CAPÍTULO 5
LA LEY MAUDUDIANA DE LA APOSTASÍA
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En verdad, esto es un recordatorio. Así pues, quien lo desee puede tomar el camino que lleva a su Señor. Corán, 76.30 En nuestros dominios no permitimos que ningún musulmán cambie su religión, ni permitimos a ninguna otra religión que propague su fe.
Maulana Maududi (1) El deseo de poder político del Maulana Maududi no conoció límites. La ley de la apostasía que desarrolló fue una prolongación de su dictatorial e intolerante personalidad; nada tenía que ver con el Islam. El Dr. Israr Ahmad, que trabajó estrechamente con Maududi, dijo que Maududi tomó prestados los principios de su movimiento del Maulana Abul Kalam Azad y de los hermanos Jairi y, el estilo de su presentación de Niyaz Fatehpuri. Pero era tan egocéntrico que nunca admitió que sus ideas vinieran de nadie salvo de sí mismo (2). De forma análoga, las ideas del Maulana sobre la apostasía, aunque tienen su origen en un error de interpretación de la primera jurisprudencia ("fiqh") musulmana, están basadas de hecho en el cristianismo medieval. La escuela de Deoband (3), que por un lado colaboraba con una organización política hindú, el Indian National Congress, y por otro combatía en la retaguardia contra la campaña "shuddi", dio brillo a los pensamientos de Maududi sobre el tema. La influencia de los escritos marxistas que el Maulana, al parecer, leyó cuando era un joven e impresionable director de periódico, se evidencia notablemente en su pensamiento. El "Tahrik-i Yamaati Islami" es una curiosa mezcla de prácticas medievales cristianas, de intolerancia Deobandi/Wahabi y de incitación marxista a la ruptura. Como vimos en el primer capítulo de este libro, el concepto de libertad religiosa no es evolutivo o lineal, es un fenómeno cíclico. Siempre que aparece un profeta de Dios o un reformador religioso, encuentra oposición. Se le acusa de dividir a la comunidad y romper la conformidad tradicional. Es duramente censurado como un apóstata. A la larga, un profeta siempre tiene éxito en establecer la libertad religiosa. La verdadera fe propagada por esta libertad religiosa se forja en el dogma rígido, que en realidad, se traduce en la pérdida del derecho a disentir. En su última visita al Templo, Cristo (as) dijo: "Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios" (Marcos 12:17). Esta clarísima afirmación separa la creencia religiosa de la autoridad política. Sin embargo, al cabo de un año de obtener la autoridad política (año 312), la Iglesia Cristiana fue rota por el cisma. Durante más de 300 años los cristianos habían sido perseguidos y crecieron rápidamente y, sin embargo, poco después de la conversión de Constantino la Iglesia se enfrentó con la secesión monástica, con el cisma Donatista y con la herejía Arriana. A lo largo de la historia de la Iglesia Cristiana la herejía o la desviación de la ortodoxia ha sido motivo de honda preocupación. Afecta invariablemente al mismo concepto de deidad, la divinidad de Cristo (as). Si Cristo era divino en un sentido absoluto y, sin embargo, distinto de Dios, había dos dioses y el cristianismo era una forma de diteísmo y no de monoteísmo. Por otro lado, si se interpretara literalmente la relación filial, entonces el Dios Padre sería el Progenitor del Dios Hijo. Pero la lógica de esta relación significaba que Cristo no sería totalmente Dios, puesto que debió haber un tiempo en que Él "no era" y sólo existió el Dios Padre (4). Los cristianos ortodoxos mantenían que Cristo (as) era de idéntica sustancia (Homusia??) al Dios Padre, mientras que Arrio (256-336), le consideraba solamente semejante en sustancia (Homoiusia??) a Él. Se suscitaba entonces la cuestión de su madre. Nestorio (muerto en el 451), declaró que Jesús (as) era dos personas distintas, una humana y otra divina, y que María (as) era solamente la madre del Cristo (as) humano y no del divino. Sería mejor, por lo tanto, llamarle Madre de Cristo (as). La doctrina ortodoxa dice que María (as) es la verdadera madre, no de la divinidad en sí misma, sino del "logos" encarnado, o Palabra de Dios, que contiene tanto la naturaleza divina de Cristo (as) como la humana (5). El primer Concilio Ecuménico de la Iglesia se celebró en Bitinia, Nicea