Consideremos el tema del papel del Islam en su contribución a la paz social en
la sociedad contemporánea.
EL ORDEN SOCIAL CONTEMPORÁNEO
Desgraciadamente, se está perdiendo rápidamente la influencia de la
religión en el comportamiento moral de la sociedad. La situación se ve
agravada por el auge que en todas partes del mundo contemporáneo tiene el
deseo de liberación de toda obligación religiosa. Sin embargo, al mismo
tiempo que se rechazan los códigos éticos y religiosos, de forma paralela,
se incrementa el pánico nacido de la creciente falta de seguridad y
desorden en el comportamiento social. La creencia en un Dios Vivo, que no
sólo ha conformado el destino de los seres humanos, sino que también posee
el derecho a determinar su conducta en la vida diaria, se erosiona
rápidamente.
El
Santo Corán resume esta condición:
El
Desorden ha inundado la tierra y el mar (C. 30: Al-Rum: 42)
El
cristianismo, siendo la religión predominante de occidente, mantuvo hasta
comienzos del presente siglo una poderosa y efectiva influencia en el
comportamiento moral de sus fieles. Es evidente que hoy ya no es así.
En su
lugar ha surgido una civilización que es resultado y mezcla del socialismo
científico, el rápido desarrollo tecnológico y el progreso material, que
ha obligado al cristianismo a retirarse paso a paso y asumir un papel cada
vez más pequeño en la modelación del comportamiento social.
La
conducta moral, por tanto, en el occidente actual, tiene tanto o tan poco
de cristiana en su carácter, como la conducta moral en la mayoría de los
países musulmanes lo tiene de islámica. Lo mismo, por desgracia, acontece
en la conducta social y moral de cualquier parte del mundo.
Hay
tantos budistas, confucionistas e hindúes en el mundo actual, y, sin
embargo, tan poco de budismo, confucionismo o hinduismo que pueda ser
observado.
Agua,
agua, en todas partes; pero ni una gota que beber.
Si en
una sociedad los códigos éticos religiosos o tradicionales son
deficientes, la moralidad pierde su importancia y sentido para una
generación que, en absoluto, acepta a ciegas su herencia tradicional como
válida y digna de confianza. Tal generación habrá de pasar necesariamente
por un período crítico, de transición, de vacío total. Esto, a su vez,
originará un movimiento de búsqueda imperiosa. El proceso de búsqueda
podrá conducir o no al descubrimiento de un código de conducta mejor y
más satisfactorio. Podría, por el contrario, acabar en un caos total o en
un estado de anarquía moral. Por desgracia, tal como veo las cosas, parece
que la última opción es la elección de la sociedad moderna.
Una
corriente de cambio recorre las sociedades del mundo, tanto las orientales
como las occidentales; las religiosas y las seculares. Se trata de un
vendaval dañino que contamina la atmósfera de todo el planeta.
El mundo moderno parece estar mucho más atento y
consciente del creciente nivel de polución de la atmósfera material que
del progresivo nivel de polución de nuestra atmósfera social.
El Santo Corán, hablando obviamente de esta época, afirma:
Aportamos como testigo a la época en la
que el hombre en conjunto se encontrará en estado de perdición, excepto
aquellos pocos que crean y practiquen el bien, que exhortarán a los demás
con la verdad para que acepten la verdad y les amonestarán con paciencia
para que sean perseverantes. (C. 103: Al-Asr: 2-4)
La
explotación, la duplicidad, la hipocresía, el egoísmo, la opresión, la
avaricia, la búsqueda demencial del placer, la indisciplina, la
corrupción, el robo, el atraco, la violación de los derechos humanos, el
fraude, la traición, la falta de responsabilidad y la ausencia de respeto
mutuo y confianza se han convertido en el sello de las sociedades
modernas. La fina apariencia de civilización no puede ocultar ya la
fealdad que se hace cada vez más aparente. Sin embargo, sería erróneo
afirmar que estas amenazantes señales de fracaso humano no existieron en
épocas pasadas. De hecho, muchas civilizaciones antiguas también
sufrieron las mismas enfermedades, antes de que sus respectivos capítulos
del libro de la historia del hombre se cerrara definitivamente. Sería
erróneo escoger una región particular del mundo como centro de estos males
morales.
Las
sociedades están empezando a desmoronarse por igual en todas partes. Al
contrario que en los países gobernados por filosofías totalitarias, la
creciente concienciación sobre la libertad individual en el llamado mundo
libre se está convirtiendo en sí misma en una tendencia desequilibrada,
que es responsable en gran medida del incremento de la mala conducta
social.
En los
países gobernados por filosofías totalitarias, esta concienciación
gradual de la libertad individual se halla en el presente ocupada en una
dura batalla de liberación del individuo frente al control total del
totalitarismo. A menos que exista un movimiento contra-revolucionario en
la extrema izquierda de las fuerzas armadas, esta tendencia hacia una
mayor libertad tiene todas las posibilidades de ganar la contienda muy
pronto. Lo que pueda ocurrir después no augura un buen futuro si
consideramos las perspectivas morales de los jóvenes emancipados de los
antiguos países comunistas.
Casi
dos generaciones se han hecho adultas en el vacío de una sociedad atea sin
nada que guiara o disciplinara su comportamiento moral. Además de la
ausencia del código de valores morales implícito en todas las ideologías
religiosas, el peligro de las tendencias vanas e irresponsables de
búsqueda del placer fácil, provenientes de Occidente, que están
influenciando a la juventud de USSR y Europa Oriental, puede producir
efectos devastadores en su comportamiento moral en los años venideros.
Al
mismo tiempo, no puedo dejar de señalar que la experiencia de vivir sin
religión durante varias décadas, no sólo ha legado infortunio a la
sociedad contemporánea sino que también ha aportado algunas claras
ventajas. La revolución socialista rusa rompió los lazos del mundo
socialista no sólo con la religión sino también con los dogmas y creencias
religiosas que se encontraban corruptos y distorsionados. Tanto si se
trataba del cristianismo como del Islam, y cualquiera que fuese la secta a
la que cristianos o musulmanes pertenecieran, existía un concepto
medieval respecto a sus religiones respectivas que había creado en muchas
áreas de creencia una contradicción entre las doctrinas religiosas y las
realidades de la naturaleza. Ambas no podían ser ciertas a la vez. Hubo de
pasar un cierto tiempo antes de que las mentes se entrenaran para ver las
discrepancias entre las ideas religiosas y los hechos de la naturaleza, y
no sentirse perturbadas por ello. Vivir con paradojas no es fácil salvo,
quizás, cuando tales paradojas están imbuidas en la gente, generación tras
generación. De forma gradual, llega un momento en el que las comunidades
religiosas consiguen, hasta cierto punto, vivir con estas paradojas sin
notar su presencia.
Entre
otras cosas, la revolución socialista ha hecho posible que su gente
quedara limpia de dogmas ideológicos y se curaran del estrabismo y la
diplopía.
Ello, a
su vez, les ha otorgado una especie de inocencia, que sólo es adquirible
cuando existe una ausencia total de hipocresía. Es muy pronto para decir
si este estado de inocencia puede ser utilizado para su provecho moral en
el tiempo duro de sacrificios que tienen por delante; pero hay una cosa
cierta. Son gente mucho más sensible a recibir el Mensaje de la verdad y a
aceptarlo sin prejuicios, que cualquier otro pueblo del mundo actual.
En
verdad que no puede decirse lo mismo sobre la creciente tendencia hacia el
individualismo en la así llamada sociedad "libre" que habita en el mundo
actual. A uno le está permitido hacer prácticamente cualquier cosa,
justificándola mediante la libertad individual. Como líderes de esta
tendencia, los americanos están influenciando no sólo a los europeos del
primer mundo, sino también a las gentes del segundo y tercer mundo. El eco
de este concepto distorsionado de la libertad individual, que libera a
todos de la disciplina de la vida moral se escucha ya incluso lejos de las
cortinas ideológicas del socialismo científico.
Los
gay, lesbianas, drogadictos, skin-heads, punks y delincuentes de todo
tipo, continúan creciendo en número y fuerza. Su audacia al defender su
comportamiento preguntando simplemente ¿por qué no? a sus amonestadores,
se ha convertido en el desafío amenazador de la sociedad contemporánea.
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DOS ENTORNOS DE
ORDEN SOCIAL
El
Santo Corán describe dos entornos de orden social:
a) Uno
en el que el mal tiene la libertad de florecer, y
b) el
otro en el que el crecimiento del mal es fuertemente inhibido.
Si se
considerasen por separado las enseñanzas morales islámicas, sería muy
difícil para la mentalidad occidental entender la filosofía de su Mensaje.
Esto es así, porque las enseñanzas morales deben ser estudiadas como parte
del entorno social. Han de ser observadas en su totalidad. No se puede
entender la estación del otoño mirando únicamente a una hoja caída y seca
o a parte de un árbol cambiando de color. Es preciso visualizar y sentir
la atmósfera y temperamento del otoño en su totalidad para saber lo que es
esta estación y cómo afecta a la vida de las plantas. De la misma forma,
una golondrina no hace un verano. Mientras que el otoño desalienta la
vida, la primavera la alienta. No es sólo un cambio de temperatura sino
una transformación de todo el ambiente cuando el mismo viento parece
insuflar vida. Los sistemas sociales son también como estaciones, con sus
propias peculiaridades e influencias.
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LA VANIDAD DE LA
SOCIEDAD MATERIALISTA Y SU DESTINO FINAL
El
Islam trata este tema de la misma manera. Permítanme describir, en primer
lugar, una sociedad, que según el Corán no es islámica:
Sabed
que la vida de este mundo no es más que juego y pasatiempo, un ornato, una
fuente de jactancia entre vosotros y de rivalidad en la multiplicación de
la riqueza y los hijos. Esta vida es como la lluvia: la vegetación que
produce regocija a los labradores. Pero después se seca y la ves ponerse
amarilla. Entonces se convierte en trozos rotos de paja. Mas en el Más
Allá hay un severo castigo para el malvado, y también el perdón de Al-lah
y Su agrado para el virtuoso. Pues la vida de este mundo no es mas que un
gozo engañoso temporal de cosas engañosas. (C. 57: Al-Hadid: 21)
De nuevo, al referirse
a la vanidad de la vida material, el Santo Corán dice lo siguiente:
En cuanto a
los no creyentes, sus actos son como un espejismo en el desierto. El
sediento piensa que hay agua hasta que, cuando llega a ella, encuentra
que no es nada. Mas encuentra a Al-lah allí, Quien le recompensa
totalmente por sus acciones, pues Al-lah es rápido en la retribución.
(C.24: Al-Nur: 40)
El
Santo Corán lo describe como un espejismo que tienta al sediento
escapándose siempre de él hasta que se vuelve tan exhausto que no lo puede
perseguir ya más. En ese momento es cuando es castigado. Se le hace caer
en la cuenta de que ese es el objetivo hueco y vacío que había estado
siguiendo todo el tiempo. De pronto, el espejismo deja de alejarse, y le
permite aferrarlo, sólo para que comprenda el amargo significado de
perseguir a la nada. Este es el castigo que encuentran quienes persiguen
la vanidad de la vida. Así, es como acaban todas estas sociedades, según
el Santo Corán.
En
contra de ello, la religión aboga por una ideología que declara que la
vida en este mundo no es el destino -y el fin- de todas las cosas sino que
existe una vida posterior que nos espera.
Si
nuestra muerte en la tierra no es definitiva sino que continuamos viviendo
de una forma u otra, tal como el Islam y otras religiones desean que
creamos; si la vida en la tierra no puede ser tomada por separado de la
vida en el Más Allá; y si ambas vidas deben ser entendidas como
continuación una de otra, entonces sería de poca sabiduría ignorar el
papel de las influencias sociales sobre una persona aquí en la tierra. El
mal y las influencias inmorales e insanas han de originar un alma insana
en la vida venidera.
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EL RECHAZO A LA VIDA
FUTURA
Este no es el lugar apropiado para discutir la filosofía islámica sobre la
vida después de la muerte en detalle, pero sería suficiente mencionar que,
según el Islam, la forma en que conducimos nuestras vidas aquí en la
tierra tiene influencia en nuestras almas de la misma manera como, en
ocasiones, ciertas enfermedades de la madre embarazada influencian a su
hijo en estado embriogénico. El niño puede ser tan incapacitado
congénitamente que le puede suponer un auténtico infierno vivir con sus
incapacidades entre los niños sanos en situación de máximo desvalimiento.
El tormento puede ser aún más amargo y profundo a medida que madura su
conciencia. Esto, en resumidas cuentas es como, según el Islam, damos
forma a nuestro cielo o infierno.
En este
contexto, debe quedar claro que cualquier tipo de orden social que
promueve el comportamiento irresponsable, violento o desordenado, debe ser
rechazado aun cuando pueda parecer atractivo y tentador al observador
fortuito.
Es
apropiado que los creyentes hagan tales afirmaciones, ya que se refieren a
cuestiones del otro mundo. Después de todo, ¿quién ha regresado del así
llamado otro mundo para testificar a favor o en contra de tales
afirmaciones? ¿Por qué no conformarse con el pájaro en la mano en lugar de
cambiarlo por cien volando? Esta es la respuesta materialista a la
filosofía islámica respecto a como debe ser configurada la sociedad y
sobre que principios ha de basarse.
La
filosofía islámica abarca la vida presente aquí en la tierra y la vida del
Más Allá como un curso continuo que se rompe momentáneamente con la muerte
que, de hecho, es un estado transformativo de una vida en otra. Por
contra, la filosofía materialista visualiza la vida como un breve lapso
accidental de conciencia que se convierte en la nada en el momento de la
muerte. Por tanto, el sistema social ha de atender únicamente las
necesidades relacionadas con este breve lapso de existencia. El individuo
ha de responder únicamente ante la sociedad, sólo mientras viva y sólo por
el aspecto de su vida que es visible y detectable; lo que queda oculto en
forma de pensamientos, intenciones, planes, conspiraciones y crímenes
sutilmente perpetrados queda sin detectar y sin cuestionar.
Asimismo, los delitos realizados contra la sociedad sólo son juzgados como
tales cuando queda establecido, sin sombra de duda que dicho delito ha
sido cometido. Existe la posibilidad del error judicial. En este orden
social, la administración de la justicia no sólo es superficial y limitada
sino que conduce a delitos contra la propia sociedad. Promueve la búsqueda
de intereses creados y alienta el egoísmo extremo por parte del individuo.
Es
también interesante señalar que en una sociedad atea o semi-atea, donde el
concepto de responsabilidad después de la muerte es completamente
rechazado o tratado tan vaga y ligeramente que pierde su sentido, es muy
difícil encontrar una definición del delito que se asemeje a la que tiene
en una filosofía moral sana. Es muy difícil concebir que los miembros de
una sociedad atea se hallen verdaderamente convencidos del daño que causan
cuando quebrantan una ley. Después de todo ¿qué es la ley? ¿Es la palabra
del déspota o del dictador absoluto, la decisión de los regímenes
totalitarios o el dictado de la mayoría democrática? Para el hombre común
¿cuál de los enunciados anteriores constituiría una legislación justa
basada en una filosofía moral sólida? ¿Qué filosofía moral?
Si no
debe su existencia a ningún Ser, o si no teme ser preguntado respecto a su
conducta durante su vida terrenal en la vida venidera, puesto que, según
su creencia, no existe el Más Allá, entonces, las respuestas desde su
posición a las cuestiones antes formuladas, pueden ser muy distintas a los
requerimientos de una sociedad responsable. El solo tiene una vida corta
que vivir. Necesita a la sociedad para su sólo beneficio y se somete a la
autoridad superior de la sociedad únicamente por necesidad. Si puede huir
con algún beneficio en provecho propio y hurtar unos cuantos momentos de
placer aquí y allá siendo suficientemente listo para no ser descubierto
¿por qué no hacerlo? ¿Qué tipo de inhibición "moral" podría detener su
mano?.
Esta
actitud psicológica ante el delito se desarrolla y consolida con el paso
del tiempo en las sociedades materialistas y ateas.
