Consideremos el tema del papel del Islam en su contribución a la paz social en
la sociedad contemporánea.
EL ORDEN SOCIAL CONTEMPORÁNEO
Desgraciadamente, se está perdiendo rápidamente la influencia de la
religión en el comportamiento moral de la sociedad. La situación se ve
agravada por el auge que en todas partes del mundo contemporáneo tiene el
deseo de liberación de toda obligación religiosa. Sin embargo, al mismo
tiempo que se rechazan los códigos éticos y religiosos, de forma paralela,
se incrementa el pánico nacido de la creciente falta de seguridad y
desorden en el comportamiento social. La creencia en un Dios Vivo, que no
sólo ha conformado el destino de los seres humanos, sino que también posee
el derecho a determinar su conducta en la vida diaria, se erosiona
rápidamente.
El
Santo Corán resume esta condición:
El
Desorden ha inundado la tierra y el mar (C. 30: Al-Rum: 42)
El
cristianismo, siendo la religión predominante de occidente, mantuvo hasta
comienzos del presente siglo una poderosa y efectiva influencia en el
comportamiento moral de sus fieles. Es evidente que hoy ya no es así.
En su
lugar ha surgido una civilización que es resultado y mezcla del socialismo
científico, el rápido desarrollo tecnológico y el progreso material, que
ha obligado al cristianismo a retirarse paso a paso y asumir un papel cada
vez más pequeño en la modelación del comportamiento social.
La
conducta moral, por tanto, en el occidente actual, tiene tanto o tan poco
de cristiana en su carácter, como la conducta moral en la mayoría de los
países musulmanes lo tiene de islámica. Lo mismo, por desgracia, acontece
en la conducta social y moral de cualquier parte del mundo.
Hay
tantos budistas, confucionistas e hindúes en el mundo actual, y, sin
embargo, tan poco de budismo, confucionismo o hinduismo que pueda ser
observado.
Agua,
agua, en todas partes; pero ni una gota que beber.
Si en
una sociedad los códigos éticos religiosos o tradicionales son
deficientes, la moralidad pierde su importancia y sentido para una
generación que, en absoluto, acepta a ciegas su herencia tradicional como
válida y digna de confianza. Tal generación habrá de pasar necesariamente
por un período crítico, de transición, de vacío total. Esto, a su vez,
originará un movimiento de búsqueda imperiosa. El proceso de búsqueda
podrá conducir o no al descubrimiento de un código de conducta mejor y
más satisfactorio. Podría, por el contrario, acabar en un caos total o en
un estado de anarquía moral. Por desgracia, tal como veo las cosas, parece
que la última opción es la elección de la sociedad moderna.
Una
corriente de cambio recorre las sociedades del mundo, tanto las orientales
como las occidentales; las religiosas y las seculares. Se trata de un
vendaval dañino que contamina la atmósfera de todo el planeta.
El mundo moderno parece estar mucho más atento y
consciente del creciente nivel de polución de la atmósfera material que
del progresivo nivel de polución de nuestra atmósfera social.
El Santo Corán, hablando obviamente de esta época, afirma:
Aportamos como testigo a la época en la
que el hombre en conjunto se encontrará en estado de perdición, excepto
aquellos pocos que crean y practiquen el bien, que exhortarán a los demás
con la verdad para que acepten la verdad y les amonestarán con paciencia
para que sean perseverantes. (C. 103: Al-Asr: 2-4)
La
explotación, la duplicidad, la hipocresía, el egoísmo, la opresión, la
avaricia, la búsqueda demencial del placer, la indisciplina, la
corrupción, el robo, el atraco, la violación de los derechos humanos, el
fraude, la traición, la falta de responsabilidad y la ausencia de respeto
mutuo y confianza se han convertido en el sello de las sociedades
modernas. La fina apariencia de civilización no puede ocultar ya la
fealdad que se hace cada vez más aparente. Sin embargo, sería erróneo
afirmar que estas amenazantes señales de fracaso humano no existieron en
épocas pasadas. De hecho, muchas civilizaciones antiguas también
sufrieron las mismas enfermedades, antes de que sus respectivos capítulos
del libro de la historia del hombre se cerrara definitivamente. Sería
erróneo escoger una región particular del mundo como centro de estos males
morales.
Las
sociedades están empezando a desmoronarse por igual en todas partes. Al
contrario que en los países gobernados por filosofías totalitarias, la
creciente concienciación sobre la libertad individual en el llamado mundo
libre se está convirtiendo en sí misma en una tendencia desequilibrada,
que es responsable en gran medida del incremento de la mala conducta
social.
En los
países gobernados por filosofías totalitarias, esta concienciación
gradual de la libertad individual se halla en el presente ocupada en una
dura batalla de liberación del individuo frente al control total del
totalitarismo. A menos que exista un movimiento contra-revolucionario en
la extrema izquierda de las fuerzas armadas, esta tendencia hacia una
mayor libertad tiene todas las posibilidades de ganar la contienda muy
pronto. Lo que pueda ocurrir después no augura un buen futuro si
consideramos las perspectivas morales de los jóvenes emancipados de los
antiguos países comunistas.
Casi
dos generaciones se han hecho adultas en el vacío de una sociedad atea sin
nada que guiara o disciplinara su comportamiento moral. Además de la
ausencia del código de valores morales implícito en todas las ideologías
religiosas, el peligro de las tendencias vanas e irresponsables de
búsqueda del placer fácil, provenientes de Occidente, que están
influenciando a la juventud de USSR y Europa Oriental, puede producir
efectos devastadores en su comportamiento moral en los años venideros.
Al
mismo tiempo, no puedo dejar de señalar que la experiencia de vivir sin
religión durante varias décadas, no sólo ha legado infortunio a la
sociedad contemporánea sino que también ha aportado algunas claras
ventajas. La revolución socialista rusa rompió los lazos del mundo
socialista no sólo con la religión sino también con los dogmas y creencias
religiosas que se encontraban corruptos y distorsionados. Tanto si se
trataba del cristianismo como del Islam, y cualquiera que fuese la secta a
la que cristianos o musulmanes pertenecieran, existía un concepto
medieval respecto a sus religiones respectivas que había creado en muchas
áreas de creencia una contradicción entre las doctrinas religiosas y las
realidades de la naturaleza. Ambas no podían ser ciertas a la vez. Hubo de
pasar un cierto tiempo antes de que las mentes se entrenaran para ver las
discrepancias entre las ideas religiosas y los hechos de la naturaleza, y
no sentirse perturbadas por ello. Vivir con paradojas no es fácil salvo,
quizás, cuando tales paradojas están imbuidas en la gente, generación tras
generación. De forma gradual, llega un momento en el que las comunidades
religiosas consiguen, hasta cierto punto, vivir con estas paradojas sin
notar su presencia.
Entre
otras cosas, la revolución socialista ha hecho posible que su gente
quedara limpia de dogmas ideológicos y se curaran del estrabismo y la
diplopía.
Ello, a
su vez, les ha otorgado una especie de inocencia, que sólo es adquirible
cuando existe una ausencia total de hipocresía. Es muy pronto para decir
si este estado de inocencia puede ser utilizado para su provecho moral en
el tiempo duro de sacrificios que tienen por delante; pero hay una cosa
cierta. Son gente mucho más sensible a recibir el Mensaje de la verdad y a
aceptarlo sin prejuicios, que cualquier otro pueblo del mundo actual.
