Me pregunto ¿Qué es el terrorismo "islámico"? El Islam
está tan estrechamente vinculado al terrorismo como la luz a la oscuridad,
o la vida a la muerte, o la paz a la guerra. Desde luego, están
íntimamente ligados entre sí, pero proceden de direcciones diametralmente
opuestas. Se les encuentra aferrados entre sí pero nunca caminando de la
mano de una forma feliz.
Sin embargo, no se puede negar que en muchas ocasiones se
ha encontrado a muchos musulmanes involucrados en actividades terroristas,
bien en nombre de un grupo, o en nombre de un país con una población
predominantemente musulmana.
¿Acaso no hay otros grupos implicados en actividades
terroristas y subversivas por todo el mundo? ¿Sería justo etiquetar a
todas las clases de terrorismo utilizando el mismo principio que dio vida
al término "terrorismo islámico" creando una lista de terrorismo sij,
hindú, cristiano, judío, ateo, budista, animista y pagano?
No es fácil cerrar los ojos a los diversos tipos de
terrorismo, desgraciadamente, florecen en todo el mundo. De hecho, es
imposible que un observador no se percate de la persecución, derramamiento
de sangre y asesinato que a menudo se practican en nombre de un supuesto
ideal o una noble causa. El terrorismo es un problema global y necesita
estudiarse desde perspectivas más amplias. A menos que comprendamos las
fuerzas que hay detrás de la violencia, no podremos entender por qué
algunos grupos y estados musulmanes se vuelven hacia el terrorismo para
conseguir ciertos objetivos.
Estoy totalmente convencido de que casi todas las formas
de violencia común que se observan hoy día en el mundo, donde quiera que
se produzcan y cualquiera que sea su pretexto, son esencialmente políticas
por naturaleza. La religión no es la explotadora, sino que es explotada
por intereses políticos internos o externos.
Por ejemplo, hay un terrorismo generado por el racismo,
pero que tiene una naturaleza esencialmente política en sus últimas
consecuencias. Hay otras pequeñas expresiones de terrorismo nacidas de la
rebelión y el odio contra sistemas sociales y culturas predominantes.
Generalmente se miran como actos de locos y anarquistas. Hay un tipo
especial de terrorismo que está relacionado con la lucha de la Mafia por
la supremacía; este terrorismo se da entre facciones contrarias dentro de
la Mafia. Obviamente, este terrorismo es una lucha por el poder y, por
consiguiente, político.
Cuando se examina el llamado "terrorismo islámico" se
descubre la existencia de fuerzas políticas trabajando detrás de una
fachada islámica. La mayor parte de las veces los verdaderos manipuladores
y explotadores ni siquiera son musulmanes. Volvamos hacia algunas
ilustraciones particulares de terrorismo para diagnosticar las
enfermedades subyacentes. Comenzaremos con Irán y veremos como nació el
Jomeinismo.
Es comúnmente aceptado que en la época del Sha había una
gran prosperidad. Los enormemente ambiciosos planes de desarrollo
industrial y económico auguraban un brillante futuro para el país, pero,
¿se puede vivir de pan solamente? En lo que concernía a los iraníes bajo
el gobierno despótico del Sha, la respuesta era un enfático "No". Querían
tener una participación responsable en el desarrollo de los asuntos de su
propio país. Se negaban a sentirse exclusivamente satisfechos por tener
sus estómagos llenos. Su hambre de autoestima y dignidad y su sed por ser
libres y poder sacudirse el yugo de un estricto sistema de opresión les
llenó de impaciencia y de ansias de volar. Era una situación perfecta para
desencadenar una revolución violenta y sangrienta.
Si la naturaleza de esta inminente revolución no hubiese
sido esencialmente islámica habría habido una revolución comunista incluso
más sangrienta y feroz. El tumulto que sacudió a Irán de norte a sur y de
este a oeste fue el producto natural e inevitable de una larga opresión
política y negación de los derechos humanos más elementales y de las
libertades, así como de la subversión y explotación por una gran potencia
extranjera occidental. Irán era consciente del hecho de que el despótico
régimen del Sha estaba plenamente respaldado, apoyado y permitido por el
gobierno de los Estados Unidos de América. El odio y el ansia de venganza
de la gente no cesó con la caída del régimen del Sha ni con la destrucción
de las fuerzas internas que, de una u otra forma, habían sido responsables
del mantenimiento de la monarquía. La conciencia del apoyo americano había
despertado en el Sha sus peores tendencias despóticas. El temor
reverencial que, en un principio inspiró, desembocó gradualmente en el
terror. El miedo a una revolución endureció cada vez más su actitud con el
paso del tiempo. Poco a poco fue instaurándose en Irán un estado policial
del peor tipo. Según el tiempo transcurría los iraníes fueron cada vez más
conscientes de que el estado policial estaba total e inequívocamente
apoyado por el gobierno de los Estados Unidos. El Sha jugó el papel de una
simple marioneta cuyas cuerdas eran sujetadas por los dedos sutiles y
manipuladores de los EEUU. Ésto, como se ha mencionado anteriormente,
condujo a una situación idónea para la revolución motivada por un
apasionado fuego de odio.
La situación fue capitalizada por el Ayatollah Jomeini. La
ideología que propugnó para dar color y fuerza a su revolución fue Shia
Islam. Pero, ¿fue realmente un amor al Shia Islam lo que generó el odio
contra EEUU, o el nombre del Islam fue una simple fachada para ocultar los
motivos subyacentes? Si Jomeini no hubiese enarbolado la bandera del
Islam, ¿no habría habido una revolución bajo otro nombre? ¿No es un hecho
que si Jomeini no hubiese explotado la situación y le hubiese dado un
tinte y forma islámico podría haber sido igualmente explotada la misma
situación de odio por una filosofía no religiosa como el nacionalismo o el
socialismo científico?.
