CAPÍTULO 3

UNA REFUTACIÓN DE LA FILOSOFÍA MAUDUDIANA

 


Los movimientos evangelistas hindúes tomaron un curso violento en los comienzos de los años 20 después del fracaso de la Unión Hindú con el movimiento musulmán Jilafat. El Mahasabha hindú, fundado en Hadwar en 1914 por Pandit Madam Mohan Malaviya (1861-1946) se unió al Arya Samay en su campaña de Shuddi (reconversión y purificación de musulmanes), inicialmente en el Punjab, Provincias Unidas (actualmente Uttar Pradesh), el Deccan y otras partes de la India. Obligando a los musulmanes a "lavar sus impurezas" mediante la total inmersión en un río o en un depósito de agua, las bandas hindúes provocaron disturbios comunales. Entre 1922 y 1926 se produjeron unos 200 enfrentamientos entre hindúes y musulmanes. Se generAlízaron los ataques verbales y escritos al Islam y al Profeta (sa) del Islam. En su celo religioso, los escritores de literatura shuddi reAlízaron ataques difamatorios al Santo Profeta (sa). Un predicador Arya Samay, el Pandit KAlícharan Sharma, escribió su propio informe. Hizo énfasis en la presunta inmorAlídad del Profeta (sa) y en el hecho de que se casó para "corregir" el curso de la historia. Su libro Vichitra Jiwav (Vida extraña), hizo también hincapié en "la expansión del Islam por la espada". Todos los musulmanes de acuerdo con el Pandit Sharma estaban dispuestos al saqueo, el incendio y la destrucción. En mayo de 1924, un editor de Lahore, Raypal, publicó un tratado en urdu de una autor anónimo criticando al Santo Profeta (sa). El tratado, Ranguila Rasul (el profeta Don Juan), sugiere que todos los líderes de las grandes religiones están asociados con grupos de ideas y símbolos. Por ejemplo, el fundador de Arya Samay, Swami Dayanand, había glorificado el celibato e identificado fielmente sus reformas con los vedas.

De forma similar, se ligó estrechamente la vida y fe del Profeta del Islam (sa) con las relaciones con mujeres. Raypal fue posteriormente asesinado por dos jóvenes musulmanes, lo que desembocó en disturbios entre hindúes y musulmanes. Otro hindú escribió un artículo "Viaje al infierno", en Risala-i-Vartman describiendo al Profeta (sa) en el Infierno y dando detalles de sus sufrimientos y "pecados".

     Los áhmadis de la India no dividida se reunieron inmediatamente y derrotaron el movimiento de reconversión en su propio territorio. El Imam del Movimiento Ahmadí del Islam, que en ese momento era Mirza Bashiruddin Mahmud Ahmad, también dio un paso definitivo. Decidió que deberían existir conferencias inter-religiosas, donde los líderes de las diferentes religiones pudieran exponer y explicar sus creencias para derribar los muros de la ignorancia y los prejuicios. Estableció  una conferencia anual con este único fin. Se llamó Yaum-i-Paishwayan-i-Madhabib (El día de los Fundadores religiosos). En ese día, por ejemplo, un musulmán hablaría de la grandeza de Krishna (as) o Buda (as), mientras que un hindú hablaría del Santo Profeta del Islam (sa), corrigiendo los malentendidos que habían sido difundidos por los propagandistas. La actitud ahmadí durante este infortunado tiempo de calumnia y odio, fue que los no musulmanes se educaran y se les diera el mensaje de amor y paz que el Profeta del Islam (sa) dio al mundo. Las acusaciones y las diatribas sectarias no ayudan a los misioneros a predicar su fe. Al contrario, deberían hacer énfasis en los aspectos buenos de su religión. El Imam del Movimiento Ahmadía persuadió también al gobierno de la India- entonces británico- para que se fortaleciera la ley de protección del honor de los líderes religiosos. El gobernador del Punjab, William Hailey, que fue informado por Mirza Bashiruddin Mahmud Ahmad, recomendó que el gobierno de la India modificase la ley prohibiendo el material descaradamente ofensivo al sentimiento religioso (1). El gobierno aceptó el consejo. De acuerdo con lo anterior, se preparó un proyecto de ley para añadir una nueva sección al Código Penal de India, 295A, que considerara una ofensa el insulto o intento de insulto a las creencias religiosas de cualquier tipo de personas. El proyecto de ley se aprobó en 1927 por la Asamblea Legislativa.

     Pero los musulmanes indios se sentían muy molestos e indignados en ese momento. Un calígrafo musulmán Abdul Rashid, escandAlízado por tan mAlíciosos ataques a la vida del Santo Profeta (sa), asesinó al líder shuddi, Swami Sharaddhanand. Rashid fue procesado y colgado. Miles de musulmanes del Delhi fueron a la prisión del Distrito del Delhi a recoger su cuerpo y fue enterrado como un mártir. Esta glorificación del asesinato enfureció a los hindúes, que llamaron al Islam una religión de violencia y fuerza, que confiaba en la Yihad y no en la razón o en la virtud (2). Un joven periodista Abul Ala Maududi, respondió a estas acusaciones en una serie de artículos publicados en Al-Yamiyat, el periódico de Yamiyat Ulama-i-Hind. Estos artículos se publicaron posteriormente en forma de libro, llamado Al-Yihad fil Islam.

     En la primera parte de este libro, Maududi demostró de forma convincente, que las guerras en las que luchó el Profeta del Islam (sa) fueron defensivas. Combatió para establecer la libertad de conciencia y se opuso a todos los intentos de suprimir el trabajo pacífico de la predicación del Islam. Habiendo convencido al lector de que verdaderamente el Islam establecía la libertad de conciencia, el Maulana parece sembrar la duda en su propio argumento añadiendo este corolario:

Esa libertad de conciencia se limita exclusivamente a la fe y a la religión. No significa que la gente tenga libertad de cometer pecados. El Islam no permite el uso de la fuerza para la conversión, pero la fuerza puede usarse, de hecho debe usarse, para evitar que la gente haga el mal. No debe permitirse a los países y culturas no musulmanes practicar actos inmorales y la fuerza utilizada para mantener a estos países libres del vicio debe distinguirse claramente de la fuerza utilizada para convertir a la gente al Islam.

     De esa forma, el Maulana desarrolló un método tortuoso de interpretación del Corán, y de la tradición (Hadiz) del Profeta (sa) para demostrar su opinión.

     Maulana Maududi va un poca más allá en la discusión del uso de la fuerza y explica el objetivo del versículo 29 del Capítulo 9 del Corán. Citándolo fuera de contexto, dice:

Las palabras: "Hasta que paguen el "yizya"", explican totalmente la finAlídad de la guerra (la prevención del vicio). Si las palabras fueran: "hasta que acepten el Islam", entonces, se podría decir que el Islam utiliza la fuerza para extender su fe. Pero las palabras, "hasta que paguen el "yizya", son claras. Conseguir el pago del yizya pone fin a la guerra. Después de esto, la vida y la propiedad de los no musulmanes son inviolables acepten o no el Islam.