En
verdad que no puede decirse lo mismo sobre la creciente tendencia hacia el
individualismo en la así llamada sociedad "libre" que habita en el mundo
actual. A uno le está permitido hacer prácticamente cualquier cosa,
justificándola mediante la libertad individual. Como líderes de esta
tendencia, los americanos están influenciando no sólo a los europeos del
primer mundo, sino también a las gentes del segundo y tercer mundo. El eco
de este concepto distorsionado de la libertad individual, que libera a
todos de la disciplina de la vida moral se escucha ya incluso lejos de las
cortinas ideológicas del socialismo científico.
Los
gay, lesbianas, drogadictos, skin-heads, punks y delincuentes de todo
tipo, continúan creciendo en número y fuerza. Su audacia al defender su
comportamiento preguntando simplemente ¿por qué no? a sus amonestadores,
se ha convertido en el desafío amenazador de la sociedad contemporánea.
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DOS ENTORNOS DE
ORDEN SOCIAL
El
Santo Corán describe dos entornos de orden social:
a) Uno
en el que el mal tiene la libertad de florecer, y
b) el
otro en el que el crecimiento del mal es fuertemente inhibido.
Si se
considerasen por separado las enseñanzas morales islámicas, sería muy
difícil para la mentalidad occidental entender la filosofía de su Mensaje.
Esto es así, porque las enseñanzas morales deben ser estudiadas como parte
del entorno social. Han de ser observadas en su totalidad. No se puede
entender la estación del otoño mirando únicamente a una hoja caída y seca
o a parte de un árbol cambiando de color. Es preciso visualizar y sentir
la atmósfera y temperamento del otoño en su totalidad para saber lo que es
esta estación y cómo afecta a la vida de las plantas. De la misma forma,
una golondrina no hace un verano. Mientras que el otoño desalienta la
vida, la primavera la alienta. No es sólo un cambio de temperatura sino
una transformación de todo el ambiente cuando el mismo viento parece
insuflar vida. Los sistemas sociales son también como estaciones, con sus
propias peculiaridades e influencias.
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LA VANIDAD DE LA
SOCIEDAD MATERIALISTA Y SU DESTINO FINAL
El
Islam trata este tema de la misma manera. Permítanme describir, en primer
lugar, una sociedad, que según el Corán no es islámica:
Sabed
que la vida de este mundo no es más que juego y pasatiempo, un ornato, una
fuente de jactancia entre vosotros y de rivalidad en la multiplicación de
la riqueza y los hijos. Esta vida es como la lluvia: la vegetación que
produce regocija a los labradores. Pero después se seca y la ves ponerse
amarilla. Entonces se convierte en trozos rotos de paja. Mas en el Más
Allá hay un severo castigo para el malvado, y también el perdón de Al-lah
y Su agrado para el virtuoso. Pues la vida de este mundo no es mas que un
gozo engañoso temporal de cosas engañosas. (C. 57: Al-Hadid: 21)
De nuevo, al referirse
a la vanidad de la vida material, el Santo Corán dice lo siguiente:
En cuanto a
los no creyentes, sus actos son como un espejismo en el desierto. El
sediento piensa que hay agua hasta que, cuando llega a ella, encuentra
que no es nada. Mas encuentra a Al-lah allí, Quien le recompensa
totalmente por sus acciones, pues Al-lah es rápido en la retribución.
(C.24: Al-Nur: 40)
El
Santo Corán lo describe como un espejismo que tienta al sediento
escapándose siempre de él hasta que se vuelve tan exhausto que no lo puede
perseguir ya más. En ese momento es cuando es castigado. Se le hace caer
en la cuenta de que ese es el objetivo hueco y vacío que había estado
siguiendo todo el tiempo. De pronto, el espejismo deja de alejarse, y le
permite aferrarlo, sólo para que comprenda el amargo significado de
perseguir a la nada. Este es el castigo que encuentran quienes persiguen
la vanidad de la vida. Así, es como acaban todas estas sociedades, según
el Santo Corán.
En
contra de ello, la religión aboga por una ideología que declara que la
vida en este mundo no es el destino -y el fin- de todas las cosas sino que
existe una vida posterior que nos espera.
Si
nuestra muerte en la tierra no es definitiva sino que continuamos viviendo
de una forma u otra, tal como el Islam y otras religiones desean que
creamos; si la vida en la tierra no puede ser tomada por separado de la
vida en el Más Allá; y si ambas vidas deben ser entendidas como
continuación una de otra, entonces sería de poca sabiduría ignorar el
papel de las influencias sociales sobre una persona aquí en la tierra. El
mal y las influencias inmorales e insanas han de originar un alma insana
en la vida venidera.
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EL RECHAZO A LA VIDA
FUTURA
Este no es el lugar apropiado para discutir la filosofía islámica sobre la
vida después de la muerte en detalle, pero sería suficiente mencionar que,
según el Islam, la forma en que conducimos nuestras vidas aquí en la
tierra tiene influencia en nuestras almas de la misma manera como, en
ocasiones, ciertas enfermedades de la madre embarazada influencian a su
hijo en estado embriogénico. El niño puede ser tan incapacitado
congénitamente que le puede suponer un auténtico infierno vivir con sus
incapacidades entre los niños sanos en situación de máximo desvalimiento.
El tormento puede ser aún más amargo y profundo a medida que madura su
conciencia. Esto, en resumidas cuentas es como, según el Islam, damos
forma a nuestro cielo o infierno.
En este
contexto, debe quedar claro que cualquier tipo de orden social que
promueve el comportamiento irresponsable, violento o desordenado, debe ser
rechazado aun cuando pueda parecer atractivo y tentador al observador
fortuito.
Es
apropiado que los creyentes hagan tales afirmaciones, ya que se refieren a
cuestiones del otro mundo. Después de todo, ¿quién ha regresado del así
llamado otro mundo para testificar a favor o en contra de tales
afirmaciones? ¿Por qué no conformarse con el pájaro en la mano en lugar de
cambiarlo por cien volando? Esta es la respuesta materialista a la
filosofía islámica respecto a como debe ser configurada la sociedad y
sobre que principios ha de basarse.
La
filosofía islámica abarca la vida presente aquí en la tierra y la vida del
Más Allá como un curso continuo que se rompe momentáneamente con la muerte
que, de hecho, es un estado transformativo de una vida en otra. Por
contra, la filosofía materialista visualiza la vida como un breve lapso
accidental de conciencia que se convierte en la nada en el momento de la
muerte. Por tanto, el sistema social ha de atender únicamente las
necesidades relacionadas con este breve lapso de existencia. El individuo
ha de responder únicamente ante la sociedad, sólo mientras viva y sólo por
el aspecto de su vida que es visible y detectable; lo que queda oculto en
forma de pensamientos, intenciones, planes, conspiraciones y crímenes
sutilmente perpetrados queda sin detectar y sin cuestionar.
Asimismo, los delitos realizados contra la sociedad sólo son juzgados como
tales cuando queda establecido, sin sombra de duda que dicho delito ha
sido cometido. Existe la posibilidad del error judicial. En este orden
social, la administración de la justicia no sólo es superficial y limitada
sino que conduce a delitos contra la propia sociedad. Promueve la búsqueda
de intereses creados y alienta el egoísmo extremo por parte del individuo.
Es
también interesante señalar que en una sociedad atea o semi-atea, donde el
concepto de responsabilidad después de la muerte es completamente
rechazado o tratado tan vaga y ligeramente que pierde su sentido, es muy
difícil encontrar una definición del delito que se asemeje a la que tiene
en una filosofía moral sana. Es muy difícil concebir que los miembros de
una sociedad atea se hallen verdaderamente convencidos del daño que causan
cuando quebrantan una ley. Después de todo ¿qué es la ley? ¿Es la palabra
del déspota o del dictador absoluto, la decisión de los regímenes
totalitarios o el dictado de la mayoría democrática? Para el hombre común
¿cuál de los enunciados anteriores constituiría una legislación justa
basada en una filosofía moral sólida? ¿Qué filosofía moral?