De hecho, Jomeini dejó atrás a las fuerzas que venían
pisándole los talones y que en un momento determinado podían rebasar su
figura y todo lo que representaba. Es por eso que la situación en Irán se
hizo extremadamente complicada y confusa. La urgencia básica de la
revolución no fue contra el comunismo o cualquier filosofía izquierdista,
sino que se dirigió contra el Sha y sus mentores. Pero como existía una
verdadera probabilidad de que un liderazgo izquierdista quitase a Jomeini
las riendas de su revolución, tuvo que luchar simultáneamente en tres
frentes. Después de la caída del Sha no sólo se encargó de erradicar y
exterminar a todos los partidarios del mismo, sino también de extirpar la
influencia americana donde quiera que se sospechase de su existencia. Eso
en, sí mismo, podría haber prestado apoyo a la ideología izquierdista que,
si se permitía que floreciese libremente, podría tener éxito en arrebatar
el poder de las manos de Jomeini y reemplazar la ideología islámica por el
marxismo-leninismo.
Afortunadamente para el Ayatollah Jomeini, fue lo
suficientemente astuto y poderoso como para empuñar la espada de doble
filo de la ideología islámica, no sólo contra el derechismo americano,
sino también contra el izquierdismo ruso.
Pero con todo lo dicho y hecho, es obvio que, cualquiera
que fuera, no fue ciertamente el Islam quien guió e instruyó la revolución
iraní. En cualquier caso puede calificarse como se quiera lo que ocurrió y
está ocurriendo en el Irán de Jomeini. Las verdaderas fuerzas implicadas
no tienen un carácter real y esencialmente religioso. Los poderes
políticos han explotado la reacción de los iraníes contra el Sha para
conseguir sus fines puramente políticos.
Hay una larga historia de una creciente conciencia iraní
de su explotación y esclavitud por poderes extranjeros de uno u otro tipo.
A pesar del hecho de que una gran mayoría de iraníes son musulmanes, no se
puede ignorar el hecho de que los iraníes nunca han podido olvidar ni
perdonar la conquista de su patria por los árabes. Aunque parecía que las
heridas habían cicatrizado mucho tiempo atrás y que potentes factores
tales como la comunidad de religión y de enemistad contra otros países han
jugado un importante papel en aglutinar a los iraníes y a los árabes, no
puede negarse que todavía existe una corriente subterránea de
insatisfacción por la dominación árabe de Irán durante los pasados siglos.
Debe tenerse en cuenta que en la era pre-islámica, Irán ostentó una de las
civilizaciones más poderosas e ilustres que más han influído en toda la
humanidad. En el comienzo del Islam, los árabes sólo conocían dos mundos,
el de occidente dominado por el Imperio Romano y el de oriente comandado y
gobernado por los Cosroes de Irán. El recuerdo de ese remoto y glorioso
pasado, aunque sojuzgado en alguna extensión por la fuerte influencia de
la hermandad islámica, no pudo borrarse por completo. Ha habido siempre
una larga y persistente sombra de la gran civilización iraní en los
corazones de los intelectuales iraníes.
La larga historia de las disputas entre iraníes y árabes y
las incursiones de castigo realizadas por iraníes en Arabia dejaron
también peligrosas y molestas cicatrices en las mentes de los árabes que
ni siquiera el tiempo, gran curador, pudo borrar. Esto es humano. Todo el
mundo puede a veces encontrar difícil disociarse del pasado y olvidar
injurias e insultos contra su honor. Dichos capítulos de la historia nunca
se cierran totalmente sino que se abren una y otra vez.
Ya hemos hablado bastante de las disputas entre árabes e
iraníes en el pasado. Vayamos ahora a épocas más modernas. Los iraníes han
estado alimentando sus quejas no sólo contra los árabes. Durante la II
Guerra Mundial, los iraníes se vieron sometidos a un peor tipo de
dominación por parte de las predominantes fuerzas británicas. Mientras que
en el caso de los árabes hubo al menos el factor compensador de lazos
culturales y religiosos comunes, en el caso de los británicos el abismo
entre el que impone las reglas y el que está sometido a ellas, más que
reducirse, se acrecentó. No se pudo establecer un puente mediante
parecidos sociales, culturales o religiosos.
Al declive de la influencia británica siguió una era de
control indirecto y subyugación de países del Tercer Mundo por las
principales potencias, a través de hombres de paja y regímenes marioneta.
En este período de neoimperialismo, la protección a Irán fue transferida
del seno británico al seno americano. De esta forma, el Sha de Irán se
convirtió en un símbolo del imperialismo americano que apoyaba ideologías
conflictivas para su conveniencia, como lo hace hoy, por ejemplo, en
Polonia, Nicaragua, Israel y Sudáfrica.
El combustible del odio que a la larga hizo estallar la
revolución Jomeinista, no fue sólo un producto de la opresión americana
sino que se había estado acumulando durante siglos, al igual que sus
reservas subterráneas de petróleo y gas. El punto más importante de
observación es que este odio no fue esencialmente religioso en su origen.
Si Jomeini no hubiera explotado el odio en nombre del Islam, algún líder
comunista lo habría explotado igualmente en nombre de la justicia social.