     Maulana Maududi comenzó a escribir su libro para demostrar que el Islam proporciona completa libertad de conciencia y que el Santo Profeta (sa) fue a la guerra porque sus oponentes estaban suprimiendo esa misma libertad. Ésta fue la respuesta a las reivindicaciones de los no musulmanes de que el Islam se basa en dos puntos fundamentales: Obligar a la gente a hacer el bien y prevenirles de dar rienda suelta a sus vicios. Puesto que obligar a la gente a hacer el bien está contra la libertad de conciencia, el Islam se abstiene de ello. Pero el Maulana es un poco desmemoriado, pues cita las palabras del Corán que dice que una guerra debe cesar después que los no musulmanes hayan accedido a pagar el "yizya". ¿Cómo puede una guerra comenzada puramente para evitar el vicio ganarse si el enemigo paga el "yizya" sin prometer erradicar el vicio? El objetivo del Maulana fue imponer el impuesto de las personas. Puesto que se había alcanzado un acuerdo para su pago, el segundo principio del Islam, evitar el vicio, se había olvidado convenientemente.

     Sin embargo, la parte final de la lógica de Maulana Maududi, invAlída el objetivo por el que se escribió este libro. Dice:

Cuando todos los métodos de persuasión fallaron, el Profeta (sa) empuñó la espada. Esta espada eliminó la maldad, las impurezas del mal y la suciedad del alma. La espada hizo algo más, eliminó su ceguera para que pudieran ver la luz de la verdad, y curó también su arrogancia, la arrogancia que evita que la gente acepte la verdad; los cuellos estirados y las cabezas orgullosas se inclinaron humildemente.

Tanto en Arabia como en otros países, la expansión del Islam fue tan rápida que, en el transcurso de un siglo, la cuarta parte del mundo aceptó el Islam. Esta conversión tuvo lugar porque la espada del Islam rasgó los velos que habían cubierto los corazones de los hombres (3).

     Esta parte del razonamiento del Maulana derrota su promesa de que el Islam establece la libertad de conciencia. Repugna también al espíritu del Islam. Una equivocación lleva a otra. Finalmente, después de 137 páginas de sofismas, el Maulana declara: "Aunque es incorrecto decir que el Islam convierte por la espada, es también falso decir que la espada no jugó ningún papel en la conversión" (4).

     El Maulana comenzó su libro con la declarada intención de demostrar que las guerras en las que luchó el Santo Profeta (sa), fueron "defensivas". Él combatió para establecer la libertad de conciencia, sin embargo, finAlíza uniendo sus manos con las de los enemigos del Islam. Haciendo esto, el Maulana abre las puertas a los ataques orientAlístas. El prestigio de que goza entre una pequeña pero ruidosa minoría de musulmanes educados en occidente ayuda a los orientAlístas que refuerzan sus argumentos anti-"yihad" con la espada blandida del Maulana para "jugar un papel en la predicación del Islam".

     Menos de dos años después de la Hégira (la huida del Profeta (sa) desde la Mecca a Medina), sus compañeros tuvieron que hacer frente a un millar de ciudadanos de la Mecca decididos a aniquilar el Islam, su Profeta (sa) y sus seguidores. La madrugada del viernes 17 de marzo del 623 (d.C.) (17 Ramadán, 2 D.H.), los habitantes de la Mecca con 700 camellos y con 100 caballos, comenzaron a descender hacia el valle de Badr, desde las laderas de Aqanqal, veinte millas al sur de Medina. Había allí sólo 313 musulmanes para defender el Islam. Tenían solamente dos caballos y disponían de tan pocas armas, que cuando se rompió la espada de Ukkashah, durante el combate, el Profeta (sa) sólo pudo reemplazarla por una estaca de madera que utilizó en su lugar. Su situación llegó a ser tan desesperada que el Profeta (sa) gritó: "¡Al-lah! ¡Si este pequeño grupo de musulmanes es aniquilado hoy, no quedará nadie para adorarte!".

     Como dice Montgomery Watt, Abu Yahl estaba "probablemente esperando liberarse de Muhammad de una vez por todas" (5). Will Durant coincide con Watt: "Si Mahoma hubiese sido vencido, su carrera podría haber terminado allí y entonces" (6). Las esperanzas de Abu Yahl no se cumplieron y los musulmanes se defendieron con éxito contra las fuerzas de los ciudadanos de la Mecca muy superiores y mejor equipadas.

     La historia islámica ha conservado los nombres de 313 Compañeros del Profeta (sa) que defendieron el Islam en el valle de Badr. Cabría preguntarse qué papel jugó la espada en la conversión de estos 300 y pico musulmanes. Entre ellos estaban Abu Bakr, Umar, Uzman y Alí, que sucedieron al Profeta (sa) como Califas. ¿Fue la espada la que eliminó la "escoria" de sus corazones? También estaban Awf b. Hariz, Umar b. Salimah, Muawwidh y muchos más que cayeron ese día. Los detalles exactos de sus conversiones no son del todo desconocidos. ¿Puede alguien decir que la suciedad de sus almas y el mal de sus corazones se limpiaron por la hoja de una espada?

     Los tres grandes Compañeros que lucharon posteriormente con tanta valentía para defender la fe fueron Sad b. Abi Waqqas, Abu Ubaydah b. al-Yarrah y Jalid b. Walid. Ninguno se convirtió al Islam por la fuerza. Cientos de Emigrantes (Muhayirun) y miles de Ayudantes (Ansar) se convirtieron y dieron asilo al Profeta (sa) perseguido. Ninguna espada intervino en su conversión. Estos conversos fueron los frutos del Islam, el orgullo de la humanidad, las señales del camino hacia la última verdad. ¿Qué mayor insulto para ellos que decir que sus corazones fueron purificados por la espada, o sugerir que fue una "falacia decir que la espada no jugó ningún papel en (sus) conversiones"?