en el año 325 y dictó un Credo sobre el misterio de la Trinidad. El impenitente Arrio fue anatematizado por el concilio y exilado por el Emperador Constantino. El emperador también ordenó que se quemasen todos los libros de Arrio y se castigase su posesión con la muerte. El ciclo de la libertad religiosa que comenzó con Jesús de Nazaret (as) cerró todo el círculo cuando Justiniano (483-565), prescribió la pena de muerte por apostasía. El castigo formó parte del Código de Derecho Romano en el año 535 dC. Es un trágico viraje del destino que la libertad de conciencia fuese extinguida por los mismos cristianos de Roma cuyos antepasados conversos fueron quemados para proporcionar fuego y diversión a la Roma de Nerón (64 dC). Mientras los cristianos fueron perseguidos por las autoridades políticas no cristianas, los escritores cristianos defendieron la libertad religiosa. Pero una vez que el trono imperial fue atraído al cristianismo, la Iglesia miró "el individualismo en la creencia con el mismo ojo hostil que el Estado miró la secesión o la rebelión" (6). A mediados del siglo V las cosas que eran y todavía son de Dios se dieron al César. La autoridad política se había convertido en el brazo derecho de la Iglesia. En el transcurso de su campaña contra los donatistas, San Agustín (354-430) razonó: "Hay una persecución justificada que la Iglesia de Cristo inflige a los impíos. Persigue en el espíritu del amor..... puede corregir.....puede rescatar del error.....(tomando) medidas para su bien, para asegurar su salvación eterna" (7) En el año 385 un obispo español, Prisciliano, fue acusado de predicar el maniqueísmo y el celibato universal. Negó la acusación, pero fue procesado, condenado y quemado en el poste con varios compañeros. Martín Lutero (1483-1546), el líder germano de la Reforma Protestante, coincidió con su predecesor católico romano Agustín, y dijo: "El clero tenía autoridad sobre la conciencia, pero se creyó necesario que fuese apoyado por el Estado con castigos absolutos de proscripción, para que el error pudiera exterminarse, aunque fue imposible desterrar el pecado" (8). Pero fue el teólogo protestante francés Juan Calvino (1509-64), quien verdaderamente inspiró al Maulana Maududi. Él (Calvino), deseó extender la religión por la espada y reservar la muerte como castigo por la apostasía....Los católicos debían sufrir los mismos castigos que los culpables de sedición, pretextando que la majestad de Dios, debe ser vengada tan estrictamente como el trono del rey (9). Mientras la inspiración le vino al Maulana de Calvino, la razón fundamental le fue proporcionada por el pensador inglés Thomas Hobbes (1588-1679) en su libro "Leviatán". Puesto que el poder para hacer milagros es una de la señales de un verdadero profeta y, según Hobbes, los días de los milagros se terminaron, no había posibilidad de que un profeta o la divina inspiración sirviesen de guía. El soberano por sí sólo tenía autoridad civil o religiosa. Sólo él tenía el poder para hacer la ley, "Pues cualquiera que tuviera poder legítimo sobre cualquier escrito para convertirlo en ley, tenía también el poder de aprobar o desaprobar la interpretación del mismo" (10). La herejía, según el punto de vista de Hobbes, consistía en el juicio personal y la acción contraria a la creencia popular establecida por el soberano: No es el error intrínseco de la opinión lo que hace punible la herejía, sino la rebelión individual contra la autoridad. Para guardar lealtad a los mandatos de la conciencia, el principio fundamental castigaría a todos los hombres que desobedeciesen a sus príncipes por el mantenimiento de su religión, sea verdadera o falsa (11). Según Hobbes esto es subversión. No hay apostasía sin herejía, ni herejía sin dogma. El dogma cristiano se explicó cuidadosamente en el Credo de Atanasio que dice: "Adoramos un Dios en la Trinidad y una Trinidad en la Unidad. No hay que confundir las Personas ni dividir la Sustancia". Y en esta tradición del cristianismo medieval, y no del Islam, el Maulana Maududi desarrolló las ideas originales de Maulana Abul Kalam Azad y el "Hukunat-i-Ilahiyyah" ("Reino de Dios") (12) de los hermanos Jairi. San Agustín, Martín Lutero, Juan Calvino y Thomas Hobbes le proporcionaron los conceptos no