Esto,
exactamente, ha sido mencionado en el Santo Corán como la esencia de la
sociedad materialista:
Los incrédulos declaran:
"No hay otra vida fuera de
la vida presente; morimos y vivimos, pero no seremos resucitados. Es
decir, rechazamos el concepto de la vida después de la muerte o de la vida
en cualquier otro lugar. (C. 23: Al-Muminun: 38)
De
igual forma, los incrédulos se dirigen, burlándose, a los anteriores
Profetas, preguntándoles:
Pues dicen: "Cuando nos
convirtamos en huesos y partículas rotas ¿Seremos realmente resucitados
como nueva criatura?" (C. 17: Bani-Israil: 50)
Dicen: “¡Cómo! Cuando estemos muertos y
nos hayamos convertido en polvo ¿Seremos, en verdad, resucitados de nuevo?
(C. 23: Al-Mu'minun: 83)
Esto, según el Santo
Corán es común a todos los males de una sociedad materialista. Por ello se
insiste tanto en la vida futura y en el Día de la Retribución.
En una
de las tradiciones, Ibn Masud relata que el Santo Profetasa en
una ocasión dibujó un rectángulo, en cuyo centro trazó una línea larga
cuya parte superior se prolongaba por encima del rectángulo. A lo largo de
esta línea media dibujó una serie de líneas cortas. Indicó que la figura
representaba al hombre, que el rectángulo que la rodeaba era la muerte, la
línea media representaba sus deseos y las líneas cortas que la cruzaban
eran las pruebas y tribulaciones de la vida. Dijo: Si una de ellas le
falla, cae víctima de alguna de las otras. (Bujari). En otra tradición se
describe a la muerte como la que pone fin al placer. (Tirmidhi)
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CUATRO
CARACTERÍSTICAS DE LA SOCIEDAD MATERIALISTA
"¿Qué
os ha llevado al fuego?" Ellos responderán: "No fuimos de los que ofrecían
oraciones, ni alimentamos a los pobres. Nos entregamos a charlas vanas con
aquellos que se dedican a ellas. Y solíamos negar el Día del Juicio". (C.
Al-Muddazzir: 43-47)
Los
aspectos de una sociedad atea y materialista no podrían haber sido
descritos de manera más precisa y completa. Son los siguientes:
1.
Fracaso en realizar la oración.
2.
Fracaso en alimentar al pobre.
3. La
complacencia en los propósitos banales
4. El
rechazo al Día de la Retribución o de la Responsabilidad.
Antes
de seguir adelante, permítanme disipar una confusión que hace difícil
diagnosticar verdaderamente cuál es el estado de una sociedad. Incluso en
las sociedades en las que la creencia en Dios parece estar arraigada y la
creencia en el Más Allá forma parte integral de su artículo de fe, se
desarrollan ciertos tipos de males que no podrían ser lógicamente
concebidos entre creyentes responsables ante Dios y que han de rendir
cuentas en la vida venidera.
La
cuestión que se plantea pues, es ¿por qué tales sociedades creen en Dios y
en el Más Allá y sin embargo todas las demás características permanecen
materialistas en su totalidad?. La respuesta no es difícil de averiguar
cuando se examina con detalle la naturaleza de sus creencias. De hecho,
una remota creencia teosófica en Dios no puede influenciar el
comportamiento social de tales creyentes. ¿Cómo puede coexistir la fe
genuina en Dios con la mentira, la falsedad, el individualismo, la
usurpación del derecho de los demás, la corrupción y la crueldad? El
concepto que de Dios tienen tales sociedades es sólo cosmético, demasiado
irreal y etéreo para desempeñar un papel activo en la modelación de la
conducta humana. De igual manera, la creencia en la vida futura y la
responsabilidad de rendir cuentas se reduce a la pálida sombra de una
posibilidad remota. En cada instante de elección los intereses inmediatos
prevalecen y desplazan cualquier consideración sobre la vida venidera.
Cuando
hablamos de sociedades materialistas, no sólo queremos significar a
aquellas que se han rebelado abiertamente contra la idea de Dios y de la
Vida Futura. La mayoría de las sociedades "creyentes" y ateas aparentan
estar en extremos diametralmente opuestos en sus ideologías, pero, en la
práctica poseen similitudes muy próximas.
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LA
RESPONSABILIDAD
El
Santo Corán, por el contrario, declara:
A Al-lah pertenece todo cuanto hay en
los cielos y en la tierra. Él es el Dueño. Posee el derecho de conformar
vuestros destinos y vuestro orden social. Tanto si reveláis lo que hay en
vuestras mentes como si lo mantenéis oculto, Al-lah os pedirá cuentas por
ello y os interrogará respecto de vuestros pensamientos y actos malvados;
después perdonará a quien considere merecedor de ser perdonado y castigará
a quien considere merecedor de ser castigado; y Al-lah tiene poder para
hacer todo lo que desea. (Cap. 2: Al-Baqarah: 285)
El Santo Corán añade:
No sigas lo que no conoces. En verdad,
el oído,el ojo y el corazón, serán todos llamados para dar cuenta. (C. 17:
Bani Israil: 37).
Aquí,
la palabra corazón significa en el lenguaje del Santo Corán, la fuerza
última que se encuentra detrás de todo acto humano. Fu'wad, significa en
el Santo Corán la voluntad decisiva y suprema que opera en el cerebro de
igual manera que se hacen funcionar los ordenadores. Por lo tanto, esta
voluntad decisiva es la fuente de todo bien y todo mal y es la que, en
forma de una vida nueva tras la muerte, habrá de rendir cuentas junto a
los ojos y el oído.
Estudiemos ahora los rasgos de las sociedades descreídas con mayor
proximidad. Ocurre que el ateísmo y la no-creencia en la vida venidera
permanecen de forma vaga e indetectable en un estado semi-inconsciente. En
las creencias, de forma aparente, se continúa suscribiendo la existencia
de Dios y la creencia en el Más Allá, pero en todos los aspectos prácticos
no parece que sea cierto. En ocasiones supone una crisis el hecho de hacer
conscientes estas realidades ocultas. A veces, generaciones enteras viven
sin darse cuenta de la inconstancia y fragilidad de sus ideas. Cuando una
era se agota dando lugar a una nueva era que emerge gradualmente, la
sociedad tiende, en conjunto, a re-examinar sus creencias heredadas. Es en
esos momentos, cuando el ateísmo y la no-creencia en la vida venidera, que
habían permanecido sin detectar y sin ser criticados, comienzan a salir a
la superficie. En una sociedad entregada a la persecución del placer
desenfrenado e indiscriminado, el rechazo consciente de Dios y de la vida
venidera acelera rápidamente el proceso de degradación moral y deterioro
de valores fundamentales.
La
dirección de la civilización, al margen de qué región del mundo o qué
época de la historia humana se trate, va siempre de lo más grosero a lo
más refinado. Las necesidades psicológicas humanas básicas, que actúan
como fuerza motivadora subyacente en la conducta humana, permanecen
inalterables. Lo que cambia es la respuesta a tales variaciones. Por
ejemplo, se puede saciar el hambre comiendo carne o verduras. La calidad y
la frescura de la carne y de la verdura son variables. Estas, a su vez,
pueden ingerirse crudas o sazonadas y cocinadas de distinta manera según
el gusto.
A
medida que la sociedad se desarrolla, las respuestas a las necesidades
fundamentales evolucionan y se hacen más refinadas y más sofisticadas. Tal
proceso continúa permanentemente, si bien el ritmo es fijado en gran
medida por los factores políticos y económicos de la gente. La vanguardia
de la sociedad, no obstante, siempre avanza; a veces más deprisa y a veces
más despacio.
Cuando
una civilización madura, el exceso de sofisticación junto con otros
fenómenos perjudiciales hace que se invierta la marcha de esta tendencia
progresiva. En las sociedades decadentes la dirección se invierte, de lo
refinado a lo grosero.
Se
trata de un tema de aplicación extensa, que requiere un estudio detallado.
Lamento que quede fuera del ámbito de la conferencia de hoy, pero quisiera
comentar algunos puntos.
Cuando las sociedades degeneran y les acompaña un exceso de
sofisticación, comienzan a retroceder y volver a la misma respuesta
animal ante sus necesidades. Ello puede no ser visible en toda actividad
social y cultural, pero se manifiesta casi siempre de forma destacada en
las relaciones humanas y en el estilo frente a la consecución del placer.
Un somero estudio del hombre en sus respuestas ante el sexo ilustra el
caso en cuestión.
Alrededor del instinto básico de reproducción a través de la regeneración
sexual, el placer se halla asociado, por naturaleza, en todo el reino
animal. Lo que encontramos diferente en la sociedad humana es un
apartamiento gradual de la mera satisfacción de estos deseos brutos hacia
una actitud gradualmente más refinada ante la satisfacción de las
necesidades animales.
La
naturaleza nunca deseó que el sexo fuese el objetivo último. El último
objetivo ha sido siempre la reproducción y propagación de las especies. El
sexo ocupaba un lugar secundario. Cuando las sociedades se vuelven
decadentes, este papel queda prácticamente invertido.
El
desarrollo gradual de la institución del matrimonio, los ritos asociados
con esta institución y los tabúes existentes respecto a la interrelación
entre los sexos masculino y femenino, podrían ser considerados por un
sociólogo como un fenómeno resultante del crecimiento natural de la
sociedad, sin relación con la religión. Sin embargo, tanto si el
crecimiento es dirigido desde una instancia superior o si es un fenómeno
aleatorio que se dirige hacia adelante por sí mismo, no se puede negar el
hecho de que, de forma gradual, las respuestas para satisfacer esta
necesidad fundamental se han hecho cada vez más complejas y elaboradas.
La
creciente promiscuidad en las relaciones entre hombres y mujeres es, pues,
sintomática de la misma enfermedad. No se trata sólo de una actitud
permisiva y liberal respecto a la relación sexual sino que, ciertamente,
se trata de algo mucho más importante que acompaña a esta tendencia, que
pretende cambiar el entorno de esta esfera fundamental de interés y
actividad humanos. El debate sobre la legitimidad o ilicitud de tal
relación se mira despectivamente como algo perteneciente al pasado. Desde
luego que existen diversos grupos de mentalidad religiosa estrecha que no
cesan de hablar del tema, pero es fácil darse cuenta de estas gentes de
mentalidad desfasada y fanática son una minoría carente de significado.
Es
mucho más "moderno" en occidente considerar que el sexo es una necesidad
natural que debe encontrar respuesta sin ninguna inhibición. El
tradicional recato asociado a la conversación entre las mujeres se esta
convirtiendo en algo del pasado. La desnudez, el exhibicionismo, el
lucimiento, la desvergüenza en la discusión y la confesión se consideran
simples expresión pública de la verdad.
Nadie
se toma la molestia de hacer extensivo el mismo argumento a otros deseos
humanos naturales. ¿No se trata de un deseo animal natural, común a los
humanos también, el querer poseer todo lo que a uno le plazca? ¿No es
acaso un deseo natural animal sentirse airado y violento y dar rienda
suelta a estas emociones en términos salvajes?. Un perro débil también se
ve embargado por los mismos impulsos que el perro fuerte, pero mientras
que el fuerte llegaría a morder, el débil al menos podría ladrar.
¿Qué
son, si no, los demás tabúes sociales -los códigos de conducta civil, el
concepto de decencia etc.- que interfieren continuamente con la expresión
libre de los impulsos naturales? ¿Por qué ha de ser el sexo acaso la única
fuerza motivadora a la que se debe otorgar licencia libre para expresarse
sin considerar la tradición, las normas, la decencia, propiedad y
pertenencia?
Lo que
se observa hoy día es un fenómeno que ha de ser discernido y analizado con
cuidado. Lo que llamamos permisividad en la relación sexual se expresa
como una tendencia creciente a hurtar y a robar en otras áreas de la
actividad humana, así como a lastimar y herir a los demás. La persecución
desinhibida del placer, que pervierte el gusto, nace de las mismas
tendencias decadentes que están acabando con los edificios más nobles de
la civilización y causando el retorno a modos de vida correspondientes a
tiempos anteriores.
Las
sociedades no sólo imponen a los individuos un progresivo número de ritos,
tabúes, imposiciones y prohibiciones, sino que también les complacen y
gratifican en el romance y en el cortejo, que juegan un papel vital en
esta área. La poesía, la literatura, el arte, la música, los estilos, las
modas, las exposiciones, el gusto por la fragancia y el desarrollo de la
conducta decente y cultivada, son resultados, en importante medida, del
mismo impulso fundamental manifestado como respuesta social.
Puede
llegar un tiempo en el que la generación futura se rebele y rechace los
logros sociales, conseguidos a lo largo de miles de años de progreso. Esta
rebelión puede no tomar la forma de un rechazo absoluto, si bien el ojo
crítico no hace sino percatarse de que el movimiento va en esa dirección.
El hipismo, la vida bohemia, el sadismo, la violencia creciente asociada
al sexo y el retorno de la conducta sexual a su aspecto bestial y
primitivo son algunos de los ejemplos del retroceso de las tendencias
antes mencionado.
Sólo es
preciso salir afuera para observar los distintos grupos de jóvenes
rebeldes, descuidados, viviendo en comunas, para darse cuenta de lo que
está ocurriendo a la generación más joven. La suciedad y el hedor parecen
haber reemplazado a la limpieza y a la fragancia. La vestimenta inmaculada
ha dado paso a la ropa raída y absolutamente descuidada. Se marcharon los
días en los que un momento de inspección a nuestra vestimenta resultaba
sumamente embarazoso. Los "jeans" que hoy se llevan, rasgados
intencionadamente para exhibir el cuerpo, se están convirtiendo en algo
mucho más valioso que un par nuevo de pantalones. Desde luego que no toda
la sociedad manifiesta tales signos extremos de descontento con la
herencia pasada o tradicional, pero, cuando una enfermedad se afianza no
todo el cuerpo ha de estar ulcerado. Pueden aparecer algunas úlceras aquí
y allá que revelan el estado subyacente de enfermedad. La
irresponsabilidad está creciendo. La indisciplina y el desorden comienzan
a estar al orden del día. Muchos otros signos de decadencia salen a la
superficie en distintas áreas de interés humano.
La
persecución del placer en cada esfera de la vida exige cambios y novedades
que proporcionen mayor estímulo. Las cosas que satisfacían en el pasado no
lo hacen ahora. El tabaco y los intoxicantes tradicionales no son capaces
de ofrecer el estímulo que la sociedad, cada vez más inquieta, necesita.
Comienzan a aparecer todo tipo de drogas y ninguna medida adoptada para
detener la drogadicción progresiva es suficiente. Para el drogadicto llega
un momento en el que necesita un estímulo aún mayor y se inventan nuevas
drogas, más fuertes, adictivas y letales, como el crack.
En el
área de la música, las mismas tendencias se han introducido gradualmente
en las últimas décadas de este siglo. El estudio del desarrollo de la
música a lo largo de los siglos más recientes, frente a los rápidos
cambios de erupción de decibelios en las últimas décadas, proporciona
datos interesantes e intrigantes para analizar.
No soy,
personalmente, un entendido en música, y pido perdón por anticipado si
alguno de mis comentarios son considerados ajenos a la realidad del mundo
musical. Sin embargo, mi intuición me hace pensar que el desarrollo
progresivo de la música en occidente, a lo largo de los últimos siglos, lo
ha sido en la dirección de lo sublime, lo exquisito y lo noble. Esa música
producía simultáneamente paz en la mente y en el corazón. La mejor música
era la que se identificaba y se acoplaba con la música latente de la mente
y espíritu humanos. La armonía y la paz eran los objetivos últimos que
pretendía esta evolución musical. Desde luego, existían pasajes en las
obras de los grandes compositores y artistas que creaban imágenes de
erupciones volcánicas, tifones, rayos, y un sentido de conmoción que se
correspondía con el fenómeno externo de la naturaleza. Sus memorias se
almacenaron y se preservaron indefinidamente en el mecanismo memorizador
de la vida. En ocasiones, el clímax alcanzaba tales crescendos que parecía
que el universo entero iba a estallar. Sin embargo, la audiencia
permanecía inmóvil, sumergida en la inundación musical, sin mover un
músculo ni pestañear, hasta que, de repente, se hacía un silencio total.
Sólo entonces, la sala estallaba en un tremendo aplauso. Ni siquiera la
música más poderosa, cargada a tope de emoción, convertía al oyente en un
ser violento, explosivo y rebelde. Todo el mensaje de la música era
sublime, pacífico y armonioso. Se extraía y despertaba lo mejor del
hombre; lo malo se desterraba.
En
verdad que durante las últimas escasas décadas asistimos a un fenómeno
diferente. Los oídos de la generación contemporánea están ensordecidos
por cierto tipo de música capaz de excitar pasiones vitales primitivas.
