CAPÍTULO 4
PROFETAS Y SOLDADOS: Un Estudio por Comparación
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Amonesta pues (Oh Profeta), pues no eres más que un amonestador; Tú no eres vigilante sobre ellos. Corán, 88.22-3
(Yamaati Islami) No es una organización misionera o un grupo de predicadores o evangelistas, sino una organización de soldados de Dios. Maulana Abul Ala Maududi (1) El retrato de Muhammad, el Profeta del Islam (sa), pintado por orientalistas del siglo décimo-noveno ha sido expuesto en el anterior capítulo. Era el retrato de un guerrero fanático cabalgando fuera de los desiertos de Arabia con la espada desnuda en una mano y el Corán en la otra, ofreciendo a sus impotentes víctimas una elección entre uno de los dos. La dureza de este retrato popularizado por Edward Gibbon (2) ha sido actualmente suavizada por los modernos orientalistas. Hasta el conocido erudito judío Bernard Lewis con su seco humor británico, tuvo que admitir que el retrato, "No es solamente falso, sino también imposible, a menos que podamos imaginar una raza de espadachines zurdos. En la práctica musulmana la mano izquierda se reserva para la higiene íntima y ningún musulmán que se precie la utilizaría para levantar el Corán".(3) Pero hay un musulmán con "dignidad personal", el Maulana Maududi, que empuñó su desenvainada espada con su mano derecha sin importarle su falta de comunicación con las enseñanzas del Santo Corán y las prácticas del Santo Profeta (sa). El Maulana pretende ser un leal seguidor del Profeta (sa) y, como tal, cabría esperar de él que hablase admirablemente de su Maestro. La belleza está en el ojo del observador. Pero ¿cómo puede ver defectos en su Señor que incluso los modernos enemigos del Islam rechazan? Hay tres respuestas a esta pregunta. 1. Que el Maulana pretenda ser un leal seguidor del Islam es falso. A la vista de lo que el Maulana escribió en "Al-Yihad fil Islam" y en otros trabajos suyos, el lector podría razonablemente llegar a creer que el autor no está ni remotamente preocupado por las enseñanzas del Santo Profeta (sa) y que su reivindicación de ser un leal seguidor es falsa. Ésa sería una acusación muy seria. Puesto que pertenezco a una secta que ha sido falsamente acusada de faltar al respeto al Santo Profeta (sa), sería el último en dudar de la lealtad del Maulana a nuestro Señor y Maestro Muhammad, que Dios le bendiga y le dé paz.
2. Que el sentido de los valores del Maulana es confuso, de forma que tiene tanta dificultad en distinguir el bien del mal como un daltónico en distinguir el rojo del verde.
3. Que el Maulana está obsesionado, obsesionado con un deseo de poder y autoridad política. La obsesión se ha definido como "una idea persistente o recurrente, que por lo general, está fuertemente teñida de emoción y que frecuentemente supone un impulso hacia alguna forma de acción, siendo patológica toda la situación mental"(4). Pierre Janet descubrió que una persona obsesiva era escrupulosa, infinitamente concienzuda y atacada por un sentido de inutilidad (5). Elton Mayo ha resumido el pensamiento de Janet y su propia caracterización de los obsesivos en estos términos. "Son los expertos en pensar una y otra vez de forma ardua en lo que es obvio. Sustituyen una exagerada precisión en actividades menores por la actividad en asuntos importantes "de los que son o se sienten incapaces" (6). Las memorias de la infancia del Maulana y sus experiencias adolescentes en Hyderabad, como hemos visto anteriormente, le llevan hacia una fuente del control del comportamiento: El poder político. Kurt Lewin ha dicho que si tiene que comprenderse el comportamiento de un individuo debe ser en términos de que su espacio vital relacione al individuo con su entorno en el transcurso del tiempo y "en el momento preciso". El campo de interés de Lewin es el siguiente: "el espacio vital que contiene a la persona y a su entorno psicológico" (7). Woodsworth y Sheehan desarrollan la teoría de Lewin y dicen: El entorno