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¿TERRORISMO ISLÁMICO?


Hazrat Mirza Tahir Ahmad - 1989  

Me pregunto ¿Qué es el terrorismo "islámico"? El Islam está tan estrechamente vinculado al terrorismo como la luz a la oscuridad, o la vida a la muerte, o la paz a la guerra. Desde luego, están íntimamente ligados entre sí, pero proceden de direcciones diametralmente opuestas. Se les encuentra aferrados entre sí pero nunca caminando de la mano de una forma feliz.

Sin embargo, no se puede negar que en muchas ocasiones se ha encontrado a muchos musulmanes involucrados en actividades terroristas, bien en nombre de un grupo, o en nombre de un país con una población predominantemente musulmana.

¿Acaso no hay otros grupos implicados en actividades terroristas y subversivas por todo el mundo? ¿Sería justo etiquetar a todas las clases de terrorismo utilizando el mismo principio que dio vida al término "terrorismo islámico" creando una lista de terrorismo sij, hindú, cristiano, judío, ateo, budista, animista y pagano?

No es fácil cerrar los ojos a los diversos tipos de terrorismo, desgraciadamente, florecen en todo el mundo. De hecho, es imposible que un observador no se percate de la persecución, derramamiento de sangre y asesinato que a menudo se practican en nombre de un supuesto ideal o una noble causa. El terrorismo es un problema global y necesita estudiarse desde perspectivas más amplias. A menos que comprendamos las fuerzas que hay detrás de la violencia, no podremos entender por qué algunos grupos y estados musulmanes se vuelven hacia el terrorismo para conseguir ciertos objetivos.

Estoy totalmente convencido de que casi todas las formas de violencia común que se observan hoy día en el mundo, donde quiera que se produzcan y cualquiera que sea su pretexto, son esencialmente políticas por naturaleza. La religión no es la explotadora, sino que es explotada por intereses políticos internos o externos.

Por ejemplo, hay un terrorismo generado por el racismo, pero que tiene una naturaleza esencialmente política en sus últimas consecuencias. Hay otras pequeñas expresiones de terrorismo nacidas de la rebelión y el odio contra sistemas sociales y culturas predominantes. Generalmente se miran como actos de locos y anarquistas. Hay un tipo especial de terrorismo que está relacionado con la lucha de la Mafia por la supremacía; este terrorismo se da entre facciones contrarias dentro de la Mafia. Obviamente, este terrorismo es una lucha por el poder y, por consiguiente, político.

Cuando se examina el llamado "terrorismo islámico" se descubre la existencia de fuerzas políticas trabajando detrás de una fachada islámica. La mayor parte de las veces los verdaderos manipuladores y explotadores ni siquiera son musulmanes. Volvamos hacia algunas ilustraciones particulares de terrorismo para diagnosticar las enfermedades subyacentes. Comenzaremos con Irán y veremos como nació el Jomeinismo.

Es comúnmente aceptado que en la época del Sha había una gran prosperidad. Los enormemente ambiciosos planes de desarrollo industrial y económico auguraban un brillante futuro para el país, pero, ¿se puede vivir de pan solamente? En lo que concernía a los iraníes bajo el gobierno despótico del Sha, la respuesta era un enfático "No". Querían tener una participación responsable en el desarrollo de los asuntos de su propio país. Se negaban a sentirse exclusivamente satisfechos por tener sus estómagos llenos. Su hambre de autoestima y dignidad y su sed por ser libres y poder sacudirse el yugo de un estricto sistema de opresión les llenó de impaciencia y de ansias de volar. Era una situación perfecta para desencadenar una revolución violenta y sangrienta.

Si la naturaleza de esta inminente revolución no hubiese sido esencialmente islámica habría habido una revolución comunista incluso más sangrienta y feroz. El tumulto que sacudió a Irán de norte a sur y de este a oeste fue el producto natural e inevitable de una larga opresión política y negación de los derechos humanos más elementales y de las libertades, así como de la subversión y explotación por una gran potencia extranjera occidental. Irán era consciente del hecho de que el despótico régimen del Sha estaba plenamente respaldado, apoyado y permitido por el gobierno de los Estados Unidos de América. El odio y el ansia de venganza de la gente no cesó con la caída del régimen del Sha ni con la destrucción de las fuerzas internas que, de una u otra forma, habían sido responsables del mantenimiento de la monarquía. La conciencia del apoyo americano había despertado en el Sha sus peores tendencias despóticas. El temor reverencial que, en un principio inspiró, desembocó gradualmente en el terror. El miedo a una revolución endureció cada vez más su actitud con el paso del tiempo. Poco a poco fue instaurándose en Irán un estado policial del peor tipo. Según el tiempo transcurría los iraníes fueron cada vez más conscientes de que el estado policial estaba total e inequívocamente apoyado por el gobierno de los Estados Unidos. El Sha jugó el papel de una simple marioneta cuyas cuerdas eran sujetadas por los dedos sutiles y manipuladores de los EEUU. Ésto, como se ha mencionado anteriormente, condujo a una situación idónea para la revolución motivada por un apasionado fuego de odio.