Una generación inquieta y perturbada, se encuentra sólo en sintonía con
una música que les enloquece. Cuanto más violenta, más popular. De nuevo
pido disculpas por mis observaciones sobre el mundo de la música clásica o
popular, pues me considero un ignorante en estos temas, pero estoy seguro
de que la violencia, la rebelión, la locura y el vandalismo etc. están
corrompiendo rápidamente las facultades humanas nobles.
El
Profesor Bloom, a quien debe reconocerse cierto conocimiento de la música
occidental, parece estar de acuerdo conmigo en su libro The Closing of the
American Minds, cuando lamenta la erosión de las sensibilidades de los
adolescentes en la era contemporánea, los cuales, según sus palabras, se
hallan embrutecidos por la exposición constante a la música rock a la que
considera comida-basura para el espíritu.
Existen
numerosos signos visibles y palpables de esta situación enfermiza de la
sociedad que está haciendo cada vez más desordenada la vida del hombre y
carente de felicidad, satisfacción, paz y seguridad. El hombre puede negar
la existencia de Dios cuanto le plazca, pero no puede negar la existencia
de una naturaleza todopoderosa que conoce bien como castigar los crímenes
contra ella cometidos.
En
todas las sociedades materialistas, los factores más importantes que son
responsables de la proliferación y crecimiento del mal, son más o menos
los mismos. Ya los hemos comentado parcialmente con anterioridad, por lo
tanto enumeraré brevemente a modo de resumen tales factores:
a. El
ateísmo progresivo;
b.
Debilitamiento de la creencia en un Dios real, poderoso, que tiene un
interés verdadero en los asuntos humanos y en la forma en que los seres
humanos modelan su conducta;
c.
Progresivo debilitamiento en las creencias en los valores éticos y
tradicionales; y,
d.
Tendencia creciente a olvidar el fin y a considerar a los medios como
fines en sí mismos
Esta es
la situación que prevalece en las así llamadas sociedades "avanzadas" o
"civilizadas" del mundo. Lentamente, a medida que los valores morales y
éticos continúan marchitándose, comienzan a influenciar el proceso
legislativo y ejecutivo de los gobiernos. Cuando no se acepta ninguna ley
emanada de Dios y los valores éticos absolutos y las tradiciones nobles
son desafiadas y contravenidas diariamente, cualquier legislación que
pretenda disciplinar la conducta moral se vuelve también laxa y
complaciente. La plataforma donde se asientan las leyes relativas al
comportamiento moral comienza a tambalearse.
Un
estudio comparativo de la legislación en éste área en los últimos siglos
ilustra el caso que comentamos. Desaparecieron los días de Oscar Wilde en
los que la homosexualidad era considerada un crimen por una sociedad que
lo castigaba sin misericordia. Han desaparecido los días en los que la
castidad no sólo era una virtud sino también un bien social que, de ser
violado, encontraba una respuesta. El debilitamiento del delito ya no se
considera motivo de alarma. Este es el problema.
La
misma definición del delito está atravesando un cambio fundamental. Lo que
ayer se consideraba un crimen hoy ya no lo es. Lo que se ocultaba por
miedo o vergüenza, o por reprensión, se exhibe y se muestra con gran
orgullo. Si esta filosofía fuera sana y merecedora de supervivencia,
entonces, todas las filosofías religiosas éticas y morales deberían
considerarse obsoletas e indeseadas. No servirían para ningún propósito en
la era contemporánea.
La
fuerza motriz de la naturaleza, que es común al mundo animado y al
inanimado, radica en el principio todopoderoso del crimen y castigo y la
bondad y su recompensa. En el mundo inanimado, puede adivinarse como actúa
este principio en la operación inconsciente de las leyes de la naturaleza.
En el mundo animado, la evolución que precedió al hombre, fue dirigida por
el mismo principio que adoptó un estado semi-consciente o semi-latente. A
medida que se asciende desde los peldaños más bajos de las etapas de la
evolución del hombre, el viaje tiene lugar desde lo más inconsciente a lo
más consciente. En términos de evolución el principio del crimen y
castigo, y bondad y recompensa se describe como el de supervivencia del
más adecuado. A lo largo del proceso evolutivo, éste permanece como la
fuerza conductora y motivadora que hace avanzar constantemente la
evolución hacia adelante y hacia arriba.
Es
inconcebible que cuando este proceso llegó a su consumación en el hombre,
lo mejor de la creación; y la conciencia hubo adquirido horizontes mucho
más lejanos que los logrados por todo lo sub-humano; de pronto, se tenga
que abandonar este principio del crimen y castigo y considerarlo obsoleto.
Si existe alguna meta más elevada para la creación, ha de existir alguna
responsabilidad, sin la cual todo el esfuerzo carecería de significado.
Es
sorprendente en extremo cómo en ocasiones los más grandes de entre los
intelectuales y visionarios no consiguen ver algo tan obvio y evidente
como la verdad que estamos comentando. Es el caso de Albert Einstein, el
arquitecto de la teoría de la Relatividad, que afirma:
No puedo imaginar a un Dios que premia y
castiga al objeto de su propia creación, cuyos propósitos se modelan por
nuestro ser; un Dios, en resumen, que no es sino un reflejo de la
fragilidad humana. (Albert Einstein)
Si
existe un Dios, El Señor Creador cuya existencia Albert Einstein no puede
negar, y si todas las leyes científicas que operan en Su creación son
creadas, diseñadas y gobernadas por el mismo Ser Supremo creativo, es
inconcebible que Él abandone el objeto último de Su creación suprimiendo
el principio del crimen y castigo y dejando que el hombre se extravíe en
el caos de un comportamiento indisciplinado e irresponsable.
En lo
que respecta a la segunda parte de su observación, es obvio que no ha
conseguido entender tanto el papel del crimen y castigo en el desarrollo
progresivo de la creación, como tampoco el significado de que el hombre
haya sido creado a imagen de Dios.
El
hombre es creado a imagen de Dios no como modelo perfecto de Dios en la
tierra. De haber ocurrido así, el mundo sería más que un paraíso en la
tierra y todos los seres humanos serían exactamente iguales. Habría que
debatir, además, si a este lugar hubiese que denominarle cielo o
aburrimiento, puesto que en él no habría variedad, cambio o diferencia
entre olores, colores y matices; al contrario: un mar calmado,
multitudinario, incoloro y de gotas idénticas. Este no es el significado y
propósito del hombre creado a imagen de Dios.
La
frase posee una gran sabiduría y habla del potencial que se ha concedido
al hombre. Habla del noble objetivo último que el hombre debe empeñarse
constantemente en conseguir. El objetivo consiste en intentar ser perfecto
como hombre adquiriendo atributos divinos y resurgiendo cada vez más
parecido a Dios. No se trata de un objetivo fijo que uno pueda alcanzar de
forma que, invistiéndose con la gloria de haberse convertido en la imagen
de Dios, se quede allí instalado. Puesto que Dios no tiene límites en Sus
atributos, cada viaje hacia Él sigue siendo ilimitado. La perfección en
este contexto sólo significa el movimiento hacia la perfección desde un
estado inferior hacia un estado superior de las cosas.
Dios es
el Más Perfecto, el Más Justo, el Más Clemente, Siempre Misericordioso,
Omnividente, Omnisapiente, el Señor Creador y Maestro del Día del Juicio.
Todas las alabanzas pertenecen a Dios. El Santo Corán
declara:
El es Al-lah, y no hay más Dios que El,
el Conocedor de lo invisible y lo visible. El es el Clemente, el
Misericordioso. El es Al-lah, y no hay Dios fuera de El, el Soberano, el
Santo, la Fuente de la Paz, el Dador de Seguridad, el Protector, el
Poderoso, el Sometedor, el Altísimo. Santo es Al-lah, mucho más allá de lo
que Le asocian. El es Al-lah, el Creador, el Hacedor, el Modelador. Suyos
son los nombres más bellos. Todo lo que hay en los cielos y en la tierra
Le glorifica, pues El es el Poderoso, el Sabio. (C. 59: Al-Hashr: 23-25)
Es este
Dios el que ha creado el Universo. El no sufre de las flaquezas humanas.
El Santo Corán pide constantemente a los creyentes que reflexionen sobre
Sus Signos. Por ejemplo:
Bendito sea Aquel en Cuyas manos está
el reino, y que tiene poder sobre todas las cosas. Quien ha creado la
muerte y la vida para que pueda probar cuál de vosotros es mejor en sus
acciones; pues El es el Poderoso, el Sumo Indulgente. Quien ha creado
siete cielos en armonía. No puedes ver imperfección alguna en la creación
del Dios Clemente. Mira de nuevo ¿Ves alguna fisura? Sí mira de nuevo, y
una vez más, tu vista sólo volverá a ti frustrada y fatigada (C. 67: Al-Mulk:
2-5)
Habiendo entendido el significado de las palabras la imagen de Dios,
cuando miramos atrás a todas las fuerzas de la creación del universo
-desde el momento del Big Bang al día de hoy-, todo el trayecto de la
creación de lo inconsciente a lo consciente, es, de hecho, un trayecto
para convertirse en la imagen de Dios y para desarrollar en el hombre los
atributos divinos.
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EL
ENTORNO SOCIAL ISLÁMICO
El
Islam, por otra parte, pretende crear un ambiente que es tan diferente del
mencionado anteriormente, como la primavera lo es del verano.
Dentro del concepto
islámico de sociedad, el Islam modera, disciplina y adorna los deseos
naturales que, de dejarse sin control, causarían estragos en el conjunto
de las emociones humanas. Desalienta o prohíbe la satisfacción de aquellos
deseos que pueden, en su análisis final, causar mayor miseria que placer a
la sociedad.
Al
mismo tiempo, el Islam cultiva nuevos gustos e ideas y desarrolla la
capacidad de obtener placeres y satisfacciones de actos que pudieran
parecer incoloros, insípidos y desprovistos de gusto a los ojos del
inculto y del inexperto. Los gustos son modificados y los anhelos
sensuales groseros son educados y refinados, y convertidos en aspiraciones
por lo sublime.
La
cuestión, sin embargo, es ¿cómo determinar si las tendencias sociales
actuales predominantes son sanas para la propia sociedad?. Desde mi punto
de vista la respuesta es muy sencilla. La salud de la sociedad ha de ser
juzgada por los mismos síntomas que la salud de un individuo. Cuando
alguien tiene dolor, inquietud, sus reacciones son anormales o sub-normales,
o cuando la ansiedad aleja la tranquilidad y la paz de la mente y del
corazón de dicho sujeto, no se requiere ser excepcionalmente sabio o
experto en medicina para diagnosticar que tal individuo insano se
encuentra seriamente enfermo. Todos estos síntomas están presentes en la
sociedad contemporánea.
Cuán
ciertas eran las palabras de Jesúsas cuando decía:
Por sus frutas los reconoceréis ¿Acaso
se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?. Así, todo buen
árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el
buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos". (Mateo
7: 16-18)
La
gente enronquece a fuerza de gritar contra la amargura de los frutos de
hoy, pero, de una u otra manera, no quieren cambiar el árbol por otro
mejor. Son incapaces de ver que no es el árbol el que tiene la culpa, ni
tampoco la fruta que porta.
El
orden social islámico pretende extirpar en su raíz el árbol del mal y
plantar en su lugar otro árbol sano.
Según
el Santo Corán, cuando a Adánas se le prohibió que comiera de
la fruta del árbol, esto era precisamente lo que se quería significar:
¿No
ves con qué compara Al-lah una buena palabra? Es como un buen árbol, cuya
raíz es firme y cuyas ramas llegan al cielo?. Produce sus frutos en todas
las estaciones por mandato de su Señor. Pues Al-lah presenta parábolas a
los hombres para que reflexionen. (C. 14: Ibrahim: 25-26)
Aquí el
árbol es sólo un símbolo. El Corán habla claramente de una filosofía
insana en contraposición a una filosofía sana en el mismo lenguaje
simbólico. El árbol malo y la condición del incrédulo se describen en los
siguientes dos versículos:
Mas una palabra mala se asemeja a un
árbol malo, cuyas raíces se han salido de la tierra y no tiene
estabilidad. Al-lah fortalece a los creyentes con la palabra firmemente
establecida, tanto en la vida presente como en el Más Allá; y Al-lah
permite que los injustos se extravíen. Al-lah hace lo que quiere. (C. 14:
Ibrahim: 27-29)
La
"palabra" se emplea en este contexto con la connotación de filosofía,
sistema, orden etc. de la misma forma en que se emplea el término
"palabra" con una connotación mucho más amplia en el versículo inicial de
Juan:
En el principio estaba la Palabra, y la
Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios (Juan 1:1)
Las
malas filosofías y sistemas están destinadas a sufrir la suerte de un
árbol malo que fracasa en aprobar el test de la supervivencia del más
adecuado y que finalmente es arrancado y arrojado de sitio en sitio por
una furiosa tormenta.
Por otro lado, el ejemplo de un sistema sano de orden de
cosas se asemeja a un árbol saludable que está firmemente arraigado en su
terreno y cuyos tallos altos y ramas alcanzan la atmósfera pura del cielo.
Se alimenta de la luz celestial y produce fruta buena y provechosa en cada
estación. El Corán describe a los creyentes como poseedores de una fe
firme en Dios; toda su estructura ética y moral se funda con firmeza y
seguridad en esta creencia. Ello otorga la calidad de lo absoluto al
concepto islámico de la moral y la ética, que no permite discriminación en
ningún plano conocido de las divisiones sociales, religiosas o raciales.
El
principio rector aplicable a toda actividad humana se expresa en el
siguiente versículo del Santo Corán:
Mas a Al-lah pertenecen las cosas
ocultas de los cielos y la tierra, y a El se someterá todo el asunto.
Adórale pues, y pon tu confianza en El sólo pues tu Señor no esta
desatento a lo que hacéis. (C. 11: Hud: 124).
De
forma similar:
...En verdad, Suya es la creación y el
mandato. Bendito sea Al-lah, el Señor de los mundos (C. 7: Al-Araf: 55).
Todas
las filosofías islámicas comienzan y terminan con la absoluta autoridad de
Dios, el Creador del Universo.
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FUNDAMENTOS DE LA SOCIEDAD ISLÁMICA
El
versículo coránico que se refiere a este tema de manera central es el
siguiente:
En
verdad, Dios ordena la justicia - y más que la justicia, dar a la gente
más que lo que les corresponde- y servir a la humanidad con trato
beneficiente, como si os pertenecieran (como a vuestros familiares,
parientes y amigos) y Dios prohíbe la obscenidad -como se observa hoy tan
frecuentemente en la televisión, la radio y en las calles de tantas
sociedades del mundo- y prohíbe todo lo que es malo a los ojos de las
religiones y de la conciencia humana, y todo lo que conduce a la rebelión
y el caos. El os exhorta para que caigáis en la cuenta. (C. 16: Al-Nahl:
91)
La
primera parte de este versículo se refiere más la esfera económica que al
orden social. Dibuja una imagen clara del concepto islámico de la
justicia, la limpieza y la benevolencia en el trato hacia la parte menos
afortunada de la sociedad. La segunda parte se refiere a la imagen de la
sociedad que el Islam se compromete a instaurar.
En este
apartado, Dios prohíbe todo lo que se considera malo según estándares
universales, como es la conducta indecente, la ofensa, el insulto y, desde
luego, todos los males sociales que, sin referencia a cualquier enseñanza
religiosa, son condenados por el consenso general de la sociedad humana en
su mayoría.
De
manera similar, el Islam rechaza de forma estricta y condena toda
tendencia, conducta y actitud que pueda conducir al desorden, rebelión y
violencia. La palabra "rebelión" debe entenderse con el significado de
cualquier intento injustificado para destruir un orden establecido. Pero,
además, siempre que la palabra árabe BAGHIYI es empleada en el Santo
Corán, no sólo se aplica a las sublevaciones políticas o militares sino
también a la rebelión social contra las tradiciones nobles, estándares
éticos, enseñanzas religiosas y valores morales.
Al
final, se dice claramente a la sociedad que esta advertencia es para
beneficio del propio hombre. Así se completa el cuadro de los aspectos
esenciales del orden social islámico. Debe añadirse que la primera parte
del versículo esta interrelacionada de manera fundamental con las
enseñanzas sociales islámicas. Una sociedad que no es sensible a los
sufrimientos de otros seres humanos y no siempre está dispuesta a servir a
la causa de la humanidad, no puede describirse como sociedad islámica por
mucho que se adhiera a otros aspectos de las enseñanzas sociales
islámicas.