psicológico (o del comportamiento) es, desde luego, el entorno percibido y comprendido por la persona, pero más que eso, es el entorno relacionado con sus necesidades actuales y sus cuasi-necesidades. Muchas de las cosas que se perciben no le preocupan actualmente y sólo existen en el historial de su entorno psicológico. Otros objetos tienen "valencia" positiva o negativa; positiva si prometen satisfacer sus necesidades actuales, negativa si amenazan daño. Los objetos de valencia positiva le atraen, mientras que los objetos de valencia negativa le repelen (8). La psicología no es una ciencia absoluta y está todavía en evolución, pero la "obsesión" del Maulana Maududi parece ajustarse a la teoría que hemos comentado. Eso no significa, por supuesto, que no pudiera existir otra explicación de su comportamiento obsesivo. Sea cual fuere la explicación, la visión del Maulana se ha nublado indudablemente por la obsesión. Tropieza y, a veces, da traspiés en los caminos que recorrieron los enemigos de Dios antes que él. Esta obsesión es la que provoca el apoyo a la pena capital para los que cambian de religión (9). Este castigo se ha pedido siempre para los profetas y sus seguidores cuando cambian su religión tradicional. Es la misma obsesión que le impulsa a poner una espada en la mano del Santo Profeta (sa) y, al hacerlo, apoya a los enemigos del Islam que pintan un retrato sangriento de Muhammad (sa). Puesto que la persuasión y la fuerza se excluyen mutuamente, el Maulana adopta la espada como medio de reforma y rechaza el razonamiento como método de conversión. La persuasión y el razonamiento son tareas difíciles de las que es o se siente incapaz. Suponen sacrificio y largo sufrimiento ante la oposición, como nos mostró la vida del Profeta (sa) en la Mecca. De esa forma, el Maulana los rechaza como objetos de valencia negativa. La fuerza mediante el poder político parece satisfacer sus necesidades actuales, por eso la adopta y la relaciona con la vida del Santo Profeta (sa) mediante un proceso de arduo pensamiento. Cuando me refiero a la obsesión del Maulana, no pretendo faltarle al respeto, aunque, poniendo una espada en las manos de mi Señor y Maestro Muhammad (sa), se ha mostrado irrespetuoso con el Profeta (sa) y con todo lo que representa. Revisando el libro de Israel Shenker, "Coat of Many Colors", una colección de ensayos sobre judaísmo, Hugh Nissenden dice: "Mr. Shenker dramatiza su obsesión de tal forma, que hace la historia de su pueblo accesible y clarificadora para todo el mundo" (10). ¡Ojalá el Maulana pudiera sacar partido de su obsesión! Al contrario, justifica la fuerza, no sólo como legítima sino también como un método esencial de reforma. Dice: "No es posible que ellos (los enemigos del Islam) sacrificasen sus intereses ante la persuasión y el razonamiento. Todo lo que se puede hacer es adquirir el poder político (11) y obligarles a detener su maldad"(12). Este método de reforma parece ser eficaz y también más fácil que la persuasión, que requiere paciencia y perseverancia ante el ridículo, los desaires y los desprecios. Es muy fácil convertir a la gente por la fuerza. No hay comparación entre los dos métodos. Uno es fácil y rápido; el otro es difícil y largo, requiriendo la paciencia del Santo Job(as). Todos los reformadores han tenido que soportar el ridículo y el rechazo. Así, es como el Corán describe su destino: Los culpables solían burlarse de los creyentes y, cuando pasaban cerca de ellos, se hacían señas uno al otro, y cuando volvían con sus familias, regresaban exultantes, y cuando los veían comentaban: "¡Éstos son en verdad los extraviados!" Mas no fueron enviados como guardianes suyos (83.30-4). Los versículos que se acaban de citar explican por qué el Maulana no seguiría el camino de los reformadores enviados por Dios. La gente se ríe de los reformadores y dice: "¡Mirad a éstos cuya única arma es la persuasión! Son tan débiles que podemos aplastarlos siempre que queramos y, sin embargo, proclaman que