Carece de importancia el carácter religioso o irreligioso que se hubiese
dado a la revolución, puesto que las fuerzas y factores subyacentes
permanecerían iguales.
He puntualizado muchas veces a los que observan los
excesos cometidos por Jomeini contra su propio pueblo y los actos de
venganza perpetrados en otros países de carácter islámico, que el Islam
como religión no tiene nada que ver con la expresión de la insatisfacción
iraní. Por decirlo de alguna manera, occidente debe tratar al Ayatollah
Jomeini como su benefactor, más que como su enemigo. Digo ésto, porque
estoy totalmente convencido de que si Jomeini no hubiese explotado la
situación y le hubiese dado un carácter islámico para apoyar y perpetuar
una Junta de "clérigos" musulmanes, la situación habría sido explotada con
toda seguridad por líderes iraníes de tendencia izquierdista. El mismo
Irán que hoy vemos de verde salpicado por rojo, habría aparecido ante
nosotros totalmente teñido de rojo. Sería ingenuo decir que el liderazgo
comunista creado y adiestrado por el Dr. Mossadeq estaba hasta tal punto
debilitado y enflaquecido en el momento del derrocamiento del Sha, que no
podía haber jugado un papel eficaz y revolucionario en esta encrucijada de
la historia iraní que hace época. De hecho, el liderazgo comunista estaba
bien apoyado y adiestrado. Estaba totalmente preparado para aprovechar la
primera oportunidad que se le presentase. Pero para el Ayatollah Jomeini,
Irán podía perfectamente haber terminado como un régimen marxista radical.
Tal acontecimiento habría tenido consecuencias desastrosas para el Oriente
Medio, rico en petróleo, pero débil militarmente. Así que el islamismo
jomeinista, por muy sangriento y repugnante que pueda parecer a occidente,
podría considerarse como una bendición disfrazada. El papel jugado por el
Ayatollah Jomeini debe contemplarse desde esta perspectiva.
La guerra Irán-Iraq puede parecer irrelevante para el tema
que estamos discutiendo, pero arroja algo de luz sobre la naturaleza de
los acontecimientos explosivos de una parte del mundo islámico. Ambos
países reclaman ser musulmanes y pretenden conseguir su inspiración del
sagrado nombre del Islam para odiarse, destruirse y aniquilarse.
Todos los soldados del lado iraquí que cayeron en el campo
de batalla fueron aplaudidos por los medios iraquíes como grandes
mártires. Todos los soldados iraníes que murieron a manos de los iraquíes
fueron condenados como infieles y remitidos directamente al infierno por
los mismo medios. La misma historia se repitió exactamente a la inversa,
día tras día, al otro lado de la frontera en Irán. Cada vez que un soldado
iraquí moría bajo las bayonetas, el campo de batalla resonaba con el grito
de "Allaho Akbar" (Dios es grandísimo). Uno se pregunta de qué lado estaba
el Islam. Todo esto demuestra el vacío de estos slogans. El único punto
que puede demostrarse más allá de una sombra de duda, es que los soldados
iraquíes e iraníes que dejaron sus vidas por una causa aparentemente noble
fueron engañados por sus líderes. El Islam no estaba en ninguno de los dos
lados.
El Santo Corán dice:
En verdad Al-lah defiende a los
creyentes. Pues Al-lah no ama ciertamente a ningún pérfido ingrato. Se da
permiso para combatir a quienes son combatidos porque han sido
perjudicados-y Al-lah tiene en verdad poder para ayudarles-Quienes fueron
expulsados injustamente de sus hogares sólo por haber dicho Nuestro Señor
es Al-lah- y si Al-lah no hubiese permitido a los hombres defenderse
contra la actuación injusta de los demás, ciertamente habrían sido
destruídos monasterios e iglesias, sinagogas y mezquitas en los que se
conmemora frecuentemente el nombre de Al-lah. Mas Al-lah ayudará en verdad
a quien Le ayude, Al-lah es ciertamente fuerte, poderoso (22.39-41).
Siempre que encienden un fuego de
guerra, Al-lah lo apaga. Y luchan por sembrar la discordia en la tierra,
pero Al-lah no ama a los que siembran la discordia (5.65).
Mas si dos grupos de creyentes luchan
mutuamente, estableced la paz entre ellos; si después de eso, uno de ellos
transgrede contra el otro, combatid al grupo transgresor hasta que vuelva
al mandamiento de Al-lah. Luego, si vuelve, estableced la paz entre ellos
con equidad, y actuad con justicia. En verdad, Al-lah ama al justo. En
verdad, todos los creyentes son hermanos. Estableced pues la paz entre
hermanos, y temed a Al-lah para que se os muestre misericordia (49.10-11).
Durante la guerra, las naciones beligerantes ignoraron las
enseñanzas anteriores. En la Meca, durante las peregrinaciones anuales,
Irán realizó algunos intentos para entregar el mensaje de la revolución
jomeinista al resto del mundo musulmán por medio de los peregrinos que
allí acudían. Desgraciadamente, estos intentos desembocaron algunas veces
en situaciones peligrosas y en extremo embarazosas para los musulmanes.
Por ejemplo, los acontecimientos acaecidos en la Meca durante la
peregrinación de 1987 y las medidas excepcionales tomadas por Arabia
Saudita fueron muy comentados en los medios occidentales. El Sagrado
Corán, sin embargo, enseña a todos los musulmanes "Y no lucheis contra
ellos ni dentro ni cerca de la Mezquita Sagrada mientras no os ataquen
allí. Pero si os atacan, combatidles: esa es la retribución contra los
incrédulos" (2.192).