Volvamos a otros aspectos de la sociedad islámica contemplados en el Santo
Corán.
El Islam hace énfasis en la integridad, la lealtad, la
fidelidad y promueve todo tipo de medidas para crear la paz de la mente y
el corazón. Toma medidas preventivas para que la sociedad no se
desequilibre en su persecución del placer. Por tanto, se desalienta
cualquier tipo de comportamiento, por inocente que pueda parecer
inicialmente, que pudiera conducir hacia una permisividad sin límite, pues
el daño que ello causa a la sociedad es inmenso y múltiple. Tales
sociedades están condenadas a acabar en el estado de promiscuidad que
encontramos en el mundo de hoy.
En
tales sociedades, la tendencia irrefrenable a conseguir el placer conduce
entre otras cosas a la erosión y destrucción final de los lazos
familiares. Contrariamente a esto, el Islam protege y guarda celosamente
todo tipo de relación paternal, maternal, fraternal y filial. El Islam
desea promover amistades que sean más platónicas que sensuales.
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LA
CASTIDAD
Comenzando con un plan para la mujer en la sociedad, es esencial, según el
Islam, tomar todo tipo de medidas que promuevan la castidad, la fidelidad,
la moderación y el modo de vida limpio.
El
énfasis en la vida casta, bien aislada frente a los peligros de
corto-circuitos en la satisfacción de los deseos sexuales es una faceta
importante de la sociedad islámica. Este aspecto de las enseñanzas
sociales islámicas es extremadamente importante para la protección y
supervivencia del sistema familiar, que es la necesidad más acuciante del
momento.
El
Islam busca ampliar la unidad familiar en lugar de estrujarla al mínimo:
una familia en la que la capacidad humana de amar y el deseo de ser amado
no se sacia sólo con la mera satisfacción de los deseos sexuales sino por
una relación y amistad más completa y refinada, como la que naturalmente
impera entre los parientes de sangre próximos y lejanos.
Es
sorprendente cómo los hombres sabios de la sociedad moderna no se dan
cuenta de la debilidad humana una vez que se permite que los placeres
asociados al sexo jueguen un papel primordial y sin restricciones en la
sociedad. Ciertamente, florecen a expensas de otros valores refinados y
extraen su sangre como parásitos.
Sigmund
Freud, sin duda, fue el producto de tal sociedad. Comenzó a analizar todas
las motivaciones humanas a través del cristal coloreado del sexo. Para él,
la relación más piadosa entre madre e hijo, tenía relación con el sexo.
Incluso la relación padre-hija no poseía santidad alguna sino que su
orientación o su origen era sexual. Casi todo lo que hacía el hombre,
aunque no se diera cuenta de ello, tenía su fundamento en los impulsos
sexuales profundamente arraigados en el subconsciente. Me pregunto si en
los tiempos de Freud, la sociedad había alcanzado el grado de promiscuidad
que hoy posee, pero, sin duda era suficiente para dar origen a un
entendimiento totalmente dominado por el sexo de la psique humana. Pero si
Freud tuviera razón, haría aún más esencial que no se permitiera a la
sociedad que jugara incautamente con unas fuerzas poderosas que pueden
producir tales cortocircuitos.
El
ambiente actual de las sociedades modernas hace que no presten atención ni
intenten comprender la naturaleza y facetas del entorno social islámico,
pero, tanto si el hombre esta de acuerdo como si no lo está con el
concepto de que Dios juega un papel en los asuntos humanos y en la
conformación del destino del hombre, y tanto si el hombre esta dispuesto
a modular su conducta social de acuerdo con la palabra de Dios revelada
como si no lo está, hay una cosa cierta, y es que el hombre no puede
frustrar la Obra de Dios (la naturaleza) ni la Palabra de Dios (la Verdad
revelada). Ambos, la Palabra y la Obra deben hallarse en armonía entre sí
para que se consideren válidas. Cualquier conducta social que el hombre
adopta en contradicción directa con la Palabra de Dios esta destinada a
acabar en el fracaso.
El
hombre no puede tener un placer sin límites ni restricciones por mucho que
lo desee. Todo lo más que puede hacer es canjear ciertas opciones y
valores. Una sociedad que busca eludir la responsabilidad o las realidades
de la vida con la ayuda de drogas u opiáceos; una sociedad que esta
obsesionada con el sexo, las emociones y estímulos vanos, una sociedad
donde los gustos son deliberadamente pervertidos para adecuarlos a un
mercado artificialmente creado de instrumentos y juguetes nuevos de
placer, que sólo sirven para producir excitación y una mayor ansiedad; un
mercado dirigido por poderosos medios cuya único propósito es amasar
riqueza; tal sociedad elige todo eso a costa de valores humanos más
nobles, la paz de la mente y la seguridad de la sociedad en su conjunto.
No se pueden poseer ambas cosas simultáneamente. No se puede tener la
tarta y degustarla al mismo tiempo.
El
Islam insiste justamente en lo opuesto. Ciertamente que aboga por el
placer pero no a costa de la paz mental y la seguridad de toda la
sociedad. Todas esta tendencias, que si no se detectasen conducirían a una
desintegración gradual de la vida familiar y promoverían el egoísmo, la
irresponsabilidad, la vulgaridad, el crimen y la violencia, son
desalentadas enérgicamente.
Los
entornos creados por estas dos filosofías son polos opuestos.
Me asombra cómo alguna gente olvida que, suscitando ambiciones, o dando
dominio libre a los deseos en la sociedad, puedan prometer con optimismo
la paz de la mente. Ninguna sociedad del mundo, por muy sólida que tenga
su economía, puede soportar una generación de deseos lascivos ilimitada e
desenfrenada.
Incluso
en las sociedades más ricas del mundo, existen siempre ricos y pobres.
Quienes se hallan privados de los conforts más básicos de la vida suman la
parte más numerosa de la sociedad frente al comparativamente menor número
de aquellos que pueden pagar lo que desean. Incluso esto es cuestionable,
porque parece que, con el aumento de la riqueza, también aumentan los
deseos y probablemente ni siquiera el más rico puede hacer realidad
plenamente todos sus sueños. El caso, no obstante, de la mayoría
relativamente más pobre, es peor. No pueden tener acceso a las comodidades
básicas de la vida, por no mencionar los lujos que sociedad opulenta puede
permitirse. Es con las emociones y deseos del pobre con quien los medios
modernos hacen estragos. Día tras día, lleva a su morada miserable
imágenes prometedoras de un estilo de vida glorioso, con hogares
suntuosos, jardines fabulosos, flotas de coches de lujo, aviones y
helicópteros privados y un ejército de sirvientes. El estilo de vida de
Hollywood y Beverly Hills con sus jaranas, bailes, fiestas de gala, o la
vida en los casinos, salas de juego o toda la pompa y opereta que se
evocan, son tentaciones a las que el más pobre tiene acceso. No obstante,
muy pocos de entre los más ricos pueden siquiera soñar conseguir este
cielo en la tierra. Tales gentes pierden, ciertamente, el interés en su
entorno pobre y ordinario. La casa y el hogar dejan de ser atractivos para
ellos. La falta de cultura y civilización permanecen contrarios a esta
visión prometedora y, en este contexto, las realidades de su propia vida
comienzan a perder todo significado. Si este es el último logro de una
sociedad alimentada de placeres banales y visiones irreales, el calor y la
paz del hogar se vuelven progresivamente ilusorios. Entonces no les queda
nada por lo que vivir en el futuro.
Sería
necesaria más de una medida para restaurar la unidad familiar tradicional,
tan esencial para unir a sus miembros con confianza mutua, amistad y paz
que genere el calor interno. Pero, quizá sea ya demasiado tarde para
hablar de ello.
El
Islam tiene un mensaje muy claro. Ofrece un plan bien definido para
proteger, guardar y preservar un sistema de familia universal, o para
reconstruirlo cuando se halle totalmente demolido.
Según
el Islam, la disciplina debe ser inculcada mediante la convicción y el
entendimiento en cada esfera de la actividad social, y los balances
perdidos han de ser reestablecidos.
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LA
SEPARACIÓN DE SEXOS
Existe
un enorme malentendido entre la gente de occidente respecto al sistema
social islámico del PARDAH (lit. velo), que se contempla como una
segregación entre los dos sexos. El malentendido surge, en parte, de la
incorrecta aplicación de las verdaderas enseñanzas del Islam en distintas
partes del mundo islámico y en el papel negativo que desempeñan los medios
occidentales. Estos han convertido en norma asociar la fealdad en la
conducta, dondequiera que este ocurra, al Islam, a la vez que se abstienen
de asociar la conducta judía, cristiana, budista o hindú a sus respectivas
religiones.
La
norma islámica de la separación no nace, ciertamente, de una actitud de
mente estrecha, propia de las épocas oscuras de la historia. De hecho, la
cuestión de la promiscuidad, no tiene relación con el retraso o desarrollo
en el tiempo. Las sociedades a lo largo de la historia, han ascendido
tanto a la cresta de la ola social y religiosa, como también han
descendido a su hondura.
El
concepto de libertad de la mujer no ha sido, en absoluto, una tendencia
progresiva de la sociedad humana. Existe una fuerte evidencia de que,
tanto en el período remoto del pasado como en el período más cercano de la
historia humana, las mujeres, como colectivo, han mantenido una posición
dominante y poderosa en la sociedad humana en distintas partes del mundo.
La
relación libre y desinhibida entre la sección masculina y femenina de la
sociedad no es algo nuevo. Las civilizaciones surgieron y desaparecieron.
Los patrones de conducta oscilaron entre uno y otro estilo. Las miríadas
de tendencias sociales han ido desapareciendo y estableciéndose con
diferentes patrones para sólo para conformar nuevas experiencias y
formaciones a cada vuelta del calidoscopio. Sin embargo, ninguna tendencia
ha permanecido fija de forma que nos permitiera asegurar con certeza que,
a lo largo de la historia, la sociedad haya evolucionado de la separación
a la promiscuidad o del confinamiento a la relativa emancipación y
liberación de la mujer.
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EL
COMIENZO DE UNA NUEVA ERA EN LOS DERECHOS DE LA MUJER
Merece
la pena centrar nuestra atención aquí al período oscuro de la historia de
Arabia cuando surgió el Islam, por medio de la instrucción divina -según
nosotros, los musulmanes, creemos-, o como resultado de las enseñanzas
personales de Mohammad(sa) -como creerían los no-musulmanes-. Cualquiera
que sea el punto de vista de los teólogos, las enseñanzas islámicas
respecto a la separación de sexos no representaron en absoluto al
comportamiento árabe.
La
sociedad de Arabia en aquel tiempo era paradójica en extremo en su actitud
respecto a las mujeres. Por un lado, la permisividad sexual, la libre
unión de hombres y mujeres y las locas orgías de vino, mujeres y cánticos
constituían uno de los puntos destacados de la sociedad árabe. Por otro
lado, el nacimiento de una niña se consideraba un acontecimiento
desgraciado y de enorme vergüenza. Algunos árabes "orgullosos" enterraban
a sus recién-nacidas con sus propias manos para escapar a esta ignominia.
A las
mujeres se les trataba como posesiones y carecían del derecho a oponerse a
sus maridos, padres u otros miembros varones de la familia. A veces, sin
embargo, existían excepciones a la regla. En ocasiones, mujeres de
destacada personalidad jugaban un papel importante en los asuntos de la
tribu.
El
Islam lo cambió todo, no como resultado natural y progresivo de las
tensiones sociales sino como un árbitro de valores. Un sistema social fue
dictado desde lo alto, el cual no tenía relación con las fuerzas normales
que conforman una sociedad.
Mediante las enseñanzas de la separación, la anarquía sexual se acabó de
forma súbita. Se estableció un orden en la relación de hombres y mujeres
basada en principios morales profundos. El estatus de la mujer fue
simultáneamente elevado a tal nivel que nunca más fueron tratadas como
mercancías desvalidas. Se les otorgó una participación igualitaria en los
asuntos de la vida comunitaria. Mientras que antes eran distribuidas como
bienes de herencia, ahora podían heredar la propiedad de sus padres, y
también la de sus maridos, hijos y familiares próximos. Podían colocarse a
la altura de sus maridos y responderles. Podían razonar con ellos y, por
supuesto, tenían el pleno derecho a discrepar. No sólo podían ser
divorciadas sino que poseían derechos iguales a divorciar a sus maridos si
así lo deseaban.
Como
madres, fueron tratadas por el Islam con tal profundo respeto que es
difícil encontrar un ejemplo similar en otras sociedades del mundo. Fue el
Santo Profeta del Islam(sa) quien más apoyó los derechos de las mujeres al
declarar, bajo mandato divino que
El
Paraíso se encuentra bajo los pies de vuestras madres.
No se
refería sólo a una promesa que habría de cumplirse en la vida después de
la muerte, sino al paraíso social que se prometía a quienes mostraban un
profundo respeto y reverencia por sus madres, y se consagraban a
agradarles y a procurarles todo tipo de confort posible.
La
enseñanza de la separación ha de ser entendida en este contexto. No era el
resultado de ninguna superioridad masculina sino que fue diseñada para
establecer la santidad del hogar; para crear mayor confianza entre el
marido y la mujer; para aportar sobriedad a los impulsos humanos básicos y
para encauzarlos y disciplinarlos de manera que, en lugar de ser liberados
en la sociedad como demonios poderosos, jueguen un papel constructivo de
la misma manera como otras fuerzas disciplinadas desempeñan su papel en la
naturaleza.
La
separación es totalmente malentendida cuando se interpreta como una
imposición o restricción sobre el colectivo femenino de la sociedad
musulmana, que restringe su participación en todas las esferas de la
actividad humana. Esto no es cierto.
El
concepto islámico de la separación ha de ser entendido únicamente en un
contexto de medidas encaminadas a proteger la santidad de la castidad
femenina y el honor de la mujer en una sociedad, de forma que el peligro
de que se violen estos objetivos se minimice.
La
mezcla libre de ambos sexos y las aventuras o relaciones ocultas entre
hombres y mujeres son firmemente desalentadas. Se aconseja tanto a los
hombres como a las mujeres que se abstengan no sólo de lanzarse miradas
codiciosas entre sí, sino que se abstengan de todo contacto visual o
físico que pueda conducirlos a tentaciones incontroladas. Se espera de las
mujeres que se vistan decentemente y no se les aconseja que no se
comporten de manera que llamen desfavorablemente la atención de los
hombres predispuestos. No se les prohíbe el empleo de cosméticos y
adornos, pero no deben ser usados en público, para no llamar la atención.
Entendemos que con el modo actual de pensamiento de las sociedades de todo
el mundo, esta enseñanza pueda parecer severa, restrictiva y descolorida.
Sin embargo, un estudio profundo del sistema social islámico lleva a la
conclusión de que dicho juicio es apresurado y superficial. Esta enseñanza
debe, por tanto, ser entendida como parte integral de todo el entorno
social del Islam.
El
papel que las mujeres juegan en el sistema social islámico no es
ciertamente el de concubinas en los harenes ni el de una sociedad
prisionera de las cuatro paredes de sus casas, excluidas del progreso y
privadas de la luz del conocimiento. Este feo cuadro del sistema social
islámico sólo lo pintan los enemigos internos o externos del Islam, o los
supuestos eruditos que malentienden totalmente el modo de vida islámico.
Lo
único que no acepta el Islam es convertir a las mujeres en objeto de
juego, o explotación, o su abandono a la misericordia de la vulgaridad
masculina. El Islam no fomenta tales actitudes respecto a la mujer.
Sólo
porque la sociedad en su conjunto se ha vuelto cada día más exigente,
constituye una auténtica crueldad para las mujeres la necesidad de estar
constantemente conscientes de sus apariencias, aspecto y la forma en que
van vestidas o arregladas. Los encantos femeninos siempre se hallan en
exhibición. La venta de cualquier artículo alimenticio o de necesidad
diaria como el detergente para la colada, requiere anuncios con modelos
femeninos. Formas de vida artificiales, modas y formas lujosas son
presentadas a la mujer como esenciales para que ésta realice sus sueños.
Tal sociedad no puede permanecer equilibrada, sobria y sana por mucho
tiempo.
Según
el Islam, las mujeres deben emanciparse de la explotación y de jugar el
papel de meros instrumentos de placer. Deben disponer de más tiempo libre
para sí mismas, para desempeñar sus responsabilidades hacia sus hogares y
hacia la futura generación de la humanidad.