conquistan a la gente mediante su razonamiento y consejos". El Maulana rechazó los argumentos pacíficos y en su lugar dijo: Cualquiera que desee eliminar la maldad y el desorden de este mundo y reformar la humanidad, debería darse cuenta de que no lo puede hacer mediante simples sermones y consejos. Es inútil. Debería levantarse contra el gobierno de los falsos principios, tomar el poder, quitar la autoridad a los malhechores y establecer un gobierno basado en principios sólidos y en una administración justa (13). Pero el método de reforma maududiano, que tiene como modelo el marxismo, no es la forma divina de salvar a la humanidad. En los planes de Dios la persuasión es tan importante que, incluso en una época de general decadencia moral, sólo los piadosos creyentes que “se exhortan mutuamente con la verdad y se animan mutuamente para ser perseverantes" (103.4) tendrán éxito. Incluso una mirada rápida a la historia revelará que para las revoluciones espiritual y moral, Dios pide a sus siervos que conquisten a la gente con la verdad y la paciencia. La paciencia y la oración son la parte integral de la revolución religiosa y deberían seguir siendo exhortados hasta que la promesa de Dios se cumpla. Se predice que "al final prevalecerán los que temen a Dios" (7.129). Todos los mensajeros de Dios han seguido este método de reforma religiosa que se opone totalmente al marxismo en el uso de la fuerza. El Corán conserva el relato de muchos profetas y evangelistas. Según este relato divino el instrumento de revolución de Noé (as) fue la persuasión, así como el de Abraham (as). Fue el instrumento de Shuaib (as) y Saleh (as). También Lot (as) fue enviado como consejero, así como Moisés (as). Jesús (as) provocó una revolución con sus sermones. Y, sobre todo, el Sello de los Profetas, el líder reformador de todos los tiempos, nuestro Señor Muhammad (sa), fue enviado a provocar una revolución espiritual universal sin más medios que la persuasión y el razonamiento. Pero el Maulana no sólo ignora esta tradición de los santos mensajeros de Dios, sino que también la contradice en las siguientes palabras: "Cualquiera que desee eliminar la maldad y el desorden de este mundo y reformar la humanidad, debería darse cuenta de que no lo puede hacer mediante simples sermones y consejos. Es inútil". Comparemos esta sentencia maududiana con la tradición intacta de los mensajeros de Dios. Cuando el pueblo de Noé (as) le acusó de propagar "errores manifiestos", respondió: "¡Oh pueblo mío! no hay error en mí pues soy Mensajero del Señor de los Mundos. Os transmito los mensajes de mi Señor y os doy mi más sincero consejo ya que sé por Al-lah lo que vosotros no sabéis" (7.62-3). Éste es el relato de Dios del ministerio de Noé (as). Según la sentencia maududiana, Noé (as) "debería" haber dicho: "Yo soy el Mensajero de Dios y os impondré, os guste o no, un grupo de hombres justos que os quitarán el poder". Cuando el pueblo de Ad dijo a Hud (as) que estaba perdido en la necedad, no dijo: "No os dejéis engañar y me consideréis necio por la inocuidad del consejo; no estáis viendo al verdadero Hud. De hecho, yo soy un opresor y un día tomaré el poder de las manos de los que se han rebelado contra Dios y se lo daré a mi justo pueblo". Por supuesto, no lo dijo. En su lugar, siguió la tradición de los profetas y dijo: ¡Oh, pueblo mío, no hay necedad en mí, ya que soy Mensajero del Señor de los Mundos! Os trasmito los mensajes de mi Señor y soy vuestro sincero y fiel consejero (7.68-9). El pueblo de Zamud, como el de Ad, rechazó a Saleh (as) y le acusó de todo tipo de cosas. Pero, siguiendo a Noé (as) y a Hud (as) les dijo: "¡Oh, pueblo mío! os entregué el Mensaje de mi Señor y os aconsejé sinceramente, pero no amáis a los consejeros sinceros"(7.80). Y entonces Dios envió a Lot (as), cuyos seguidores tampoco intentaron quitar el poder a los equivocados, y continuó razonando con ellos hasta que fueron castigados. Antes de que el castigo señalado llegase, Lot (as) y sus seguidores dejaron sus hogares con el permiso de Dios. Y entonces, llegó esa mañana en que los tiranos han sido siempre amonestados: "Será una funesta mañana para quienes fueron advertidos" (37.178). El séptimo capítulo del Corán continúa con la historia de los equivocados y los mensajeros (as) de Dios que intentaron reformarlos. Después de contar la historia de Lot (as) el Corán nos relata como Shuaib (as) razonó con su arrogante pueblo y suplicó a los que le atormentaron cruelmente. Cuando se rechazó todo su consejo les volvió la cara y dijo: "¡Oh, pueblo mío! en verdad os entregué los mensajes de mi Señor y os di un consejo sincero. ¿Cómo he de sentir pena por un pueblo incrédulo?"(7.94). El Corán, que para el Maulana Maududi y todos los musulmanes es la Palabra de Dios, nos dice que todos los mensajeros de Dios pronuncian sermones y dan consejos y que cuando son rechazados lloran y rezan ante su Señor. Tienen una fe inquebrantable en su mensaje y en vez de tomar el poder de sus enemigos continúan ofreciendo amor y amabilidad. Razonan suavemente, imparten consejos con humildad y dejan el resultado en las manos de Dios. Él es el único Señor y Él otorga la tierra a quien le place. Los deseos de todos Sus mensajeros están resumidos en las palabras de Moisés (as): "Señor nuestro, otórganos la paciencia y haz que muramos resignados a Ti"(7.127). Moisés (as) aconsejó a su pueblo: "Pedid ayuda a Al-lah y tened paciencia"(7.129) y les dijo que "la Tierra pertenece a Al-lah". Él la da como herencia a quien desea de sus siervos"(7.129). No es digno de los hombres justos tomar el poder por la fuerza. Todo lo que sabemos es que, "al final prevalecerán los que temen a Dios" (7.129). Después de Moisés (as), Jesús (as) también pasó su vida exhortando y aconsejando y nunca consideró la posibilidad de tomar el poder. Finalmente, Muhammad (sa), el más grande de todos los profetas, fue enviado como exhortador y consejero para invitar a la gente a ser virtuosa, no como un tipo de policía o soldado. Dios le nombró "amonestador" y dijo: "Amonesta pues, pues no eres más que un Amonestador. Tú no eres vigilante sobre ellos" (88.22-3). Pero el Maulana insiste en que él y sus seguidores "no son un grupo de predicadores y evangelistas religiosos, sino una organización de soldados de Dios de forma que "pudierais ser guardianes de los hombres"” (2.144). La misión de estos "soldados" es utilizar la fuerza para borrar "la injusticia, la maldad, el desorden, la desobediencia y la explotación del mundo". (14) Dios dice al más grande de sus Profetas: "Pero no te hemos hecho su protector ni eres su guardián" (6.108). Pero el Maulana Maududi reserva para sí y para sus seguidores, no sólo la autoridad de un policía, sino los poderes de un magistrado. Es sorprendente que Dios no diera al Profeta (sa), Su más Grande Reformador, autoridad temporal sobre los corazones de los no creyentes, sino que por el contrario, se la diera al Maulana Maududi y a sus seguidores. El Santo Profeta (sa), la encarnación de la misericordia y de la compasión, suplicó mucho para ser el instrumento que mostrara el camino de la rectitud a toda la humanidad. Pero Dios contestó: "¿Obligarás por tanto a los hombres a hacerse creyentes?" (10.100). En lo que a los creyentes concierne, Dios dijo al Santo Profeta (sa): "Y si Al-lah hubiese ejecutado Su Voluntad, no habrían asociado otros Dioses a Él. Pero no te hemos hecho su protector, ni eres su guardián" (6.108). En contraste con la conducta establecida de todos los mensajeros de Dios mencionados en el Santo Corán por su nombre o en general, el Maulana Maududi, se arrogó la autoridad de oprimir y obligar a los siervos de Dios, de forma que el Yamaati Islami, pudiera erradicar la injusticia, la maldad, los desórdenes, la desobediencia y la explotación del mundo.(15) La ambición del Maulana de tomar el poder no conoció límites: Sería capaz de cualquier cosa con tal de conseguirlo. Estaba totalmente obsesionado con la autoridad política y consideraba que se había ordenado adorar a Dios para adiestrar a los musulmanes a usurpar el poder y regir el mundo. Para él la adoración no tenía un fin espiritual. No era una experiencia religiosa, un motivo de encuentro entre el hombre y su Creador, sino un ritual de autodisciplina. Dios dice: "Pues sólo he creado a los Yinn y a los hombres para que Me adoren" (51.57). El mundo se creó para la adoración de Dios. La adoración no está destinada a otro fin. Pero el Maulana insiste:
Las oraciones ("salat"), el ayuno, la
caridad ("zakat") y la peregrinación
funcionarios. De la misma forma, el Islam también
adiestra a los que Ninguna religión del mundo predica tal concepto materialista de la adoración. Pero incluso la adoración de Dios puede convertirse en nada más que una instrucción militar para una persona que está obsesionada. La ambición es impaciente por definición pero, de todas las ambiciones, la manía del poder es la que no consiente el menor retraso. Así que el Maulana no tomaría el camino recto siendo tan estrecho y largo para él. Y el marxismo tampoco tomará el largo y duro camino de la democracia para liberar a los oprimidos. En su lugar, adopta la violencia para intentar derrocar el gobierno elegido en su día. El método de reforma del Maulana no difiere de la ideología marxista de lucha violenta. El Maulana dice: "Levántate para reformar a la gente donde quiera que puedas. Intenta reemplazar los principios equivocados por los correctos. Arrebata los poderes ejecutivo y legislativo a los que no son temerosos de Dios" (17). Es sorprendente que un periodista de la larga experiencia política del Maulana Maududi, no pudiera entender el principio de que los gobiernos no deben ser derrocados por la fuerza, cualquiera que sea el motivo. Romper este principio básico es destruir la ley y el orden. Las llamas de la guerra civil consumirían la propia estructura de la sociedad. En primer lugar, ningún partido puede erigirse en su propio juez y decidir que sus intenciones son buenas. En segundo lugar, aun si esas intenciones son buenas, no puede condenarse, sin más, a los partidos de la oposición. Es inconcebible pensar que cada miembro de la oposición es cruel, injusto o malo, mientras que cada miembro de “los soldados de Dios” es piadoso, temeroso de Dios y está libre de avaricia y codicia. El hecho es que los partidos que comienzan el trabajo de reforma con reivindicaciones de altos vuelos son los que pronto se hacen ávidos de poder, consumiéndose sus buenas intenciones en las llamas de la avaricia. El propio Maulana explica cuán incontrolado es el deseo de poder: Como todo el mundo sabe, el poder es un demonio tan peligroso que el propio deseo del mismo está acompañado de una avaricia que todo lo consume. El hombre mira hacia el futuro con impaciencia para poseer los tesoros terrenales y controlar a sus semejantes de forma que pueda ejercer el poder absoluto sobre ellos (18). Un problema en pronunciar tal retórica incontrolada es que incluso un periodista experimentado como Maududi olvida las contradicciones inherentes dentro de sus escritos. Si el propio pensamiento de poder puede traer consigo un cambio peligroso en el corazón ¿qué garantía hay de que los miembros "honestos" del Yamaati Islami no se corrompan por el poder absoluto?. Sin duda estos hombres "honestos" han sufrido el "adiestramiento del cuerpo de funcionarios" prescrito por Dios, es decir, la adoración islámica (oraciones, ayuno y "zakat"), pero este "adiestramiento" no está restringido al Yamaati Islami. La adoración áhmadi no se acepta como adoración islámica, según el Maulana Maududi, pero ¿qué pasa con la adoración Brelvi y Deobandi? ¿No es la adoración chiíta adoración islámica? ¿Puede alguien decir que las oraciones ofrecidas por Ahli Quran no son islámicas? Si es así ¿por qué no deberían estas sectas musulmanas "levantarse contra los gobiernos basados en "falsos" principios tomar el poder, eliminar a los "malhechores" y establecer