La situación fue capitalizada por el Ayatollah Jomeini. La ideología que propugnó para dar color y fuerza a su revolución fue Shia Islam. Pero, ¿fue realmente un amor al Shia Islam lo que generó el odio contra EEUU, o el nombre del Islam fue una simple fachada para ocultar los motivos subyacentes? Si Jomeini no hubiese enarbolado la bandera del Islam, ¿no habría habido una revolución bajo otro nombre? ¿No es un hecho que si Jomeini no hubiese explotado la situación y le hubiese dado un tinte y forma islámico podría haber sido igualmente explotada la misma situación de odio por una filosofía no religiosa como el nacionalismo o el socialismo científico?.

De hecho, Jomeini dejó atrás a las fuerzas que venían pisándole los talones y que en un momento determinado podían rebasar su figura y todo lo que representaba. Es por eso que la situación en Irán se hizo extremadamente complicada y confusa. La urgencia básica de la revolución no fue contra el comunismo o cualquier filosofía izquierdista, sino que se dirigió contra el Sha y sus mentores. Pero como existía una verdadera probabilidad de que un liderazgo izquierdista quitase a Jomeini las riendas de su revolución, tuvo que luchar simultáneamente en tres frentes. Después de la caída del Sha no sólo se encargó de erradicar y exterminar a todos los partidarios del mismo, sino también de extirpar la influencia americana donde quiera que se sospechase de su existencia. Eso en, sí mismo, podría haber prestado apoyo a la ideología izquierdista que, si se permitía que floreciese libremente, podría tener éxito en arrebatar el poder de las manos de Jomeini y reemplazar la ideología islámica por el marxismo-leninismo.

Afortunadamente para el Ayatollah Jomeini, fue lo suficientemente astuto y poderoso como para empuñar la espada de doble filo de la ideología islámica, no sólo contra el derechismo americano, sino también contra el izquierdismo ruso.

Pero con todo lo dicho y hecho, es obvio que, cualquiera que fuera, no fue ciertamente el Islam quien guió e instruyó la revolución iraní. En cualquier caso puede calificarse como se quiera lo que ocurrió y está ocurriendo en el Irán de Jomeini. Las verdaderas fuerzas implicadas no tienen un carácter real y esencialmente religioso. Los poderes políticos han explotado la reacción de los iraníes contra el Sha para conseguir sus fines puramente políticos.

Hay una larga historia de una creciente conciencia iraní de su explotación y esclavitud por poderes extranjeros de uno u otro tipo. A pesar del hecho de que una gran mayoría de iraníes son musulmanes, no se puede ignorar el hecho de que los iraníes nunca han podido olvidar ni perdonar la conquista de su patria por los árabes. Aunque parecía que las heridas habían cicatrizado mucho tiempo atrás y que potentes factores tales como la comunidad de religión y de enemistad contra otros países han jugado un importante papel en aglutinar a los iraníes y a los árabes, no puede negarse que todavía existe una corriente subterránea de insatisfacción por la dominación árabe de Irán durante los pasados siglos. Debe tenerse en cuenta que en la era pre-islámica, Irán ostentó una de las civilizaciones más poderosas e ilustres que más han influído en toda la humanidad. En el comienzo del Islam, los árabes sólo conocían dos mundos, el de occidente dominado por el Imperio Romano y el de oriente comandado y gobernado por los Cosroes de Irán. El recuerdo de ese remoto y glorioso pasado, aunque sojuzgado en alguna extensión por la fuerte influencia de la hermandad islámica, no pudo borrarse por completo. Ha habido siempre una larga y persistente sombra de la gran civilización iraní en los corazones de los intelectuales iraníes.

La larga historia de las disputas entre iraníes y árabes y las incursiones de castigo realizadas por iraníes en Arabia dejaron también peligrosas y molestas cicatrices en las mentes de los árabes que ni siquiera el tiempo, gran curador, pudo borrar. Esto es humano. Todo el mundo puede a veces encontrar difícil disociarse del pasado y olvidar injurias e insultos contra su honor. Dichos capítulos de la historia nunca se cierran totalmente sino que se abren una y otra vez.

Ya hemos hablado bastante de las disputas entre árabes e iraníes en el pasado. Vayamos ahora a épocas más modernas. Los iraníes han estado alimentando sus quejas no sólo contra los árabes. Durante la II Guerra Mundial, los iraníes se vieron sometidos a un peor tipo de dominación por parte de las predominantes fuerzas británicas. Mientras que en el caso de los árabes hubo al menos el factor compensador de lazos culturales y religiosos comunes, en el caso de los británicos el abismo entre el que impone las reglas y el que está sometido a ellas, más que reducirse, se acrecentó. No se pudo establecer un puente mediante parecidos sociales, culturales o religiosos.

Al declive de la influencia británica siguió una era de control indirecto y subyugación de países del Tercer Mundo por las principales potencias, a través de hombres de paja y regímenes marioneta. En este período de neoimperialismo, la protección a Irán fue transferida del seno británico al seno americano. De esta forma, el Sha de Irán se convirtió en un símbolo del imperialismo americano que apoyaba ideologías conflictivas para su conveniencia, como lo hace hoy, por ejemplo, en Polonia, Nicaragua, Israel y Sudáfrica.

El combustible del odio que a la larga hizo estallar la revolución Jomeinista, no fue sólo un producto de la opresión americana sino que se había estado acumulando durante siglos, al igual que sus reservas subterráneas de petróleo y gas. El punto más importante de observación es que este odio no fue esencialmente religioso en su origen. Si Jomeini no hubiera explotado el odio en nombre del Islam, algún líder comunista lo habría explotado igualmente en nombre de la justicia social. Carece de importancia el carácter religioso o irreligioso que se hubiese dado a la revolución, puesto que las fuerzas y factores subyacentes permanecerían iguales.