     ¿Quiénes eran estas personas antes de la venida del Islam? Antes de Muhammad (sa), Arabia existía como una sola unidad política, tal y como puntualizó Will Durant. Dijo: "En la nomenclatura poco cuidadosa de los griegos que llamaron a toda la población de la península "Sarakenoi" (sarracenos), aparentemente del árabe "sharqiun", "orientales" (7). Antes fueron llamados "Árabes Escenitas", árabes que vivían en tiendas (procedente de la palabra griega "skene", tienda). Vivían en una tierra árida y los problemas de comunicación justificaban la existencia de una independencia tribal. Durante el II milenio antes de la era cristiana, los árabes domesticaron el camello, un animal perfectamente adaptado al desierto. Proporcionaba leche para el sustento y orina para uso médico. Su carne era tierna y con su piel y su pelo hacían tiendas y tejidos. Incluso sus excrementos podían utilizarse como combustible. Podía caminar veinticinco días en invierno y cinco días en verano sin necesidad de agua. Pequeños grupos de nómadas seguían a los camellos que eran su principal recurso. Aloy Sprenger resumió toda la historia sarracena pre-islámica describiendo a los árabes como los "parásitos de los camellos".

Los árabes no sentían ningún deber de lealtad hacia ningún grupo más grande que su propia tribu, pero la intensidad de su devoción variaba inversamente a su extensión; por su tribu, solían hacer conscientemente lo que la gente civilizada sólo hace por su país, religión o raza, es decir, mentir, robar, matar y morir (8).

No se sentían obligados por ninguna ley escrita y no existía Estado que les obligase a cumplirla.

     Los árabes lloraban el nacimiento de hijas y ocultaban sus rostros avergonzados. Algunas veces se mataba a las hijas al nacer. Si sobrevivían su encanto natural podía proporcionarles unos cuantos años de amor de sus maridos y amantes, que irían al fin del mundo para defender su honor. Pero no eran más que objetos de propiedad. Formaban parte de la hacienda de sus padres, maridos o hijos y eran legadas con otras pertenencias. También eran esclavas, raramente amigas de sus padres, maridos o hermanos.

     Los árabes concedían escasa consideración a la vida ultraterrena. Ofrecían sacrificios humanos y adoraban piedras "sagradas". El centro de adoración de la piedra fue la Mecca. En los días pre-musulmanes había varios ídolos en la Kaaba que, supuestamente, representaban a dioses. El gran dios de la Mecca era Hubal, un ídolo hecho de cornalina. Pero en la Hiyaz, tres diosas, Lat, Manat y Uzza, tenían el orgullo de ser reconocidas como las hijas de Dios.

     Fornidos y robustos, los árabes podían vivir con tan sólo unos cuantos dátiles y algo de leche de camella. Procedente de la palmera datilera obtenían un vino que les elevaba a vuelos poéticos de imaginación y aventuras. Sus vidas alternaban entre el amor y la guerra y estaban prestos a vengar, insultar e injuriar no sólo en su nombre, sino también en el de su tribu.

     La ley era ojo por ojo y diente por diente. Al vengador que no pudiese matar a su injuriador le esperaba una vergüenza infinita. Una gran parte de su vida se consumía en venganzas tribales (en árabe "za'r"). En la historia de la Arabia pre-islámica, "Ayyam ul-Arab" (Días de los árabes) era el nombre que se aplicaba a las batallas entre los propios árabes. Días especiales se llamaban por ejemplo, Día de Buaz o Días de al-Fiyar. Estas hostilidades inter-tribales surgían generalmente de disputas sobre ganado, terrenos o manantiales. Una de las más famosas fue la que sostuvieron Banu-Bakr y sus parientes los Banu-Taghlib sobre una camella propiedad de una anciana de Bakr llamada Basus. Un jefe Tahgilb había herido a la camella..... ¡el resultado fue una guerra que duró cuarenta años! sólo terminó cuando ambas tribus quedaron exhaustas. Otra famosa guerra fue la del Día de Dahis y Al-Ghabra, que estalló por la conducta desleal de dos caciques en una carrera entre un caballo (llamado Dahis) y una yegua (llamada Al-Ghabra). La guerra se declaró poco después de que finalizase el conflicto Basus y continuó a intervalos durante varias décadas.

     Éste era el fondo social en el que se educó Muhammad (sa) y ésas eran las personas a las que Dios concedió la primera oportunidad de abrazar la fe de un profeta perseguido.

     Sugerir que estas personas feroces y guerreras, que solían lanzar el grito de guerra al arrojar el gorro, pudieron ser convertidas por la fuerza, es contradecir la historia. Además, degrada la fe de esos pioneros que pusieron sus vida en peligro para defender el Islam en la batalla de Badr.

     Usayd b. Hudayr, Sad b. Jayzamah, Asd b. Zurahah, Abdullah b. Rawahah, Sad b. Ubadah, Munzir b. Amir, Bara b. Marur, Ubadah b. as-Sami, Rafi b. Malik y muchos otros ayudantes recorrieron todo el camino que va de Medina a la Mecca para abrazar el Islam. Insinuar que la espada jugó un papel en su conversión es también negar el hecho histórico.

     Mientras en la historia del Cristianismo, la religión convierte las espadas en arados (9), la interpretación de Maulana Maududi de la historia islámica, nos pide que creamos que la espada prepara el terreno del alma para recibir la semilla de la religión (10). ¿Fue la espada del Santo Profeta (sa), o fueron unos cuantos versículos del Santo Corán los que cambiaron a Umar b. Jattab, enemigo implacable del Islam, en un devoto servidor del mismo?

     En los primeros días de la persecución del Profeta (sa), Umar, un testarudo joven de 26 años decidió matar al Profeta (sa) borrando de esa forma el principal motivo de división entre los Quraysh. En su camino hacia la casa del Profeta (sa) se encontró con Nuaim b. Abdullah que presintió sus malas intenciones y dijo: "¡Oh Umar!¡ Vuelve a tu casa con tu gente! tu hermana Fátima y tu cuñado Said han abrazado la religión de Muhammad". Y sin mediar palabra, Umar fue directo a la casa de su hermana donde un compañero, Jabbab estaba recitando los versículos que abren el Surah Ta-Ha (XX). Tan pronto como Umar entró, Jabbab se escondió en un rincón y Fátima guardó las páginas del Corán entre sus ropas. Pero Umar había llegado a oír la recitación de Jabbab y atacó tanto a Said como a Fátima. Cuando Fátima estuvo cubierta de sangre, se ablandó y pidió ver los versículos. Los leyó y exclamó: "¡Qué bellas y nobles son estas palabras!" Y fue directamente a la casa de Arqam, donde el Profeta (sa) estaba sentado con sus Compañeros. Gritó: "¡Oh Mensajero de Al-lah! He venido para declarar mi fe en Al-lah y su Mensajero y en lo que ha traído de Al-lah".

     ¿Por qué está Maulana Maududi tan decidido a pintar un cuadro violento del Islam? ¿Por qué hay contradicciones en su teoría del "yihad"? Una mirada al fondo y a las condiciones bajo las que Maulana escribió su libro "Al-Yihad fil Islam" puede ayudarnos a responder a estas preguntas.