islámicos de la ortodoxia, el dogma y la herejía, así como la retórica de la intolerancia. Incluso los orientalistas, que nunca desaprovechan la ocasión de criticar el Islam, coinciden en que no hay dogma ni herejía en el Islam. Goldziher dice: El papel del dogma en el Islam no puede compararse con el que juega en la vida religiosa de cualquier Iglesia Cristiana. No hay Concilios ni Sínodos que, tras una viva controversia, establezcan las fórmulas que se considerarán en lo sucesivo para abrazar toda la fe verdadera. No hay institución eclesiástica que sirva como medida de la ortodoxia, ni una única interpretación autorizada de las Sagradas Escrituras sobre la que pueda construirse la doctrina y exégesis de la Iglesia. El Consenso, que es la suprema autoridad en todas las cuestiones de práctica religiosa, ejercita una jurisdicción elástica y en cierto modo apenas definible, cuya misma concepción se explica además de forma diversa. Particularmente en la unanimidad que tendrá efecto como Consenso indiscutible. Lo que se acepta como Consenso por un colectivo, está lejos de aceptarse como tal por otro (13). El orientalista judío contemporáneo, Bernard Lewis, que jamás sería acusado de ser pro-musulmán, dice: No importa lo que hiciese la gente- praxis en vez de ortodoxia- y que se permitiera a los musulmanes en su totalidad creer en lo que eligieran, mientras aceptasen la base mínima, la Unidad de Dios y el Apostolado de Muhammad, y se ajustasen a las normas sociales. (14) El verdadero Islam había dejado de ser la fuerza de inspiración del Maulana Maududi. Habiendo introducido los conceptos de herejía y apostasía, no pudo escapar de la lógica calvinista que prescribía "la muerte como castigo por la apostasía". Pero el Maulana tuvo la falsa audacia de atribuir al Santo Profeta (sa) la autoridad para este castigo. El Maulana escribió un panfleto al respecto en el que lleno de confianza citó la acción militar de Abu Bakr contra las tribus rebeldes como prueba de que existía la pena de muerte por apostasía. Antes de que comentemos esto, se deberían citar los escritos del Maulana para demostrar la profunda influencia de sus modelos cristianos. Pero en resumen, al igual que para los padres cristianos de la Europa Medieval la retractación era merecedora de la muerte y la única definición aceptable del cristianismo era la suya, el castigo por la renuncia al Islam era la muerte y la única definición del Islam era la que el Maulana o sus sucesores establecían. Está claro que bajo un gobierno maududiano el soberano decidiría quién era musulmán y quién no. ¿Cuál sería esa decisión? Los escritos del Maulana son bastante meridianos. Según Maududi, los áhmadis son apóstatas y una "minoría no musulmana". Pero los áhmadis no son los únicos herejes; los Ahl-i-Quran, seguidores de la escuela de pensamiento de Mr. Parvez, también son herejes. Son "kafir" y apóstatas. De hecho, su herejía es mucho más importante que la de los Qadianis. El Maulana Amin Ahsan Islami, que no había renunciado a la enseñanza maududiana y que todavía estaba considerado como la mano derecha de Maududi, dictó la siguiente orden de destierro publicada en el "Tasnim", órgano oficial del Yamaati Islami: Algunos aconsejan que, puesto que no hay posibilidad de promulgar la Sharía Islámica, el gobierno de este país (Pakistán) debe formarse sobre los principios establecidos en el Corán. Si, con este motivo, estas personas quieren decir que la Sharía está confinada "exclusivamente" al Corán y que otras reglas no son Sharía, entonces se está cometiendo una clara herejía. Esta herejía es similar a la de los Qadianis, de hecho, mucho más grave (15). Este veredicto está claramente en contra de los áhmadis y de los Ahl-i-Quran. Descubrir si la "herejía" y consiguiente apostasía está confinada a estos dos únicos grupos necesita un examen más concienzudo. Según los escritos del Maulana Maududi cualquier cosa "no maududiana" es una herejía. Las enseñanzas maududianas son como el Credo de Atanasio y cualquier desviación de las mismas es "kufr". El Maulana dice: El 99,99% de la nación musulmana no tiene conocimiento del Islam ni la posibilidad de distinguir lo verdadero de lo falso. No han dirigido ni sus valores morales ni sus pensamientos hacia el Islam. Un