He puntualizado muchas veces a los que observan los excesos cometidos por Jomeini contra su propio pueblo y los actos de venganza perpetrados en otros países de carácter islámico, que el Islam como religión no tiene nada que ver con la expresión de la insatisfacción iraní. Por decirlo de alguna manera, occidente debe tratar al Ayatollah Jomeini como su benefactor, más que como su enemigo. Digo ésto, porque estoy totalmente convencido de que si Jomeini no hubiese explotado la situación y le hubiese dado un carácter islámico para apoyar y perpetuar una Junta de "clérigos" musulmanes, la situación habría sido explotada con toda seguridad por líderes iraníes de tendencia izquierdista. El mismo Irán que hoy vemos de verde salpicado por rojo, habría aparecido ante nosotros totalmente teñido de rojo. Sería ingenuo decir que el liderazgo comunista creado y adiestrado por el Dr. Mossadeq estaba hasta tal punto debilitado y enflaquecido en el momento del derrocamiento del Sha, que no podía haber jugado un papel eficaz y revolucionario en esta encrucijada de la historia iraní que hace época. De hecho, el liderazgo comunista estaba bien apoyado y adiestrado. Estaba totalmente preparado para aprovechar la primera oportunidad que se le presentase. Pero para el Ayatollah Jomeini, Irán podía perfectamente haber terminado como un régimen marxista radical. Tal acontecimiento habría tenido consecuencias desastrosas para el Oriente Medio, rico en petróleo, pero débil militarmente. Así que el islamismo jomeinista, por muy sangriento y repugnante que pueda parecer a occidente, podría considerarse como una bendición disfrazada. El papel jugado por el Ayatollah Jomeini debe contemplarse desde esta perspectiva.

La guerra Irán-Iraq puede parecer irrelevante para el tema que estamos discutiendo, pero arroja algo de luz sobre la naturaleza de los acontecimientos explosivos de una parte del mundo islámico. Ambos países reclaman ser musulmanes y pretenden conseguir su inspiración del sagrado nombre del Islam para odiarse, destruirse y aniquilarse.

Todos los soldados del lado iraquí que cayeron en el campo de batalla fueron aplaudidos por los medios iraquíes como grandes mártires. Todos los soldados iraníes que murieron a manos de los iraquíes fueron condenados como infieles y remitidos directamente al infierno por los mismo medios. La misma historia se repitió exactamente a la inversa, día tras día, al otro lado de la frontera en Irán. Cada vez que un soldado iraquí moría bajo las bayonetas, el campo de batalla resonaba con el grito de "Allaho Akbar" (Dios es grandísimo). Uno se pregunta de qué lado estaba el Islam. Todo esto demuestra el vacío de estos slogans. El único punto que puede demostrarse más allá de una sombra de duda, es que los soldados iraquíes e iraníes que dejaron sus vidas por una causa aparentemente noble fueron engañados por sus líderes. El Islam no estaba en ninguno de los dos lados.

El Santo Corán dice:

En verdad Al-lah defiende a los creyentes. Pues Al-lah no ama ciertamente a ningún pérfido ingrato. Se da permiso para combatir a quienes son combatidos porque han sido perjudicados-y Al-lah tiene en verdad poder para ayudarles-Quienes fueron expulsados injustamente de sus hogares sólo por haber dicho Nuestro Señor es Al-lah- y si Al-lah no hubiese permitido a los hombres defenderse contra la actuación injusta de los demás, ciertamente habrían sido destruídos monasterios e iglesias, sinagogas y mezquitas en los que se conmemora frecuentemente el nombre de Al-lah. Mas Al-lah ayudará en verdad a quien Le ayude, Al-lah es ciertamente fuerte, poderoso (22.39-41).

Siempre que encienden un fuego de guerra, Al-lah lo apaga. Y luchan por sembrar la discordia en la tierra, pero Al-lah no ama a los que siembran la discordia (5.65).

Mas si dos grupos de creyentes luchan mutuamente, estableced la paz entre ellos; si después de eso, uno de ellos transgrede contra el otro, combatid al grupo transgresor hasta que vuelva al mandamiento de Al-lah. Luego, si vuelve, estableced la paz entre ellos con equidad, y actuad con justicia. En verdad, Al-lah ama al justo. En verdad, todos los creyentes son hermanos. Estableced pues la paz entre hermanos, y temed a Al-lah para que se os muestre misericordia (49.10-11).

Durante la guerra, las naciones beligerantes ignoraron las enseñanzas anteriores. En la Meca, durante las peregrinaciones anuales, Irán realizó algunos intentos para entregar el mensaje de la revolución jomeinista al resto del mundo musulmán por medio de los peregrinos que allí acudían. Desgraciadamente, estos intentos desembocaron algunas veces en situaciones peligrosas y en extremo embarazosas para los musulmanes. Por ejemplo, los acontecimientos acaecidos en la Meca durante la peregrinación de 1987 y las medidas excepcionales tomadas por Arabia Saudita fueron muy comentados en los medios occidentales. El Sagrado Corán, sin embargo, enseña a todos los musulmanes "Y no lucheis contra ellos ni dentro ni cerca de la Mezquita Sagrada mientras no os ataquen allí. Pero si os atacan, combatidles: esa es la retribución contra los incrédulos" (2.192).