     Syed Abul Ala-Maududi pasó su niñez y primera juventud en Hyderabad (Deccan), donde todavía reinaba Nizam al estilo del gran Mogol y donde su primer ministro hindú cantaba las alabanzas del Santo Profeta (sa) (11). En las encrucijadas de norte a sur y de este a oeste estaba la última fortaleza de la cultura Mogol en India, predominantemente musulmana. En un Estado donde la población era abrumadoramente hindú (más del 80%) y los musulmanes eran una pequeña minoría (sólo el 10%), el gobernante, aunque sin poder efectivo, todavía recordaba la gloria pasada del gobierno Mogol. Era un mundo irreal. La corte con su nobleza Paigah, chambelanes, tropas de la guardia real, brocados "sherwanis", ceremoniosos "dastar" (turbantes), "baglus" (broches) y magnífica joyería, era un recordatorio de la Corte de Delhi antes de ser destrozada por Nadir Shah (1739). Había mercenarios árabes con dagas doradas y largos mosquetes y el ejército regular con toda la parafernalia de la guerra moderna. Los rayás y maharayahs, algunos de los cuales reinaban sobre áreas más extensas que los estados hindúes de la India británica, ocupaban los lugares de mayor honor en el gobierno de Nizam y formaban parte de un cuadro surrealista de tolerancia musulmana y lealtad hindú.

     Aunque la cultura Hyderabadi tenía una raíz india, era fundamentalmente musulmana en la forma. La organización social todavía era feudal pero no en un sentido primitivo. Era muy culta, con una gran elegancia en los modales y sobre todo, una tolerancia y mutuo respeto que podrían ser sumamente significativos para nuestra generación si quisiéramos escuchar (12).

     En esta Hyderabad se formó la personalidad del joven Maududi (13). Sensible e impresionable comenzó su carrera periodística en 1918 formando parte de la redacción del "Medina" (Bijnore). Después de trabajar como director en el "Taj" (Yabalpur), ocupó la dirección de "Al-Yamiyat"(Delhi) en 1925. El movimiento "shuddi" estaba en su apogeo y, como he mencionado anteriormente, en este momento el joven director de "Al-Yamiyat" comenzó a escribir sus artículos. Estaban obviamente escritos bajo la presión de su trabajo diario y todos ellos terminados en el transcurso de seis meses (14). Maududi empezó a escribir estos artículos "más como un nacionalista que como un fanático religioso", pero tras un estudio posterior de la literatura islámica, todo lo que pudo leer en seis meses y sin ninguna instrucción islámica, se convirtió en un predicador religioso (15). Tanto sus artículos en "Al-Yihad fil Islam" como la total evolución de su propio pensamiento fueron muy poco sistemáticos. Comenzó escribiendo el libro como un nacionalista indio (16) y, como tal, su objetivo era demostrar a los hindúes de la India y en especial a Gandhi que el Islam no era una religión de violencia. En una alocución pronunciada en la Mezquita Yami, Delhi, el gran líder musulmán de la India, Maulana Muhammad Alí Jowhar, dijo que desearía que un musulmán escribiera un libro puntualizando que el Islam no tenía nada que ver con la violencia. El joven Maududi estaba entre la audiencia y decidió aceptar el reto (17). Así, en los primeros ejemplares de sus artículos, indicó a los hindúes que el Islam no era la religión de la espada. Pero nuestro autor nació y se crió en un reino musulmán donde la mayoría hindú estaba bajo un líder musulmán.

     El escritor de dos libros sobre la historia de Hyderabad (18) estaba impregnado del poder de la autoridad política. Pronto contradijo sus propios argumentos contra el "yihad" de la espada. Este musulmán hyderabadi había declarado: "Es una falacia decir que la espada no jugó un papel en la conversión". El joven periodista no era ni un historiador ni un erudito de la religión. No pudo entender que, aunque las dinastías musulmanas gobernaran el Deccan durante 600 años, la abrumadora mayoría en esa zona seguía siendo hindú. El poder político en manos musulmanas nunca ha ayudado a la conversión al Islam. El autor de "Yihad fil Islam" tenía sólo 24 años. Y el Maulana, incluso a la edad de 65 años seguía siendo "superficial". Como observó el Prof. Fazlur Rahman:

Maududi, aunque no era un "alim", era sin embargo, un autodidacta de considerable inteligencia y suficiente conocimiento... no era bajo ningún concepto un erudito exacto o profundo, pero, sin duda, era como un viento fresco en la sofocante atmósfera islámica creada por las tradicionales madrasas.... Pero Maududi no muestra en ninguna parte la visión mayor y más profunda del papel del Islam en el mundo. Al ser un periodista más que un erudito serio, escribió a gran velocidad y con la consiguiente superficialidad para alimentar a sus ávidos jóvenes lectores, y escribió sin parar.... Ningún seguidor de Maududi llegó a ser jamás un serio estudiante del Islam, resultando que, para los fieles, las afirmaciones de Maududi representaban la última palabra del Islam sin importar mucho, cuán descaradamente se contradecía de vez en cuando en temas tan básicos como política económica y teoría política (19).

     El fallecido Mufti Kifayatullah de Delhi sostenía la misma opinión. Dijo: "Conozco a Maulana Abul Ala Maududi. No ha aprendido de, ni ha sido disciplinado por un erudito de reputación. Se le lee fácilmente "pero su conocimiento de la religión es débil" (20).

     El fallecido Maulana Husain Ahmad Madani previó el peligro muy claramente y dijo:

Sus panfletos y libros contienen opiniones anti-religiosas y heréticas aunque escritos con adornos teológicos. Los lectores profanos no pueden ver a través de estos adornos. Como resultado rechazan el Islam traído por el Santo Profeta; el Islam seguido por el Ummat-i-Muhammadiya durante los últimos 1350 años(21).

     En una de sus cartas, Maulana Qari Muhammad Tayyab escribió: "Habiendo leído los escritos de Maududi Sahib, he llegado a la conclusión de que no adquirió las disciplinas de la filosofía y misticismos auténticos musulmanes. No puede escribir sobre ellos con autoridad" (22).

     El fallecido Maulana Ahmad Alí Lahauri también escribió en el mismo sentido:

Maududi Sahib quiere presentar un "nuevo Islam" a los musulmanes. Y los musulmanes no aceptarán un "nuevo Islam" a no ser que el viejo Islam, del cual han sido seguidores en los último 1350 años, sea completamente destruido y se demuestre que el Islam se ha vuelto irrelevante e impracticable (23).