Un beneficio que todas las grandes potencias (que han
estado apoyando a Israel de forma abierta o encubierta) encabezadas por
EEUU, han conseguido de Jomeini y del jomeinismo, es que a Jomeini no se
le dejó más alternativa que prolongar la guerra Irán-Iraq. Ésto desvió la
atención del mundo musulmán de la más irritante espina clavada en su
costado, Israel, hacia un tema completamente distinto. La conciencia de
una amenaza enemiga externa dio paso a una creciente desconfianza entre
los musulmanes.
El mundo de Oriente Medio fue roto en pedazos. El "miedo"
a Israel fue aparcado como un problema latente pero menor al que se podía
prestar atención más tarde. El miedo de una parte de los musulmanes por
otra fue un factor de mayor presión y demanda, que dejó en el olvido
temores reales o imaginarios hacia un enemigo externo. Desde luego, para
engañar al simple soldado, se utilizó a menudo por ambas partes el slogan
de que el Islam estaba en peligro. En realidad, lo que sucedió fue el
resurgimiento de rivalidades y celos históricos entre los árabes y los
iraníes "allm" (no árabes, extranjeros). No fue una cuestión de fuerzas
islámicas contra fuerzas no islámicas o del chiismo contra el sunnismo,
sino una reactualización simple y sencilla de las rivalidades subsistentes
durante miles de años. Es por eso que incluso los árabes que habían sido
críticos anteriormente con Iraq y Arabia Saudita fueron conducidos
inevitablamente a tomar partido por Iraq. Fue un simple asunto de
supervivencia árabe contra el reto y amenaza crecientes de Irán.
Los árabes se enzarzaron en contiendas inter-tribales
prolongadas por cuestiones insignificantes antes del advenimiento del
Islam. El Islam puso freno a todo ésto. Unió a los musulmanes en una
hermandad libre de cualquier tipo de rivalidad y discriminaciones. Pero
cuando los musulmanes dejaron de vivir en las enseñanzas del Islam, los
hermanos se hicieron enemigos y las rivalidades tribales volvieron a estar
en primer plano. Lo que observamos en el mundo islámico no es realmente la
característica del Islam. Es otro caso del retorno de viejas tendencias
feudalistas.
Las grandes potencias condenaron rotundamente la guerra y
pidieron repetidamente el cese de las hostilidades, pero fueron
responsables por suministrar armas constantemente tanto a Irán como a Iraq.
Después de todo, los aviones de guerra, cohetes, misiles, cañones, carros
de combate, demás vehículos de artillería y armas destructivas que fueron
utilizadas libremente por ambos contendientes no se fabricaron en sus
propios países. Abierta o encubiertamente, el petróleo de Oriente Medio y
las armas de occidente cambiaron de manos. El fuego de la guerra fue
alimentado en última instancia por el petróleo producido por Irán e Iraq y
convertido en armas por las potencias occidentales y orientales no
musulmanas. En lo relativo a occidente, lo anterior no supuso en absoluto
un mal negocio; el petróleo de Oriente Medio se compró a cambio de armas
obsoletas o relativamente viejas. ¿Podría concebirse un negocio más
ventajoso?
Como hemos visto, incluso se olvidó totalmente al
archienemigo israelí. Los musulmanes se mataron entre si. El petróleo del
mundo musulmán se utilizó para quemar y destruir su economía. Se
malograron los laboriosos logros económicos de la década anterior. En lo
que al progreso y la prosperidad se refieren, en vez de hacer avanzar
tanto a Iraq como a Irán, iniciaron la marcha atrás en el tiempo.
Desde luego, todas las guerras tienen efectos devastadores
en el desarrollo económico, en los recursos materiales y humanos, y en los
logros culturales y la industria. Pero en el caso de los países avanzados,
la industria de guerra puede ser apoyada por sus propios recursos o los de
sus aliados. Las demandas y presiones de la guerra y la lucha por la
supervivencia no agotan sus recursos; enriquecen sus conocimientos
científicos y técnicos hasta un grado notable en un corto período de
tiempo. El conocimiento y la experiencia ganados durante los tiempos de
guerra se pueden emplear inmediatamente depués, no sólo para rehabilitar
la economía sino para darle un tremendo impulso. Las guerras destructivas
dan lugar a nuevas ideas constructivas y avances en los descubrimientos
científicos e industriales. Por consiguiente, aunque materialmente
empobrecidos a consecuencia de una guerra prolongada, pueden enriquecerse
enormemente para construir un futuro mejor.
Desafortunadamente ese no es el caso de los países
atrasados científica y económicamente que se permiten el lujo de una
guerra. Su única elección es vender lo que poseen e incluso hipotecar su
futuro, consiguiendo acuerdos con países avanzados científica e
industrialmente para que les suministren materiales de guerra. Sin hacer
ésto, sería imposible que una guerra se prolongase en el Tercer Mundo
durante tanto tiempo y con efectos tan devastadores como sucedió en la
guerra Irán-Iraq. La responsabilidad de las atrocidades cometidas entre
estos países y, ocasionalmente, contra otros, debe ser compartida hasta
cierto punto por los responsables de suministrarles armas y municiones.
Cuando se ha dicho y hecho todo, se han saldado las deudas
y se ha tenido en cuenta el intercambio de productos básicos, quizás sería
pertinente considerar la pregunta de quién es el beneficiario de las
hostilidades, después de todo.