Un beneficio que todas las grandes potencias (que han estado apoyando a Israel de forma abierta o encubierta) encabezadas por EEUU, han conseguido de Jomeini y del jomeinismo, es que a Jomeini no se le dejó más alternativa que prolongar la guerra Irán-Iraq. Ésto desvió la atención del mundo musulmán de la más irritante espina clavada en su costado, Israel, hacia un tema completamente distinto. La conciencia de una amenaza enemiga externa dio paso a una creciente desconfianza entre los musulmanes.

El mundo de Oriente Medio fue roto en pedazos. El "miedo" a Israel fue aparcado como un problema latente pero menor al que se podía prestar atención más tarde. El miedo de una parte de los musulmanes por otra fue un factor de mayor presión y demanda, que dejó en el olvido temores reales o imaginarios hacia un enemigo externo.  Desde luego, para engañar al simple soldado, se utilizó a menudo por ambas partes el slogan de que el Islam estaba en peligro. En realidad, lo que sucedió fue el resurgimiento de rivalidades y celos históricos entre los árabes y los iraníes "allm" (no árabes, extranjeros). No fue una cuestión de fuerzas islámicas contra fuerzas no islámicas o del chiismo contra el sunnismo, sino una reactualización simple y sencilla de las rivalidades subsistentes durante miles de años. Es por eso que incluso los árabes que habían sido críticos anteriormente con Iraq y Arabia Saudita fueron conducidos inevitablamente a tomar partido por Iraq. Fue un simple asunto de supervivencia árabe contra el reto y amenaza crecientes de Irán.

Los árabes se enzarzaron en contiendas inter-tribales prolongadas por cuestiones insignificantes antes del advenimiento del Islam. El Islam puso freno a todo ésto. Unió a los musulmanes en una hermandad libre de cualquier tipo de rivalidad y discriminaciones. Pero cuando los musulmanes dejaron de vivir en las enseñanzas del Islam, los hermanos se hicieron enemigos y las rivalidades tribales volvieron a estar en primer plano. Lo que observamos en el mundo islámico no es realmente la característica del Islam. Es otro caso del retorno de viejas tendencias feudalistas.

Las grandes potencias condenaron rotundamente la guerra y pidieron repetidamente el cese de las hostilidades, pero fueron responsables por suministrar armas constantemente tanto a Irán como a Iraq. Después de todo, los aviones de guerra, cohetes, misiles, cañones, carros de combate, demás vehículos de artillería y armas destructivas que fueron utilizadas libremente por ambos contendientes no se fabricaron en sus propios países. Abierta o encubiertamente, el petróleo de Oriente Medio y las armas de occidente cambiaron de manos. El fuego de la guerra fue alimentado en última instancia por el petróleo producido por Irán e Iraq y convertido en armas por las potencias occidentales y orientales no musulmanas. En lo relativo a occidente, lo anterior no supuso en absoluto un mal negocio; el petróleo de Oriente Medio se compró a cambio de armas obsoletas o relativamente viejas. ¿Podría concebirse un negocio más ventajoso?

Como hemos visto, incluso se olvidó totalmente al archienemigo israelí. Los musulmanes se mataron entre si. El petróleo del mundo musulmán se utilizó para quemar y destruir su economía. Se malograron los laboriosos logros económicos de la década anterior. En lo que al progreso y la prosperidad se refieren, en vez de hacer avanzar tanto a Iraq como a Irán, iniciaron la marcha atrás en el tiempo.

Desde luego, todas las guerras tienen efectos devastadores en el desarrollo económico, en los recursos materiales y humanos, y en los logros culturales y la industria. Pero en el caso de los países avanzados, la industria de guerra puede ser apoyada por sus propios recursos o los de sus aliados. Las demandas y presiones de la guerra y la lucha por la supervivencia no agotan sus recursos; enriquecen sus conocimientos científicos y técnicos hasta un grado notable en un corto período de tiempo. El conocimiento y la experiencia ganados durante los tiempos de guerra se pueden emplear inmediatamente depués, no sólo para rehabilitar la economía sino para darle un tremendo impulso. Las guerras destructivas dan lugar a nuevas ideas constructivas y avances en los descubrimientos científicos e industriales. Por consiguiente, aunque materialmente empobrecidos a consecuencia de una guerra prolongada, pueden enriquecerse enormemente para construir un futuro mejor.

Desafortunadamente ese no es el caso de los países atrasados científica y económicamente que se permiten el lujo de una guerra. Su única elección es vender lo que poseen e incluso hipotecar su futuro, consiguiendo acuerdos con países avanzados científica e industrialmente para que les suministren materiales de guerra. Sin hacer ésto, sería imposible que una guerra se prolongase en el Tercer Mundo durante tanto tiempo y con efectos tan devastadores como sucedió en la guerra Irán-Iraq. La responsabilidad de las atrocidades cometidas entre estos países y, ocasionalmente, contra otros, debe ser compartida hasta cierto punto por los responsables de suministrarles armas y municiones.

Cuando se ha dicho y hecho todo, se han saldado las deudas y se ha tenido en cuenta el intercambio de productos básicos, quizás sería pertinente considerar la pregunta de quién es el beneficiario de las hostilidades, después de todo.