musulmán lo es porque su padre lo fue y la fe ha pasado de generación en generación. Estos musulmanes no han aceptado esta realidad porque creen que están en lo cierto y no han rechazado la equivocación por ignorarlo. Si alguna vez se entregan los asuntos musulmanes a esta gente y alguien piensa que dichos asuntos serán dirigidos adecuadamente, está viviendo en un paraíso de estúpidos (16). Continúa: El proceso de elecciones democráticas es como batir leche para obtener mantequilla. Si se bate leche envenenada, la mantequilla también será venenosa. Así, la gente que crea que el Reino de Dios (Hukumat-i-Ilahiyya) se dará automáticamente si se liberan las áreas musulmanas de la mayoría hindú, está equivocada. Terminarán con un gobierno hereje de musulmanes (Kafirana hukumat) (17). El Maulana es más explícito en el siguiente pasaje del mismo libro: La llamada nación musulmana está compuesta por todo género de basura. Todos los tipos de caracteres que se dan entre los no creyentes se encuentran aquí. El número de mentirosos que aparecen en los tribunales de justicia no es menor que el que aparece en los de otras naciones. No hay ninguna forma de depravación moral en que el soborno, el robo, el adulterio y la falsedad, en pocas palabras, estén en segundo término para los no creyentes (kuffar) (18). Estos edictos e interdictos maududianos son muy extensos. Sin embargo, alguien puede todavía dudar de que se refieran al 99,99% de los musulmanes comunes y que los líderes e intelectuales musulmanes estén exentos de estas limitaciones. Pero el Maulana hizo otra afirmación sobre los líderes musulmanes y los "ulemas" para aclarar que cualquier musulmán que no acepte el credo maududiano está errado. El Maulana dice: Los líderes políticos educados a la manera occidental, los "ulema" y los eruditos de la jurisprudencia musulmana están cada cual más equivocados, tanto en sus medios como en sus fines. Han perdido el camino de la verdad y han deambulado a ciegas en la oscuridad. Ninguno de ellos tiene un punto de vista musulmán (19). Así que, según el Maulana, ni el 99,99% de los musulmanes, ni sus líderes religiosos o seglares están en el camino correcto. Se han extraviado, su punto de vista no es musulmán y todos los tipos de criminales que se encuentran entre los "kuffar", también se dan entre los musulmanes. Si al oír esta descripción alguien tuviera que denominar a los "umma" como un "puñado de apóstatas", el Maududi habría contestado: "Tú lo has dicho". No tenía pelos en la lengua. Refiriéndose a los que abandonan el Yamaati Islami dijo: "Éste no es el camino del que apartarse. Batirse en retirada significa apostatar" (20). Si abandonar el Yamaati Islami y unirse a otro grupo musulmán es una apostasía, entonces esa otra organización es automáticamente "kafir". Ésos son los musulmanes que rezan pidiendo favores en las tumbas de los santos y los chiítas, que consideran que los tres primeros Califas son unos usurpadores. Es de sobra conocido que según el Maulana, y todos los "ulemas" de Deoband coinciden con él, la corriente principal "Ahli Sunnat wal Yamaat" de India y Pakistán, conocida como Brelvis, es "kafir". Ahora que el Maulana ha declarado que virtualmente todos los no-maududianos son apóstatas, trata muy detalladamente el tema de la gente musulmana de nacimiento. Es uno de los trozos más difíciles del argumento de Maududi. Comentando su propio Islam, el Maulana dijo: "He abandonado el collar del Islam heredado.... he leído el Corán y estudiado la vida de Muhammad (sa)...... y, ahora, soy un nuevo (converso) musulmán". Con la misma base, inventó un esquema para la reconversión de los otros musulmanes. Descubre su plan con las siguientes palabras: Siempre que se hace cumplir la pena de muerte por apostasía en un nuevo Estado islámico, los musulmanes se mantienen dentro del rebaño del Islam. Pero existe el peligro de que un gran número de hipócritas viva junto a ellos. Siempre supondrán un peligro de traición.