Si no
debe su existencia a ningún Ser, o si no teme ser preguntado respecto a su
conducta durante su vida terrenal en la vida venidera, puesto que, según
su creencia, no existe el Más Allá, entonces, las respuestas desde su
posición a las cuestiones antes formuladas, pueden ser muy distintas a los
requerimientos de una sociedad responsable. El solo tiene una vida corta
que vivir. Necesita a la sociedad para su sólo beneficio y se somete a la
autoridad superior de la sociedad únicamente por necesidad. Si puede huir
con algún beneficio en provecho propio y hurtar unos cuantos momentos de
placer aquí y allá siendo suficientemente listo para no ser descubierto
¿por qué no hacerlo? ¿Qué tipo de inhibición "moral" podría detener su
mano?.
Esta
actitud psicológica ante el delito se desarrolla y consolida con el paso
del tiempo en las sociedades materialistas y ateas.
Esto,
exactamente, ha sido mencionado en el Santo Corán como la esencia de la
sociedad materialista:
Los incrédulos declaran:
"No hay otra vida fuera de
la vida presente; morimos y vivimos, pero no seremos resucitados. Es
decir, rechazamos el concepto de la vida después de la muerte o de la vida
en cualquier otro lugar. (C. 23: Al-Muminun: 38)
De
igual forma, los incrédulos se dirigen, burlándose, a los anteriores
Profetas, preguntándoles:
Pues dicen: "Cuando nos
convirtamos en huesos y partículas rotas ¿Seremos realmente resucitados
como nueva criatura?" (C. 17: Bani-Israil: 50)
Dicen: “¡Cómo! Cuando estemos muertos y
nos hayamos convertido en polvo ¿Seremos, en verdad, resucitados de nuevo?
(C. 23: Al-Mu'minun: 83)
Esto, según el Santo
Corán es común a todos los males de una sociedad materialista. Por ello se
insiste tanto en la vida futura y en el Día de la Retribución.
En una
de las tradiciones, Ibn Masud relata que el Santo Profetasa en
una ocasión dibujó un rectángulo, en cuyo centro trazó una línea larga
cuya parte superior se prolongaba por encima del rectángulo. A lo largo de
esta línea media dibujó una serie de líneas cortas. Indicó que la figura
representaba al hombre, que el rectángulo que la rodeaba era la muerte, la
línea media representaba sus deseos y las líneas cortas que la cruzaban
eran las pruebas y tribulaciones de la vida. Dijo: Si una de ellas le
falla, cae víctima de alguna de las otras. (Bujari). En otra tradición se
describe a la muerte como la que pone fin al placer. (Tirmidhi)
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CUATRO
CARACTERÍSTICAS DE LA SOCIEDAD MATERIALISTA
"¿Qué
os ha llevado al fuego?" Ellos responderán: "No fuimos de los que ofrecían
oraciones, ni alimentamos a los pobres. Nos entregamos a charlas vanas con
aquellos que se dedican a ellas. Y solíamos negar el Día del Juicio". (C.
Al-Muddazzir: 43-47)
Los
aspectos de una sociedad atea y materialista no podrían haber sido
descritos de manera más precisa y completa. Son los siguientes:
1.
Fracaso en realizar la oración.
2.
Fracaso en alimentar al pobre.
3. La
complacencia en los propósitos banales
4. El
rechazo al Día de la Retribución o de la Responsabilidad.
Antes
de seguir adelante, permítanme disipar una confusión que hace difícil
diagnosticar verdaderamente cuál es el estado de una sociedad. Incluso en
las sociedades en las que la creencia en Dios parece estar arraigada y la
creencia en el Más Allá forma parte integral de su artículo de fe, se
desarrollan ciertos tipos de males que no podrían ser lógicamente
concebidos entre creyentes responsables ante Dios y que han de rendir
cuentas en la vida venidera.
La
cuestión que se plantea pues, es ¿por qué tales sociedades creen en Dios y
en el Más Allá y sin embargo todas las demás características permanecen
materialistas en su totalidad?. La respuesta no es difícil de averiguar
cuando se examina con detalle la naturaleza de sus creencias. De hecho,
una remota creencia teosófica en Dios no puede influenciar el
comportamiento social de tales creyentes. ¿Cómo puede coexistir la fe
genuina en Dios con la mentira, la falsedad, el individualismo, la
usurpación del derecho de los demás, la corrupción y la crueldad? El
concepto que de Dios tienen tales sociedades es sólo cosmético, demasiado
irreal y etéreo para desempeñar un papel activo en la modelación de la
conducta humana. De igual manera, la creencia en la vida futura y la
responsabilidad de rendir cuentas se reduce a la pálida sombra de una
posibilidad remota. En cada instante de elección los intereses inmediatos
prevalecen y desplazan cualquier consideración sobre la vida venidera.
Cuando
hablamos de sociedades materialistas, no sólo queremos significar a
aquellas que se han rebelado abiertamente contra la idea de Dios y de la
Vida Futura. La mayoría de las sociedades "creyentes" y ateas aparentan
estar en extremos diametralmente opuestos en sus ideologías, pero, en la
práctica poseen similitudes muy próximas.
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LA
RESPONSABILIDAD
El
Santo Corán, por el contrario, declara:
A Al-lah pertenece todo cuanto hay en
los cielos y en la tierra. Él es el Dueño. Posee el derecho de conformar
vuestros destinos y vuestro orden social. Tanto si reveláis lo que hay en
vuestras mentes como si lo mantenéis oculto, Al-lah os pedirá cuentas por
ello y os interrogará respecto de vuestros pensamientos y actos malvados;
después perdonará a quien considere merecedor de ser perdonado y castigará
a quien considere merecedor de ser castigado; y Al-lah tiene poder para
hacer todo lo que desea. (Cap. 2: Al-Baqarah: 285)
El Santo Corán añade:
No sigas lo que no conoces. En verdad,
el oído,el ojo y el corazón, serán todos llamados para dar cuenta. (C. 17:
Bani Israil: 37).
Aquí,
la palabra corazón significa en el lenguaje del Santo Corán, la fuerza
última que se encuentra detrás de todo acto humano. Fu'wad, significa en
el Santo Corán la voluntad decisiva y suprema que opera en el cerebro de
igual manera que se hacen funcionar los ordenadores. Por lo tanto, esta
voluntad decisiva es la fuente de todo bien y todo mal y es la que, en
forma de una vida nueva tras la muerte, habrá de rendir cuentas junto a
los ojos y el oído.
Estudiemos ahora los rasgos de las sociedades descreídas con mayor
proximidad. Ocurre que el ateísmo y la no-creencia en la vida venidera
permanecen de forma vaga e indetectable en un estado semi-inconsciente. En
las creencias, de forma aparente, se continúa suscribiendo la existencia
de Dios y la creencia en el Más Allá, pero en todos los aspectos prácticos
no parece que sea cierto. En ocasiones supone una crisis el hecho de hacer
conscientes estas realidades ocultas. A veces, generaciones enteras viven
sin darse cuenta de la inconstancia y fragilidad de sus ideas. Cuando una
era se agota dando lugar a una nueva era que emerge gradualmente, la
sociedad tiende, en conjunto, a re-examinar sus creencias heredadas. Es en
esos momentos, cuando el ateísmo y la no-creencia en la vida venidera, que
habían permanecido sin detectar y sin ser criticados, comienzan a salir a
la superficie. En una sociedad entregada a la persecución del placer
desenfrenado e indiscriminado, el rechazo consciente de Dios y de la vida
venidera acelera rápidamente el proceso de degradación moral y deterioro
de valores fundamentales.