Hemos visto que el Islam es condenado como una religión bárbara que apoya el terrorismo, predica el odio y la intolerancia y divide a los partidarios en campos opuestos de enemigos sedientos de sangre. Esto no constituye ninguna sorpresa. Los que diseñan, traman, implantan y proporcionan los instrumentos de destrucción a las facciones guerreras más desgraciadas del "umma" musulmán obtienen pingües beneficios.

Por cierto, el término "terrorismo islámico" conduce a otro término interesante que ha sido acuñado por los medios occidentales en la última década: "La bomba nueclear islámica". Se afirma que Pakistán la posee. Desde luego, si  existe el terrorismo islámico, tiene que haber una bomba nueclear islámica. Puede que algunos otros términos aplicables a diversos modos de guerra se añadan al prefijo "islámico". ¿Por qué no oímos hablar de una bomba nuclear cristiana, judía, hindú o de una apartheid o sintoista? Es extraño que con la posiblidad de referirse a otros miles de bombas "religiosas", los medios occidentales hayan escogido solamente criticar, identificar y censurar la bomba islámica cuya propia existencia es dudosa.

Como hemos dicho anteriormente, las verdaderas fuerzas implicadas no tienen un carácter real y esencialmente religioso. ¿Por qué singularizar "islámico" donde quiera que fuerzas terroristas están hoy implicadas en países o grupos musulmanes? Las potencias responsables de la prolongación de la guerra Irán-Iraq, por garantizar un constante suministro de armas, no pueden escapar a su responsabilidad por las inmensas pérdidas de vidas y propiedades y por el indescriptible sufrimiento humano resultante. Cualesquiera que puedan haber sido sus motivos finales, han ayudado a que el jomeinismo sobreviva más tiempo. Si hubiesen dejado solos a los países contendientes con sus escasos recursos, el jomeinismo podría haber comenzado a declinar.

Entre otras cosas, esta guerra revivió y fortaleció un espíritu nacionalista que distrajo la atención de los iraníes de sus problemas internos hacia la amenaza de un enemigo externo. Hubiese sido sorprendente que un mayor descontento dentro de Irán no se hubiese traducido en un reto abierto al jomeinismo e incluso una rebelión contra el mismo. Dentro de Irán existe una tendencia muy fuerte a evaluar los valores de la revolución y a juzgar sus pros y sus contras. Aunque una gran parte de la élite ha sido borrada, los intelectuales que han sobrevivido están obligados a hacer balance de sus pérdidas y ganancias durante la revolución jomeinista. Podría ser inminente un movimiento hacia la consecución de un nuevo orden en Irán.

Durante la guerra, la necesidad de elevar la moral de las masas en Irán fue ampliamente satisfecha con el enardecimiento del conflicto. Cuando Irán se quede sin moral será el día de la gran incertidumbre. Si se reemplaza el régimen actual por fuerzas izquierdistas o derechistas, o por cualquier fuerza moderada, se producirá ciertamente una gran pugna para conseguir la supremacía y tomar posesión del gobierno. Todo volverá al crisol y nadie puede afirmar qué suerte le está reservada a Irán. Al-lah sabe qué es lo más conveniente. Sólo me queda rezar para que los tiempos difíciles por los que atraviesa el pueblo de Irán lleguen a una conclusión pacífica y feliz. Verdaderamente son un pueblo con valor y talento. Han sufrido mucho en el pasado y todavía contínuan sufriendo, tanto a manos de los no iraníes como de los iraníes, e, irónicamente, también han adquirido una mala reputación en el asunto. ¡Que Al-lah les muestre su misericordia y les libre de sus penalidades!

Ahora vamos a tratar otro aspecto de la revolución jomeinista en Irán. Poco después de llegar al poder, el Ayatollah Jomeini planeó, no sólo cambiar el estilo de vida de los musulmanes iraníes de la dominación extranjera cubierta o encubierta, sino que también se comprometió a provocar revoluciones similares en los estados musulmanes vecinos. Asimismo, hizo conocer al mundo musulmán que jugaría un papel destacado en ayudar a los palestinos y en derrotar a las fuerzas sionistas. Obviamente, ni los otros estados musulmanes, ni el estado de Israel estaban dispuestos a recibir mensajeros armados de la revolución iraní. De modo que no se podía exportar la revolución a través de medios legales y pacíficos. Irán ha fallado en la entrega de las ideas revolucionarias a los países musulmanes vecinos. Ha conseguido un éxito parcial , sin duda, en el sector palestino-israelí. Como ya he explicado anteriormente, las actividades terroristas llevadas a cabo en este área, bien dirigidas contra Israel o contra representantes de potencias occidentales, toman su permiso, no del Islam, sino exclusivamente de la filosofía de la revolución iraní.

La creciente llamada a la militancia y la utilización de la fuerza que llega a nuestros oídos, necesita analizarse cuidadosamente antes de que podamos comprender la importancia de este extraño fenómeno. Ciertamente, la actitud estrecha e intolerante se está haciendo más popular dentro del "clero" musulmán en casi todos los países musulmanes. Esta responsabilidad recae principalmente sobre los hombres de Arabia Saudita, que está intentando conquistar la imaginación de todo el mundo musulmán y que parece resuelta a extender su influencia política bajo un disfraz religioso. Como disfruta de la única ventaja de ser el guardián de la Meca y Medina, las dos ciudades más sagradas del Islam, se encuentra ciertamente en la posición de explotar esta situación para su conveniencia.