un gobierno basado en una administración "sólida" y "justa"?. "Falsos", "malhechores", "sólida" y "justa" son términos relativos. Lo que es falso para el Yamaati Islami puede no ser falso para los Deobandis. Lo que es sólido y justo para los Deobandis puede no serlo para los Brelvis. Además ¿qué pasa con los no musulmanes? Ellos también tienen sus propios puntos de vista sobre lo que es correcto o incorrecto. Si sus puntos de vista no fueran diferentes de los de los musulmanes habrían guardado cola para ingresar en el Islam. ¿Habrían tenido también derecho a derrocar el gobierno elegido en su día? Las buenas intenciones o los proyectos de reforma no pueden significar una excusa para derrocar gobiernos. Existen tan grandes diferencias en la definición de "honradez" entre diferentes partidos políticos, que si se aceptasen todas estas diferencias, ningún partido podría considerarse "honrado". Por ejemplo, según el Maulana el Movimiento Áhmadi no tiene conexión con el Islam; el gobierno británico lo creó para dividir a la "Umma" musulmana de forma que los musulmanes fueran disuadidos del "yihad" y fuese minada su fortaleza. Se pretende que el movimiento fue desarrollado para actuar como quinta columna con el fin de destruir la "umma" musulmana desde dentro. Pero la propia imagen de los áhmadis es muy diferente de la del Yamaati Islami. Los áhmadis creen que su movimiento se fundó para establecer la supremacía y para producir un renacimiento musulmán. No fueron los británicos, sino Dios mismo, quien plantó la semilla para cumplir la promesa que hizo al pueblo de Muhammad (sa). Prometió enviar un Mahdi para la reforma de la "umma" y erigir un Mesías que, con su irrefutable razonamiento destruiría la Cruz, la Cruz que provocó el sufrimiento de Jesús (as). Ese Mahdi y ese Mesías fueron quienes fundaron esta comunidad, ocupada actualmente en el servicio desinteresado a la humanidad. Por un lado, la comunidad aconseja humildemente y advierte a la gente para que cambie, mientras que, por otro lado, lucha contra el cristianismo y lo derrota en todos los frentes. ¿Cómo puede creerse que el Movimiento Ahmadía fue establecido por los británicos, que son cristianos? ¿Se puede esperar que los británicos apoyasen y, no digamos, fundasen una comunidad dedicada a erradicar la Trinidad y plantar el árbol sagrado de la Unidad de Dios? Donde quiera que los áhmadis han ido, la mala hierba de la Trinidad se ha secado y la siempre bella planta de la Unidad ha florecido con flores fragantes y dulces frutos. Si ese es el fruto de una planta sembrada por los británicos ¡entonces sólo queda desear que hubiesen sembrado algunas más, de forma que el renacimiento del Islam y la disolución del cristianismo se hubiesen acelerado! Lo que los áhmadis creen de ellos mismos es exactamente lo contrario de los puntos de vista que el Maulana tiene sobre ellos. Desde el punto de vista áhmadi, el fundador de su Movimiento estaba profundamente inmerso en el amor de Santo Profeta, Muhammad (sa). Las siguientes líneas procedentes de uno de sus poemas muestran el éxtasis de su amor y la profundidad de su devoción por el Santo Profeta (sa):
Mi embriaguez en el amor de Muhammad (sa) ocupa el segundo lugar después del de Dios. Si a esto se le puede llamar incredulidad, entonces que Dios sea testigo de que soy el mayor de los incrédulos. (Durre Zamín) Según los áhmadis su creencia está profundamente arraigada en el amor del Sello de los Profetas, Muhammad (sa). Pero el Maulana Maududi asevera que sus raíces profundizan en el suelo del Imperialismo británico. Los dos puntos de vista son totalmente opuestos. Examinemos el punto de vista de la conversión. El Maulana afirma que el Yamaati Islami se ha fundado para crear un grupo de hombres (honrados) mediante una larga disciplina de adoración islámica. Esta gente alcanzaría tal punto de buena voluntad que el Islam puede decirles: "Sí, ahora vosotros sois los servidores más honrados de Dios sobre la tierra. Avanzad soldados