de
peligros escondidos para los países del Tercer Mundo en particular. Fue la
desconfianza existente entre las dos superpotencias y sus recelos los que,
de hecho, crearon una especie de bóveda para los países más débiles.
También fue la habilidad de las naciones más débiles de cambiar de lado y
de aliados del Oeste al Este o viceversa lo que les dio una pequeña
capacidad de maniobra y poder de negociación. Pero ahora ya no es así.
Qué esperanza pueden tener ahora estas naciones más débiles de sobrevivir
con honra como naciones independientes en el futuro?
Al
llegar aquí, el pensamiento se dirige a la ONU: un bastión de paz y la
única antorcha de esperanza para el establecimiento de un nuevo orden
mundial. Al menos, uno desearía que así fuese. Sin embargo, a partir de un
examen crítico más cercano, surge una imagen completamente cruda, opresiva
e incluso amenazadora.
En el
nuevo balance emergente de poder, ¿no estarán las Naciones Unidas
gobernadas prácticamente por una sola superpotencia? Esto conlleva para
las naciones más pequeñas y más débiles la ausencia de alternativa para
escapar al inevitable destino de los animales cazados.
Las
actuales Naciones Unidas han demostrado una y otra vez ser una poderosa
organización que trabaja, no por la justicia, sino para los fines
políticos de cualquier nación que tenga el mayor poder para ejercer
presiones. El concepto de "correcto" y "equivocado" nunca ha jugado un
papel en el proceso de toma de decisión de las Naciones Unidas en nuestra
memoria reciente y tampoco, con la actual estructura, puede jugar un papel
serio en el futuro. Política y diplomacia están demasiado profunda e
intrincadamente enraizadas en el terreno de la política moderna como para
dejar algo de sitio para que la justicia absoluta eche raíces y se le
conceda una oportunidad justa de supervivencia. Es un hecho duro y amargo,
que ningún hombre que respete la verdad puede negar, que esta enorme y
grandiosa institución se ha reducido a un ruedo de intrincadas actividades
diplomáticas, ejercicio de presiones, cortejos secretos y luchas de poder,
todos llevados a cabo en nombre de la paz mundial.
Según
el Sagrado Corán, por tanto, lo que el mundo necesita es una institución
que se imponga a sí misma la tarea de establecer la justicia. Sin justicia
absoluta, no se puede concebir la paz. Se pueden hacer guerras de protesta
en nombre de la paz, ahogar la conciencia e incluso disentir del objetivo
propuesto de establecer la paz, pero todo lo que se ha de lograr es la
muerte y no la paz.
¡Ay!
Pocos entre los grandes políticos del mundo comprenden la diferencia entre
muerte y paz.
La muerte nace de la injusticia, tiranía y la persecución de los
poderosos. La paz es la hija de la justicia.
El
Sagrado Corán habla a menudo de la paz, pero siempre en relación con la
justicia. La paz se menciona a menudo como condicionada a la dispensa de
justicia.
En una
situación que evoluciona hacia la beligerancia y la hostilidad activa
entre dos individuos o naciones musulmanas, el Sagrado Corán propone lo
siguiente:
Mas si dos grupos de creyentes, sean individuos o naciones luchan mutuamente, estableced la paz entre
ellos; si, no obstante, después de eso, uno de ellos persiste en la
beligerancia y trasgrede contra el otro, combatid colectivamente al grupo
trasgresor hasta forzarle a que acepte resolver su disputa de acuerdo al
mandamiento de Al-lah. Luego, si ambas partes se someten, estableced la
paz entre ellas y haced que resuelvan sus disputas con equidad, y actuad
con justicia. Recordad que Al-lah ama al justo. En verdad, todos los
creyentes son hermanos. Estableced, pues, la paz entre vuestros hermanos,
y estad atentos a vuestro deber para con Al-lah para que se os muestre
misericordia (C. 49. Al-Huyurat: 10-11).
En el
versículo relatado, no se menciona a los no musulmanes por la razón obvia
de que no se puede esperar de ellos que se sometan a las enseñanzas del
Corán. Sin embargo, el versículo sirve de excelente modelo para ser
seguido por todo el mundo.
Mientras que los ojos del mundo se vuelven hacia las Naciones Unidas y el
Consejo de Seguridad, con la esperanza de que adquieran un papel más
activo, amplio y significativo en la resolución de las disputas
internacionales y en la transformación del mundo en una morada más
tranquila, segura y pacífica, hay muy poco en la historia anterior de la
actuación de las Naciones Unidas que dé credibilidad a este espejismo. Un
ruedo mundial de ejercicio de presiones, intriga, intensa actividad
diplomática encaminada a la formación de grupos de presión e intentos de
dominar a los oponentes por cualquier medio posible, donde los escrúpulos
no tienen lugar y la conciencia humana tiene la entrada restringida,
puede, por supuesto, llamarse Casa de las Naciones aún en conflicto y
desorden. Pero sería una ironía llamar a tal casa, la casa de las Naciones
Unidas. Si ese es el concepto de unidad, yo preferiría más bien apostar
por la supervivencia en una comunidad de Naciones que estuviesen
desunidas, pero unidas en la verdad y la justicia.
La
voluntad de juntar poder para destrozar adversarios y al mismo tiempo ser
la voz de la disidencia, es una cuestión vital que toda nación debe
plantearse y resolver. Uno se pregunta con un profundo sentimiento de
tristeza cuánto tiempo continuarán las naciones miembros de esta augusta
Casa cerrando sus ojos y rehusando abrir sus mentes a los peligros
inherentes a la forma en que se llevan los asuntos de las naciones.
La paz
mundial pende peligrosamente de la cuerda de una débil esperanza: que la
equidad prevalecerá y que, efectivamente, se hará justicia.
Volver al índice
(Del libro "Respuestas del Islam a temas actuales)