     Maulana Maududi, como hemos visto, no era ni un historiador ni un erudito de la religión. Era esencialmente un periodista y tenía las dos cualidades básicas de esta profesión: un buen dominio de la lengua urdu y la capacidad de escribir rápidamente. El "Al-Yamiyat" era una publicación bisemanal en ese momento y tenía que escribir su columna sobre "yihad" en el transcurso de dos o tres días, además de dirigir su periódico. No teniendo experiencia en la investigación ni tiempo para ello, equivocó la batalla de Hunayn (30 enero 630), que tuvo lugar poco después de la sumisión de la Mecca (11 enero), como un punto decisivo en la historia islámica. Puesto que los enemigos del Islam fueron definitivamente vencidos en Hunayn, el Maulana llegó a la conclusión de que esta victoria y el poder político ganado a través de la misma fueron quienes ayudaron a la conversión de toda Arabia al Islam. Maulana Maududi no es el único en sacar esta conclusión. Los orientalistas, que no ven fuerza moral o espiritual en las enseñanzas islámicas y que son incapaces de entender los grandes milagros realizados por nuestro Santo Profeta (sa), han supeditado siempre la expansión musulmana a la fuerza. Los orientalistas dividieron la vida del Profeta (sa) en dos partes: la primera, el período de la persecución de la Mecca y la segunda, la conquista después de su huida a Medina. Nuestro joven periodista, Abul Ala Maududi, con su superficial conocimiento de la historia islámica aceptó esta aparentemente simplista pero, en realidad muy ingeniosa división de la vida del Santo Profeta (sa).

     El conflicto armado, la guerra, y las amenazas de guerra fueron impuestos constantemente al Profeta (sa). Después de que huyera a Medina los paganos de la Mecca y los judíos de Medina animados por los hipócritas, conspiraron activamente contra el Islam. Fomentaron el odio contra los musulmanes e hicieron trabajar enfervorizadamente a los árabes paganos contra el Santo Profeta (sa). Todas las acciones defensivas que los musulmanes se vieron obligados a tomar obstruyeron la misión básica del Profeta (sa). Los musulmanes necesitaban paz pero como nuestra exposición demostrará, esa paz fue deliberadamente perturbada para impedirles propagar la nueva fe.

 1 Los enemigos del Islam usaron todos los medios de comunicación contra el Islam. Para los árabes, los poetas era historiadores, genealogistas, satíricos, morAlístas y fuentes de sabiduría (24). El poeta era el "atizador de la batalla" (25) y "el periodista de la época" (26). Los Ansar (los musulmanes de Medina) fueron acusados de deshonrarse a sí mismos por someterse a un extraño. Asma bint Marwan de Umayyah b. Zayd compuso versos mofándose e insultando a los musulmanes de Medina. dijo:

Cobardes (27) de Malik y Nabit

Y cobardes de Awf y Jazraj

Obedecéis a un extranjero que no os pertenece

Que no es ni un Murad ni un Mad'hiy (28)

¿Cómo podéis confiar en él

mientras vuestros propios jefes han sido asesinados

lo mismo que la gente codiciosa mira hacia

la olla donde se cocina la sopa?

¿No hay entre vosotros ningún hombre de honor

que se aproveche de un momento de descuido

para cortar las esperanzas de las gaviotas?(29)

     El poeta centenario de la clase Jazrayita, Abu Afak, insultó a los habitantes de Medina con los siguientes versos:

He vivido mucho tiempo, pero

jamás he visto

una familia o un grupo de gente

más leal y fiel a

sus aliados,

que la de los Hijos de Qayla (30),

cuando van a visitarlos,

como un racimo.

Antes de que se sometan se desmoronarán las montañas.

sin embargo, he aquí que se ha introducido entre ellos

un caballero que los ha dividido.

(Dice), de todas las cosas, "Esto está permitido,

esto está prohibido".

Pero, si habíais creído en la fuerza

y en poder ¿por qué no seguisteis

a Tubba? (31)

     Los Tubbas eran unos reyes del sur de Arabia que gozaban de una gran reputación. En efecto, Abu Akaf preguntó a los Ansar, "En otro tiempo os opusisteis a Tubba ¿qué os ha ocurrido ahora para que aceptéis las pretensiones de un refugiado de la Mecca?". Mientras Asma y Abu Akaf avergonzaban a los Ansar, el poeta judío Kab b. al-Ashraf (32), enfurecido por la victoria musulmana en Badr, recorrió todo el camino hasta la Mecca para animar a los Quraish contra el Santo Profeta (sa). Jugó con la debilidad de los árabes para incitarles a la venganza:

El molinero de Badr molió la sangre de su pueblo.

Ante acontecimientos como el de Badr uno debe

sollozar y llorar.

Los mejores fueron muertos al pie de sus aljibes.

No os extrañéis de que se dejara tendidos a los príncipes

Cuántos hombres nobles y distinguidos,

el refugio de los desamparados, fueron asesinados,

generosos cuando las estrellas no dan la lluvia (33).

 2 La venganza, como hemos observado anteriormente, fue uno de los pilares de la sociedad árabe pre-islámica. De este modo, cuando un musulmán mataba a un combatiente pagano en un conflicto armado, sus herederos juraban vengar su muerte y toda la tribu acusaba al Islam de la misma. Se olvidaba oportunamente el hecho de que los conflictos era iniciados por los propios paganos.

 3 La misión del Santo Profeta (sa) se vio restringida a una pequeña área de Arabia a causa de la hostilidad general contra él. Los misioneros no podían llevar el mensaje del Islam a toda la península.

 4 Muchos árabes habían aceptado el Islam, pero el miedo a la guerra les hacía temerosos de declarar su nueva fe.

 5 Convertirse a una nueva religión requiere compromiso y valor, aun cuando no corran riesgo el honor y la vida misma. En este caso, la aceptación del Islam suponía algo más que la adhesión a una sociedad religiosa; suponía tomar las armas para su defensa. Como los musulmanes en esta época estaban desarmados y eran débiles, era suicida unirse a ellos.

 6 La autodefensa mantuvo a los musulmanes tan ocupados, que les quedó muy poco tiempo para propagar su fe.

Si nuestra premisa es correcta, el fin de las hostilidades debería haber reforzado de forma inmediata la difusión del Islam. Como veremos, esto es exactamente lo que ocurrió. La Mecca se conquistó en enero del año 630. Eso, según los orientalistas y los enemigos del Islam, fue el punto decisivo de la historia islámica. Si eso fuera verdad, se podría decir verdaderamente, que la espada había jugado un papel en la propagación del Islam. Pero la historia cuenta un relato bastante diferente. Las hostilidades entre los musulmanes y los árabes paganos finalizaron con la tregua de Al-Hudaybiya (34) (marzo del año 628). Los términos de la tregua parecieron ser tan degradantes, que Umar no pudo contenerse y preguntó al Profeta (sa): "¿Por qué nos rendimos de una forma tan sumisa contra el honor de nuestra religión?". Los habitantes de la Mecca creyeron que era una victoria, pero esta tregua en el conflicto armado dio al Santo Profeta (sa) mucho más tiempo para propagar la fe. El alcance de su éxito puede medirse por los 10.000 musulmanes que marcharon a la Mecca con él en enero del año 630. Anteriormente, su mayor baluarte estuvo constituido por 3.000 hombres. Ésta era la fortaleza del ejército musulmán que defendió Medina cuando fue sitiada por un ejército de 10.000 árabes paganos (35). Los 7.000 hombres adicionales se convirtieron obviamente al Islam durante la tregua de dos años. Gente como Amr b. al-As y Jalid b. Walid se convirtieron durante este tiempo. El éxito de esta penetración pacífica del Islam fue tan grande, que un desconcertado Montgomery Watt la cuenta "entre los imponderables" y añade: "La primera entre las razones de este éxito de Muhammad fue la atracción del Islam y su relevancia como sistema religioso y social para las necesidades religiosas y sociales de los árabes" (36). Watt dice también, como dirigiéndose directamente al propio Maulana Maududi:

Si Muhammad no hubiese podido mantener y fortalecer su dominio sobre los musulmanes mediante el ascendiente de las ideas del Islam sobre sus imaginaciones, y si no hubiese sido capaz de atraer nuevos conversos al Islam, el tratado de Al-Hudaybiya no habría trabajado en su favor...Cualquier historiador no predispuesto en favor del materialismo tiene que admitir también como factores de suprema importancia la creencia de Muhammad en el mensaje del Corán, su creencia en la estructura del Islam como un sistema religioso y político, y su resuelta dedicación a la misión a la que, según creía, Dios le había llamado.... Esta expedición y tratado marcan una nueva iniciativa por parte de Muhammad (37).

Es triste observar que mientras un orientalista condiciona el éxito del Santo Profeta (sa) al "ascendiente de las ideas religiosas del Islam", un líder musulmán de la talla de Maulana Maududi insiste en que muchos miles de árabes aceptaron el Islam mediante el imperio de la espada tras la batalla de Hunayn. Si estas fueron las personas cuyas almas fueron limpiadas con la hoja de la espada, entonces también fueron las primeras personas en sublevarse tras la muerte del Profeta (sa). Sin embargo, esa respuesta al argumento de Maulana no explica la sublevación.

     En el pasado, era difícil viajar. No había carreteras y, por lo tanto, no podía garantizarse la seguridad. Por consiguiente, era imposible que los árabes se acercaran al Profeta (sa) para tener enseñanzas del Islam de primera mano y que el Profeta visitara todas las regiones de la Península. La costumbre árabe era enviar una delegación tribal al Profeta (sa) o que una delegación musulmana fuese enviada a las tribus para entregar el mensaje del Islam. Se producían discusiones y debates y tras cada pregunta la tribu aceptaba lo que los miembros de la delegación o los ancianos de la tribu decidían. De esa forma, hubo un gran número de conversos que no gozaron de la oportunidad de beneficiarse directamente de las enseñanzas del Profeta (sa); nunca le habían visto. Ni siquiera tuvieron ocasión de pasar tiempo junto a los Compañeros del Profeta (sa). La religión es una experiencia personal y se aprende especialmente mediante el ejemplo y la inspiración, cosas no asequibles a los nuevos conversos. La desgracia se agravó por la muerte del Santo Profeta (sa) poco después de su conversión. El horizonte árabe estaba algo más que oscuro a la muerte de Mohammad (sa). Podemos aprender muchísimo de ese período de la historia. Cuando la gente rechaza al profeta de su época y extingue su luz por la fuerza es severamente castigada por ello.

     Una consecuencia de ese castigo es que la mayor parte de la gente ve la luz del "imán" (crencia) cuando la fuente de dicha luz está a punto de extinguirse. A veces, la gente sólo reconoce al profeta mucho después de su muerte. ¡Qué castigo! Perseguir a un profeta mientras está vivo y aceptarle sólo cuando se ha ido.

     Puesto que Maulana Maududi se unió a los peores enemigos del Islam argumentando que la espada jugó un papel en la predicación del Islam, examinaremos de nuevo la vida del Profeta (sa) para ver si en alguna etapa la gente se convirtió contra su voluntad.

     La división de la vida del Santo Profeta (sa) en dos períodos, el de la Mecca y el de Medina parece lógico, pero en realidad es una simplificación excesiva. Después de la Hégira, el Profeta (sa) y los Emigrantes habían escapado de la persecución, pero la lucha por la supervivencia no finalizó. Sería más lógico dividir la vida del Profeta (sa) en tres fases: la primera, sería el período hasta su huida a Medina y la segunda, el período desde su huida hasta la tregua de Hudaybiyah, que también fue un período de persecución, la tercera, sería desde la tregua hasta la rendición de la Mecca. (Aunque se permitió a los musulmanes defenderse, no pudieron competir con la oposición pagana en plan de igualdad. Medina era la única ciudad donde vivían los musulmanes, pero no la controlaban. Las tres tribus judías y los miembros no musulmanes de los Aws y los Jazraj dominaban la ciudad. La magnitud de los ejércitos opositores en la batalla de Badr (38) representaba su fuerza real. Por consiguiente, se debería considerar a este período como una prolongación del período de amarga lucha). El tercer período comienza con la tregua de Hudaybiyah y termina con la rendición de la Mecca. Fue un período de paz. Los paganos de la Mecca no atacaron a los musulmanes aunque se produjeron algunas escaramuzas con los judíos y algunas tribus árabes que rompieron sus acuerdos con los musulmanes.

     El primer período de persecución duró trece años. Durante ese tiempo no hubo lugar a la conversión por la fuerza. Incluso los orientalistas coinciden en eso. De hecho, la gente aceptó el Islam a pesar de la persecución de los habitantes de la Mecca. A los musulmanes que aceptaron en ese momento el Islam en la Mecca, se les llamó "Muhayirs" (Emigrantes), y es un hecho histórico que ningún Emigrante se convirtió contra su voluntad.

     Los musulmanes ofrecieron resistencia armada durante el segundo período de su persecución. Un crítico podría pensar que durante ese conflicto armado alguien por lo menos, podría haber sido obligado a aceptar el Islam. Pero la historia del período está totalmente documentada. La mayoría de los musulmanes de Medina pertenecía a dos tribus árabes, los Aws y los Jazraj. Éstos fueron los que habían invitado al Santo Profeta (sa) a ir a Medina. Cuando se encontraron en Aqbah dijo: "Hago con vosotros este pacto a condición de que la lealtad que me prometéis os obligue a protegerme del mismo modo que a vuestras mujeres y niños”. El jefe Jariyita, Bara, que se puso en pie para contestar, tomó la mano del Profeta (sa) y dijo:

Por Él que te envió con la verdad, te protegeremos como les protegemos. Acepta pues la promesa de nuestra lealtad, Oh Mensajero de Dios, pues somos hombres guerreros que poseemos armas legadas de padres a hijos.