La
dirección de la civilización, al margen de qué región del mundo o qué
época de la historia humana se trate, va siempre de lo más grosero a lo
más refinado. Las necesidades psicológicas humanas básicas, que actúan
como fuerza motivadora subyacente en la conducta humana, permanecen
inalterables. Lo que cambia es la respuesta a tales variaciones. Por
ejemplo, se puede saciar el hambre comiendo carne o verduras. La calidad y
la frescura de la carne y de la verdura son variables. Estas, a su vez,
pueden ingerirse crudas o sazonadas y cocinadas de distinta manera según
el gusto.
A
medida que la sociedad se desarrolla, las respuestas a las necesidades
fundamentales evolucionan y se hacen más refinadas y más sofisticadas. Tal
proceso continúa permanentemente, si bien el ritmo es fijado en gran
medida por los factores políticos y económicos de la gente. La vanguardia
de la sociedad, no obstante, siempre avanza; a veces más deprisa y a veces
más despacio.
Cuando
una civilización madura, el exceso de sofisticación junto con otros
fenómenos perjudiciales hace que se invierta la marcha de esta tendencia
progresiva. En las sociedades decadentes la dirección se invierte, de lo
refinado a lo grosero.
Se
trata de un tema de aplicación extensa, que requiere un estudio detallado.
Lamento que quede fuera del ámbito de la conferencia de hoy, pero quisiera
comentar algunos puntos.
Cuando las sociedades degeneran y les acompaña un exceso de
sofisticación, comienzan a retroceder y volver a la misma respuesta
animal ante sus necesidades. Ello puede no ser visible en toda actividad
social y cultural, pero se manifiesta casi siempre de forma destacada en
las relaciones humanas y en el estilo frente a la consecución del placer.
Un somero estudio del hombre en sus respuestas ante el sexo ilustra el
caso en cuestión.
Alrededor del instinto básico de reproducción a través de la regeneración
sexual, el placer se halla asociado, por naturaleza, en todo el reino
animal. Lo que encontramos diferente en la sociedad humana es un
apartamiento gradual de la mera satisfacción de estos deseos brutos hacia
una actitud gradualmente más refinada ante la satisfacción de las
necesidades animales.
La
naturaleza nunca deseó que el sexo fuese el objetivo último. El último
objetivo ha sido siempre la reproducción y propagación de las especies. El
sexo ocupaba un lugar secundario. Cuando las sociedades se vuelven
decadentes, este papel queda prácticamente invertido.
El
desarrollo gradual de la institución del matrimonio, los ritos asociados
con esta institución y los tabúes existentes respecto a la interrelación
entre los sexos masculino y femenino, podrían ser considerados por un
sociólogo como un fenómeno resultante del crecimiento natural de la
sociedad, sin relación con la religión. Sin embargo, tanto si el
crecimiento es dirigido desde una instancia superior o si es un fenómeno
aleatorio que se dirige hacia adelante por sí mismo, no se puede negar el
hecho de que, de forma gradual, las respuestas para satisfacer esta
necesidad fundamental se han hecho cada vez más complejas y elaboradas.
La
creciente promiscuidad en las relaciones entre hombres y mujeres es, pues,
sintomática de la misma enfermedad. No se trata sólo de una actitud
permisiva y liberal respecto a la relación sexual sino que, ciertamente,
se trata de algo mucho más importante que acompaña a esta tendencia, que
pretende cambiar el entorno de esta esfera fundamental de interés y
actividad humanos. El debate sobre la legitimidad o ilicitud de tal
relación se mira despectivamente como algo perteneciente al pasado. Desde
luego que existen diversos grupos de mentalidad religiosa estrecha que no
cesan de hablar del tema, pero es fácil darse cuenta de estas gentes de
mentalidad desfasada y fanática son una minoría carente de significado.
Es
mucho más "moderno" en occidente considerar que el sexo es una necesidad
natural que debe encontrar respuesta sin ninguna inhibición. El
tradicional recato asociado a la conversación entre las mujeres se esta
convirtiendo en algo del pasado. La desnudez, el exhibicionismo, el
lucimiento, la desvergüenza en la discusión y la confesión se consideran
simples expresión pública de la verdad.
Nadie
se toma la molestia de hacer extensivo el mismo argumento a otros deseos
humanos naturales. ¿No se trata de un deseo animal natural, común a los
humanos también, el querer poseer todo lo que a uno le plazca? ¿No es
acaso un deseo natural animal sentirse airado y violento y dar rienda
suelta a estas emociones en términos salvajes?. Un perro débil también se
ve embargado por los mismos impulsos que el perro fuerte, pero mientras
que el fuerte llegaría a morder, el débil al menos podría ladrar.
¿Qué
son, si no, los demás tabúes sociales -los códigos de conducta civil, el
concepto de decencia etc.- que interfieren continuamente con la expresión
libre de los impulsos naturales? ¿Por qué ha de ser el sexo acaso la única
fuerza motivadora a la que se debe otorgar licencia libre para expresarse
sin considerar la tradición, las normas, la decencia, propiedad y
pertenencia?
Lo que
se observa hoy día es un fenómeno que ha de ser discernido y analizado con
cuidado. Lo que llamamos permisividad en la relación sexual se expresa
como una tendencia creciente a hurtar y a robar en otras áreas de la
actividad humana, así como a lastimar y herir a los demás. La persecución
desinhibida del placer, que pervierte el gusto, nace de las mismas
tendencias decadentes que están acabando con los edificios más nobles de
la civilización y causando el retorno a modos de vida correspondientes a
tiempos anteriores.
Las
sociedades no sólo imponen a los individuos un progresivo número de ritos,
tabúes, imposiciones y prohibiciones, sino que también les complacen y
gratifican en el romance y en el cortejo, que juegan un papel vital en
esta área. La poesía, la literatura, el arte, la música, los estilos, las
modas, las exposiciones, el gusto por la fragancia y el desarrollo de la
conducta decente y cultivada, son resultados, en importante medida, del
mismo impulso fundamental manifestado como respuesta social.
Puede
llegar un tiempo en el que la generación futura se rebele y rechace los
logros sociales, conseguidos a lo largo de miles de años de progreso. Esta
rebelión puede no tomar la forma de un rechazo absoluto, si bien el ojo
crítico no hace sino percatarse de que el movimiento va en esa dirección.
El hipismo, la vida bohemia, el sadismo, la violencia creciente asociada
al sexo y el retorno de la conducta sexual a su aspecto bestial y
primitivo son algunos de los ejemplos del retroceso de las tendencias
antes mencionado.
Sólo es
preciso salir afuera para observar los distintos grupos de jóvenes
rebeldes, descuidados, viviendo en comunas, para darse cuenta de lo que
está ocurriendo a la generación más joven. La suciedad y el hedor parecen
haber reemplazado a la limpieza y a la fragancia. La vestimenta inmaculada
ha dado paso a la ropa raída y absolutamente descuidada. Se marcharon los
días en los que un momento de inspección a nuestra vestimenta resultaba
sumamente embarazoso. Los "jeans" que hoy se llevan, rasgados
intencionadamente para exhibir el cuerpo, se están convirtiendo en algo
mucho más valioso que un par nuevo de pantalones. Desde luego que no toda
la sociedad manifiesta tales signos extremos de descontento con la
herencia pasada o tradicional, pero, cuando una enfermedad se afianza no
todo el cuerpo ha de estar ulcerado. Pueden aparecer algunas úlceras aquí
y allá que revelan el estado subyacente de enfermedad. La
irresponsabilidad está creciendo. La indisciplina y el desorden comienzan
a estar al orden del día. Muchos otros signos de decadencia salen a la
superficie en distintas áreas de interés humano.