Hemos visto que el Islam es condenado como una religión
bárbara que apoya el terrorismo, predica el odio y la intolerancia y
divide a los partidarios en campos opuestos de enemigos sedientos de
sangre. Esto no constituye ninguna sorpresa. Los que diseñan, traman,
implantan y proporcionan los instrumentos de destrucción a las facciones
guerreras más desgraciadas del "umma" musulmán obtienen pingües
beneficios.
Por cierto, el término "terrorismo islámico" conduce a
otro término interesante que ha sido acuñado por los medios occidentales
en la última década: "La bomba nueclear islámica". Se afirma que Pakistán
la posee. Desde luego, si existe el terrorismo islámico, tiene que haber
una bomba nueclear islámica. Puede que algunos otros términos aplicables a
diversos modos de guerra se añadan al prefijo "islámico". ¿Por qué no
oímos hablar de una bomba nuclear cristiana, judía, hindú o de una
apartheid o sintoista? Es extraño que con la posiblidad de referirse a
otros miles de bombas "religiosas", los medios occidentales hayan escogido
solamente criticar, identificar y censurar la bomba islámica cuya propia
existencia es dudosa.
Como hemos dicho anteriormente, las verdaderas fuerzas
implicadas no tienen un carácter real y esencialmente religioso. ¿Por qué
singularizar "islámico" donde quiera que fuerzas terroristas están hoy
implicadas en países o grupos musulmanes? Las potencias responsables de la
prolongación de la guerra Irán-Iraq, por garantizar un constante
suministro de armas, no pueden escapar a su responsabilidad por las
inmensas pérdidas de vidas y propiedades y por el indescriptible
sufrimiento humano resultante. Cualesquiera que puedan haber sido sus
motivos finales, han ayudado a que el jomeinismo sobreviva más tiempo. Si
hubiesen dejado solos a los países contendientes con sus escasos recursos,
el jomeinismo podría haber comenzado a declinar.
Entre otras cosas, esta guerra revivió y fortaleció un
espíritu nacionalista que distrajo la atención de los iraníes de sus
problemas internos hacia la amenaza de un enemigo externo. Hubiese sido
sorprendente que un mayor descontento dentro de Irán no se hubiese
traducido en un reto abierto al jomeinismo e incluso una rebelión contra
el mismo. Dentro de Irán existe una tendencia muy fuerte a evaluar los
valores de la revolución y a juzgar sus pros y sus contras. Aunque una
gran parte de la élite ha sido borrada, los intelectuales que han
sobrevivido están obligados a hacer balance de sus pérdidas y ganancias
durante la revolución jomeinista. Podría ser inminente un movimiento hacia
la consecución de un nuevo orden en Irán.
Durante la guerra, la necesidad de elevar la moral de las
masas en Irán fue ampliamente satisfecha con el enardecimiento del
conflicto. Cuando Irán se quede sin moral será el día de la gran
incertidumbre. Si se reemplaza el régimen actual por fuerzas izquierdistas
o derechistas, o por cualquier fuerza moderada, se producirá ciertamente
una gran pugna para conseguir la supremacía y tomar posesión del gobierno.
Todo volverá al crisol y nadie puede afirmar qué suerte le está reservada
a Irán. Al-lah sabe qué es lo más conveniente. Sólo me queda rezar para
que los tiempos difíciles por los que atraviesa el pueblo de Irán lleguen
a una conclusión pacífica y feliz. Verdaderamente son un pueblo con valor
y talento. Han sufrido mucho en el pasado y todavía contínuan sufriendo,
tanto a manos de los no iraníes como de los iraníes, e, irónicamente,
también han adquirido una mala reputación en el asunto. ¡Que Al-lah les
muestre su misericordia y les libre de sus penalidades!
Ahora vamos a tratar otro aspecto de la revolución
jomeinista en Irán. Poco después de llegar al poder, el Ayatollah Jomeini
planeó, no sólo cambiar el estilo de vida de los musulmanes iraníes de la
dominación extranjera cubierta o encubierta, sino que también se
comprometió a provocar revoluciones similares en los estados musulmanes
vecinos. Asimismo, hizo conocer al mundo musulmán que jugaría un papel
destacado en ayudar a los palestinos y en derrotar a las fuerzas
sionistas. Obviamente, ni los otros estados musulmanes, ni el estado de
Israel estaban dispuestos a recibir mensajeros armados de la revolución
iraní. De modo que no se podía exportar la revolución a través de medios
legales y pacíficos. Irán ha fallado en la entrega de las ideas
revolucionarias a los países musulmanes vecinos. Ha conseguido un éxito
parcial , sin duda, en el sector palestino-israelí. Como ya he explicado
anteriormente, las actividades terroristas llevadas a cabo en este área,
bien dirigidas contra Israel o contra representantes de potencias
occidentales, toman su permiso, no del Islam, sino exclusivamente de la
filosofía de la revolución iraní.
La creciente llamada a la militancia y la utilización de
la fuerza que llega a nuestros oídos, necesita analizarse cuidadosamente
antes de que podamos comprender la importancia de este extraño fenómeno.
Ciertamente, la actitud estrecha e intolerante se está haciendo más
popular dentro del "clero" musulmán en casi todos los países musulmanes.
Esta responsabilidad recae principalmente sobre los hombres de Arabia
Saudita, que está intentando conquistar la imaginación de todo el mundo
musulmán y que parece resuelta a extender su influencia política bajo un
disfraz religioso. Como disfruta de la única ventaja de ser el guardián de
la Meca y Medina, las dos ciudades más sagradas del Islam, se encuentra
ciertamente en la posición de explotar esta situación para su
conveniencia.