musulmanes, luchad contra los rebeldes de Dios, desposeedlos de la autoridad y coged las riendas del gobierno en vuestras manos". Gracias a los esfuerzos del Maulana, ese grupo de hombres honrados está actualmente preparado y esperando ganar fuerza para derrocar al gobierno elegido en su día. El Maulana cree verdaderamente que este grupo de hombres "honrados" fue creado para reformar la humanidad y enarbolar la bandera del Islam en el mundo. Abolirá todo lo impío y grabará con la espada el nombre de Al-lah en todos los corazones. Los áhmadis creen que no tiene fundamento la reivindicación del Maulana de que los miembros del Yamaati Islami son los más honrados servidores de Dios. Como una cuestión de principio, todo el mundo tiene derecho a considerar que uno mismo y sus seguidores tienen razón. Tener razón es una cosa. Ser honrado es completamente otra. No podemos proclamar que somos justos y honrados. El hombre está perdido en un laberinto de autodecepción, engaño y total hipocresía, de forma que es incapaz de describirse a sí mismo con exactitud. ¿Quién conoce los secretos del corazón, la avaricia del pensamiento y los deseos ocultos salvo Dios? Sólo Él conoce quién es honrado y quién peca. Por supuesto, hay excepciones. Algunos muestran señales inequívocas y concluyentes de su honradez, de forma que el amor de Dios es evidente por su comportamiento. Dios habla con ellos como habló con la gente justa del pasado. Su luz brilla sobre ellos como brilló sobre los grandes místicos y santos de la "umma", y Su socorro y apoyo se hacen manifiestos tanto en sus palabras como en sus hechos. Por lo tanto, los áhmadis rechazan totalmente la reivindicación del Maulana Maududi de que el Yamaati Islami se fundó para enarbolar la bandera del Islam. Ésa es, de hecho, una degradación y una difamación de la religión de la que se confiesa seguidor. Los seguidores del Maulana Maududi pueden proclamar lo que quieran dentro de la seguridad de un país musulmán como Pakistán o Arabia Saudita, pero dejémosles llevar su credo de "Islam por la fuerza" a otro lugar y veremos qué acogida tiene. ¿Pueden convertir al Islam a los cristianos con su creencia de que Jesús (as) vive en el cielo desde su crucifixión? ¿Pueden destruir la Cruz? ¿Puede cualquiera enarbolar la bandera del Islam con estas creencias maududianas? No hay duda para un pensamiento áhmadi de que la enseñanza del Maulana Maududi desprestigia al Islam y lo convierte en objetivo del ridículo. El Yamaati Islami no sólo no es amigo del Islam, sino que es una forma de comunismo. Desprovisto de valores espirituales, hambriento de poder, el Yamaati Islami se inspira en Moscú y no en la Mecca. En resumen, los áhmadis censuran al Yamaati Islami tanto como el Maulana censura a la comunidad áhmadi por sus supuestos abusos y vituperios. Multiplíquense estos dos puntos de vista opuestos entre otras sectas y grupos de la "umma" y se podrá ver a cada uno de ellos destrozar la reivindicación de honradez de los otros. ¿Quién debe entonces "Levantarse para reformar a la gente y arrebatar los poderes legislativos y ejecutivos a los que no son temerosos de Dios?". La obsesión por el poder es el punto focal del concepto de reforma del Maulana Maududi. Ve la vida del Profeta (sa) en términos políticos, explica la adoración islámica en jerga militar e interpreta el Corán como pura política del poder. El Maulana sabe que es incapaz de reformar mediante la persuasión, la paciencia y la humildad, así que propone una política de violencia y desorden. La más generosa interpretación de sus objetivos es que sus intenciones eran buenas. Pero el camino que lleva al infierno está pavimentado con buenas intenciones. Sin embargo, el veredicto coránico es explícito: "Y cuando se les dice: no creéis el desorden en la tierra, responden: sólo trabajamos por la paz. ¡cuidado, son ciertamente ellos los que crean el desorden, pero no se dan cuenta de ello!" (2.12-13).
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