La
persecución del placer en cada esfera de la vida exige cambios y novedades
que proporcionen mayor estímulo. Las cosas que satisfacían en el pasado no
lo hacen ahora. El tabaco y los intoxicantes tradicionales no son capaces
de ofrecer el estímulo que la sociedad, cada vez más inquieta, necesita.
Comienzan a aparecer todo tipo de drogas y ninguna medida adoptada para
detener la drogadicción progresiva es suficiente. Para el drogadicto llega
un momento en el que necesita un estímulo aún mayor y se inventan nuevas
drogas, más fuertes, adictivas y letales, como el crack.
En el
área de la música, las mismas tendencias se han introducido gradualmente
en las últimas décadas de este siglo. El estudio del desarrollo de la
música a lo largo de los siglos más recientes, frente a los rápidos
cambios de erupción de decibelios en las últimas décadas, proporciona
datos interesantes e intrigantes para analizar.
No soy,
personalmente, un entendido en música, y pido perdón por anticipado si
alguno de mis comentarios son considerados ajenos a la realidad del mundo
musical. Sin embargo, mi intuición me hace pensar que el desarrollo
progresivo de la música en occidente, a lo largo de los últimos siglos, lo
ha sido en la dirección de lo sublime, lo exquisito y lo noble. Esa música
producía simultáneamente paz en la mente y en el corazón. La mejor música
era la que se identificaba y se acoplaba con la música latente de la mente
y espíritu humanos. La armonía y la paz eran los objetivos últimos que
pretendía esta evolución musical. Desde luego, existían pasajes en las
obras de los grandes compositores y artistas que creaban imágenes de
erupciones volcánicas, tifones, rayos, y un sentido de conmoción que se
correspondía con el fenómeno externo de la naturaleza. Sus memorias se
almacenaron y se preservaron indefinidamente en el mecanismo memorizador
de la vida. En ocasiones, el clímax alcanzaba tales crescendos que parecía
que el universo entero iba a estallar. Sin embargo, la audiencia
permanecía inmóvil, sumergida en la inundación musical, sin mover un
músculo ni pestañear, hasta que, de repente, se hacía un silencio total.
Sólo entonces, la sala estallaba en un tremendo aplauso. Ni siquiera la
música más poderosa, cargada a tope de emoción, convertía al oyente en un
ser violento, explosivo y rebelde. Todo el mensaje de la música era
sublime, pacífico y armonioso. Se extraía y despertaba lo mejor del
hombre; lo malo se desterraba.
En
verdad que durante las últimas escasas décadas asistimos a un fenómeno
diferente. Los oídos de la generación contemporánea están ensordecidos
por cierto tipo de música capaz de excitar pasiones vitales primitivas.
Una generación inquieta y perturbada, se encuentra sólo en sintonía con
una música que les enloquece. Cuanto más violenta, más popular. De nuevo
pido disculpas por mis observaciones sobre el mundo de la música clásica o
popular, pues me considero un ignorante en estos temas, pero estoy seguro
de que la violencia, la rebelión, la locura y el vandalismo etc. están
corrompiendo rápidamente las facultades humanas nobles.
El
Profesor Bloom, a quien debe reconocerse cierto conocimiento de la música
occidental, parece estar de acuerdo conmigo en su libro The Closing of the
American Minds, cuando lamenta la erosión de las sensibilidades de los
adolescentes en la era contemporánea, los cuales, según sus palabras, se
hallan embrutecidos por la exposición constante a la música rock a la que
considera comida-basura para el espíritu.
Existen
numerosos signos visibles y palpables de esta situación enfermiza de la
sociedad que está haciendo cada vez más desordenada la vida del hombre y
carente de felicidad, satisfacción, paz y seguridad. El hombre puede negar
la existencia de Dios cuanto le plazca, pero no puede negar la existencia
de una naturaleza todopoderosa que conoce bien como castigar los crímenes
contra ella cometidos.
En
todas las sociedades materialistas, los factores más importantes que son
responsables de la proliferación y crecimiento del mal, son más o menos
los mismos. Ya los hemos comentado parcialmente con anterioridad, por lo
tanto enumeraré brevemente a modo de resumen tales factores:
a. El
ateísmo progresivo;
b.
Debilitamiento de la creencia en un Dios real, poderoso, que tiene un
interés verdadero en los asuntos humanos y en la forma en que los seres
humanos modelan su conducta;
c.
Progresivo debilitamiento en las creencias en los valores éticos y
tradicionales; y,
d.
Tendencia creciente a olvidar el fin y a considerar a los medios como
fines en sí mismos
Esta es
la situación que prevalece en las así llamadas sociedades "avanzadas" o
"civilizadas" del mundo. Lentamente, a medida que los valores morales y
éticos continúan marchitándose, comienzan a influenciar el proceso
legislativo y ejecutivo de los gobiernos. Cuando no se acepta ninguna ley
emanada de Dios y los valores éticos absolutos y las tradiciones nobles
son desafiadas y contravenidas diariamente, cualquier legislación que
pretenda disciplinar la conducta moral se vuelve también laxa y
complaciente. La plataforma donde se asientan las leyes relativas al
comportamiento moral comienza a tambalearse.
Un
estudio comparativo de la legislación en éste área en los últimos siglos
ilustra el caso que comentamos. Desaparecieron los días de Oscar Wilde en
los que la homosexualidad era considerada un crimen por una sociedad que
lo castigaba sin misericordia. Han desaparecido los días en los que la
castidad no sólo era una virtud sino también un bien social que, de ser
violado, encontraba una respuesta. El debilitamiento del delito ya no se
considera motivo de alarma. Este es el problema.
La
misma definición del delito está atravesando un cambio fundamental. Lo que
ayer se consideraba un crimen hoy ya no lo es. Lo que se ocultaba por
miedo o vergüenza, o por reprensión, se exhibe y se muestra con gran
orgullo. Si esta filosofía fuera sana y merecedora de supervivencia,
entonces, todas las filosofías religiosas éticas y morales deberían
considerarse obsoletas e indeseadas. No servirían para ningún propósito en
la era contemporánea.
La
fuerza motriz de la naturaleza, que es común al mundo animado y al
inanimado, radica en el principio todopoderoso del crimen y castigo y la
bondad y su recompensa. En el mundo inanimado, puede adivinarse como actúa
este principio en la operación inconsciente de las leyes de la naturaleza.
En el mundo animado, la evolución que precedió al hombre, fue dirigida por
el mismo principio que adoptó un estado semi-consciente o semi-latente. A
medida que se asciende desde los peldaños más bajos de las etapas de la
evolución del hombre, el viaje tiene lugar desde lo más inconsciente a lo
más consciente. En términos de evolución el principio del crimen y
castigo, y bondad y recompensa se describe como el de supervivencia del
más adecuado. A lo largo del proceso evolutivo, éste permanece como la
fuerza conductora y motivadora que hace avanzar constantemente la
evolución hacia adelante y hacia arriba.
Es
inconcebible que cuando este proceso llegó a su consumación en el hombre,
lo mejor de la creación; y la conciencia hubo adquirido horizontes mucho
más lejanos que los logrados por todo lo sub-humano; de pronto, se tenga
que abandonar este principio del crimen y castigo y considerarlo obsoleto.
Si existe alguna meta más elevada para la creación, ha de existir alguna
responsabilidad, sin la cual todo el esfuerzo carecería de significado.