La filosofía religiosa de los sauditas emana del wahabismo,
que obtiene su inspiración del mundo intolerante del Islam medieval, más
que del comprensivo y benigno Islam del tiempo del Santo Profeta (sa). La
extensión de la influencia saudita se ve ayudada por sus petrodólares y el
colosal tamaño de sus balances bancarios en los bancos más importantes del
mundo. Debido a la reputación de Arabia Saudita, parte de los intereses
acumulados de estas colosales inversiones se está utilizando para formar
canales de ayuda desde las áreas de Arabia Saudita a las naciones
musulmanas más pobres, con importante población musulmana. La mayor parte
de las veces, esta ayuda no se proporciona para reforzar sus débiles
economías, sino para construir mezquitas, colegios de instrucción e
institutos que produzcan eruditos con una impronta saudita.
De ahí, que donde quiera que uno siga el flujo de la ayuda
saudita, observará también un rápido aumento de las actitudes estrechas y
no tolerantes del "clero" musulmán. Sin duda, cuando el mundo cristiano
oye estas voces de rotunda condena a todos los valores no islámicos y de
predicación de la "yihad" (es decir, guerra santa), contra gobiernos no
islámicos, se ven obligados a creer que la llamada a esta guerra santa se
traducirá fácilmente en una real beligerancia. Lo que está sucediendo es
en realidad completamente diferente.
El "clero" musulmán alza la voz sobre las guerras santas y
la total destrucción de las fuerzas no islámicas. Lo que realmente
entienden por fuerzas no islámicas no son las fuerzas cristianas, judía,
budistas o ateas. De acuerdo con su punto de vista, todas las sectas
musulmanas distintas de las propias, o son no musulmanas en su carácter, o
mantienen doctrinas que les hacen responsables de ganar la ira de Al-lah y
Sus verdaderos servidores. Los verdaderos enemigos del Islam, tal y como
ellos lo perciben, no son los no musulmanes, sino algunas sectas del Islam
dentro del mundo del Islam. Las tendencias militantes nacientes son más
bien dirigidas contra sectas musulmanas de distinta tendencia, que contra
no musulmanes. De ahí la fuerza empleada por ellos en la pena capital por
apostasía. Esa es su arma contra los musulmanes que disienten de algunos
aspectos doctrinales de la secta mayoritaria de un país. Estas sectas, de
hecho, reciben un golpe mortal en dos pasos - primero se declara su
doctrina no islámica, lo que les proporciona el título de apóstatas y,
segundo, siendo el castigo por apostasía la pena capital, se les considera
reos de muerte.
Un observador neutral estará de acuerdo en que esta
tendencia militante creciente está provocando el desorden entre los
propios musulmanes y en que es responsable de generar un odio extremo en
los corazones de los partidarios de distintas sectas.
En lo que respecta a las potencias no musulmanas, pueden
sentirse completamente a salvo y deben descansar seguras de que no existe
ningún tipo de peligro hacia ellas procedente de las llamadas tendencias
militantes del mundo musulmán. Para demostrar lo anterior, basta con
considerar las relaciones de Arabia Saudita con occidente, particularmente
con EEUU. Es impensable que Arabia Saudita, o países bajo su influencia,
puedan siquiera soñar con empuñar la espada contra EEUU y sus aliados. El
régimen Saudita depende en un 100 por 100 de EEUU para su supervivencia.
Casi toda la fortuna de la familia reinante está depositada en bancos
americanos y occidentales. Para colmo, la dependencia de occidente para su
seguridad interna y externa es tan evidente, que no es necesario
explicarla aquí. Sólo estos dos factores garantizan que ni Arabia Saudita,
ni ningún país musulmán bajo su influencia, pueden de alguna manera
suponer una amenaza al occidente no musulmán. Aun más, el hecho de que
ningún estado musulmán sea en la actualidad autosuficiente en su
producción de material de guerra y tenga que depender, ya sea de occidente
o del este, para todas sus necesidades ofensivas o defensivas, proporciona
una garantía más que suficiente para la conducta segura y pacífica de sus
relaciones con los países no musulmanes. El mismo principio es aplicable a
países como Libia y Siria, que mantienen relaciones más cordiales con las
potencias del Este que con las occidentales. Nadie que tenga un
conocimiento remoto de la guerra moderna puede imaginar una verdadera
amenaza de la llamada militancia "islámica". Desde luego existe el peligro
de que estas tendencias crezcan y uno tenga que verse perturbado por
ellas. El peligro de la militancia islámica es una amenaza para el propio
mundo islámico; es una amenaza interna que está destruyendo la paz de los
musulmanes en todas partes. Toda la intolerancia, estrechez de miras y
fanatismo que observamos en el mundo musulmán actual, está arruinando la
paz del mundo musulmán ¡Es Así!
Soy consciente del hecho de que estrictamente hablando, la
palabra "terrorismo" se aplica a actos de terror, atentados con bombas y
así sucesivamente. Pero no creo que éste sea el único tipo de terrorismo
que el mundo está padeciendo. Pienso que cualquier medida represiva tomada
por los gobiernos contra sus propios ciudadanos para acallar las voces de
desacuerdo, debería también incluirse dentro del término "terrorismo" y
ser condenada tan fuerte y rotundamente como cualquier otra forma de
terrorismo. Considero que todas las medidas opresoras tomadas por los
gobiernos contra la izquierda o la derecha de sus propios países,
constituyen un terrorismo del peor estilo. Cuando se dirigen actos de
terrorismo contra gobiernos extranjeros y toman la forma de uso de
explosivos aquí y allá, o el secuestro de aviones, se provoca una gran
conmoción. Como es lógico, la opinión del mundo simpatiza con las víctimas
de esos actos terroristas tan crueles. Dichas simpatías no se limitan a
ser expresadas, sino que generalmente van seguidas de medidas
constructivas para prevenir y anticiparse a dichos atentados en el futuro.