La filosofía religiosa de los sauditas emana del wahabismo, que obtiene su inspiración del mundo intolerante del Islam medieval, más que del comprensivo y benigno Islam del tiempo del Santo Profeta (sa). La extensión de la influencia saudita se ve ayudada por sus petrodólares y el colosal tamaño de sus balances bancarios en los bancos más importantes del mundo. Debido a la reputación de Arabia Saudita, parte de los intereses acumulados de estas colosales inversiones se está utilizando para formar canales de ayuda desde las áreas de Arabia Saudita a las naciones musulmanas más pobres, con importante población musulmana. La mayor parte de las veces, esta ayuda no se proporciona para reforzar sus débiles economías, sino para construir mezquitas, colegios de instrucción e institutos que produzcan eruditos con una impronta saudita.

De ahí, que donde quiera que uno siga el flujo de la ayuda saudita, observará también un rápido aumento de las actitudes estrechas y no tolerantes del "clero" musulmán. Sin duda, cuando el mundo cristiano oye estas voces de rotunda condena a todos los valores no islámicos y de predicación de la "yihad" (es decir, guerra santa), contra gobiernos no islámicos, se ven obligados a creer que la llamada a esta guerra santa se traducirá fácilmente en una real beligerancia. Lo que está sucediendo es en realidad completamente diferente.

El "clero" musulmán alza la voz sobre las guerras santas y la total destrucción de las fuerzas no islámicas. Lo que realmente entienden por fuerzas no islámicas no son las fuerzas cristianas, judía, budistas o ateas. De acuerdo con su punto de vista, todas las sectas musulmanas distintas de las propias, o son no musulmanas en su carácter, o mantienen doctrinas que les hacen responsables de ganar la ira de Al-lah y Sus verdaderos servidores. Los verdaderos enemigos del Islam, tal y como ellos lo perciben, no son los no musulmanes, sino algunas sectas del Islam dentro del mundo del Islam. Las tendencias militantes nacientes son más bien dirigidas contra sectas musulmanas de distinta tendencia, que contra no musulmanes. De ahí la fuerza empleada por ellos en la pena capital por apostasía. Esa es su arma contra los musulmanes que disienten de algunos aspectos doctrinales de la secta mayoritaria de un país. Estas sectas, de hecho, reciben un golpe mortal en dos pasos - primero se declara su doctrina no islámica, lo que les proporciona el título de apóstatas y, segundo, siendo el castigo por apostasía la pena capital, se les considera reos de muerte.

Un observador neutral estará de acuerdo en que esta tendencia militante creciente está provocando el desorden entre los propios musulmanes y en que es responsable de generar un odio extremo en los corazones de los partidarios de distintas sectas.

En lo que respecta a las potencias no musulmanas, pueden sentirse completamente a salvo y deben descansar seguras de que no existe ningún tipo de peligro hacia ellas procedente de las llamadas tendencias militantes del mundo musulmán. Para demostrar lo anterior, basta con considerar las relaciones de Arabia Saudita con occidente, particularmente con EEUU. Es impensable que Arabia Saudita, o países bajo su influencia, puedan siquiera soñar con empuñar la espada contra EEUU y sus aliados. El régimen Saudita depende en un 100 por 100 de EEUU para su supervivencia. Casi toda la fortuna de la familia reinante está depositada en bancos americanos y occidentales. Para colmo, la dependencia de occidente para su seguridad interna y externa es tan evidente, que no es necesario explicarla aquí. Sólo estos dos factores garantizan que ni Arabia Saudita, ni ningún país musulmán bajo su influencia, pueden de alguna manera suponer una amenaza al occidente no musulmán. Aun más, el hecho de que ningún estado musulmán sea en la actualidad autosuficiente en su producción de material de guerra y tenga que depender, ya sea de occidente o del este, para todas sus necesidades ofensivas o defensivas, proporciona una garantía más que suficiente para la conducta segura y pacífica de sus relaciones con los países no musulmanes. El mismo principio es aplicable a países como Libia y Siria, que mantienen relaciones más cordiales con las potencias del Este que con las occidentales. Nadie que tenga un conocimiento remoto de la guerra moderna puede imaginar  una verdadera amenaza de la llamada militancia "islámica". Desde luego existe el peligro de que estas tendencias crezcan y uno tenga que verse perturbado por ellas. El peligro de la militancia islámica es una amenaza para el propio mundo islámico; es una amenaza interna que está destruyendo la paz de los musulmanes en todas partes. Toda la intolerancia, estrechez de miras y fanatismo que observamos en el mundo musulmán actual, está arruinando la paz del mundo musulmán ¡Es Así!