Es
sorprendente en extremo cómo en ocasiones los más grandes de entre los
intelectuales y visionarios no consiguen ver algo tan obvio y evidente
como la verdad que estamos comentando. Es el caso de Albert Einstein, el
arquitecto de la teoría de la Relatividad, que afirma:
No puedo imaginar a un Dios que premia y
castiga al objeto de su propia creación, cuyos propósitos se modelan por
nuestro ser; un Dios, en resumen, que no es sino un reflejo de la
fragilidad humana. (Albert Einstein)
Si
existe un Dios, El Señor Creador cuya existencia Albert Einstein no puede
negar, y si todas las leyes científicas que operan en Su creación son
creadas, diseñadas y gobernadas por el mismo Ser Supremo creativo, es
inconcebible que Él abandone el objeto último de Su creación suprimiendo
el principio del crimen y castigo y dejando que el hombre se extravíe en
el caos de un comportamiento indisciplinado e irresponsable.
En lo
que respecta a la segunda parte de su observación, es obvio que no ha
conseguido entender tanto el papel del crimen y castigo en el desarrollo
progresivo de la creación, como tampoco el significado de que el hombre
haya sido creado a imagen de Dios.
El
hombre es creado a imagen de Dios no como modelo perfecto de Dios en la
tierra. De haber ocurrido así, el mundo sería más que un paraíso en la
tierra y todos los seres humanos serían exactamente iguales. Habría que
debatir, además, si a este lugar hubiese que denominarle cielo o
aburrimiento, puesto que en él no habría variedad, cambio o diferencia
entre olores, colores y matices; al contrario: un mar calmado,
multitudinario, incoloro y de gotas idénticas. Este no es el significado y
propósito del hombre creado a imagen de Dios.
La
frase posee una gran sabiduría y habla del potencial que se ha concedido
al hombre. Habla del noble objetivo último que el hombre debe empeñarse
constantemente en conseguir. El objetivo consiste en intentar ser perfecto
como hombre adquiriendo atributos divinos y resurgiendo cada vez más
parecido a Dios. No se trata de un objetivo fijo que uno pueda alcanzar de
forma que, invistiéndose con la gloria de haberse convertido en la imagen
de Dios, se quede allí instalado. Puesto que Dios no tiene límites en Sus
atributos, cada viaje hacia Él sigue siendo ilimitado. La perfección en
este contexto sólo significa el movimiento hacia la perfección desde un
estado inferior hacia un estado superior de las cosas.
Dios es
el Más Perfecto, el Más Justo, el Más Clemente, Siempre Misericordioso,
Omnividente, Omnisapiente, el Señor Creador y Maestro del Día del Juicio.
Todas las alabanzas pertenecen a Dios. El Santo Corán
declara:
El es Al-lah, y no hay más Dios que El,
el Conocedor de lo invisible y lo visible. El es el Clemente, el
Misericordioso. El es Al-lah, y no hay Dios fuera de El, el Soberano, el
Santo, la Fuente de la Paz, el Dador de Seguridad, el Protector, el
Poderoso, el Sometedor, el Altísimo. Santo es Al-lah, mucho más allá de lo
que Le asocian. El es Al-lah, el Creador, el Hacedor, el Modelador. Suyos
son los nombres más bellos. Todo lo que hay en los cielos y en la tierra
Le glorifica, pues El es el Poderoso, el Sabio. (C. 59: Al-Hashr: 23-25)
Es este
Dios el que ha creado el Universo. El no sufre de las flaquezas humanas.
El Santo Corán pide constantemente a los creyentes que reflexionen sobre
Sus Signos. Por ejemplo:
Bendito sea Aquel en Cuyas manos está
el reino, y que tiene poder sobre todas las cosas. Quien ha creado la
muerte y la vida para que pueda probar cuál de vosotros es mejor en sus
acciones; pues El es el Poderoso, el Sumo Indulgente. Quien ha creado
siete cielos en armonía. No puedes ver imperfección alguna en la creación
del Dios Clemente. Mira de nuevo ¿Ves alguna fisura? Sí mira de nuevo, y
una vez más, tu vista sólo volverá a ti frustrada y fatigada (C. 67: Al-Mulk:
2-5)
Habiendo entendido el significado de las palabras la imagen de Dios,
cuando miramos atrás a todas las fuerzas de la creación del universo
-desde el momento del Big Bang al día de hoy-, todo el trayecto de la
creación de lo inconsciente a lo consciente, es, de hecho, un trayecto
para convertirse en la imagen de Dios y para desarrollar en el hombre los
atributos divinos.
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EL
ENTORNO SOCIAL ISLÁMICO
El
Islam, por otra parte, pretende crear un ambiente que es tan diferente del
mencionado anteriormente, como la primavera lo es del verano.
Dentro del concepto
islámico de sociedad, el Islam modera, disciplina y adorna los deseos
naturales que, de dejarse sin control, causarían estragos en el conjunto
de las emociones humanas. Desalienta o prohíbe la satisfacción de aquellos
deseos que pueden, en su análisis final, causar mayor miseria que placer a
la sociedad.
Al
mismo tiempo, el Islam cultiva nuevos gustos e ideas y desarrolla la
capacidad de obtener placeres y satisfacciones de actos que pudieran
parecer incoloros, insípidos y desprovistos de gusto a los ojos del
inculto y del inexperto. Los gustos son modificados y los anhelos
sensuales groseros son educados y refinados, y convertidos en aspiraciones
por lo sublime.
La
cuestión, sin embargo, es ¿cómo determinar si las tendencias sociales
actuales predominantes son sanas para la propia sociedad?. Desde mi punto
de vista la respuesta es muy sencilla. La salud de la sociedad ha de ser
juzgada por los mismos síntomas que la salud de un individuo. Cuando
alguien tiene dolor, inquietud, sus reacciones son anormales o sub-normales,
o cuando la ansiedad aleja la tranquilidad y la paz de la mente y del
corazón de dicho sujeto, no se requiere ser excepcionalmente sabio o
experto en medicina para diagnosticar que tal individuo insano se
encuentra seriamente enfermo. Todos estos síntomas están presentes en la
sociedad contemporánea.
Cuán
ciertas eran las palabras de Jesúsas cuando decía:
Por sus frutas los reconoceréis ¿Acaso
se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?. Así, todo buen
árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el
buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos". (Mateo
7: 16-18)
La
gente enronquece a fuerza de gritar contra la amargura de los frutos de
hoy, pero, de una u otra manera, no quieren cambiar el árbol por otro
mejor. Son incapaces de ver que no es el árbol el que tiene la culpa, ni
tampoco la fruta que porta.
El
orden social islámico pretende extirpar en su raíz el árbol del mal y
plantar en su lugar otro árbol sano.
Según
el Santo Corán, cuando a Adánas se le prohibió que comiera de
la fruta del árbol, esto era precisamente lo que se quería significar:
¿No
ves con qué compara Al-lah una buena palabra? Es como un buen árbol, cuya
raíz es firme y cuyas ramas llegan al cielo?. Produce sus frutos en todas
las estaciones por mandato de su Señor. Pues Al-lah presenta parábolas a
los hombres para que reflexionen. (C. 14: Ibrahim: 25-26)
Aquí el
árbol es sólo un símbolo. El Corán habla claramente de una filosofía
insana en contraposición a una filosofía sana en el mismo lenguaje
simbólico. El árbol malo y la condición del incrédulo se describen en los
siguientes dos versículos:
Mas una palabra mala se asemeja a un
árbol malo, cuyas raíces se han salido de la tierra y no tiene
estabilidad. Al-lah fortalece a los creyentes con la palabra firmemente
establecida, tanto en la vida presente como en el Más Allá; y Al-lah
permite que los injustos se extravíen. Al-lah hace lo que quiere. (C. 14:
Ibrahim: 27-29)
La
"palabra" se emplea en este contexto con la connotación de filosofía,
sistema, orden etc. de la misma forma en que se emplea el término
"palabra" con una connotación mucho más amplia en el versículo inicial de
Juan:
En el principio estaba la Palabra, y la
Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios (Juan 1:1)
Las
malas filosofías y sistemas están destinadas a sufrir la suerte de un
árbol malo que fracasa en aprobar el test de la supervivencia del más
adecuado y que finalmente es arrancado y arrojado de sitio en sitio por
una furiosa tormenta.