Éstas fueron las personas que recorrieron todo el camino desde Yazrib (Medina) a la Mecca para ofrecer sus espadas al Profeta (sa) y que ahora les conocemos como Ansar (Ayudantes).

     Unos cuantos judíos de Medina y un pequeño número de árabes de ciudades lejanas también se hicieron musulmanes, pero ninguno aceptó su nueva fe por la coacción o como resultado de un conflicto armado. Durante este período la expansión del Islam en la Mecca fue inexorable y, a pesar de una mayor persecución, los árabes de la Mecca continuaron aceptando el Islam. De nuevo no participó la fuerza.

     La conversión de prisioneros de guerra es la única posible remota excepción. Antes de referirnos a este punto aclaremos un malentendido. Las palabras "ghazwah" y "sariyah" no significan "guerra" ni siquiera "conflicto armado". Significan solamente "una expedición" bajo estos títulos se agrupa a: exploradores, patrullas, embajadas, grupos de rescate, perseguidores de salteadores de caminos e incluso simples expediciones de Compañeros para predicar. Las expediciones se conocían como "sariyah", pero si el Profeta (sa) las encabezaba se llamaban "ghazwah". Por ejemplo, la primera expedición que el Profeta (sa) condujo fue a Al-Abwa, donde estaba enterrada su madre. Le acompañaron sesenta Muhayirs. El Santo Profeta (sa) permaneció allí unos cuantos días y firmó un tratado de amistad con el jefe de los Bunu Damrah. Poco después, el Profeta (sa) tuvo que perseguir a Kurz al-Fihri. Como puntualiza Watt, "Fue un intento de castigar a un filibustero de la región vecina por robar algún camello de los pastizales de Medina" (39). La expedición, de nuevo en palabras de Watt " Ilustra los peligros contra los que (el Santo Profeta (sa)) tuvo que estar constantemente en guardia" (40). Entre la Hégira y la tregua de Hudaybiyah hubo unas cincuenta expediciones semejantes. De ellas, tres conflictos tomaron las proporciones de guerra a gran escala: Badr, Uhud y Ahzab. En el conflicto armado con B. Mustaliq se tomaron más de cien prisioneros, pero todos ellos fueron liberados sin rescate. En algunas expediciones menores donde se capturaron dos o tres prisioneros, también fueron puestos en libertad sin condiciones. En la batalla de Badr se hicieron setenta y dos prisioneros de guerra. Dos de ellos fueron ejecutados por crímenes anteriores, el resto fue puesto en libertad tras el pago de un rescate. Eso, en algunos casos, se limitó tan sólo a enseñar a los niños de Ansar a leer y a escribir.

     El tercer período comenzó con la tregua de Hudaybiyah y terminó con la rendición de la Mecca. Durante este período se realizaron veintidós expediciones. De ellas, sólo tres conflictos produjeron el apresamiento de prisioneros de guerra. El Profeta (sa) había enviado a Dihyah b. Jalifah al-Kalbi como emisario a César. En su viaje de vuelta, Dihyah fue despojado por Al-Hunayd y otros miembros de la tribu de Jurham de los presentes bizantinos que llevaba para el Santo Profeta (sa). El Profeta (sa) envió una expedición al mando de Zayd b. Hariza para castigar a Al-Hunayd y sus aliados. Los prisioneros que se hicieron en la consiguiente escaramuza fueron liberados tras su arrepentimiento. Bashir b. Sad condujo con éxito una expedición contra los Ghatfan, que estaban aliados con los judíos de Medina y los paganos de la Mecca. Se prendió a un pequeño número de prisioneros pero no se sabe lo que les ocurrió. Igualmente, se envió una expedición para castigar a B. Bani Kilab. Un grupo de B. Uraynah que vivía entre los B. Kilab, cayó enfermo en su camino a Medina y aceptó el Islam. Como padecían de fiebres, fueron enviados a los pastos del Profeta (sa) para alimentarse con buena comida y leche. Pero, cuando recuperaron sus fuerzas, asesinaron cruelmente a los cuidadores del rebaño y robaron  quince camellos. Fueron castigados. Probablemente hubo un pequeño número de prisioneros pero se desconocen los detalles.

     Este examen tan detallado demuestra que desde la Hégira hasta la rendición de la Mecca no se obligó a convertirse a un solo prisionero de guerra. No hay evidencia para sugerir que la suciedad de sus almas fue eliminada por la hoja de la espada. Al contrario, se permitió que estos prisioneros volviesen a su paganismo.

     El período final de la vida del Santo Profeta (sa) comenzó con la rendición de la Mecca, o el día de la conquista de los corazones. La victoria del Islam sobre los habitantes de la Mecca demostró de forma concluyente, que la expansión del Islam no estuvo ni por un momento conectada con la violencia. Ni una sola persona fue convertida a la fuerza.

     Abu Sufyan, el mayor enemigo del Islam, que se hizo musulmán la víspera de la entrada triunfal del Profeta (sa) en la Mecca, observó al ejército musulmán desde un punto panorámico cerca de la ciudad. El tío del Santo Profeta (sa), Abbas, estaba con él. Lo que Abu Sufyan vio ha sido descrito intensamente por Martin Lings:

Marchaban ejército tras ejército y, a su paso Abu Sufyan preguntaba quiénes eran, y a cada instante se maravillaba bien porque la tribu en cuestión había estado hasta ese momento más allá de la línea de influencia de Quraish o porque recientemente había sido hostil al Profeta, como era el caso del clan gatafanita de Ashja, una de cuyas enseñas era llevada por Nuaym, antiguo amigo suyo y de Suhayl.

"De todos los árabes, dijo Abu Sufyan, éstos eran los enemigos más acérrimos de Muhammad".

"Dios fue la causa de que el Islam entrara en sus corazones", dijo Abbas. "Todo es por la gracia de Dios"(41).

¿Fue la espada quien los convirtió? Y cuando el Profeta (sa) entró en la Mecca con sus 10.000 hombres ¿Se vengó de los trece años de persecución? La idea del desquite estaba ciertamente en algunas mentes. Cuando Sad ibn Ubada vio a Abu Sufyan dijo: "Oh Abu Sufyan, éste es el día del exterminio, el día en que lo inviolable será violado, el día de la humillación de Dios de los Quraish". Cuando Abu Sufyan repitió al Santo Profeta (sa) lo que le había dicho Sad, el Profeta (sa) respondió: "Éste el día de la misericordia, el día en que Dios ha exaltado a los Quraish". Se proclamó una amnistía general. Utilizando las palabras de José (as), como muestra el Corán, Muhammad dijo: "En verdad digo lo que mi hermano José. No caerán reproches en este día. ¡Qué Al-lah os perdone!. Pues Él es el Sumo Misericordioso entre los que muestran misericordia"(12.93).