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DERECHOS IGUALITARIOS PARA LA MUJER
Se oye
continuamente hablar la Libertad de la mujer y de los derechos de la mujer
etc. El Islam expone un principio fundamental extenso que abarca todas las
situaciones:
...Y ellas (las mujeres)
tienen derechos similares e iguales a aquellos (los hombres) en justicia;
es decir, las mujeres tienen exactamente los mismos derechos sobre los
hombres, como los hombres los tienen sobre las mujeres. Existe, pues, una
total igualdad y ninguna diferencia en lo que se refiere a los derechos
humanos fundamentales de las mujeres y los hombres. Pero los hombres
poseen un grado de ventaja sobre ellas. Y Al-lah es Poderoso y Sabio (C.
2: Al-Baqarah: 229)
En otra parte de un versículo del Santo Corán, se declara:
A los
hombres se les ha designado protectores de las mujeres a causa de
aquello por lo que Al-lah ha hecho que algunos de ellos sobresalgan
sobre otros y pese a que ellos gastan de sus bienes...(C. 4: Al-Nisa:35)
De la
palabra árabe QAWWAMUN (protectores, responsables de mantener a quienes
tutelan en el camino recto), algunos Ulemas (doctores en religión) de
mentalidad medieval deducen y afirman la superioridad de los hombres sobre
las mujeres, cuando el versículo sólo se refiere a la ventaja que el
mantenedor de la familia tiene sobre sus dependientes. Como tal, el
protector se haya más cualificado para ejercer la presión moral sobre sus
tutelados a fin de que permanezcan en el camino recto. En cuanto a los
derechos humanos fundamentales se refiere, no hay mención alguna a que las
mujeres sean distintas a los hombres o a que los hombres tengan
superioridad sobre las mujeres. La última parte del versículo se refiere a
la ventaja mencionada anteriormente y deja manifiestamente claro que, pese
a esta ventaja, los derechos fundamentales de la mujer son exactamente
iguales a los del hombre. Las letras árabes WA han de ser traducidas como
"a pesar del hecho de" o "mientras que" y, en este contexto parece ser la
única traducción correcta.
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LA
POLIGAMIA
Es
común en occidente afrontar al orador que habla sobre el Islam, con la
siguiente pregunta: ¿Permite el Islam casarse cuatro veces y mantener
cuatro mujeres simultáneamente?. Poseo una larga experiencia como orador y
me he dirigido tanto al público en general, como en encuentros selectos
con intelectuales en el mundo occidental, y apenas recuerdo una ocasión en
que no me fuera formulada esta pregunta.
A
menudo es una dama la que se levanta y, tras las debidas disculpas,
pregunta inocentemente si es cierto que el Islam permite tener cuatro
mujeres, o no. Obviamente, todos conocen la respuesta. Sin embargo, quizá
este es el único aspecto del Islam que es tan ampliamente conocido en
occidente. El otro aspecto de sobra conocido es el del terrorismo, cuando
el terrorismo nada tiene que ver con el Islam (ver "Asesinato en el nombre
de Al-lah" del mismo autor).
¿Qué
tipo de igualdad entre el hombre y la mujer propone el Islam, cuando al
hombre se le permite tener cuatro mujeres y la mujer sólo puede tener un
único marido?. Es la misma cuestión formulada de otra manera con el
propósito, a mi entender, de borrar cualquier buena impresión sobre el
Islam que el orador hubiera podido crear. En reuniones menos formales,
donde no se respetan la educación y modos cortéses, la misma pregunta
adquiere tono de burla en vez de una simple cuestión.
Hace
varias décadas, cuando estudiaba en el SOAS (School of Oriental and
African Studies) de la Universidad de Londres, un alumno pakistaní era
acosado en público por un compañero inglés con la misma cuestión, de forma
repetida, con el ánimo de provocar la risa. En un momento dado, el
pakistaní se volvió e inquirió al joven inglés: ¿Por qué os oponéis que
tengamos cuatro madres y no ponéis objeción en tener vosotros cuatro
padres? (Utilizando el juego de palabras inglesas "forefathers"
-antepasados- por "four fathers" -cuatro padres- que se pronuncian de
manera similar), tomándole el pelo al bromista.
Aparentemente, era una broma, pero si lo examináis de cerca, veréis que se
trata de algo más que una broma, porque se refiere a una situación trágica
que impera en las sociedades y que ofrece un caso adecuado para comparar
la actitud del Islam con la de la sociedad moderna. No se trata sólo de un
asunto de asambleas de alumnos despreocupados sino que incluso los
miembros respetables de la sociedad de mente seria no consideran poco
amable y descortés expresar su desaprobación respecto a esta prescripción
con un chiste.
Hace no
mucho tiempo, recibí una carta de un alto magistrado de Frankfurt a quien
conozco personalmente y sé que se trata de una persona sabia, de
mentalidad abierta, cortés y bien educado. El también objetó la
disposición islámica sobre la poligamia limitada y no pudo resistirse a la
tentación de rematar su idea con un chiste ordinario, o al menos así lo
pensé. Durante un momento fugaz consideré devolverle el cumplido del
chiste con el que referí antes sobre los "forefathers", pero decidí
mantener la discreción.
Le
respondí brevemente que, en primer lugar, esta disposición islámica de
casarse en más de una vez no es un precepto general, sino que existen
situaciones concretas en las que se hace necesario preservar, por una
parte, la salud de la sociedad y, por otra, los derechos de la mujer, en
las que esta disposición se hace aplicable.
El
Santo Corán es un libro lógico. Como tal, no puede haber instruido a los
musulmanes a conseguir lo imposible. Dios ha creado a los hombres y a las
mujeres en número prácticamente igual, con pequeñas diferencias aquí y
allá. ¿Cómo podría una religión racional como el Islam, que repite
insistentemente que no hay inconsistencia entre la Palabra y la Obra de
Dios, predicar algo tan evidentemente antinatural e irreal, que, de
ponerse en práctica, crearía graves situaciones de desequilibrio y
dificultades y frustraciones insuperables? Imagínense un pequeño país que
tuviera un millón de hombres en edad de casarse y prácticamente el mismo
número de mujeres. Si se llevara a cabo esta disposición al pie de la
letra por parte de todos, entonces, en el mejor de los casos 250.000
hombres se casarían con el millón de mujeres quedando 750.000 hombres sin
esposa.
Sin
embargo, de entre todas las religiones del mundo, el Islam destaca en su
insistencia en el matrimonio de todo hombre y mujer. El Santo Corán
describe que la relación entre marido y esposa se basa por naturaleza en
el amor y les proporciona una fuente de paz a los dos.
Y os
están permitidas las mujeres creyentes castas y las mujeres castas de los
que recibieron el Libro antes que vosotros, si les entregáis sus dotes,
contrayendo matrimonio válido, no cometiendo fornicación ni teniendo
amantes secretos...
(C. 5: Al-Maida: 6)
Al
mismo tiempo, el Santo Corán rechaza el celibato declarando que se trata
de una institución creada por el hombre (C. 57:28). No hay nada que ganar
por vivir apartado del resto del mundo o por castigarse privándose de los
deseos naturales. La institución del matrimonio se haya bien definida en
el Islam, si bien el tiempo que dispongo no me permite apartarme y
discutir los diversos requerimientos de elección de cónyuges, los remedios
disponibles y la regulación del divorcio etc.
Volviendo a la poligamia, es evidente, del estudio del
Santo Corán que discute el tema de la poligamia, que lo aborda en el
contexto de una situación especial: en el período pos-bélico. Se trata de
un período en el que la sociedad queda con un gran número de huérfanos y
viudas jóvenes y el balance entre la población masculina y femenina se ve
gravemente alterado. Una situación de este tipo tuvo lugar en Alemania
después de la Segunda Guerra Mundial. Al no ser el Islam la religión
mayoritaria de Alemania, hizo que este país se quedara sin soluciones para
resolver el problema. La enseñanzas estrictamente monógamas de la
cristiandad no pudieron ofrecer ningún alivio. Por consiguiente, la gente
de Alemania hubo de sufrir la consecuencia de estos desequilibrios.
Quedaron un gran número de mujeres vírgenes, solteras desanimadas y
jóvenes viudas para quienes fue imposible contraer matrimonio.
Alemania no ha sido el único país en el vasto continente europeo que ha
experimentado tales problemas sociales de proporciones gigantescas y
extremadamente peligrosas. Se trataba de un desafío demasiado importante
para la sociedad occidental de después de la guerra, detener la marea y
controlar la degradación moral creciente y la promiscuidad que de forma
tan natural y exuberante creció sobre estos desequilibrios imperantes.
Como
puede verse claramente por toda persona sin prejuicios, la única respuesta
a tales problemáticas alteraciones, es permitir que los hombres se casen
más de una vez. Esto no se propone como solución para saciar sus deseos
sensuales sino como respuesta a exigencias genuinas de un gran número de
mujeres. Si esta solución lógica y realista es rechazada, la única
alternativa que le queda a la sociedad es degenerar rápidamente hacia una
posición crecientemente corrupta y permisiva.
Por
cierto que esta es la opción que parece haber elegido occidente.
Si
re-examináis con mayor realismo y sin emociones las dos actitudes, no
podréis dejar de daros cuenta de que no es una cuestión de igualdad entre
el hombre y la mujer sino simplemente una elección entre la
responsabilidad y la irresponsabilidad.
El
Islam sólo permite casarse más de una vez con la condición de que el
hombre acepte el reto de tal dificultad y de todas las situaciones
específicas con total responsabilidad y compartiéndola con plena justicia
e igualdad con la segunda, tercera o cuarta esposa.
Si teméis no poder mantener la equidad con los
huérfanos, entonces casaros con otras mujeres que estén de acuerdo,
dos, tres o cuatro; pero si teméis no poder mantener la equidad y la
igualdad entre ellas, entonces casaros sólo con una, o con aquellas
sobre las que poseéis autoridad. Este es el camino más seguro para
que evitéis la injusticia. (C.4: Al-Nisa: 4)
La
alternativa es más peligrosa. Un número excesivo de mujeres dejadas sin
marido no pueden ser culpabilizadas por intentar seducir y atraer a
hombres casados en sociedades que no son profundamente religiosas. Las
mujeres, obviamente, son seres humanos y poseen emociones y deseos
insatisfechos. Mientras que los traumas psicológicos de la guerra
aumentan la necesidad de encontrar a alguien a quien dirigirse, una vida
sin la seguridad del matrimonio y del hogar, sin pareja en la vida, ni
esperanza de hijos, es una vida vacía. El futuro es tan negro y poco
prometedor como el presente.
Si a
tales mujeres no se les complace de forma lícita y se les asimila bajo el
principio de hacer concesiones mutuas, se pueden producir estragos en la
paz de la sociedad. De cualquier manera, compartirían ilícitamente los
maridos de las mujeres casadas. El resultado sería absurdo. Las lealtades
se escindirían. Las mujeres comenzarían a perder confianza en sus maridos.
Las sospechas aumentarían. La creciente falta de confianza mutua entre
marido y mujer destruiría los cimientos de muchos hogares. A los hombres
infieles, convivir con el sentimiento del delito y culpa les originaría
complejos psicológicos y la propensión a nuevos delitos. El noble concepto
del amor y la lealtad serían las primeras víctimas. Lo romántico perdería
sublimidad y descendería a lo común, el enamoramiento transitorio.
Quienes
hablan de la igualdad en todas las esferas, olvidan que el asunto de la
igualdad se vuelve irrelevante en aquellos terrenos donde el hombre y la
mujer están constituidos de manera diferente.
Sólo
las mujeres pueden dar a luz a los hijos. Sólo ellas pueden pasar nueve
meses nutriendo la semilla de la generación humana futura. También son
sólo las mujeres las que pueden cuidar de sus pequeños, al menos durante
el primer período de la infancia y la niñez, como ningún hombre sería
capaz. Debido a la larga relación íntima, de sangre, con su descendencia,
es la mujer la que tiene un vínculo psicológico más estrecho con sus hijos
en comparación con el hombre.
Si los
sistemas sociales y económicos ignoran esta diferencia constitucional
entre hombre y mujer y su diferencia correspondiente en el papel de los
dos sexos en la sociedad, entonces, dicho sistema está destinado al
fracaso en su intento de crear un estado de sano equilibrio. Es
principalmente por estas diferencias constitucionales entre el varón y la
mujer por lo que el Islam propone, en correspondencia, roles diferentes
para ambos.
La mujer debe permanecer libre, en la medida de lo posible, de la
responsabilidad de ganar el pan para la familia. Esta responsabilidad, en
principio, ha de recaer sobre los hombros del varón. No obstante, no hay
razón por la que a las mujeres se les excluya de poner su parte en los
asuntos económicos, siempre que tengan libertad para hacerlo sin descuidar
su responsabilidad primaria en la reproducción humana, el cuidado familiar
y otros compromisos concomitantes. Esto es exactamente lo que el Islam
propone.
Asimismo, la mujer en general, tiene una constitución más frágil y débil.
Sorprendentemente, por contra, ha sido dotada por Dios de mayor capacidad
de resistencia psíquica. Estos atributos se deben, sobre todo, a la
presencia de medio cromosoma extra en sus células, responsable de la
diferencia existente entre hombre y mujer. Obviamente, esto les ha sido
proporcionado para afrontar el reto extraordinario del embarazo, el parto
y la lactancia. Así y todo, esta capacidad no hace que externamente las
mujeres sean más fuertes o más resistentes. No deben ser relegadas a duras
tareas domésticas o de otro tipo en el nombre de la igualdad o de
cualquier otro lema. Es preciso, también que sean tratadas con mayor
delicadeza y amabilidad. Las mujeres han de soportar una carga cotidiana
menor y no forzadas a cargar con el mismo peso que los hombres en las
actividades públicas.
Se
deduce de lo anteriormente expuesto, que si la tarea de dirigir un hogar
constituye un área de responsabilidad especial que ha de ser asignado o
bien al hombre o bien a la mujer, es obvio que la mujer tiene mucha más
valía que el hombre para desempeñar tal responsabilidad. Además, la mujer,
por naturaleza, tiene asignado el deber de cuidar de los hijos. Este
deber, sólo parcialmente puede ser compartido por los hombres.
Las
mujeres deben poseer el derecho a permanecer en casa mucho más tiempo que
los hombres; y si, al mismo tiempo, se les absuelve de la responsabilidad
de ganar su sustento, el tiempo libre que disponen lo pueden utilizar en
provecho propio o en el de la sociedad en su conjunto. Así es como surge
el concepto de "El lugar de la mujer es la casa". No se trata de que estén
atadas a sus delantales, ni encarceladas en las cuatro paredes de su
hogar. De ninguna manera el Islam infringe los derechos de las mujeres
impidiéndoles que salgan en su tiempo libre para realizar cualquier
tarea, o para participar en cualquier propósito sano que deseen, siempre
que, de nuevo, no perjudiquen los intereses y derechos de la futura
generación de la humanidad que se les ha confiado. Esto, entre otras
razones, es por lo que el Islam desalienta la libre mezcla de sexos o el
exceso de vida social. Para el Islam, proponer que el hogar sea el centro
de las actividades de la mujer es una solución sabia y práctica aplicable
a la mayor parte de los males de los tiempos modernos. Cuando las mujeres
trasladan sus intereses fuera del hogar ello es a costa de la vida
familiar y la desatención de los hijos.
Construir una vida familiar alrededor de la figura central de la madre,
exige el fortalecimiento de otros vínculos de sangre y el restablecimiento
de una afinidad auténtica entre parientes y amigos. Aunque cada unidad
viva separadamente, este concepto amplio de familia es apoyado y promovido
por el Islam por varias razones, algunas de las cuales son las siguientes:
1.
Previene los desequilibrios sociales.
2. Si
se promoviera un cariño y afecto familiar intenso entre hermanos y
hermanas, padres e hijas, madres e hijos etc., ello redundaría,
naturalmente, en la consolidación y protección de una unidad familiar
sana. Este vínculo natural se vería fortalecido por un sistema de
relaciones circundantes, mediante la afinidad y cercanía genuina entre
tías, tíos, sobrinas, sobrinos, primos, nietos y abuelos. Nuevos caminos
de búsqueda de bienestar sano, derivado de la conciencia de pertenecer a
este grupo, se abrirían para este sistema familiar más amplio.