Sin embargo, ¿qué hay de esos cientos de miles de personas que sufren bajo
las manos severas e inmisericordes de sus propios gobiernos?. Sus gritos
de angustia, rara vez se escuchan fuera. Sus gritos de protesta son a
menudo apagados por la aplicación de medidas estrictas de censura. Incluso
si organismos filantrópicos como Amnistía Internacional llaman la atención
del mundo sobre estos actos crueles de persecución, tortura y negación de
los derechos humanos, dichos actos son condenados de una forma ligera, si
es que se dan, por los gobiernos del mundo. La mayor parte de las veces,
se consideran como asuntos internos de los países en cuestión. En vez de
describirlos como actos de terrorismo, son ampliamente mencionados como
esfuerzos de los gobiernos para suprimir el terrorismo en estos países y
establecer la paz, la ley y el orden.
Estoy totalmente convencido de que, en esencia, todas las
medidas restrictivas y de castigo tomadas por los gobiernos contra su
propio pueblo para suprimir los movimientos populares o la presunta
oposición, la mayor parte de las veces, traspasan las fronteras de las
medidas legales y desembocan en actos brutales de violencia, destinados a
clavar el puñal del terror en los corazones de una parte insatisfecha de
su propio pueblo. La humanidad ha sufrido mucho más por estos actos de
terrorismo de estado, que por la suma de todos los actos de sabotaje o
secuestro. En lo que concierne al Islam, éste condena y rechaza
categóricamente cualquier forma de terrorismo. No protege ni justifica
cualquier acto de violencia cometido individualmente en grupo o por un
gobierno.
Hay, desde luego, regiones del mundo musulmán donde reina
el desasosiego y donde grupos, organizaciones, y a veces gobiernos,
parecen estar comprometidos en actos de terrorismo, violencia y sabotaje.
Palestina, Líbano Libia y Siria, son a menudo noticia. En la mayoría de
los casos, los implicados son de religión musulmana, pero hay excepciones.
Por ejemplo, entre los palestinos, hay muchos que se han comprometido en
el terrorismo contra Israel, pero sucede que profesan la religión
cristiana. Por conveniencia o desconocimiento son calificados por los
medios occidentales como terroristas islámicos. En el Líbano ha habido
terroristas musulmanes y terroristas cristianos y también agentes y
soldados israelíes involucrados alguna que otra vez en actividades
terroristas que repugnan la sensibilidad humana. Pero no se oye hablar de
terrorismo judío o cristiano en relación con lo que está sucediendo en el
Líbano. Todos los actos de violencia son reunidos y envueltos en el
paquete del "terrorismo islámico".
En lo que concierne a Salman Rushdie, ninguna persona en
su sano juicio y con un conocimiento verdadero del Santo Corán, puede
coincidir con el Imán Jomeini, en que esta sentencia de muerte se basa en
un mandato islámico. No hay castigo para la blasfemia en el Santo Corán o
en las Tradiciones del Santo Profeta del Islam. La blasfemia contra Dios
se menciona en el Santo Corán con las siguientes palabras:
No insulteis a quienes ellos invocan en
lugar de Al-lah, no sea que ellos, por despecho, insulten a Al-lah en su
ignorancia (6.109)
No fue concedida ninguna autorización a ningún hombre para
infligir un castigo por blasfemia contra Dios.
Los judíos cometieron blasfemia contra María, la madre de
Cristo (as). Ésto se menciona en el Santo Corán, que dice:
Y debido a su incredulidad y por haber
dirigido contra María una gravísima calumnia (4.157)
De nuevo, nadie, salvo el mismo Dios, está autorizado a
castigar. Es trágico y deplorable que el Imán Jomeini haya calumniado al
Islam de forma inadvertida, en vez de defenderlo y haya provocado un
inmenso daño a la imagen del Islam en el mundo libre.
El Imán de la Gran Mezquita de Azhar en el Cairo, ha
desacreditado el edicto del Imán Jomeini y estoy seguro de que hay también
muchos musulmanes chiitas que discreparían del Imán Jomeini en este caso.
A pesar de todo ésto, sería injusto que uno ignorara el
verdadero problema. Creo que es poco equitativo, como han hecho algunos
políticos y eruditos, condenar solamente a Jomeini y no a Salman Rushdie
que ha escrito un libro cuyo lenguaje vulgar es deliberadamente ofensivo
para los muchos millones de musulmanes de todo el mundo. Pero ésto no es
todo. El libro ha ayudado a minar la paz entre musulmanes y cristianos, a
la vista de los comentarios de algunas cartas enviadas a periódicos
nacionales y haber desencadenado las fuerzas de la intolerancia racial.
Quiero dejar muy claro que no justifico ningún tipo de
terrorismo, cualquiera que sea el color, religión, sentimientos u objetivo
que el terrorista pueda representar. El Islam es mi fe y mi religión y el
Islam no aprueba el desorden en ninguna de sus formas. El Islam está lejos
de propiciar el terrorismo.