     Washington Irving, que no era precisamente un observador benévolo del Islam, describe la entrada del Santo Profeta (sa) en la Mecca de la siguiente manera:

El sol acababa de salir cuando entró por las puertas de su ciudad natal, con la gloria de un conquistador pero con el ropaje y la humildad de un peregrino. Entró repitiendo los versículos del Corán que decía le habían sido revelados en Medina y que profetizaban el acontecimiento. Triunfó con el espíritu de un fanático religioso, "no de un guerrero".(42)

Los líderes de la Mecca que se opusieron al Profeta (sa) con todos los medios a su alcance, no sólo fueron magnánimamente perdonados sino que, también, como incluso admite Montgomery Watt:"No fueron obligados a hacerse musulmanes; ellos, y sin duda muchos otros, permanecieron paganos al menos hasta pasado Al-Yiranah"(43). Maxime Rodinson coincide con Watt: "No parece que nadie se sintiera obligado a abrazar el Islam"(44).

     Si los críticos del Islam hubiesen tenido la más mínima sospecha de conversión por la fuerza en nuestras fuentes primarias del "hadiz" o "sirah", habrían obtenido un gran éxito. Comparemos ahora de nuevo las opiniones de Irving, Watt y Rodinson con lo que dijo al respecto el Maulana Maududi: "Cuando todos los métodos de persuasión fallaron el Profeta (sa) empuñó la espada. Esa espada eliminó la maldad, las impurezas del mal y la suciedad del alma".

     La conquista de la Mecca quedará grabada en las páginas de la historia para siempre. Ese día continuará absolviendo al Profeta (sa), la Misericordia de la Humanidad, de las acusaciones de violencia y fuerza que el Maulana Maududi le ha imputado. Que un orientalista no musulmán, Stanley Lane-Poole, tuviera que corregir el error de Maududi, es una tragedia de tal magnitud que afligiría el corazón de todos los musulmanes. Lane-Poole dice:

El día del mayor triunfo de Muhammad sobre sus enemigos, fue también el día de su mayor victoria sobre si mismo. Perdonó libremente a los Quraish de todos los años de tristeza y cruel desprecio a los que le habían sometido y concedió una amnistía a toda la población de la Mecca.(45)

La última fase de la vida del Profeta (sa) comienza con la conquista de la Mecca y termina con su muerte. Hubo siete expediciones durante este período, no se produjeron luchas en absoluto en tres de ellas y no se hicieron prisioneros. En las cuatro restantes se capturaron más de 6.000 prisioneros. Y ¿qué pasó con estos prisioneros? La lógica de Maududi nos llevaría a creer que ésta habría sido la ocasión perfecta para eliminar la suciedad de las almas de los prisioneros y convertirlos al Islam. La historia nos cuenta algo diferente.

     En la batalla de Hunayn se hicieron 6.000 prisioneros. El Santo Profeta (sa) había pasado su infancia con uno de los clanes de esta tribu como un niño adoptado. Entre los prisioneros, una anciana protestaba a su capturador diciendo: "¡Por Dios, soy la hermana de tu jefe!" La mujer fue conducida ante el Santo Profeta (sa) que verificó que se trataba verdaderamente de una de sus hermanas de leche, Shayma. El Profeta (sa) extendió su manto y la invitó a sentarse. Con lágrimas en los ojos preguntó por Halimah, su madre adoptiva. No hubo una sola palabra de reproche. El Profeta (sa) no preguntó por qué la tribu no había pensado en su hijo adoptivo antes de ir a la guerra. Al contrario dijo: "Hasta aquí los que han luchado contra mí y contra los hijos de Abdul-Muttalib son tuyos, y suplicaré a los otros hombres en tu nombre". Cuando otros musulmanes oyeron esto dijeron: "Lo que nos pertenece, pertenece al Santo Profeta (sa)", e inmediatamente le entregaron sus cautivos. De esta forma, los 6.000 prisioneros fueron puestos en libertad. La espada no jugó ningún papel en su conversión. El Santo Profeta (sa) regaló a su hermana de leche camellos, ovejas y cabras. Hariz, el hermano del padre adoptivo del Santo Profeta (sa), insistió en que toda la tribu de Hawazin fuese considerada como sus parientes de adopción. Su líder, Malik, que había escapado de Taif, fue llamado y se le dieron 100 camellos. El Santo Profeta (sa) le puso también al mando de la ya creciente comunidad musulmana de Hawazin. Muchos otros también recibieron regalos.

     De forma similar, sesenta y dos prisioneros fueron llevados a Medina desde la expedición de Uyaynah b. Hisn. Pidieron clemencia y fueron liberados.

     En la expedición a Fuls, un centro de idolatría, Adi, el líder de la tribu opositora, Tayy, escapó, pero una de sus hermanas fue capturada. Cuando fue llevada a Medina se arrojó a los pies del Profeta (sa) pidiendo clemencia. Dijo: "Mi padre liberó a los prisioneros, dio hospitalidad a los huéspedes, dio de comer a los hambrientos y consuelo a los afligidos. Nunca despidió a los que llamaron a su puerta pidiendo ayuda. Soy la hija de Hatim".

     El Santo Profeta (sa) le habló amablemente y ordenó su liberación diciendo: "Su padre amó los nobles caminos y Al-lah también los ama". El Profeta (sa) le dio un camello y delicadas vestiduras. Puesto que no quería ser liberada en solitario, también se concedió la libertad al resto de los cautivos que fueron tomados con ella. Todo esto se hizo porque era la hija de un gran poeta, cuya hospitalidad y generosidad enorgullecía a los árabes. Cuando Adi se enteró del trato dado a su hermana, abrazó el Islam y el Santo Profeta (sa) confirmó su jefatura de Tayy.

     Estudiando las conflictivas opiniones de los orientalistas sobre la personalidad del Profeta (sa), Maxime Rodinson hace la siguiente observación: "Cada uno le ha dado forma según sus propias pasiones, ideas o fantasía".(46) Esta observación afecta más al musulmán Maulana Maududi que a los orientalistas no musulmanes. Su pasión por la autoridad política se alimentó por las impresiones de su niñez de la gloria marchita de Hyderabadi y se fortaleció por la lucha política de sus días jóvenes en que en primer lugar admiró a Gandhi y posteriormente se opuso al comunalismo hindú. Éste dominó de tal forma su pensamiento, que por su causa, convirtió la vida del Santo Profeta (sa), una bendición para toda la humanidad, en la de un guerrero...un guerrero poniendo el mundo en orden con la hoja de una espada.