3. La
institución familiar en tales casos es más difícil que se fragmente.
Compartir el mismo techo en el nombre de la familia, dejaría de tener
sentido como ocurre, en general, hoy día. Los miembros de la familia
continuarían gravitando alrededor de la guía central de los mayores del
grupo; la mayor parte de las actividades familiares girarían en torno a
este eje. No existirían individuos solitarios, olvidados, abatidos y
relegados al ático o a los sótanos del orden social, o arrojados de las
familias como artículos inútiles.
Este es
exactamente el concepto islámico del hogar y la familia que es considerada
como la unidad central más importante de la sociedad. Es, sobre todo, a
causa de esta diferencia en las actitudes por lo que hoy encontramos en
las sociedades modernas del mundo, una incidencia muy elevada de padres
abandonados, viejos o minusválidos, a los que se considera una carga
familiar.
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EL
CUIDADO DE LOS ANCIANOS
La
responsabilidad del cuidado de los ancianos se está desplazando,
gradualmente, hacia el Estado. El cuidado del anciano representa una
pesada carga para la economía nacional de cada país. Por mucho que el
Estado esté dispuesto a gastar, nunca podrá proporcionarles paz y
contento. El sentimiento terrible de haber sido rechazado, marginado y
abandonado, y la conciencia dolorosa de un vacío interior de soledad
creciente, son problemas cuya resolución está fuera del alcance de la
mayoría. La idea de que un familiar relativamente lejano pudiera ser
cuidado por el resto de la familia se ha convertido en algo casi imposible
de imaginar.
En
estas sociedades, la necesidad de hogares para los ancianos crece con el
paso del tiempo. A veces, no es posible que los Gobiernos aporten
suficiente dinero para procurarles siquiera las exigencias mínimas de una
vida decente. Los achaques físicos son más fáciles de aliviar o curar,
pero los traumas psicológicos profundos que padecen un gran número de los
miembros ancianos de las sociedades modernas, son mucho más difíciles de
tratar.
En los
países de mayoría musulmana, aunque se han deteriorado muchos valores, es
impensable una situación similar a la que prevalece en el resto de las
sociedades contemporáneas. Allí se consideraría una desgracia y un
deshonor tratar a un anciano con similar falta de respeto y sensibilidad.
Constituiría un asunto de gran vergüenza para la mayoría de los musulmanes
ceder las responsabilidades del cuidado de los familiares ancianos al
Estado, por mucho que el Estado estuviera dispuesto a asumirlas.
Así
pues, el papel de una mujer musulmana entre su hogar y su familia está
lejos de acabarse con el crecimiento de los hijos; permanece
profundamente vinculada, tanto al pasado como al futuro. Su preocupación
humana y bondadosa, y su habilidad innata para cuidar a quienes se hallan
necesitados de ayuda, acude al rescate de los miembros ancianos de la
sociedad. Estos permanecen tan valiosos y respetados como antes y
continúan siendo miembros integrales de la familia. La madre juega un
papel principal en su cuidado, ofreciéndoles su compañía, no como trabajo
monótono y tedioso, sino como expresión natural viva de familiaridad
humana. Así, cuando ella envejece, tiene la seguridad que su sociedad no
la desahuciará ni la abandonará como una reliquia del pasado.
Por
supuesto que existen excepciones en toda sociedad, y existen antiguas
reliquias del pasado que son consideradas aburridas cargas por algunas
familias musulmanas que viven bajo la influencia de "tendencias modernas".
Pero, en conjunto, las sociedades musulmanas se hallan prácticamente
libres de hogares para padres abandonados, al contrario de lo que ocurre
en otras sociedades.
Esto me
recuerda un chiste que puede hacer que algunos se rían mientras que a
otros les haga llorar. En una ocasión un niño observaba con dolor e
inquietud el mal trato que sufría su abuelo a manos de su padre. El abuelo
fue trasladado, gradualmente, de un dormitorio bien acondicionado y
confortable a otro más pequeño e incómodo, hasta que finalmente, se
decidió alojar al abuelo en el cuarto de los criados. Durante un invierno
excepcionalmente duro, el abuelo se quejó de que su habitación estaba
helada y que su manta era tan fina que no le conseguía abrigar. El padre
comenzó a buscar otra manta en medio de un armario lleno de harapos viejos
e inservibles. Mientras le observaba, el niño se volvió al padre y le
dijo: "Por favor, no le des todos los harapos al abuelo. Guarda algunos
para mí y así te los podré dar mas adelante, cuando te hagas viejo".
En esta
expresión inocente del disgusto del niño se concentra toda la agonía de la
generación anciana en los tiempos modernos.
En las
sociedades musulmanas, es tan raro encontrar tales excepciones, como es
extraordinario y se está haciendo cada vez más raro, encontrar excepciones
en las sociedades modernas, en el trato que los familiares dan a sus
ancianos. Se enseña a los musulmanes:
Tu Señor ha ordenado: "No adoréis a nadie sino a
El, y mostrad bondad a vuestros padres. Si uno o los dos alcanzan la
ancianidad contigo, no les digas nunca ninguna palabra que exprese
disgusto ni les reproches, más bien dirígete a ellos respetuosamente.
Y haz descender sobre ellos el ala de la humildad y de la ternura. Di:
"Señor mío, ten misericordia de ellos al igual que ellos me criaron en
mi niñez". (C. 17: Bani-Israel: 24-25)
Estos
versículos son los más significativos en este tema. Tras la Unidad de
Dios, los seres humanos deberían, a través de su actitud de amor, afecto y
bondad, dar prioridad a sus padres, que han llegado a una edad avanzada y
difícil, sobre todas las cosas.
Además, el versículo habla de las situaciones en las que el
comportamiento de uno o de ambos padres es penoso, o en ocasiones incluso
ofensivo. Como respuesta, no se permite siquiera que una leve expresión de
disgusto o desaprobación sobrepase los propios labios. Por el contrario,
deben seguir siendo tratados con respeto profundo.
La
insistencia en conseguir la mejor relación entre una generación y otra que
desaparece lentamente, garantiza que no existan vacíos generacionales.
Tales vacíos interrumpen siempre la transmisión de los valores morales
tradicionales.
La
filosofía social islámica, por lo tanto, enseña que ninguna generación
debe permitir que surja un bache entre ella y la generación saliente, ni
entre ella y la generación futura. Los baches generacionales son
totalmente ajenos al Islam.
Como
hemos comentado antes, el concepto de familia islámico no se limita a los
miembros de una sola casa. El versículo siguiente instruye a los
musulmanes a gastar no sólo en sus padres, sino también entre sus
parientes y amigos, a quienes se menciona a continuación de los padres en
orden de preferencia, de forma que no se lesione su sentido de la dignidad
y se promueva el amor mutuo.
Y adorad a Al-lah
y no asociéis nada a El, y mostrad bondad a los padres, a los
parientes, a los huérfanos y necesitados, al vecino afín a vosotros y
al extraño, al compañero que está a vuestro lado, al viajero y a
aquellos que se encuentran bajos vuestra autoridad. En verdad, Al-lah
no ama al orgulloso ni al jactancioso. (C. 4: Al-Nisa: 37)
El
Santo Corán declara que debéis ser cuidadosos en mostrar la bondad a
vuestros padres.
Si la
sociedad contemporánea aprendiera la lección de estos mandamientos,
muchos de los problemas a los que hoy se enfrenta y que representan una
mancha en una sociedad avanzada, dejarían de existir. No serían necesarios
asilos ni hogares de ancianos, salvo para aquellos ancianos que,
desgraciadamente, no tuvieran un pariente próximo que cuidara de ellos.
En una sociedad islámica, se insiste de forma tan repetitiva en el amor
entre padres e hijos, que es imposible que un hijo abandone a sus padres
cuando lleguen a la vejez, por motivo de su propio placer.
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LA
GENERACIÓN FUTURA
En
cuanto a la generación futura, el Santo Corán educa a la sociedad de una
manera única. Enseña que para conseguir la mejor relación entre vosotros y
vuestros hijos, es sumamente esencial que la relación entre vosotros y
vuestras esposas sea también excelente.
En ese
sentido, el versículo citado anteriormente (C. 4: Al Nisa: 35), que se
refiere a los protectores (QAWWAMUN), hace recaer una gran
responsabilidad sobre los hombros del marido. Si su comportamiento no es
conducente a la creación de un ambiente ideal para una vida familiar sana,
habrá fallado en su responsabilidad de actuar como protector (QAWWAM).
Debe recordarse que el mejor ejemplo de QAWWAM fue el mismo Santo Profeta
del Islam(sa). Nunca fue severo ni dictatorial ni, de ningún modo,
ofensivo ni enérgico en exceso en la relación con su familia. Mantenerles
en el camino recto constituía una gran responsabilidad, pero la forma en
que cumplió esta responsabilidad sirve de excelente ejemplo vivo, en todos
los tiempos venideros, para todos los que desean investigar y entender el
significado real del epíteto QAWWAM.
En una
tradición famosa, Abu Hurairah relata que el Santo Profeta(sa) dijo:
El más perfecto de los creyentes en
materia de fe, es aquel cuyo comportamiento es el mejor posible; y los
mejores de entre vosotros son aquellos que se comportan de la mejor forma
con sus esposas (Tirmidhi).
Si los
padres desean realmente que sus hijos crezcan como miembros de una
sociedad honrada, deben recordar que las relaciones mutuas entre maridos y
esposas juegan un papel fundamental en la formación o en la ruptura del
carácter de sus hijos.
El
Santo Corán declara:
Quienes no dan falsos testimonio, y
cuando pasan junto a algo vano, pasan con dignidad. Aquellos quienes,
cuando se les recuerda los Signos de su Señor, no se muestran sordos ni
ciegos ante ellos. Y quienes dicen: "Señor nuestro, concédenos de nuestras
esposas e hijos el consuelo de nuestros ojos, y haz que seamos un modelo
para los virtuosos". (C. 25: Al Furqan: 73-75)
Esta
plegaria posee un encanto único y está llena de sabiduría profunda. Se
enseña a ambos cónyuges en el matrimonio que oren por su pareja y por sus
hijos, para que Dios les conceda siempre la felicidad y la satisfacción
verdadera a su pareja y también a sus hijos, y convierta a su descendencia
en precursores y líderes de una generación justa y temerosa de Dios.
Basta
con aplicar esta enseñanza a nosotros mismos para percatarnos plenamente
del significado del versículo. Cuando deseamos algo vagamente, ello no
tiene por qué influenciar nuestra conducta de forma significativa, pero
cuando oramos por ello en serio, nuestra conducta queda, necesariamente,
influenciada por esta oración. Como ejemplo adicional, consideremos que
hay muchos entre nosotros que desean ser veraces, y, sin embargo, rara vez
este deseo se ve traducido a la práctica. Quienes rezan sinceramente a
Dios para que el haga que sean veraces, se encuentran mucho más
influenciados en su conducta por su oración, que quienes lo desean por
algo más impreciso. Se realiza un esfuerzo auténtico para modelar la
conducta propia con el fin de mejorarla. Una persona actuaría de forma muy
extraña, si después de ofrecer esta oración tratase a su esposa y a sus
hijos de manera inconsistente con dicha oración.
Dirigiéndose exclusivamente a la generación más joven, respecto a sus
derechos y obligaciones, el Santo Corán advierte:
¡Oh vosotros, los creyentes!. Temed a
Al-lah; y que cada alma considere lo que prepara para el mañana. Temed a
Al-lah; pues en verdad Al-lah conoce muy bien lo que hacéis. (C. 59: Al-Hashr:
19)
El
Corán advierte a los padres que si fracasan en el ejercicio de su
responsabilidad hacia su descendencia, y dejan tras de si una generación
que sea censurable por su conducta, entonces serán los padres quienes
habrán de responder ante Dios.
De
igual manera se advierte a los padres que "no maten a sus propios hijos"
en el sentido que se contribuyan o sean responsables, en alguna medida, de
la destrucción de su carácter. (p.e. C. 6: Al-An'am: 152)
No sólo los hijos
propios sino toda la generación joven en su conjunto, han ser tratados con
amor, bondad y respeto, según el consejo firme ofrecido por el Santo
Profeta del Islam, la paz y bendiciones de Dios sean con él:
Mostráos siempre bondadosos con vuestros niños (Ibn Mayah: Libro del Adab
C. Birul Walad)
No
puedo dejar de señalar que esto es exactamente lo que el mundo actual
necesita hoy día. Se está produciendo un debate serio en estas fechas en
el Reino Unido, respecto a la introducción de una legislación nueva que
haría a los padres responsables subsidiarios ante la ley, de crímenes
cometidos por sus hijos, y, en consecuencia, serían tratados como
delincuentes en los juzgados de menores. Existe el sentimiento de que, de
haber cumplido los padres su responsabilidad en disciplinar más seriamente
a sus hijos, se vería muy disminuido el delito en las calles de Gran
Bretaña. Sin embargo, la cuestión que se plantea es ¿hasta qué punto las
medidas punitivas y restrictivas pueden mejorar la calidad de vida en una
sociedad cuando no existe un fondo de ética religiosa que funcione en cada
esfera de la vida?
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DESALIENTO DE PROPÓSITOS INÚTILES
El
Santo Corán continúa desarrollando este tema sobre la sociedad,
declarando:
Y quienes rehuyen todo lo que es vano.
(C. 23: Al-Muminun: 4)
Todos
los que poseen sabiduría, evitan desperdiciar energías en propósitos
inútiles y carentes de sentido.
Dedicar
tiempo para divertirse con moderación no es malo ni lo prohíbe el Islam.
Sin embargo, si la diversión ejerce una influencia negativa en la sociedad
en su conjunto, ciertamente no es recomendada. Por otra parte, si en lugar
de proporcionar un desahogo genuino al estrés de la vida, la diversión se
convierte en un objetivo en sí misma, es condenada como LAGHW (vana e
inútil) en la terminología coránica. Cuando la diversión comienza a
interferir en los asuntos cotidianos o hipoteca el tiempo disponible que
hubiera podido emplearse mejor de otra manera, también se considera como
vana según la palabra árabe LAGHW.
La
televisión ha aportado un inmenso bien a la sociedad, pero los niños
permanecen todo el día con los ojos pegados a la pantalla. Cuando los
hombres vuelven del trabajo, continúan sentados ante el aparato sea cual
sea el programa que la TV ofrece. Al actuar así desatienden sus
responsabilidades hacia sus hijos, mujeres, amigos y hacia la sociedad en
general. La TV ciertamente se ha convertido en una plaga moderna. Se gasta
tanto tiempo en esta época viendo la televisión, que constituye un reto
difícil para cada uno sopesar correctamente los pros y contras de esta
actitud. Pero esto no es todo.
Al
mostrar filmes violentos, la TV presenta a menudo una imagen del crimen,
que, en lugar de originar un sentimiento de repulsión en el corazón de los
niños, consigue justo lo contrario. Incluso en programas exclusivos para
los niños es común encontrar figuras populares que, maliciosamente,
inventan travesuras que hacen estragos en la paz del hogar. Por muy
entretenidos y divertidos que sean tales programas, no son, ciertamente
educativos. No hay duda que muchos niños difíciles deben el origen de su
conducta al visionado de tales programas y crecen con la posibilidad de
convertirse en delincuentes en potencia.
En los
programas para adultos, se enseñan de forma sutil métodos innovadores de
trasgresión. Una vida ociosa de juego y diversión que representa lo que
debería ser la existencia, se dibuja de forma tan prometedora que acaba
dejando una falsa impresión en la mente. ¡Que poca consciencia de la
distancia entre la fantasía y la realidad, y lo que debería ser y lo que
es!.
El afán
por los placeres vanos que el Santo Corán prohíbe no es un asunto menor o
sin consecuencias, como muchos podrían considerar. Este y otros modos
similares de diversión juegan un papel importante en la creación de un
ambiente donde el nivel de frustración no hace sino aumentar. Uno se
pregunta cuándo se alcanzará el punto de saturación.
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CONTENCIÓN DE LOS DESEOS
El
Santo Corán exige la contención de los deseos: no debe permitirse que la
envidia de origen a deseos insaciables y desmesurados.
Esta
enseñanza encierra un mensaje muy importante respecto a la disciplina y el
recorte de las ambiciones. Desde luego que el Islam no es una religión de
escapismo o de negación mediante el monasticismo o el ascetismo, en el que
se pide al hombre que suprima todos sus deseos naturales para lograr el
Nirvana o la liberación de los vínculos materiales. Según la filosofía del
Nirvana, son los deseos los que nos atan a la materia y nos hacen esclavos
del materialismo. Su respuesta simple es rechazar y negarse a sí mismo
todos los deseos.