Ésta es mi solución al problema. Que cuando tenga lugar una revolución islámica, todos los musulmanes no practicantes deban declarar, en el transcurso de un año, su despedida del Islam y su abandono de la sociedad musulmana. Al cabo de un año, todos los nacidos musulmanes serán considerados musulmanes. Todas las leyes islámicas serán de obligado cumplimiento para ellos. Se verán obligados a practicar todo el "fara id y wayibat" de su religión y, si en ese momento, alguien desea abandonar el Islam, será ejecutado. Se realizarán todos los esfuerzos para evitar la caída en el seno de "kufr" del mayor número posible de personas. Pero los que no puedan ser salvados, serán separados de la sociedad para siempre (ejecutados) contra su voluntad. Tras esta purificación, la sociedad islámica empezará de nuevo con los musulmanes que hayan decidido permanecer siendo musulmanes de forma voluntaria (21). El Maulana no nos dice bajo qué reglas de "iytihad" se relajará una ley que establece la pena de muerte por apostasía. En cualquier caso, esta ley será relajada sólo en el momento que se establezca un Estado Islámico; una concesión excepcional. Tras este período de gracia, los musulmanes que hayan nacido "kafirs" saldrán perdiendo. El Maulana explica por qué no puede hacer ninguna excepción con estos desgraciados. Dice: Hay una cuestión final sobre la pena capital que puede perturbar a muchos de nosotros. Puede decirse que un no-musulmán que abrazó libremente el Islam, y que posteriormente, volvió al "kufr", ha cometido una falta intencionada. Podía haber permanecido "dhimmi", así que ¿por qué abrazar una religión de responsabilidad colectiva de la que no hay escapatoria? Pero ¿Qué pasa con la persona nacida de padres musulmanes y que no ha abrazado el Islam? Es musulmán de nacimiento. Si, al llegar a su mayoría de edad, quiere rechazar la fe, es injusto amenazarle con la ejecución para que permanezca musulmán y, además, proporciona sustento al creciente número de hipócritas nacidos en la sociedad musulmana. Hay dos respuestas a esta pregunta; una trata el aspecto práctico y la otra el tema del principio. Por principio no puede haber distinción entre los nacidos que siguen una religión y los que se convierten a esa religión. Y ninguna religión ha hecho jamás esa distinción. Tanto unos como otros, son gobernados por las mismas leyes. Es imposible y lógicamente absurdo tratar a los hijos de los seguidores de una religión como "kufar" o extranjeros hasta que sean adultos y después darles la oportunidad de elegir o rechazar la religión de nacimiento (o la ciudadanía por el mismo motivo). Ninguna sociedad del mundo puede dirigir sus asuntos de esta forma (22). Aun aceptando la ley maududiana de que el Islam prescribe la pena de muerte por apostasía y que todos los musulmanes excepto los Yamaati Islami son "kafir", no se puede tratar a los musulmanes no maududianos como apóstatas, incluso siguiendo la propia lógica del Maulana. Son "nacidos "kafir"". ¡El Maulana quiere tener su pastel y comérselo también! Los musulmanes que no coinciden con el concepto maududiano del Islam, se describen en primer lugar como "nacidos musulmanes" y "kafir", porque fueron educados por sus padres en un entorno "kafirana". Después, son tachados de apóstatas porque al llegar a la mayoría de edad, no rechazaron el Islam de sus padres y dieron preferencia al Islam maududiano. Un no-musulmán que abraza el Islam y posteriormente se retracta, debe ser ejecutado porque se hizo musulmán sabiendo muy bien que no había escapatoria. De forma similar, un musulmán nacido no-maududiano, debe ser tratado también como un apóstata porque no aceptó la versión del Islam del Maulana Maududi al alcanzar su mayoría de edad. Éste es el argumento que muestra claramente la personalidad dictatorial, manipuladora e intolerante del Maulana. Ningún musulmán, convertido o de nacimiento, está fuera de su alcance. El decreto coránico de que "no habrá coacción en la religión", es justificado hábilmente con las siguientes palabras: Esto significa que no debemos obligar a nadie a abrazar nuestra religión. Es verdad. Pero debemos advertir a todo el que desee retractarse que esta puerta es infranqueable al tráfico libre. Si uno decide venir, debe hacerlo con la firme decisión de que no hay escapatoria. Un erudito líder del Ahl-i Quran, Ghulam Ahmad Parvez, dijo refiriéndose a este comentario maududiano sobre el versículo coránico: "El Islam de Maududi Sahib, es una ratonera: el ratón puede entrar, pero no puede escapar". El punto central del argumento del Maulana