Me pregunto, ¿Cuál es la religión del terrorismo
organizado y apoyado por los petrodólares del coronel Gadafi? ¿Cuál es
también la religión de las actividades terroristas a las que Siria ha dado
rienda suelta en el pasado? ¿Es el Islam? Si lo es, ¿cuál es la diferencia
entre este Islam y el socialismo científico? ¿No es una realidad que el
"Libro Verde" del Coronel Gadafi sólo tiene de verde el color de sus
pastas? El contenido del libro es rojo de principio a fin.
Si las actividades terroristas de los musulmanes
"fundamentalistas" de Irán o Líbia tienen que denominarse "terrorismo
islámico", el color de su Islam parecería ser verde oscuro. Me pregunto,
¿cómo podría ser el concepto de Islam diametralmente opuesto en sí mismo y
cómo podría el Islam ser "verde" y "rojo" al mismo tiempo? Si de algo
podemos calificar al terrorismo libio, es de terrorismo nacionalista
disfrazado. Por cierto, ésto me recuerda al cubano Fidel Castro. Va muy
por delante del Coronel Gadafi en su afición por la violencia y el
terrorismo. Sin embargo, nunca se oye hablar de sus actos como de
terrorismo cristiano.
Una cosa lleva a otra. La discusión sobre terrorismo evoca
la visión anterior en diversas fases de la historia. La Cristiandad ha
estado supuestamente involucrada en sucios actos de persecución, tortura y
algunos reyes cristianos han dado rienda suelta a actos brutales de
violencia y persecución bajo la idea equivocada de que estaban sirviendo a
la religión de Cristo (as). Durante los años de la Peste Negra (1348-9),
¿no fueron muchos judíos quemados vivos en sus hogares? En la época de la
Inquisición española prevaleció un largo reinado de terror bajo la guía y
dirección de algunos sacerdotes cristianos. En determinados momentos,
numerosas mujeres indefensas fueron asesinadas porque se decía de ellas
que eran brujas y hubo una idea distorsionada de que ésta era la forma
cristiana de tratar la brujería.
Aunque muchos de estos actos se relacionan directamente
con la cristiandad, los crímenes perpetrados contra la humanidad fueron el
producto de una época muy oscura en que la ignorancia era la regla
suprema. ¿Cuándo empezará a comprender el hombre la diferencia entre la
conducta de una persona y la enseñanza de su religión?. Si uno confunde
los dos términos y trata de entender la religión mediante el estudio de la
conducta de sus partidarios, se suscitan muchas preguntas. La conducta de
los partidarios de cada religión varía de país en país, de secta en secta,
de época en época y de persona en persona.
Cuán diferente es la conducta de los discípulos de Jesús
(as) frente a los del Chile de Pinochet o de Sudáfrica, que reclaman la
posesión de los valores cristianos. ¿Cuál representa a la cristiandad?
¿Estamos autorizados a describir la I y II Guerra Mundial en la que
perdieron sus vidas (1) millones de personas como guerras cristianas
contra la humanidad? En la II Guerra Mundial, sólamente las pérdidas rusas
se estiman en más de 6,1 millones de personas. Tres cuartas partes de la
población de Bosnia fue aniquilada. Las pérdidas en propiedades y
materiales son de tal magnitud que es casi imposible evaluarlas (2).
¿Puede describirse esta enormidad como la cristiandad en acción o se puede
obtener nuestro conocimiento de aquellos primeros cristianos, que habiendo
sido golpeados en una mejilla, ofrecían la otra, y de los que fueron
alimento de las fieras y quemados vivos en sus hogares en vez de contestar
a la violencia con violencia? Yo elegiría a éstos últimos.
Cualquier acto de guerra en un país musulmán se percibe en
occidente como una extensión del "terrorismo islámico", pero, en cualquier
otro país, se ve dicho acto como una disputa política. ¿Por qué deben
prevalecer dichas normas duales de justicia aquí y ahora? Uno empieza a
preguntarse realmente si existe una corriente subterránea de odio hacia el
Islam, bajo la aparentemente tranquila superficie de la civilización
cristiana. ¿Es quizás un vestigio de siglos de Las Cruzadas contra las
potencias musulmanas o es el viejo vino del veneno de los orientalistas
contra el Islam, servido en copas nuevas? La idea de que el Islam se
extendió por la espada es altamente cuestionable. Las guerras de los
gobiernos musulmanes deben juzgarse según los principios imperantes de la
política y de las relaciones internacionales y no en base a la religión.
La expresión de la violencia es un síntoma de las
innumerables enfermedades de la sociedad. El mundo musulmán no sabe hoy
que camino tomar. La gente se encuentra insatisfecha acerca de muchas
cosas sobre las que no posee ningún tipo de control. Son carne de cañón
para la explotación por sus propios líderes o agentes corruptos y por los
secuaces de las potencias extranjeras. Desgraciadamente, muchos líderes de
los países musulmanes buscan la aprobación del Islam para sus actos de
violencia y opresión, como ocurrió en la época del fallecido General Zia-Ul-Haq
de Pakistán. Las revoluciones sangrientas son totalmente ajenas a la
filosofía del Islam y no tienen hueco en los países del Islam.
Como hombre de religión y jefe supremo de una comunidad
espiritual de seguidores que se han enfrentado a un siglo de persecución,
terror y crueldad, condeno enérgicamente todos los actos de terrorismo
porque mi más profunda y arraigada creencia es que no sólo el Islam, sino
también ninguna religión verdadera, cualquiera que sea su nombre, pueden
aprobar la violencia y las matanzas de hombres, mujeres y niños inocentes
en nombre de Dios.
Dios es amor, Dios es Paz,
el amor nunca puede engendrar el odio
y la paz nunca puede conducir a la
guerra.