El
Islam rechaza esta filosofía por estar fabricada por el hombre, ser
antinatural e inadecuada para resolver los problemas. El concepto de
Nirvana está más cerca de la muerte que de la paz. El Islam tiene una
solución totalmente diferente que ofrecer. Destruir los deseos, según el
Islam, no es la respuesta para resolver el enigma de la vida.
Entre
varias medidas sugeridas para crear la paz social está la amonestación de
que el hombre debe disciplinar y restringir sus deseos y mantenerlos bajo
control. De otra manera, sería imposible para ningún hombre conseguir la
paz a través de la satisfacción del deseo. Como indicamos anteriormente,
los deseos siempre van más rápidos de lo que se pueden perseguir. Por
pequeñas que parezcan estas medidas, son potencialmente muy efectivas e
importantes. Por ejemplo el Santo Corán afirma:
Y no fuerces
tus ojos tras lo que hemos concedido a algunas clases de ellos para que
disfruten durante breve plazo -el esplendor del mundo presente- para que
les probemos con ello. Pues la merced de tu Señor es mejor y más
duradera. (C. 20: Ta-Ha: 132)
El
Santo Corán prohíbe pensar mal de los demás, comportarse ruidosamente,
fisgonear o difamar:
¡Oh vosotros, los creyentes!. Evitad al máximo las
sospechas; y preveníos, pues algunas sospechas están al borde del
pecado. No espiéis ni murmuréis de los demás ¿Le gustaría a alguno de
vosotros comer la carne de su hermano difunto? Cierto que os repugnaría.
Más temed a Al-lah, pues en verdad Al-lah es el Remisorio con compasión,
y es Misericordioso. (C. 49: Al-Huyurat: 13)
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PROMOCIÓN DE ALIANZAS E INVIOLABILIDAD DE PACTOS Y TRATADOS
En la
sociedad islámica, la promoción de alianzas juega un papel muy importante.
La inviolabilidad de pactos y tratados internacionales se considera
fundamental para el concepto de unidad de la sociedad islámica. Los
creyentes son descritos en el Santo Corán como:
Quienes están atentos a sus acuerdos y pactos (C.23: Al-Muminun: 9)
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LA ERRADICACIÓN DEL
MAL: UNA RESPONSABILIDAD COLECTIVA
La
responsabilidad de educar a la gente no se confía a los gobiernos sino a
la gente misma, de forma colectiva, para que hagan el bien y se abstengan
del mal.
En las
sociedades más desarrolladas, los basureros tienen la obligación de
recoger los desperdicios no deseados de los hogares y las calles para
deshacerse de ellos. En países más pobres, las amas de casa tiran
sencillamente la basura y desperdicios a las calles hasta que estas se
llenan de porquería y dejan de ser útiles como lugares de tránsito. Desde
luego que los moradores tienen derecho a limpiar sus casas pero ha de
existir algún sistema que también mantenga limpias las calles y caminos.
Resulta
trágico señalar que aunque occidente ha entendido la importancia de la
responsabilidad social de limpiar los lugares frecuentados por el público,
aún haya de reconocer la necesitad acuciante de responsabilizarse de
purgar a la sociedad del desperdicio criminal humano que diariamente se
vierte de los hogares a las calles y lugares públicos.
El
Islam trata esta cuestión de manera extensa. Responsabiliza en primer
lugar a los mayores de la familia para que minimicen el desperdicio social
y que contribuyan con mayor bien que mal a la sociedad.
En segundo lugar, el Islam hace responsable a la sociedad
a fin de que declare, en el ámbito individual y colectivo, una guerra
santa contra el mal, no con la ayuda de la espada ni con una legislación
restrictiva, sino mediante la amonestación constante, el consejo y la
sabia sugerencia. La amonestación y la persuasión con paciencia es el
mejor instrumento, según el
Corán para limpiar a la
sociedad de los males sociales:
Y que surja
de entre vosotros un grupo de hombres consagrados a persuadir a la
gente a hacer el bien y que invite a la bondad, imponga la justicia
y disuada a la gente de caer en la maldad. Ellos serán los
bienaventurados. (Es decir, tales sociedades sobrevivirán. La
palabra "Muflihun" puede traducirse aquí como aquellos que son
adecuados para la supervivencia) (C. 3: Al-Imran: 105)
No debe
inferirse del versículo antes mencionado que la aproximación islámica al
tema del mantenimiento de la salud pública y bienestar es totalmente
no-gubernamental y que el Estado no tiene nada que ver en ello. Desde
luego que los aspectos legislativos y su aplicación son prerrogativas del
Estado. Lo que he intentado enfatizar es, simplemente, el hecho que, según
el Islam, la maquinaria del Estado por sí misma es insuficiente para
suprimir, desalentar o minimizar el crimen. Una vez que se permite que las
tendencias criminales se desarrollen y florezcan en los hogares y la
sociedad en general, lo más que puede hacer un gobierno es liquidar los
síntomas de vez en cuando. La raíz causante del mal está demasiado honda
para que el brazo de la ley puede alcanzarla. Es tarea primaria de las
familias, de los líderes religiosos y de los líderes de opinión pública de
todas las sociedades, erradicar el mal.
Teniendo en cuenta este y otros versículos similares, el Santo Profeta, la
paz y bendiciones de Dios sean con él, declaró, en cierta ocasión, que el
pueblo que les precedió acabaron trágicamente a causa de su desobediencia
a la autoridad y porque dieron rienda suelta a la transgresión, no
disuadiendo uno a otro de cometer la iniquidad que perpetraban. Continuó:
"En
verdad, por Al-lah, debéis encomendar el bien y prohibir el mal; asid la
mano del malvado y persuadirle para que actúe con razón; establecédle
firmemente en la justicia; si no actuáis así, Al-lah comprometerá los
corazones de algunos devosotros con los corazones de aquellos y os
maldecirá como a ellos les maldijo. (Abu Daud y Tirmidhi: Riadhus Salehin
198 p.50)
De
acuerdo con el Profeta(sa), uno de los signos más serios de decadencia de
un pueblo se manifiesta cuando pierden la valentía de mostrar su disgusto
ante la exhibición pública de indecencia y mala conducta. El Santo
Profeta, la paz y bendiciones de Dios sean con él, compara a este tipo de
sociedad con los pasajeros de un barco en la siguiente tradición:
Nu'man relata que el Santo Profeta(sa)
dijo: El caso de quienes respetan los límites fijados por Al-lah y el de
quienes les tienen sin cuidado es similar al de los pasajeros de un barco
que echan suertes para determinar quien ha de ocupar la cubierta y quién
la parte inferior y se sitúan según el resultado. Los que ocupan la
cubierta no poseen acceso directo al agua y, para conseguirla, han de
descender repetidamente, molestando a los ocupantes del piso inferior. En
un momento dado, sugieren a los del piso inferior, que si no tienen
inconveniente, podrían hacer un agujero en el fondo del barco para obtener
acceso directo al agua. Si los ocupantes del piso inferior dejaran llevar
a cabo su propósito a los otros, perecerían todos juntos, mas si lo
evitasen, todos permanecerían a salvo. (Bujari: Riadhus Salehin 189 p. 48)
Me temo
que esta parábola sería aplicable a una gran parte de las sociedades
contemporáneas del mundo.
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DEBERES Y PROHIBICIONES
Algunos
versículos del Santo Corán sobre otras responsabilidades sociales que
promueven la paz son:
Los siervos de Dios Clemente son
quienes andan en la tierra con humildad y cuando se dirigen a ellos los
ignorantes, responden: "¡Paz!" (C. 25: Al-Furqan: 64)
Si recibís una expresión de amistad,
devolvedla en la misma medida, o incluso mayor. Ciertamente Al-lah tiene
en cuenta todas las cosas. (C. 4: Al-Nisa: 87)
No hinches tus mejillas con orgullo, ni
andes por la tierra con insolencia; en verdad Al-lah no ama a quien se
comporta con arrogancia y jactancia. Y anda con paso moderado y baja la
voz; en verdad, la voz más desagradable de todas es el rebuzno del asno.
(C. 31: Luqman: 19-20)
El
carácter que el Islam desea inculcar entre los musulmanes, impide, en sí
mismo, el desarrollo del delito y la conducta irresponsable. El Islam crea
un terreno sano que desalienta el crecimiento de parásitos y malas
hierbas.
Este
objetivo se consigue a través de enseñanzas extensas y minuciosas sobre
deberes y prohibiciones que suman varios centenares. El núcleo central de
esta enseñanza es común a casi todas las religiones. En lugar de señalar
las diferencias doctrinales entre una y otra religión, expondré algunas de
ellas junto con la referencia coránica (Capítulo: Versículo).
DEBERES
Castidad: 17:33, 23:6-8; 24:31; 34:61; 25:69; 33:36; 70:30-32.
Limpieza: 2:223; 4:44; 5:7; 22:30; 74:5-6.
Control
de la ira: 3:135.
Cooperación: 5:3.
Valor:
2:178; 3:173-175; 9:40; 20:73-74; 33:40; 46:14.
Hacer
el bien: 2:196; 3:135; 5:94; 7:57.
Encomendar el bien y prohibir el mal: 3:111.
Sobresalir en hacer el bien: 2:149.
Cumplimiento fiel de los pactos: 2:284; 4:59; 23:9; 70:33.
Alimentar al que tiene hambre: 76:9; 90:15-17.
Perdón:
2:110; 3:135,160; 4:150; 5:7,90; 14:8; 39:8,67; 6:16.
Dar
evidencia veraz: 4:136; 5:9; 25:73.
Buen
trato a los empleados: 4:37.
Buen
trato a los vecinos: 4:37.
Buen
trato a los parientes: 2:178; 16:91; 30:39.
Agradecimiento: 2:153,173,186,244; 3:145; 5:7,90; 14:8; 39:8,67; 46:16.
Humildad: 6:64; 7:14,56,147; 16:24,30; 17:38; 28:84; 31:19-20; 40:36.
Justicia: 5:9; 6:153; 16:91; 49:10.
Promover la paz entre la gente: 4:115; 49:10.
Paciencia: 2:46,154,156,178; 11:12; 13:23; 16:127-128; 28:81; 29:61;
39:11; 42:44; 103:4.
Perseverancia: 13:23; 41:31-33.
Pureza: 2:223; 5:7; 9:103,108; 24:22; 33:34; 74:5; 87:15; 91:10-11.
Autocontrol: 4:136; 7:202; 18:29; 30:30; 38:27; 79:41-42.
Sinceridad: 39:3-4; 98:6; 107:5-7.
Veracidad: 4:136; 5:120; 9:119; 17:82; 22:31; 25:73; 33:25,36,71; 39:33.
Entrega a los demás: 2:208,263; 11:52; 59:10; 64:17; 76:9-10; 92:20-21.
PROHIBICIONES
Adulterio: 17:33.
Arrogancia: 2:35,88; 4:174; 7:37&c.
Murmuración: 49:13.
Jactancia: 57:24.
Difamación: 49:12.
Burlas:
49:12.
Desesperación: 39:54.
Envidia: 113:6.
Extravagancia: 7:32; 17:27-28.
Seguir
lo que se desconoce: 17:37
Arrogancia: 17:38; 23:47; 31:19.
Dar la
medida inadecuada: 83:2-4.
Apodar:
49:12
Avaricia: 4:38; 47:39; 57:2-5; 59:10; 64:17.
Perfidia: 4:106,108; 8:28,59.
Recelo:
49:13.
Mentira: 22:31; 25:73.
Hurto:
5:39.
El
Islam invita a los dirigentes de todas las religiones a unir sus manos en
el esfuerzo de promover e inculcar el bien y a amonestar en contra de la
comisión de hechos malvados.
De
hacerse así, el mundo sería mucho mejor en este aspecto.
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RECHAZO DEL RACISMO
De
entre todas las pestes que infectan la era actual, el racismo es la que
supone un mayor peligro para la paz mundial.
El
Santo Corán recuerda no sólo a los musulmanes sino a toda la humanidad:
¡Oh hombres!,
Temed a vuestro Señor quien os creó de un sólo ser del cual creó a su
pareja y de los dos hizo descender a muchos hombres y mujeres; y temed
a Al-lah, en cuyo nombre recurrís unos a otros, y temedLe
particularmente respetando los lazos del parentesco. En verdad, Al-lah
os observa. (C. 4: Al-Nisa: 2)
Nadie
es superior a los demás. De manera similar, el Santo Corán afirma:
¡Oh
humanos! Os hemos creado a partir de un varón y una hembra; y os hemos
constituido en clanes y tribus para que os reconozcáis mutuamente. En
verdad, el más honrado de entre vosotros, a la vista de Al-lah es el más
justo de entre vosotros. Ciertamente Al-lah es Omnisciente, Conocedor de
todo. (C. 49: Al-Huyurat: 14)
¡Oh vosotros, los creyentes! No
permitáis que un pueblo se burle de otro que puede ser mejor que ellos,
ni que las mujeres se burlen de otras que pueden ser mejores que ellas. No
calumniéis a vuestra propia gente, ni os llaméis mutuamente por nombres
deformados.Malo es, en verdad, volver a caer en la mala práctica de los
días de la ignorancia después de haber creído; mas quienes no se
arrepienten son perversos. (C. 49: Al-Huyurat: 12)
Aparentemente, la sociedad actual parece estar alejándose
del racismo y del apartheid, y que está concienciándose de los horrores
relacionados con ambos. Pero si se examina la cuestión con cuidado y con
profundidad, es posible darse cuenta de que el racismo sigue presente en
todas partes.
Una
dificultad importante es la propia definición del "racismo", pues puede
parecer diferente desde perspectivas distintas. Es difícil trazar límites
precisos entre el racismo, la conciencia de superioridad religiosa o de
clase, el tribalismo, el fascismo, el imperialismo y el nacionalismo. El
trato trágico e inhumano que los judíos recibieron a manos de los
cristianos en Europa occidental durante más de mil años, podría
considerarse que está enterrado en el pasado, pero el brutal tratamiento
reciente sufrido por los judíos en los años 30 y 40 a manos de los nazis,
está demasiado fresco en nuestras memorias para ser olvidado. Por lo
tanto, en el momento que oímos la palabra "racismo" nuestra mente torna
inadvertidamente a la idea del antisemitismo y a la larga historia de
malos tratos sufrida por la raza semítica a manos de los gentiles.
Es
este, desde luego un entendimiento muy limitado del racismo. Es tan
limitado que las demás connotaciones del mismo escenario quedan
completamente fuera de nuestra atención. Apenas nos detenemos a pensar en
los extremistas de entre los judíos que miran a los gentiles con los
mismos horribles prejuicios por los que ellos mismos fueron víctimas.
Pero
esto no es todo. Hay mucho más racismo de lo que la vista pueda captar. El
racismo, aunque no claramente identificado como tal, está oculto bajo
diversas máscaras, siendo el nacionalismo una de ellas. De nuevo, los
prejuicios religiosos, tribales, y regionales no son sino algunos de los
ejemplos en los que el racismo funciona con nombres diferentes. Los
prejuicios de los blancos contra los no-blancos suponen también formas de
racismo, si bien no es justo culpar sólo a los blancos por abrigar
prejuicios contra quienes no comparten su color y complexión. También
existe el racismo negro, el racismo amarillo, y el racismo de quienes no
pueden ser claramente definidos como blancos, negros o amarillos, pero que
ocupan algún lugar intermedio.
La
esencia del racismo es el prejuicio de clase. Quizá sea esta la mejor
definición del racismo. Cuando la gente comienza a actuar con prejuicios
contra otra clase, con el pretexto de su propio interés de clase, el
racismo comienza a descubrirse y a erigir su cabeza peligrosa y letal. No
se ejerce ninguna discreción en la expresión de su odio; no se toma en
cuenta ningún mérito individual, y la generalización se convierte en ley.
Hace no
muchos años, el hemisferio occidental se hallaba dividido principalmente
entre la cristiandad y el Islam. El papel que jugaron los judíos en
aquella época de fuertes prejuicios religiosos, frente a los musulmanes
orientales, es bastante oscuro. Se conoce, sin embargo, el hecho de que
los judíos formaban parte de la Europa cristiana, que odiaba y desconfiaba
de las naciones musulmanas del mediterráneo y recelaba de la expansión
musulmana hacia occidente.