Por otro lado, el ejemplo de un sistema sano de orden de
cosas se asemeja a un árbol saludable que está firmemente arraigado en su
terreno y cuyos tallos altos y ramas alcanzan la atmósfera pura del cielo.
Se alimenta de la luz celestial y produce fruta buena y provechosa en cada
estación. El Corán describe a los creyentes como poseedores de una fe
firme en Dios; toda su estructura ética y moral se funda con firmeza y
seguridad en esta creencia. Ello otorga la calidad de lo absoluto al
concepto islámico de la moral y la ética, que no permite discriminación en
ningún plano conocido de las divisiones sociales, religiosas o raciales.
El
principio rector aplicable a toda actividad humana se expresa en el
siguiente versículo del Santo Corán:
Mas a Al-lah pertenecen las cosas
ocultas de los cielos y la tierra, y a El se someterá todo el asunto.
Adórale pues, y pon tu confianza en El sólo pues tu Señor no esta
desatento a lo que hacéis. (C. 11: Hud: 124).
De
forma similar:
...En verdad, Suya es la creación y el
mandato. Bendito sea Al-lah, el Señor de los mundos (C. 7: Al-Araf: 55).
Todas
las filosofías islámicas comienzan y terminan con la absoluta autoridad de
Dios, el Creador del Universo.
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FUNDAMENTOS DE LA SOCIEDAD ISLÁMICA
El
versículo coránico que se refiere a este tema de manera central es el
siguiente:
En
verdad, Dios ordena la justicia - y más que la justicia, dar a la gente
más que lo que les corresponde- y servir a la humanidad con trato
beneficiente, como si os pertenecieran (como a vuestros familiares,
parientes y amigos) y Dios prohíbe la obscenidad -como se observa hoy tan
frecuentemente en la televisión, la radio y en las calles de tantas
sociedades del mundo- y prohíbe todo lo que es malo a los ojos de las
religiones y de la conciencia humana, y todo lo que conduce a la rebelión
y el caos. El os exhorta para que caigáis en la cuenta. (C. 16: Al-Nahl:
91)
La
primera parte de este versículo se refiere más la esfera económica que al
orden social. Dibuja una imagen clara del concepto islámico de la
justicia, la limpieza y la benevolencia en el trato hacia la parte menos
afortunada de la sociedad. La segunda parte se refiere a la imagen de la
sociedad que el Islam se compromete a instaurar.
En este
apartado, Dios prohíbe todo lo que se considera malo según estándares
universales, como es la conducta indecente, la ofensa, el insulto y, desde
luego, todos los males sociales que, sin referencia a cualquier enseñanza
religiosa, son condenados por el consenso general de la sociedad humana en
su mayoría.
De
manera similar, el Islam rechaza de forma estricta y condena toda
tendencia, conducta y actitud que pueda conducir al desorden, rebelión y
violencia. La palabra "rebelión" debe entenderse con el significado de
cualquier intento injustificado para destruir un orden establecido. Pero,
además, siempre que la palabra árabe BAGHIYI es empleada en el Santo
Corán, no sólo se aplica a las sublevaciones políticas o militares sino
también a la rebelión social contra las tradiciones nobles, estándares
éticos, enseñanzas religiosas y valores morales.
Al
final, se dice claramente a la sociedad que esta advertencia es para
beneficio del propio hombre. Así se completa el cuadro de los aspectos
esenciales del orden social islámico. Debe añadirse que la primera parte
del versículo esta interrelacionada de manera fundamental con las
enseñanzas sociales islámicas. Una sociedad que no es sensible a los
sufrimientos de otros seres humanos y no siempre está dispuesta a servir a
la causa de la humanidad, no puede describirse como sociedad islámica por
mucho que se adhiera a otros aspectos de las enseñanzas sociales
islámicas.
Volvamos a otros aspectos de la sociedad islámica contemplados en el Santo
Corán.
El Islam hace énfasis en la integridad, la lealtad, la
fidelidad y promueve todo tipo de medidas para crear la paz de la mente y
el corazón. Toma medidas preventivas para que la sociedad no se
desequilibre en su persecución del placer. Por tanto, se desalienta
cualquier tipo de comportamiento, por inocente que pueda parecer
inicialmente, que pudiera conducir hacia una permisividad sin límite, pues
el daño que ello causa a la sociedad es inmenso y múltiple. Tales
sociedades están condenadas a acabar en el estado de promiscuidad que
encontramos en el mundo de hoy.
En
tales sociedades, la tendencia irrefrenable a conseguir el placer conduce
entre otras cosas a la erosión y destrucción final de los lazos
familiares. Contrariamente a esto, el Islam protege y guarda celosamente
todo tipo de relación paternal, maternal, fraternal y filial. El Islam
desea promover amistades que sean más platónicas que sensuales.
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LA
CASTIDAD
Comenzando con un plan para la mujer en la sociedad, es esencial, según el
Islam, tomar todo tipo de medidas que promuevan la castidad, la fidelidad,
la moderación y el modo de vida limpio.
El
énfasis en la vida casta, bien aislada frente a los peligros de
corto-circuitos en la satisfacción de los deseos sexuales es una faceta
importante de la sociedad islámica. Este aspecto de las enseñanzas
sociales islámicas es extremadamente importante para la protección y
supervivencia del sistema familiar, que es la necesidad más acuciante del
momento.
El
Islam busca ampliar la unidad familiar en lugar de estrujarla al mínimo:
una familia en la que la capacidad humana de amar y el deseo de ser amado
no se sacia sólo con la mera satisfacción de los deseos sexuales sino por
una relación y amistad más completa y refinada, como la que naturalmente
impera entre los parientes de sangre próximos y lejanos.
Es
sorprendente cómo los hombres sabios de la sociedad moderna no se dan
cuenta de la debilidad humana una vez que se permite que los placeres
asociados al sexo jueguen un papel primordial y sin restricciones en la
sociedad. Ciertamente, florecen a expensas de otros valores refinados y
extraen su sangre como parásitos.
Sigmund
Freud, sin duda, fue el producto de tal sociedad. Comenzó a analizar todas
las motivaciones humanas a través del cristal coloreado del sexo. Para él,
la relación más piadosa entre madre e hijo, tenía relación con el sexo.
Incluso la relación padre-hija no poseía santidad alguna sino que su
orientación o su origen era sexual. Casi todo lo que hacía el hombre,
aunque no se diera cuenta de ello, tenía su fundamento en los impulsos
sexuales profundamente arraigados en el subconsciente. Me pregunto si en
los tiempos de Freud, la sociedad había alcanzado el grado de promiscuidad
que hoy posee, pero, sin duda era suficiente para dar origen a un
entendimiento totalmente dominado por el sexo de la psique humana. Pero si
Freud tuviera razón, haría aún más esencial que no se permitiera a la
sociedad que jugara incautamente con unas fuerzas poderosas que pueden
producir tales cortocircuitos.
El
ambiente actual de las sociedades modernas hace que no presten atención ni
intenten comprender la naturaleza y facetas del entorno social islámico,
pero, tanto si el hombre esta de acuerdo como si no lo está con el
concepto de que Dios juega un papel en los asuntos humanos y en la
conformación del destino del hombre, y tanto si el hombre esta dispuesto
a modular su conducta social de acuerdo con la palabra de Dios revelada
como si no lo está, hay una cosa cierta, y es que el hombre no puede
frustrar la Obra de Dios (la naturaleza) ni la Palabra de Dios (la Verdad
revelada). Ambos, la Palabra y la Obra deben hallarse en armonía entre sí
para que se consideren válidas. Cualquier conducta social que el hombre
adopta en contradicción directa con la Palabra de Dios esta destinada a
acabar en el fracaso.