Soy consciente del hecho de que estrictamente hablando, la palabra "terrorismo" se aplica a actos de terror, atentados con bombas y así sucesivamente. Pero no creo que éste sea el único tipo de terrorismo que el mundo está padeciendo. Pienso que cualquier medida represiva tomada por los gobiernos contra sus propios ciudadanos para acallar las voces de desacuerdo, debería también incluirse dentro del término "terrorismo" y ser condenada tan fuerte y rotundamente como cualquier otra forma de terrorismo. Considero que todas las medidas opresoras tomadas por los gobiernos contra la izquierda o la derecha de sus propios países, constituyen un terrorismo del peor estilo. Cuando se dirigen actos de terrorismo contra gobiernos extranjeros y toman la forma de uso de explosivos aquí y allá, o el secuestro de aviones, se provoca una gran conmoción. Como es lógico, la opinión del mundo simpatiza con las víctimas de esos actos terroristas tan crueles. Dichas simpatías no se limitan a ser expresadas, sino que generalmente van seguidas de medidas constructivas para prevenir y anticiparse a dichos atentados en el futuro. Sin embargo, ¿qué hay de esos cientos de miles de personas que sufren bajo las manos severas e inmisericordes de sus propios gobiernos?. Sus gritos de angustia, rara vez se escuchan fuera. Sus gritos de protesta son a menudo apagados por la aplicación de medidas estrictas de censura. Incluso si organismos filantrópicos como Amnistía Internacional llaman la atención del mundo sobre estos actos crueles de persecución, tortura y negación de los derechos humanos, dichos actos son condenados de una forma ligera, si es que se dan, por los gobiernos del mundo. La mayor parte de las veces, se consideran como asuntos internos de los países en cuestión. En vez de describirlos como actos de terrorismo, son ampliamente mencionados como esfuerzos de los gobiernos para suprimir el terrorismo en estos países y establecer la paz, la ley y el orden.

Estoy totalmente convencido de que, en esencia, todas las medidas restrictivas y de castigo tomadas por los gobiernos contra su propio pueblo para suprimir los movimientos populares o la presunta oposición, la mayor parte de las veces, traspasan las fronteras de las medidas legales y desembocan en actos brutales de violencia, destinados a clavar el puñal del terror en los corazones de una parte insatisfecha de su propio pueblo. La humanidad ha sufrido mucho más por estos actos de terrorismo de estado, que por la suma de todos los actos de sabotaje o secuestro. En lo que concierne al Islam, éste condena y rechaza categóricamente cualquier forma de terrorismo. No protege ni justifica cualquier acto de violencia cometido individualmente en grupo o por un gobierno.

Hay, desde luego, regiones del mundo musulmán donde reina el desasosiego y donde grupos, organizaciones, y a veces gobiernos, parecen estar comprometidos en actos de terrorismo, violencia y sabotaje. Palestina, Líbano Libia y Siria, son a menudo noticia. En la mayoría de los casos, los implicados son de religión musulmana, pero hay excepciones. Por ejemplo, entre los palestinos, hay muchos que se han comprometido en el terrorismo contra Israel, pero sucede que profesan la religión cristiana. Por conveniencia o desconocimiento son calificados por los medios occidentales como terroristas islámicos. En el Líbano ha habido terroristas musulmanes y terroristas cristianos y también agentes y soldados israelíes involucrados alguna que otra vez en actividades terroristas que repugnan la sensibilidad humana. Pero no se oye hablar de terrorismo judío o cristiano en relación con lo que está sucediendo en el Líbano. Todos los actos de violencia son reunidos y envueltos en el paquete del "terrorismo islámico".

En lo que concierne a Salman Rushdie, ninguna persona en su sano juicio y con un conocimiento verdadero del Santo Corán, puede coincidir con el Imán Jomeini, en que esta sentencia de muerte se basa en un mandato islámico. No hay castigo para la blasfemia en el Santo Corán o en las Tradiciones del Santo Profeta del Islam. La blasfemia contra Dios se menciona en el Santo Corán con las siguientes palabras:

No insulteis a quienes ellos invocan en lugar de Al-lah, no sea que ellos, por despecho, insulten a Al-lah en su ignorancia (6.109)

 No fue concedida ninguna autorización a ningún hombre para infligir un castigo por blasfemia contra Dios.

Los judíos cometieron blasfemia contra María, la madre de Cristo (as). Ésto se menciona en el Santo Corán, que dice:

Y debido a su incredulidad y por haber dirigido contra María una gravísima calumnia (4.157)

 De nuevo, nadie, salvo el mismo Dios, está autorizado a castigar. Es trágico y deplorable que el Imán Jomeini haya calumniado al Islam de forma inadvertida, en vez de defenderlo y haya provocado un inmenso daño a la imagen del Islam en el mundo libre.

El Imán de la Gran Mezquita de Azhar en el Cairo, ha desacreditado el edicto del Imán Jomeini y estoy seguro de que hay también muchos musulmanes chiitas que discreparían del Imán Jomeini en este caso.

A pesar de todo ésto, sería injusto que uno ignorara el verdadero problema. Creo que es poco equitativo, como han hecho algunos políticos y eruditos, condenar solamente a Jomeini y no a Salman Rushdie que ha escrito un libro cuyo lenguaje vulgar es deliberadamente ofensivo para los muchos millones de musulmanes de todo el mundo. Pero ésto no es todo. El libro ha ayudado a minar la paz entre musulmanes y cristianos, a la vista de los comentarios de algunas cartas enviadas a periódicos nacionales y haber desencadenado las fuerzas de la intolerancia racial.

Quiero dejar muy claro que no justifico ningún tipo de terrorismo, cualquiera que sea el color, religión, sentimientos u objetivo que el terrorista pueda representar. El Islam es mi fe y mi religión y el Islam no aprueba el desorden en ninguna de sus formas. El Islam está lejos de propiciar el terrorismo.