Durante
aquel período de intensas hostilidades entre cristianos y musulmanes,
existía un elemento añadido de racismo, basado en la diferencia de color.
En aquel momento, los musulmanes de Indonesia, Malasia, China y la India
permanecieron totalmente al margen e indiferentes. El conflicto se
asemejaba más a una coalición árabe-turca contra la Europa cristiana en
conjunto.
Aunque
esta historia parecía enterrada y olvidada, se puede apreciar que está
levantando la cabeza de nuevo. Los problemas humanos nunca parecen morir
definitivamente por muy enterrados que aparenten estar. Volviendo a la
época presente, mientras el mundo estaba polarizado por las dos
superpotencias y sus aliados, era vital para los intereses de occidente no
remover estas cuestiones ni permitir que fueran removidas. Sin embargo,
desde que amaneció una nueva era con la relación este-oeste, el caballero
oscuro de la época medieval, se apresta a soltar su sombra siniestra.
Existe
un peligro real de resurgimiento de las rivalidades históricas
cristiano-musulmanas en el nuevo clima creado por los importantes cambios
de la Unión Soviética y Europa oriental. Esto puede verse agravado si
tomamos en consideración los intereses creados por ambas partes. Me temo,
que a este respecto, el clero de ambos lados, del cristianismo y del
Islam, jueguen, muy probablemente, un papel siniestro en el empeoramiento
de la situación y en la destrucción de las perspectivas de paz y armonía
entre musulmanes y cristianos. Si esto ocurre, sucedería en favor de la
causa de Israel e Israel no puede concebirse que sea un observador
desinteresado y no comprometido.
Existen, de nuevo, líneas divisorias político-económicas que están dando
origen a un nuevo tipo de racismo, es decir, el racismo del Norte rico y
el del Sur pobre. Oriente y el Occidente quedan reflejados en la siguiente
frase:
"East is east
and west is West and never the twain shall meet"
(El Oriente es el
Oriente y Occidente es Occidente, y nunca se encontrarán los dos)
La
reciente detente y reaproximación entre las grandes potencias puede
revivir las controversias y rivalidades históricas político-religiosas
entre el occidente cristiano y el oriente musulmán. No sería sorprendente
que el Este y el Oeste comenzaran a distanciarse progresivamente como
resultado de un nuevo imperialismo y racismo basado en múltiples causas
que habrá de surgir de esta reciente detente entre las superpotencias.
De
acuerdo con la terminología universalmente aceptada, la definición del
racismo parece estar desfasada y habría de extenderse a otras áreas que,
aparentemente, no tienen implicaciones raciales. Mi observación particular
se basa en el estudio detallado y profundo de la motivación humana que da
origen al racismo. Mientras que las fuerzas motivadoras subyacentes sigan
siendo las mismas, tanto si se denomina racismo cierta expresión de
conducta humana distorsionada, como si le denomina con otro nombre más
decente o civilizado, el mal es esencialmente el mismo.
El
racismo, en su sentido más amplio ha de entenderse como un conjunto de
prejuicios que son opuestos a las consideraciones de justicia absoluta e
imparcialidad.
La
rápida desaparición de la polarización entre los bloques americano y
soviético, ha marcado el comienzo de una era completamente nueva en la que
nos estamos moviendo más bien hacia reajustes globales que hacia la
desaparición de las divisiones. A medida que se apagan las divisiones
ideológicas, otras divisiones ya marcadas en distintos planos de las
relaciones internacionales habrán de crecer y definirse con detalle. La
vieja división tradicional entre Oriente y Occidente quedó reducida a un
segundo lugar insignificante durante la era álgida de las rivalidades
capitalistas-socialistas. No existiendo esta situación, volverá a emerger
una vez más la división Oriente-Occidente como la línea divisoria más
pronunciada entre las naciones desarrolladas del Occidente frente a las
naciones subdesarrolladas de Oriente.
Los
países europeos del Este junto con Rusia se desplazarán gradualmente hacia
los países capitalistas, fusionándose finalmente con ellos y adoptando la
misma actitud frente al Tercer Mundo. Aunque surgirán nuevas rivalidades
fruto de la competencia para conseguir y monopolizar mercados extranjeros,
el Occidente, en su conjunto, emergerá como unidad político-económica
mucho más grande que nunca, con la asimilación final del bloque europeo
Oriental. Ello supondrá un mayor relieve y énfasis en la división
tradicional entre oriente y occidente.
Añádanse a esto el nacimiento del neo-socialismo, en el que las naciones
sustituirán a los individuos y clases de individuos. La polarización entre
ricos y pobres no seguirá teniendo lugar entre los ricos de una nación y
su interacción con los pobres de otra nación. Durante algunos años esta
polarización catastrófica podría mantenerse bajo control pero, al final,
sería inevitable una confrontación a gran escala.
Personalmente, abrigo temores fundados, de que estamos entrando en una
nueva era de racismo mundial, cuya expresión más atroz estaría apoyada y
alentada por una sección de los dirigentes políticos Sionistas. Si hemos
de tomar en serio a Benjamín Beit-Hallahmi, de la Universidad de Haifa y
autor de La Conexión Israelita: A Quien Arma Israel y Por Qué (publicado
en 1988 por I.B. Tauris & Co. Ltd. Londres), y si la evidencia que
presenta de la bien definida y bien delimitada filosofía política de los
Sionistas, es considerada auténtica, se auguran malos presagios para las
perspectivas de paz mundial.
El
siguiente cuadro del papel jugado -y aún por jugar- por Israel en los
asuntos mundiales, emerge:
David Ben Gurión, padre fundador de Israel, afirmaba en
enero de 1957, que "Desde el punto de vista de nuestra seguridad y
existencia, la amistad de un país europeo es más valiosa que la de toda la
gente de Asia (Medzini, 1976; p.75) p.5
.....El interés propio de Israel para recobrar su
superioridad frente a los árabes ha llegado a ser coincidente con el
objetivo americano de detener la decadencia imperial. (p. 205)
Lo que la extrema derecha moderna ama es al israelí: alto,
duro, armado con una Uzi y matando nativos de piel oscura, triunfando
sobre las fuerzas del radicalismo del Tercer Mundo. Así es como los
generales argentinos, coroneles paraguayos y brigadas afrikaner han
llegado a amar a los israelitas (p. 218)
La nueva retórica Abajo con el Tercer Mundo desarrollada
en los Estados Unidos a partir de 1970 fue vinculada a Israel, y sus
defensores como Daniel Patrick Moynihan y Jean Kirkpatrick han considerado
a Israel como un aliado e inspirador. (p. 222)
Vladimir Jabotinsky, el líder del ala derecha del
Sionismo antes de la Segunda Guerra Mundial, fue bastante franco respecto
a la alianza entre el Sionismo y el Imperialismo...El Sionismo ha tomado
la resolución inquebrantable de mantener todo el Mediterráneo en manos
europeas...en cada conflicto Oriente-Occidente estaremos siempre al lado
del Occidente ya que el Occidente ha encarnado una cultura superior al
Oriente a lo largo de los últimos mil años, tras la destrucción del
califato de Bagdad por los Mongoles ... y hoy somos nosotros los más
fieles y destacados portadores de cultura. ... Nunca podríamos apoyar al
movimiento árabe que en este momento se nos opone, y estamos
profundamente contentos ante cada contratiempo que le sucede a este
movimiento... (Brenner,1984 pp. 75-77)
p.227
La
idea de la liberación del Tercer Mundo amenaza a la misma esencia del
Sionismo. Conceptos de derechos humanos son demasiado peligrosos para el
sistema político israelí...La injusticia cometida con los palestinos es
tan clara y llamativa que no puede ser discutida abiertamente, y cualquier
discusión respecto a lo que Israel ha estado haciendo al Tercer Mundo
habrá de conducir ciertamente a un examen de los derechos de los
palestinos...(Los israelitas) están prestos a denunciar al resto del mundo
como hipócritas cuando se discuten cuestiones de derechos humanos y
justicia universal. En ello son bastante similares a los sudafricanos
blancos. (p. 236-237)
Desde Manila en las Filipinas a Tegucigalpa en Honduras a
Windhoek en Namibia, los emisarios israelíes se han implicado en una
guerra continuada, que es, en verdad, una guerra mundial. ¿A qué enemigo
está combatiendo Israel? Es la población del Tercer Mundo, a la que no se
permite que gane su revolución (p. 243)
El pronóstico de Israel parece bueno sólo mientras el
mundo árabe y el resto del Tercer Mundo permanezcan débiles y divididos.
Cualquier cambio en este cuadro sería una mala señal (p.247)
Lo que Israel ha estado exportando es la lógica del
opresor, la forma de mirar al un mundo atado a una dominación que ha
tenido éxito. Lo que se exporta no es sólo tecnología, armamento y
experiencia, no sólo pericia sino también un modo de pensar. (p. 248)
Sería
altamente deseable que, frente a este grito de combate del Sionismo,
prevaleciera la voz de la sección más sensata de la dirección israelita.
De los pensadores israelitas que quizá podrían describirse como lógicos y
moderados, Harkabi representa un ejemplo típico. No sólo desaprueba la
actitud de los sionistas extremistas sino que considera sinceramente que
suponen una actitud suicida para los intereses finales de los propios
sionistas. Los puntos de vista de Harkabi no son compartidos por igual
entre otros intelectuales y autores judíos. Harkabi, por ejemplo, adopta
un punto de vista más pragmático y realista ante los mismos problemas. De
forma particular, su propuesta de "paz por territorios" abre un camino de
esperanza para los árabes.
Creo
firmemente que la discriminación y cualquier otro esfuerzo por dividir a
la humanidad en cualquier plano, puede reportar a algunos ciertos
dividendos a corto plazo; sin embargo, a la larga, las consecuencias son
funestas para todos los implicados. En este escenario contemporáneo, el
Islam tiene un mensaje muy positivo y un papel efectivo que jugar.
El
racismo y el odio entre clases son denunciados por el Islam en los
términos más enérgicos, así como la generación de cualquier tipo de
desorden. Los versículos del Santo Corán referidos antes son algunos de
los muchos que tratan de este tema.
El
carácter del Santo Profeta(sa) del Islam se describe como:
La luz de Dios, que no pertenece ni al Este ni al Oeste,
es decir, que es participada por ambos por igual.
Al-lah es la Luz de los cielos y la
tierra. Su luz es semejante a una hornacina brillante, en la que hay una
lámpara. La lámpara está en un vaso. El vaso es como una estrella
brillante. Se enciende con un árbol bendito -el olivo- que no está a
Oriente ni a Occidente, cuyo aceite podría alumbrar aun cuando no lo
tocara el fuego. ¡Luz sobre luz! Al-lah guía a Su Luz a quien desea. Pues
Al-lah presenta parábolas a los hombres y Al-lah sabe perfectamente todas
las cosas. (C. 24: Al-Nur: 36)
Además
es introducido como:
Una misericordia (y fuente de bendiciones)
para todo el mundo (y toda la humanidad). (C. 21: Al-Anbiya: 108)
Estoy
asombrado al ver como varios pensadores musulmanes de mente medieval, a
quienes erróneamente se define como fundamentalistas, suscriben la opinión
de que los musulmanes deben enfrentarse con los no musulmanes en una
contienda armada, continuando la lucha hasta que, o bien sean exterminados
o bien acepten el Islam. El Islam, tal como se encuentra en el Santo
Corán, no tiene nada que ver con esta noción distorsionada y corrupta de
"la guerra santa". No hay necesidad de repetir los muchos versículos que
tratan de la paz religiosa pues ya han sido mencionados.
Permítanme acabar reafirmando que el Islam es sincero partidario y sugiere
diversas medidas para unir a la humanidad a través de un proceso pacífico
cuyo objeto sea establecer la paz en el mundo y unificar a los seres
humanos.
En lo
que respecta a la actitud del Santo Fundador del Islam(sa), los siguientes
extractos del Ultimo Sermón (conocido como el Sermón del Adiós) que
ofreció antes de su fallecimiento ante la reunión humana más numerosa a la
que hasta entonces nunca se había dirigido, son suficientemente
significativos:
¡Oh hombres! prestádme atención pues no se si podré
reunirme de nuevo con vosotros en este valle y dirigirme a vosotros como
lo hago ahora. Vuestras vidas y posesiones han sido declaradas inviolables
por Dios frente a los ataques de uno y otro, hasta el Día del Juicio. Dios
ha designado a cada uno su parte en la herencia. No será admitido ningún
testamento que perjudique a los derechos de un heredero legal. Todo niño
nacido en cualquier casa será considerado hijo del padre de esa casa.
Quienquiera que impugne el parentesco de tal niño será reo de castigo
según la ley del Islam. Quienquiera que atribuya su nacimiento al padre de
otro, o declare falsamente que determinada persona es su tutor, a ese,
Dios, Sus ángeles y toda la humanidad le maldecirá.
¡Oh hombres! Tenéis algunos derechos ante vuestras
mujeres, pero vuestras mujeres tienen también algunos derechos sobre
vosotros. Su obligación es que vivan una vida casta y no adopten modos que
atraigan la desgracia del marido a los ojos de la gente ...Mas si el
comportamiento de vuestras mujeres no conduce a la desgracia de sus
maridos, vuestro deber es proporcionarles la comida, el vestido y el
refugio de acuerdo con vuestro estándar de vida. Recordad que debéis
tratar siempre bien a vuestras mujeres. Dios os ha hecho responsables de
cuidar de ellas. La mujer es débil y no puede proteger sus propios
derechos. Cuando contraéis matrimonio, Dios os nombra depositarios de
tales derechos. Traéis a vuestras mujeres a vuestros hogares bajo la ley
de Dios. No debéis, por tanto, abusar de la responsabilidad que Dios ha
puesto en vuestras manos.
¡Oh hombres!, Aún mantenéis bajo vuestra posesión a algunos prisioneros de
guerra. Os advierto, pues, que les alimentéis y les
vistáis de la misma manera y estilo con que os alimentáis y vestís
vosotros. Si cometen algo erróneo que sóis incapaces de perdonar, cedédlos
entonces a alguien otro. Son parte de la creación de Dios. No puede ser
justo de ninguna manera que les causéis dolor o sufrimiento.
¡Oh hombres!, Escuchad y recordad lo que os digo: Todos
los musulmanes son como hermanos entre sí. Todos vosotros sois iguales.
Todo hombre, cualquiera sea la nación o tribu a la que pertenezca, y
cualquiera que sea la posición que mantenga en su vida, es igual a los
demás. (Elevando sus manos, y uniendo los dedos de una mano con los de la
otra, añadió): De igual manera que los dedos de las dos manos son iguales,
así son iguales los seres humanos. Nadie posee ningún derecho ni
superioridad que reclamar ante otro. Sois como hermanos. Oh seres humanos,
vuestro Dios es Único y vuestro origen es único. Un árabe no es superior a
un no-árabe, ni tiene superioridad un no-árabe sobre un árabe. El hombre
blanco no es superior de ninguna forma al hombre negro, ni el hombre negro
es mejor que el blanco, salvo en la medida en que ambos cumplan su
responsabilidad ante Dios y el hombre. El más honorable entre vosotros a
los ojos de Dios es el más piadoso...
De la misma forma que este mes es sagrado, esta tierra
inviolable y este día son sagrados, así Dios ha hecho sagrados la vida,
propiedad y honor de todo hombre. Despojar a un hombre de su vida, su
propiedad o atacar su honor es tan malvado e injusto como violar la
santidad de este día, este mes y este territorio. Lo que os ordeno hoy no
es sólo para hoy. Tiene valor para todos los tiempos. Se espera de
vosotros que lo recordéis y que actuéis en consecuencia hasta que
abandonéis este mundo y acudáis al próximo a encontraros con vuestro
Hacedor.
Lo que os he dicho, debéis comunicarlo a los confines de
la tierra. Tal vez aquellos que no me han escuchado se beneficien más que
los que me escucharon. (Sihah Sita, Tabari, Hisham, Jamis y Baihaqi).
Este
pasaje es muy intenso y patente. Merece la pena destacar el recordatorio
del Santo Profeta, la paz y bendiciones de Dios sean con él, en el sentido
de que todos somos hijos del mismo padre. Tiene la connotación evidente de
que no debe permitirse que las religiones dividan la hermandad universal
de la humanidad, que se originó en un parentesco único.
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