es que todas las religiones consideran a los descendientes de sus seguidores como sus seguidores. Por lo tanto, los descendientes de padres musulmanes, aun cuando los padres sean en la práctica "kafir", serán propiedad islámica. Si se ha establecido un derecho de propiedad sobre estos niños ¿cómo pueden ser libres para elegir otra religión cuando alcancen la mayoría de edad? En la explicación de este punto, el Maulana parece haber pasado por alto el siguiente dicho del Profeta (sa): "Todo niño tiene una predisposición innata a ser musulmán, pero sus padres le hacen judío, cristiano o zoroastriano" (23). Si el punto central del argumento del Maulana es correcto ¿por qué limitarlo entonces a los descendientes de musulmanes? ¿Por qué no aplicarlo también a los de los no musulmanes puesto que, de acuerdo con el "hadiz", también nacieron con una "predisposición a ser musulmanes"? Esto daría al gobierno maududiano un control total de todos los niños no musulmanes. Da lo mismo que un niño esté o no bajo el dominio maududiano. Mientras el Maulana parece haber olvidado el "hadiz", citado anteriormente, la fuerza de su lógica le conduce a este absurdo. El Maulana Maududi ha reproducido de hecho el cristianismo medieval en el movimiento Yamaati Islami, casi palabra por palabra. Comentando su política de intolerancia, la historiadora de cristianismo medieval Elisabeth Labrousse, hace la siguiente observación: "En el plano individual sólo crea mártires o hipócritas" (24). Comparemos ahora la observación de Labrousse con el siguiente pasaje del libro de Maududi "The Punishment of Apostasy in Islam": "Si (el apóstata) es verdaderamente tan honesto que no desea vivir como un hipócrita y desea de verdad permanecer firme en su propia fe ¿por qué no se ofrece para su muerte?" (25). Como el concepto maududiano de la religión es el único camino para la salvación, el Maulana no permitiría los mismos derechos y privilegios a los seguidores de cualquier otra religión. El trabajo misionero de otras religiones estaría prohibido en un estado maududiano. El Maulana dice: La ejecución de los apóstatas ha decidido ya el asunto. Como no permitimos que ningún musulmán abrace cualquier otra religión, no se suscita la cuestión de permitir que otras religiones abran sus misiones y propaguen su fe dentro de nuestras fronteras. No podemos tolerarlo (26). Pero ¿puede un "kafir" propagar su religión entre otros "kafirs"? Por ejemplo, ¿puede un cristiano abrir misiones para trabajar entre judíos o hindúes? ¿Podrían los Arya Samayists, que no creen en la adoración a los ídolos y creen en un Dios, predicar a los seguidores del panteísta Sanatan Dharma? El Maulana dice: El Islam jamás puede tolerar la expansión de las religiones falsas por el mundo. ¿Cómo se puede dar permiso a los misioneros de las religiones falsas para propagar la falsedad y atraer a otros al fuego hacia el que ellos mismos están avanzando? (27). El mismo Maududi acepta que los judíos y los cristianos son Ahl-i Kitab (gentes del Libro). Pero si desean convertir a los adoradores de ídolos y del fuego, o a los politeístas, a la adoración de un Dios, el Dios de Moisés (as) y Jesús (as), acercándoles de esta forma al Islam, les estaría prohibido. En resumen, el Maulana concede solamente a los nacidos "kafir" la posibilidad de no ser matados si no aceptan el Islam. Pero si esto es así ¿por qué matar a un nuevo "kafir" que se ha retractado? Si un nuevo "kafir" debe ser absolutamente castigado ¿por qué con la pena de muerte? ¿Por qué no con el exilio o la prisión, de forma que no pueda romperse la sociedad musulmana? En este caso, el Maulana Maududi, fiel a la lógica de San Agustín, explica que se ejecuta al apóstata por su propio bien. Dice: Sólo hay dos métodos de tratar a un apóstata. Mantenerle al margen de la ley privándole de su ciudadanía y permitiéndole simplemente su existencia, o terminar con su vida. El primer método es definitivamente más severo que el segundo, porque le obliga a existir en un estado en el que "ni vive, ni muere" (28). Es preferible matarle. De esta forma se pone fin de forma simultánea tanto a su agonía como a la agonía de la sociedad (29). Pero el castigo al que el Maulana sentencia a los apóstatas no es realmente la persecución "en el