El
hombre no puede tener un placer sin límites ni restricciones por mucho que
lo desee. Todo lo más que puede hacer es canjear ciertas opciones y
valores. Una sociedad que busca eludir la responsabilidad o las realidades
de la vida con la ayuda de drogas u opiáceos; una sociedad que esta
obsesionada con el sexo, las emociones y estímulos vanos, una sociedad
donde los gustos son deliberadamente pervertidos para adecuarlos a un
mercado artificialmente creado de instrumentos y juguetes nuevos de
placer, que sólo sirven para producir excitación y una mayor ansiedad; un
mercado dirigido por poderosos medios cuya único propósito es amasar
riqueza; tal sociedad elige todo eso a costa de valores humanos más
nobles, la paz de la mente y la seguridad de la sociedad en su conjunto.
No se pueden poseer ambas cosas simultáneamente. No se puede tener la
tarta y degustarla al mismo tiempo.
El
Islam insiste justamente en lo opuesto. Ciertamente que aboga por el
placer pero no a costa de la paz mental y la seguridad de toda la
sociedad. Todas esta tendencias, que si no se detectasen conducirían a una
desintegración gradual de la vida familiar y promoverían el egoísmo, la
irresponsabilidad, la vulgaridad, el crimen y la violencia, son
desalentadas enérgicamente.
Los
entornos creados por estas dos filosofías son polos opuestos.
Me asombra cómo alguna gente olvida que, suscitando ambiciones, o dando
dominio libre a los deseos en la sociedad, puedan prometer con optimismo
la paz de la mente. Ninguna sociedad del mundo, por muy sólida que tenga
su economía, puede soportar una generación de deseos lascivos ilimitada e
desenfrenada.
Incluso
en las sociedades más ricas del mundo, existen siempre ricos y pobres.
Quienes se hallan privados de los conforts más básicos de la vida suman la
parte más numerosa de la sociedad frente al comparativamente menor número
de aquellos que pueden pagar lo que desean. Incluso esto es cuestionable,
porque parece que, con el aumento de la riqueza, también aumentan los
deseos y probablemente ni siquiera el más rico puede hacer realidad
plenamente todos sus sueños. El caso, no obstante, de la mayoría
relativamente más pobre, es peor. No pueden tener acceso a las comodidades
básicas de la vida, por no mencionar los lujos que sociedad opulenta puede
permitirse. Es con las emociones y deseos del pobre con quien los medios
modernos hacen estragos. Día tras día, lleva a su morada miserable
imágenes prometedoras de un estilo de vida glorioso, con hogares
suntuosos, jardines fabulosos, flotas de coches de lujo, aviones y
helicópteros privados y un ejército de sirvientes. El estilo de vida de
Hollywood y Beverly Hills con sus jaranas, bailes, fiestas de gala, o la
vida en los casinos, salas de juego o toda la pompa y opereta que se
evocan, son tentaciones a las que el más pobre tiene acceso. No obstante,
muy pocos de entre los más ricos pueden siquiera soñar conseguir este
cielo en la tierra. Tales gentes pierden, ciertamente, el interés en su
entorno pobre y ordinario. La casa y el hogar dejan de ser atractivos para
ellos. La falta de cultura y civilización permanecen contrarios a esta
visión prometedora y, en este contexto, las realidades de su propia vida
comienzan a perder todo significado. Si este es el último logro de una
sociedad alimentada de placeres banales y visiones irreales, el calor y la
paz del hogar se vuelven progresivamente ilusorios. Entonces no les queda
nada por lo que vivir en el futuro.
Sería
necesaria más de una medida para restaurar la unidad familiar tradicional,
tan esencial para unir a sus miembros con confianza mutua, amistad y paz
que genere el calor interno. Pero, quizá sea ya demasiado tarde para
hablar de ello.
El
Islam tiene un mensaje muy claro. Ofrece un plan bien definido para
proteger, guardar y preservar un sistema de familia universal, o para
reconstruirlo cuando se halle totalmente demolido.
Según
el Islam, la disciplina debe ser inculcada mediante la convicción y el
entendimiento en cada esfera de la actividad social, y los balances
perdidos han de ser reestablecidos.
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LA
SEPARACIÓN DE SEXOS
Existe
un enorme malentendido entre la gente de occidente respecto al sistema
social islámico del PARDAH (lit. velo), que se contempla como una
segregación entre los dos sexos. El malentendido surge, en parte, de la
incorrecta aplicación de las verdaderas enseñanzas del Islam en distintas
partes del mundo islámico y en el papel negativo que desempeñan los medios
occidentales. Estos han convertido en norma asociar la fealdad en la
conducta, dondequiera que este ocurra, al Islam, a la vez que se abstienen
de asociar la conducta judía, cristiana, budista o hindú a sus respectivas
religiones.
La
norma islámica de la separación no nace, ciertamente, de una actitud de
mente estrecha, propia de las épocas oscuras de la historia. De hecho, la
cuestión de la promiscuidad, no tiene relación con el retraso o desarrollo
en el tiempo. Las sociedades a lo largo de la historia, han ascendido
tanto a la cresta de la ola social y religiosa, como también han
descendido a su hondura.
El
concepto de libertad de la mujer no ha sido, en absoluto, una tendencia
progresiva de la sociedad humana. Existe una fuerte evidencia de que,
tanto en el período remoto del pasado como en el período más cercano de la
historia humana, las mujeres, como colectivo, han mantenido una posición
dominante y poderosa en la sociedad humana en distintas partes del mundo.
La
relación libre y desinhibida entre la sección masculina y femenina de la
sociedad no es algo nuevo. Las civilizaciones surgieron y desaparecieron.
Los patrones de conducta oscilaron entre uno y otro estilo. Las miríadas
de tendencias sociales han ido desapareciendo y estableciéndose con
diferentes patrones para sólo para conformar nuevas experiencias y
formaciones a cada vuelta del calidoscopio. Sin embargo, ninguna tendencia
ha permanecido fija de forma que nos permitiera asegurar con certeza que,
a lo largo de la historia, la sociedad haya evolucionado de la separación
a la promiscuidad o del confinamiento a la relativa emancipación y
liberación de la mujer.
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EL
COMIENZO DE UNA NUEVA ERA EN LOS DERECHOS DE LA MUJER
Merece
la pena centrar nuestra atención aquí al período oscuro de la historia de
Arabia cuando surgió el Islam, por medio de la instrucción divina -según
nosotros, los musulmanes, creemos-, o como resultado de las enseñanzas
personales de Mohammad(sa) -como creerían los no-musulmanes-. Cualquiera
que sea el punto de vista de los teólogos, las enseñanzas islámicas
respecto a la separación de sexos no representaron en absoluto al
comportamiento árabe.
La
sociedad de Arabia en aquel tiempo era paradójica en extremo en su actitud
respecto a las mujeres. Por un lado, la permisividad sexual, la libre
unión de hombres y mujeres y las locas orgías de vino, mujeres y cánticos
constituían uno de los puntos destacados de la sociedad árabe. Por otro
lado, el nacimiento de una niña se consideraba un acontecimiento
desgraciado y de enorme vergüenza. Algunos árabes "orgullosos" enterraban
a sus recién-nacidas con sus propias manos para escapar a esta ignominia.
A las
mujeres se les trataba como posesiones y carecían del derecho a oponerse a
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