Me pregunto, ¿Cuál es la religión del terrorismo organizado y apoyado por los petrodólares del coronel Gadafi? ¿Cuál es también la religión de las actividades terroristas a las que Siria ha dado rienda suelta en el pasado? ¿Es el Islam? Si lo es, ¿cuál es la diferencia entre este Islam y el socialismo científico? ¿No es una realidad que el "Libro Verde" del Coronel Gadafi sólo tiene de verde el color de sus pastas? El contenido del libro es rojo de principio a fin.

Si las actividades terroristas de los musulmanes "fundamentalistas" de Irán o Líbia tienen que denominarse "terrorismo islámico", el color de su Islam parecería ser verde oscuro. Me pregunto, ¿cómo podría ser el concepto de Islam diametralmente opuesto en sí mismo y cómo podría el Islam ser "verde" y "rojo" al mismo tiempo? Si de algo podemos calificar al terrorismo libio, es de terrorismo nacionalista disfrazado. Por cierto, ésto me recuerda al cubano Fidel Castro. Va muy por delante del Coronel Gadafi en su afición por la violencia y el terrorismo. Sin embargo, nunca se oye hablar de sus actos como de terrorismo cristiano.

Una cosa lleva a otra. La discusión sobre terrorismo evoca la visión anterior en diversas fases de la historia. La Cristiandad ha estado supuestamente involucrada en sucios actos de persecución, tortura y algunos reyes cristianos han dado rienda suelta a actos brutales de violencia y persecución bajo la idea equivocada de que estaban sirviendo a la religión de Cristo (as). Durante los años de la Peste Negra (1348-9), ¿no fueron muchos judíos quemados vivos en sus hogares? En la época de la Inquisición española prevaleció un largo reinado de terror bajo la guía y dirección de algunos sacerdotes cristianos. En determinados momentos, numerosas mujeres indefensas fueron asesinadas porque se decía de ellas que eran brujas y hubo una idea distorsionada de que ésta era la forma cristiana de tratar la brujería.

Aunque muchos de estos actos se relacionan directamente con la cristiandad, los crímenes perpetrados contra la humanidad fueron el producto de una época muy oscura en que la ignorancia era la regla suprema. ¿Cuándo empezará a comprender el hombre la diferencia entre la conducta de una persona y la enseñanza de su religión?. Si uno confunde los dos términos y trata de entender la religión mediante el estudio de la conducta de sus partidarios, se suscitan muchas preguntas. La conducta de los partidarios de cada religión varía de país en país, de secta en secta, de época en época y de persona en persona.

Cuán diferente es la conducta de los discípulos de Jesús (as) frente a los del Chile de Pinochet o de Sudáfrica, que reclaman la posesión de los valores cristianos. ¿Cuál representa a la cristiandad? ¿Estamos autorizados a describir la I y II Guerra Mundial en la que perdieron sus vidas (1) millones de personas como guerras cristianas contra la humanidad? En la II Guerra Mundial, sólamente las pérdidas rusas se estiman en más de 6,1 millones de personas. Tres cuartas partes de la población de Bosnia fue aniquilada. Las pérdidas en propiedades y materiales son de tal magnitud que es casi imposible evaluarlas (2). ¿Puede describirse esta enormidad como la cristiandad en acción o se puede obtener nuestro conocimiento de aquellos primeros cristianos, que habiendo sido golpeados en una mejilla, ofrecían la otra, y de los que fueron alimento de las fieras y quemados vivos en sus hogares en vez de contestar a la violencia con violencia? Yo elegiría a éstos últimos.

Cualquier acto de guerra en un país musulmán se percibe en occidente como una extensión del "terrorismo islámico", pero, en cualquier otro país, se ve dicho acto como una disputa política. ¿Por qué deben prevalecer dichas normas duales de justicia aquí y ahora? Uno empieza a preguntarse realmente si existe una corriente subterránea de odio hacia el Islam, bajo la aparentemente tranquila superficie de la civilización cristiana. ¿Es quizás un vestigio de siglos de Las Cruzadas contra las potencias musulmanas o es el viejo vino del veneno de los orientalistas contra el Islam, servido en copas nuevas? La idea de que el Islam se extendió por la espada es altamente cuestionable. Las guerras de los gobiernos musulmanes deben juzgarse según los principios imperantes de la política y de las relaciones internacionales y no en base a la religión.

La expresión de la violencia es un síntoma de las innumerables enfermedades de la sociedad. El mundo musulmán no sabe hoy que camino tomar. La gente se encuentra insatisfecha acerca de muchas cosas sobre las que no posee ningún tipo de control. Son carne de cañón para la explotación por sus propios líderes o agentes corruptos y por los secuaces de las potencias extranjeras. Desgraciadamente, muchos líderes de los países musulmanes buscan la aprobación del Islam para sus actos de violencia y opresión, como ocurrió en la época del fallecido General Zia-Ul-Haq de Pakistán. Las revoluciones sangrientas son totalmente ajenas a la filosofía del Islam y no tienen hueco en los países del Islam.

Como hombre de religión y jefe supremo de una comunidad espiritual de seguidores que se han enfrentado a un siglo de persecución, terror y crueldad, condeno enérgicamente todos los actos de terrorismo porque mi más profunda y arraigada creencia es que no sólo el Islam, sino también ninguna religión verdadera, cualquiera que sea su nombre, pueden aprobar la violencia y las matanzas de hombres, mujeres y niños inocentes en nombre de Dios.

 

Dios es amor, Dios es Paz,

el amor nunca puede engendrar el odio

y la paz nunca puede conducir a la guerra.