espíritu del amor" de San Agustín. Existe una vida tras la muerte y matando a un apóstata el Maulana le está consignando directamente al fuego del infierno. Salvando a los apóstatas de las agonías temporales de una vida de marginación, el Maulana les está enviando a las agonías mucho mayores del infierno. Sobre todo, el Maulana está privando a los trágicos apóstatas de la oportunidad de arrepentirse y, por lo tanto, de salvarse. Mientras que los "kafir" tienen la oportunidad de arrepentirse en cualquier fase de su vida, los apóstatas no pueden volver al Islam y beneficiarse de la compasión del Gran Perdonador ("Al Ghaffar") y el Aceptador del Arrepentimiento ("Al-Tawwab"). Reduciendo la lógica del Maulana a su conclusión absurda, cabría también preguntar: "Puesto que el significado de la pena de muerte es desanimar a la gente que cambia de fe a la ligera, a entrar en nuestra sociedad ¿cómo proponerse impedir que la gente indecisa nazca en hogares musulmanes?". Esta política draconiana de fuerza y brutal intolerancia no se restringe al estado maududiano. Su política exterior se basa también en la fuerza y en la intolerancia. El Maulana dice: El Islam no quiere provocar esta revolución en uno o unos cuantos países. Quiere extenderla por todo el mundo. Aunque el deber del "Partido musulmán" es traer esta revolución a su propia nación en primer lugar, su último objetivo es la revolución mundial. Por supuesto que el último objetivo del Islam es la revolución mundial. Pero el Islam quiere una revolución "espiritual", no la revolución comunista que el Maulana ha tomado prestada de dicha ideología. No es casual que la polémica maududiana siga tan de cerca el argumento comunista. Si se sustituyen las palabras "Partido Comunista", se encuentran los ecos de Marx y Lenin en los escritos del Maulana Maududi. La revolución Maududiana no se basa en la "adl" (justicia), sino en el materialismo y consiguiente dictadura personal. No hay mucha diferencia entre la política maududiana hacia los estados vecinos y la política exterior comunista. Maulana Maududi escribe: Las relaciones humanas están tan integradas, que ningún estado puede tener completa libertad de acción bajo sus principios, a no ser que los mismos principios no estén en vigor en un país vecino. Por lo tanto, un "Partido Musulmán" no estará satisfecho con el establecimiento del Islam en una sola área, tanto para su propia seguridad como para la reforma general. Debe intentar propagarlo en todas las direcciones. Por un lado extenderá su ideología, por otro invitará a la gente de todas las naciones a aceptar su credo, pues la salvación reside sólo en él. "Si este estado islámico tiene poder y recursos, luchará contra los gobiernos no islámicos y los destruirá, y establecerá estados islámicos en su lugar" (30). El párrafo anterior es una copia virtual del Manifiesto Comunista. El Maulana no vacila en atribuir su política agresiva al propio Santo Profeta (sa). Dice: Ésta fue la política adoptada por el Profeta (sa) y sus rectamente dirigidos califas. Arabia, donde se formó primeramente el Partido Musulmán, fue la primera en ser dominada. Tras esto, el Profeta (sa) envió invitaciones a todos los países vecinos. "Pero no esperó a ver si eran o no aceptados". Tan pronto como adquirió el poder comenzó el conflicto con el Imperio Romano. Abu Bakr se convirtió en el líder del partido después del Profeta (sa) y atacó tanto al Imperio Romano como al Persa, mientras Umar ganó finalmente la guerra (31). Ésta es una declaración general de guerra contra todos los estados vecinos no musulmanes; están a salvo solamente mientras el estado maududiano es débil. Tan pronto como el estado maududiano haya concedido un año de advertencia a sus ciudadanos nacidos musulmanes, para optar por el Islam maududiano o escapar, y haya sometido a la oposición interna, emprenderá una guerra de conquista contra sus vecinos. Maududi no coincide con el punto de vista musulmán general de que la guerra fue realmente impuesta al Profeta (sa), Abu Bakr y Umar por los poderosos imperios cristianos y persas que deseaban aplastar el Islam, y que los musulmanes, a pesar de sus escasos recursos, tuvieron que contraatacar en defensa propia.
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